domingo, 9 de marzo de 2014

Game Of Love - Niley - Cap 20


Sus manos se deslizaron por su cuello y cayó sobre sus hombros. Inclino la barbilla hacía abajo, con ojos febriles encontrándose con los suyos.
—¿Estás segura de que esto es lo que quieres, Miley? Porque una vez que comience, no voy a parar. Voy a tomarte, tomarte con tanta fuerza que con cada respiro que des te acordaras de mí.— Al oír esas palabras, el corazón se le disparo y su cuerpo floreció para él. Miley asintió con la cabeza, porque su voz se encontraba muy lejos. Nada de lo que diría ahora mismo tendría sentido y sólo serviría para hacerla sonar como tonta.
—Bueno, eso es bueno —dijo él, deslizando sus manos por el pecho, parando en el cinturón—. No tienes ni idea de lo mucho que he deseado esto. Días. Semanas. Meses ahora. Te quiero a ti… sólo a ti.
—Sí —susurro con voz ronca, descubriendo que era lo único que podía decir—. Si.
Él la beso, probó sus labios y el interior de su boca mientras tiraba del cinturón suelto. La bata se abrió y el aire se precipito a través de su piel desnuda mientras le rozaba la tela gruesa de los hombros y la dejaba caer al suelo. La tiro hacia atrás, lo suficiente para verla desnuda sólo con el collar que le había dado. Le paso la mano entre los pechos y el vientre con un gesto de ternura.
—¿Te he dicho lo hermosa que eres?— Miley asintió, con la boca seca.
—Te lo voy a decir de nuevo. Eres hermosa. Y eres perfecta. — Reclamo sus labios otra vez mientras le agarraba las caderas. Su excitación era feroz y dura. Se movieron hacía atrás mientras sus manos encontraron su trasero y se lo apretaron, y luego sus manos estaban en todas partes, trabajando en su cuerpo como un instrumento afinado. Ella era masilla en sus manos, húmeda y lista. La satisfacción y la necesidad chocaron contra su espalda cuando Miley choco contra la pared, y él se apretó contra ella, sus caderas moliéndola. Ella se agacho, enganchando sus dedos debajo de su suéter. Él levanto las manos el tiempo suficiente como para que ella tirara la ropa por su cabeza, y luego su piel estaba contra la suya. Ella se fue al botón superior de sus pantalones, rozando con sus dedos su erección. Él gruño contra sus labios mientras se desabrochaba la cremallera y lo liberaba. Ella envolvió su mano en su longitud, caliente, y sus caderas se impulsaron hacía delante.
—No te detengas —ella suplico—. Por favor.
—No lo tenía previsto —Nick se quito los pantalones y los zapatos—. Pero me encanta oírte decir por favor. Dilo de nuevo.— Miley paso sus dedos por sus tensos y rizados abdominales.
—Por favor.— Él le dio un beso, succionando su labio inferior, y ella latía entre sus piernas.
—Dilo de nuevo —ordenó. A medida que su mano iba por su cadera y se posaba en su trasero, ella gimió. Todo su cuerpo se estremeció, sus pezones, su piel y su sexo.
—Por favor.— De repente, sus brazos estaban alrededor de ella, y él la estaba levantando. Su cuerpo sabia que hacer, y envolvió las piernas alrededor de su cintura. Ni siquiera hubo un momento en el que le preocupara lo difícil que debió haber sido para él recogerla. En cambio, se sintió ligera y femenina. Nick se dio la vuelta mientras movía la lengua con la de ella.
—¿Habitación?
—La segunda puerta a la izquierda.
—Te tengo.— Llegaron a su habitación en un tiempo record. Él camino hasta el pie de la cama, la abrazó y en un momento el beso se convirtió en algo sin inhibiciones, exuberante y húmedo. Nick se puso de rodillas sobre el colchón, y ella acostada de espaldas, mirando hacia él. Se acercó a ella, su mirada y movimientos como un depredador. Su excitación se destaco, orgullosa y dominante. La beso una vez más antes de alejarse de sus labios hinchados y viajar hacia el sur. Ella sintió el suave cosquilleo de su boca contra su cuello y luego en su clavícula. Su aliento sopló contra su pecho y su boca se cerró en su pezón. Su espalda se inclinó sobre el colchón mientras él la dibujaba en profundidad. Ella se sacudió contra él, sintiéndolo deslizarse sobre su vientre. Miley se agacho, sosteniéndolo, y su aliento vaciló mientras lo frotaba con la mano.
—Nick, te necesito.— Una mano se tensó en su cadera.
—Eso es todo lo que quiero escuchar, siempre.— No tuvo la oportunidad de pensar en lo que significaba. Fuertes dardos de placer la atravesaron cuando él deslizo dos dedos dentro de ella.
—Estás tan mojada —murmuro, con los ojos brillantes del deseo—. Quiero saborearte, pero joder, no puedo esperar.— Ella asintió, la anticipación profunda hacía que su vientre se agitara mientras él se levantaba, colocando un codo al lado de su cabeza. Ella lo sintió en ese momento, dando un toque en su sexo. Ella abrió las piernas más amplias antes de pensar mejor.
—¿Condón?
—¿Estas tomando la píldora? —Le preguntó—. Nunca antes he estado con alguien sin usar condón, pero tengo que sentirte. Todo de ti, Miley.
—Sí —respiró ella. Su ardiente mirada viajó por ella, descansando en el lugar donde casi se unían.
—Hermoso —murmuro. Ella levantó sus caderas, desesperada por unirse, pero él puso una mano sobre sus caderas y la obligo a bajar.
—No.
—¿No? —respiró. Une media sonrisa apareció en sus labios mientras arrastraba su mirada hacía ella.
—Todavía no.— ¿Qué estaba esperando? Porque ella no quería… no quería esperar y parar. Ella se inclino hacia delante, a punto de obligarlo a unirlos. Pero con reflejos perfeccionados por años en el campo, él se puso de rodillas y le tomo las manos justo cuando sus dedos rozaron su cintura. Él trajo sus muñecas en una empuñadora, forzando a sus brazos moverse sobre su cabeza. Su corazón triplico la velocidad.
—¿Qué estás haciendo?
—Preparándote para follarte. —Eso no es lo que me parece. Él se echó a reír de una manera que la hacía pensar en cosas oscuras y pecaminosas, se movió para que su rodilla entrara por sus muslos, obligándola a abrirse. 
—Simplemente no has sido adecuadamente jodida todavía.— Oh Señor… La mirada de Nick se apodero de ella otra vez, nunca se había sentido tan expuesta, su cuerpo se arqueo, sus pechos se impulsaron hacía arriba. Ella no podía mover sus extremidades, no con sus brazos en poder de él y sus piernas forzadas. En lugar de sentirse cohibida, sintió una ola de conciencia deliciosa. Con la boca seca, trago. 
—¿Y tú me vas a joder bien?
—Hasta que estés sin sentido —dijo, y luego bajo la cabeza. Esos labios maravillosos se envolvieron alrededor de su pezón mientras se alzaba más para él, sus hábiles dedos se deslizaron por su vientre, deteniéndose justo encima de donde él quería. Miley gimió. Él pellizco su pecho, lo que la hizo jadear. 
—¿Qué es lo que quieres, Miley?
—Ya lo sabes. —Ciertamente no esperaba que hablara de eso. Sus dientes rozaron el otro pezón. Su cuerpo se sacudió. Luego se calmo con el ardor de su lengua caliente. Él iba y venía, alterando entre pequeños bocados de dolor y lametones calientes, hasta que ella se retorciera de la tortura implacable.
—Nick —exclamo ella, con los ojos muy abiertos.
—Dime lo que quieres. —Su boca recorrió su pecho otra vez, y él succionó profundamente, sacando un grito ronco de ella—. Dime, Miley.— Sus dedos se cerraron sin poder hacer nada. 
—Te quiero a ti.
—No. Dime lo que quieres que haga.— Apenas podía respirar. 
—Quiero… quiero que me toques.
—Sí. —Chasqueo su lengua por su pezón sensible—. Dime donde quieres que te toque.— Jesús. Hay una buena probabilidad de que iba a golpearle la cabeza después de esto. Considero negarse a contestar, pero estaba demasiado necesitada y quería más. 
—Quiero que me toques entre mis piernas.— Nick tarareó su aprobación y sus dedos se deslizaron sobre su sexo adolorido, tocándola, pero no lo suficiente. En ningún lugar lo suficiente cerca.
—Más —dijo ella, rogó, en realidad. Él se echo hacía atrás, trajo sus brazos hacia abajo para que sus muñecas quedaran atrapada bajo sus pechos. Su mirada se desvió hacia ella lentamente, acariciándola suavemente con un dedo.
—¿Más?
—Sí. —Su pecho subía y bajaba ahora. Él deslizo un dedo dentro de ella.
—¿Es eso lo que querías? —Antes de que pudiera responder, él engancho un dedo dentro de ella y estuvo a punto de estallar—. ¿Todavía quieres más?— Miley siempre quería más.
—Sí, por favor, sí.— Una sonrisa de suficiencia adorno sus labios mientras metía otro dedo dentro de ella, lentamente al principio y luego más fuerte y más profundo.
—Me gusta esto. —Él la miraba todo el tiempo, concentrado en lo que estaba haciendo—. Me gusta verte andar en mi mano. Jodidamente hermosa.— Él tenía algo en sus dedos y su mirada que la volvía loca y justo al borde de la liberación. Nick saco su mano cuando ella comenzó a temblar, y ella grito. Cuando sus miradas chocaron, se llevo los dedos a la boca, chupando su excitación. Miley casi se perdió. Él hizo un sonido bajo su garganta. 
—Sabes tan bien que solo quiero tener más.— Luego su cabeza estaba entre sus muslos, con su lengua maravillosa, dentro, profundamente entre sus pliegues. Él clavo su carne, amantándose de ella como si fuera una especie de dulce néctar. La cabeza le daba vueltas, moviendo sus caderas hacía su boca. Ella estuvo a punto de irse otra vez mas, su respiración entrecortada mientras sus suaves gritos llenaba la habitación.
Nick se detuvo justo cuando estaba a punto de romperse, con los labios brillantes retiro también sus dedos lentamente. Él movió su mano más abajo, hasta que un dedo bromeo la piel sensible, arrugada. Su cuerpo se tenso con una serie de imágenes eróticas cuando asaltaron en ella de él llenándola ahí. Algo que nunca ha hecho antes.
—Más tarde —prometió en un tono oscuro—. Voy a tener esto  también, pero más tarde.
Luego subió hacía donde ella, sujetando sus manos sobre su cabeza. Moviendo sus caderas hacía delante, hundiéndose profundamente en su interior de un sólo golpe. Miley grito, sus dedos clavándose en sus
manos mientras él la penetraba. El poco de incomodidad mientras su cuerpo se ajustaba al de él era nada comparado con el placer que ella sabía que estaba esperando. Ella levanto las caderas, animándolo.
—Jesús, estás tan apretada —gruño él mientras empujaba hacia abajo. El placer se enrollaba apretadamente mientras se retiraba y luego el alivio cuando volvía. Nunca se había sentido tan llena antes. Era lento al principio, pero el ritmo se acelero y sus caderas golpeaban en las de ella mientras enganchaba sus tobillos detrás de su espalda.
—Nick —exclamo ella mientras el orgasmo la atravesó, profundo y rápido, robándole el aliento. Le soltó las muñecas y luego, agarrando sus caderas y levantándola se clavo en ella. Se aferro a sus hombros mientras se rompía otra vez, voló aparte de sus golpes implacables. Su sexo palpitaba y se apretaba alrededor de él, y entonces él se vino, flexionando sus músculos duros y tensos bajo su mano. Su corazón latía con fuerza contra el suyo, igual de rápido. El roce de sus labios era tierno y tan en desacuerdo con la fiereza de ambos en momentos antes. Se retiro lentamente y cayó a su lado. Eran un montón de huesos y piel, la atrajo hacia él, poniendo su cabeza para que descansara sobre su pecho. En el silencio que siguió, Miley escuchó su corazón. Ella no sabía que esperar. De él, ¿salir de la cama o ir a dormir? Ella nunca era buena en este tipo de cosas. Ella levanto la cabeza.
—Yo… yo voy a buscar algo de beber. ¿Quieres algo?— Él abrió un ojo. 
—Voy a conseguirlo —dijo, empezando a incorporarse.
—No. —Ella le puso una mano sobre su pecho—. Yo lo haré. Yo... uh, ya vuelvo.
Nick no dijo nada cuando ella se desenredó con cuidado de él y tomó una camiseta bastante larga de la pila de ropa limpia que estaba en la silla. Deslizándola sobre ella, se dirigió a la cocina, ella se alegró por las punzadas sobre su sexo. El sexo… bueno, había sido el mejor sexo de su vida. Fue a tomar un poco de vino y se tomo tiempo para buscar sus gafas. Si Nick estaba pensando irse, ella le estaba dando tiempo suficiente para levantarse. Quería evitar el momento incomodo para su corazón y su orgullo. Alzándose sobre las puntas de sus dedos del pie, tratando de alcanzar dos copas. El calor repentino detrás de ella le hizo saltar el corazón.
—Aquí —dijo Nick, alcanzándolas por ella—. Déjame ayudarte.— Miley se agarro de los bordes de la encimera mientras dejaba los dos vasos. Colocándolos al lado de la botella, pero en lugar de verter el vino, él la agarro por las caderas y la presiono hacia delante. Ella dejo escapar un grito ahogado cuando sintió la longitud de él contra su trasero.
—¿Creíste que una vez iba a ser suficiente? —Una mano viajo por su espalda, agarrándole el pelo. Él jalo su cabeza hacia atrás. Sus ojos se encontraron y ladeo la cabeza
—¿O creíste que me iba a ir?— Ella estaba más allá de la pretensión de la mentira.
—Sí.
—¿Eso es lo que quieres? —Él se movió, y meneo su polla, acercándose tanto a ella que estaba sufriendo por él.
—No —admitió—. Pero pensé…
—Piensas demasiado. —La besó, chasqueando la lengua con la de ella—. ¿Y sabes que pienso?— Oh Dios…
—¿Qué?
—Que odio esta maldita camisa. —Con eso, le soltó el pelo y le quito la camisa en cuestión de segundos, lanzándola en algún lado de la cocina—. Ah, eso es mucho mejor.— Ella empujo las caderas hacía atrás, con las respiración entrecortada.
—¿En serio?
—Oh, sí. —Él la apartó más y luego le pasó una mano por su espalda, enviándole escalofríos—. Vamos hacer esto. Aquí mismo. Va a ser duro y áspero. ¿Estás lista?
Un rayo de pura lujuria estallo en ella. Miley asintió con la cabeza, el corazón golpeándole en el pecho. Apretó el agarre sobre el mostrador, y se quedo mirando la puerta del armario delante de ella, con los ojos medio cerrados. Nick extendió una mano por su barriga y tiro de ella hacía arriba. Él hizo un sonido gutural el instante que la lleno. Ella grito de nuevo, arqueando la espalda mientras casi se venía con la penetración dulce y profunda. Él se deslizo unos centímetros y repitió el movimiento hasta que los únicos sonidos en el apartamento eran de sus respiraciones y los golpes de sus cuerpos empujando uno contra otro. Sus dedos se clavaron en sus caderas mientras empujaba hacia adelante, una y otra vez. Su ritmo no era perfecto, sobre todo cuando llevo sus manos al frente y agarro sus pechos. Sus dedos ágiles encontraron su pezón y sus dientes se aferraron a su hombro. Miley gritó su nombre mientras su orgasmo explotó a través de su cuerpo, como lo había prometido todas esas noches en el club y se vino con un profundo gemido, meciéndose y estremeciéndose. Cuando por fin se retiró, lo que pareció una eternidad más tarde y todavía no lo suficiente, le dio la vuelta. 
—¿Estás bien? —Radiaba preocupación por su tono.
—Estoy perfecta… eso fue perfecto. —Ella sonrió, sorprendiéndose todavía por estar de pie, sin embargo. Nick enrolló sus brazos alrededor de su cintura, y ella vio que algo cambió en su expresión antes de que él bajara la cabeza y la besara lentamente.  Los besos condujeron inevitablemente a otras cosas. Un toque contra su pecho, entre sus muslos, y siguieron besándose mientras él se dio la vuelta y la levantó sobre la mesa de la cocina. Empujó hacia adelante, entre sus muslos y sus besos viajaron hacia abajo. Miley dejo la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados, otra cosa que había prometido. Nick la adoraba. Algún tiempo después, terminaron en el dormitorio, el vino olvidado y sus extremidades cubiertas de sudor y entrelazados.
—Feliz Navidad —dijo él, apretando sus labios en su frente húmeda. El pecho de Miley se contrajo mientras se acurrucaba más cerca. Su brazo alrededor de su cintura, y ella cerró los ojos contra la súbita oleada de lágrimas. Esto iba a terminar mal, porque sabía que cuando llegara el momento de dejarlo ir, iba a ser duro. Cada parte de ella se relajó, deliciosamente saciada, pero su corazón… oh, le dolía demasiado. Ella respiró hondo y apretó el nudo en la garganta.
—Feliz Navidad, Nick.— Sí, las cosas se complicarían definitivamente ahora.
***
Nick no recordaba tener una mejor mañana de Navidad. Se despertó con un brazo alrededor de la cintura de Miley y su cabeza enterrada en su pelo. Cuando él le dio la vuelta, ella le sonrió adormilada y abrió las piernas para él. Malditamente perfecta. Se había tomado su tiempo con ella esta mañana, moviéndose en ella lentamente, arrastrando el placer para ambos. No la estaba jodiendo o follándola. Él sabía que le estaba haciendo el amor. La ducha era una historia diferente. Nick se había inclinado y se introdujo en ella como si él nunca había tenido relaciones sexuales antes. Estar con ella, estar dentro de ella, era algo que nunca se cansaría de hacer.  Sabía eso en su alma. Un montón de risas y relaciones sexuales más tarde y con alguna ropa, hicieron juntos el desayuno. Pepsi se sentó junto la estufa, esperando que las sobras cayeran en el suelo. No sabía de qué se trataba todo esto, pero él no quería estar en otro lugar. Fue cuando ella se acurrucó junto a él en el sofá que recordó lo que Dany le había dicho la noche anterior. Cepillo sus cabellos en ondas de la cara, sonrió cuando ella levantó las pestañas y el anhelo brillaba a través de sus ojos. Su propio sexo rugió a la vida en un nanosegundo. 
—Muy pronto —le prometió a los dos—. Pero primero, hay algo que Dany me dijo anoche.— Miley se sentó, metiendo su cabello detrás de sus orejas. Alzando sus cejas. 
—¿Qué?
—Ella me hablo de su director y de cómo él no quieres que tú asistas ahí por mí. Mira, voy a llevar a…
—Espera. —Ella levanto una mano—. Lo admito, estaba enojada cuando el director me sacó. Trabaje en esa gala durante todo el año, pero hay algo que tengo que decirte antes de… bueno, antes de que esto vaya más allá. ¿De acuerdo?— Nick se echo hacia atrás y asintió. Un instante después, lanzo a Pepsi a su regazo. 
—Está bien.— Una tímida sonrisa tiro de sus labios. 
—Yo no era una gran fan de pretender ser tu novia en el principio. —Ella se río tímidamente mientras pasaba sus dedos sobre la esmeralda—. En realidad, yo estaba enojada con todo el asunto, pero no es eso. Quiero decir… —se interrumpió, sonrojándose
—Dios, sueno como una idiota.— Nick trato de ocultar su sonrisa. 
—¿Qué? ¿Me estás diciendo que no estás de acuerdo en hacer esto para aumentar tu piscina de citas? — bromeó. Era cierto que la curiosidad lo había hecho, él le rasco distraídamente a Pepsi detrás de la oreja.
 —Di la verdad, siempre quisiste ser mi novia.—Miley río tan fuerte que Pepsi levanto la cabeza y aplanó sus orejas. 
—No. No es eso, tampoco. La señorita Gore… bueno, en cierto modo, supongo que tengo que darle las gracias por su preocupante nivel de determinación.— Sus dedos se calmaron en la cabeza de Pepsi. 
—¿Qué quieres decir?
—La señorita Gore básicamente me chantajeó. —Ella alargó la mano, rascándole la pata a Pepsi—. Ella me amenazó con decirle a la gente que te estaba acosando. También se enteró de que yo había llegado tarde a mis préstamos estudiantiles en algún momento y se ofreció a pagar la deuda. Vales por lo menos cincuenta mil, ¿sabías eso? —Ella se echo a reír acariciando a Pepsi que estaba echado en su regazo—. Le dije que vales más, pero…
—Espera —dijo él, mirándola fijamente. No podía creer lo que estaba oyendo—. Ella se ofreció a pagar tus préstamos estudiantiles para que tú fingieras ser mi novia.— Miley asintió. 
—¿Puedes creerlo?— Fuera de las razones de por qué había llegado a un acuerdo, Miley siendo pagada no era una de ellas. Fue como un golpe. No sabía que sentir. ¿Enojado? ¿Decepcionado? ¿Disgustado? Miley fue pagada para ser su novia. Al igual que las mujeres de su padre pagaba para ser sus novias. Una carcajada se le escapo mientras miraba a Miley. 
—Tú sabes, tal vez yo era estúpido por pensar en que yo te gustaba o que debía hacer que mi culo saliera del baño cuando nos conocimos.— La confusión se vertió en la expresión de Miley. 
—Sí, eso sería ser muy estúpido si pensabas eso.
—Guau. Está bien. —Puso al disgustado Pepsi en el sofá. Se puso de pie, con las manos temblando—. Espero que tú y la señorita Gore estén satisfechas con su acuerdo.
—¿Qué? —Miley se puso de pie—. Nick, espera un segundo. No te puedes poner tan loco.
—¿Qué no me puedo poner tan loco? —La miro fijamente, incrédulo—. Sí, ya sabes, he hecho algunas cosas bastante jodidas en mi pasado y mucha gente probablemente no cree en mis normas, pero yo sí.
Este es el límite de mierda para mí. Es repugnante.
Ella se echó hacia atrás como si la hubieran abofeteado. Después de todo, ni siquiera iba a darle dos segundos para explicarle que ella no tomo el dinero. ¿Era tan fácil creer que era una puta allá afuera?
—¿Perdón?
—Esto se acabó.
—¡Nick! —Miley se movió hacia adelante como para bloquear su escape, pero la mirada de él la hizo pensar dos veces. Dio un paso atrás, rápidamente—. No entiendo porque no quieres escucharme.
Nick no estaba seguro de lo que pensaba, pero la verdad nunca le pasó por la cabeza. Cuando el dinero estaba involucrado, nunca se podía confiar en los resultados o en las acciones de cualquier persona. Sacudió la cabeza, y se dirigió a la puerta. 
—Tus servicios ya no son necesarios. Esta mierda se acabó. Ya ha terminado.

viernes, 7 de marzo de 2014

Game Of Love - Niley - Cap 19


Abrió la puerta y se quedó mirando, atónita y confusa. ¿Qué estaba haciendo aquí? Ni siquiera podía imaginarlo. Nick se dio la vuelta, con una caja en sus brazos. Sus ojos se profundizaron a un azul medianoche en el momento en que encontraron los de ella. Sin decir una palabra, caminó junto a ella. Cerró la puerta y se dio la vuelta, apoyándose contra la misma. Le tomó un par de momentos recordar cómo hablar. 
—¿Qué estás haciendo aquí?— Nick miró a su alrededor a su pequeño apartamento con interés.
—Es la víspera de Navidad.
—Sí, ya lo sé —Dios, hubiera ordenado un poco si hubiera sabido que iba a darse una vuelta—. ¿No deberías estar con tus hermanos y la familia de Danielle?— Él se encogió de hombros mientras colocaba la caja en la mesa de café. Algo que sonaba festivo tintineaba dentro. Se sentó en el sofá como si lo hubiera hecho un millón de veces antes, sonrió mientras daba unas palmaditas al almohadón a su lado. Él sonrió abiertamente. 
—Me gusta la pintura, por cierto. La señorita Gore dijo que parecía Plaza Sésamo aquí dentro, pero no lo creo.— Oh, Dios ayúdala, ella odiaba a esa mujer. Su mirada saltó de la nada a las paredes rojas. Bien. En cierto modo le hizo recordar a Plaza Sésamo. 
—¿No lo crees?
—Nop. Me gusta. Te queda.— Su corazoncito dio todo un revoloteo al oír eso, lo que era malo y tan necesitado a detenerse.
—¿Qué estás haciendo aquí, Nick?
—Siéntate —palmeó el lugar junto a él de nuevo.
—No te irás, ¿verdad? —Ella hizo una mueca cuando vio a Pepsi asomándose desde el dormitorio.
—Nop.— Más nerviosa de lo que nunca había estado en toda su vida, tiró de la bata un poco más y se sentó a su lado. Él se echó hacia atrás e inclinó la cabeza hacia ella. Su mirada recorrió el cabello húmedo y luego se trasladó a la V en la bata antes de ir al cinto al que ella se estaba aferrando como un salvavidas. 
—Debería haber aparecido unos diez minutos antes.— Miley quería reír, pero luego recordó, no era que ella hubiera realmente olvidado, lo que habían hecho en el jeep después de la cena. Emm, lo que ella había hecho, en realidad. Cada vez que hacían algo, se decía que no volvería a suceder. Era un mantira inútil mientras lo observaba por el rabillo de sus ojos. Sin previo aviso, una mancha de color naranja se levantó sobre el brazo del sofá. Nick giró, las cejas elevándose cuando Pepsi le devolvió la mirada. 
—Ese es el gato más grande que he visto nunca.— Como si Pepsi hubiera entendido la diferencia entre grande y gordo, el gato pasó por debajo del brazo y se acercó tentativamente a Nick. Ella contuvo el aliento. Nick se estiró y rascó al gato detrás de la oreja. 
—¿Cuál es su nombre?
—Pepsi.
—¿Pepsi? —Nick se rió—. ¿Por qué ese nombre?— Ella sonrió. 
—Lo encontré en una caja de Pepsi cuando era un gatito. El nombre se quedó. —Sorpresa titiló a través de ella cuando Pepsi subió al regazo de Nick
—Estoy sorprendida de que está dejándote acariciarlo. No es tan amable.— Nick la miró con un brillo maligno. 
—¿Qué puedo decir? Los gatitos me aman.— Una carcajada brotó de ella. 
—No puedo creer que hayas dicho eso.
—Sí, eso fue algo malo. —Pasó la mano sobre el vientre de Pepsi. Unos momentos transcurrieron en silencio, y luego dijo casualmente—, Danielle me dijo.
—¿Te dijo qué? —Su estómago se anudó inmediatamente. Él echó un brazo sobre el respaldo del sofá, atrapando con los dedos un mechón de cabello húmedo.
—Acerca de tus padres.— Apartando la mirada, ella tomó una respiración profunda. —¿Así que estás aquí porque sientes lástima por mí? Porque si ese es el caso, puedes guardar tu simpatía. No quiero lástima. Es por eso que no hablo sobre…
—Oye... —Suavemente le tiró del cabello—. Siento pena por ti, pero no es compasión. Es empatía.— Ella se volvió hacia él, cejas arqueadas. 
—¿Empatía?— Él sonrió con su sonrisa de medio lado mientras seguía colmando con atención a Pepsi. 
—Sí, estás sorprendida de que yo sé lo que eso significa, ¿verdad? Pero sí. Y no hay nada malo en sentir empatía por ti.— Miley lo miró fijamente.
—Y lo qué pasó con tus padres es una mierda. Y el hecho de que no puedas disfrutar de algo como la Navidad es aún peor. —Nick hizo girar el cabello alrededor de su dedo, y se encontró con que a ella le gustaba cuando jugaba con su pelo—. Yo entiendo por qué no quieres. Al principio, yo estaba en contra de la toda la fiesta de Navidad del clan Deleasa, incluso cuando era un niño. Ya sabes, fue Kevin quien empezó a salir con Michael primero. Joe y yo éramos los menores y pensábamos que éramos demasiado geniales, pero los Deleasa nos invitaron una noche de Navidad y estábamos como, ¿qué diablos?
Miley se recostó contra el sofá, tranquila mientras él hablaba. Lo que era más raro que ella hablando de sus padres, era Nick hablando de él y de su infancia. En cierto modo, de alguna manera tenían eso en común. Sus familias y el pasado era algo que ellos dos aferraban cerca, y eso respetaban él uno del otro.
—Fue extraño estar rodeado de una familia, una familia normal y feliz. —Su mirada la abandonó, centrándose en la caja sobre la mesa—. Mis padres realmente no celebraban nada. Ambos estaban demasiado envueltos en sus propios mundos como para realmente preocuparse por algo más. Cuando mis hermanos y yo éramos muy pequeños, ellos habían preparado algunas cosas para la Navidad, pero eso se detuvo tan pronto como mi padre...— No le hacía falta dar más detalles. Miley ya sabía lo que Danielle le
había dicho. Jonas padre había sido un hombre de negocios muy conocido, controlador y parrandero empedernido, y si alguien buscaba la definición de mujeriego en el diccionario, la imagen de su padre hubiera estado debajo de ella.
—De todos modos, una vez que empecé a ir a la casa de los Deleasa para las fiestas, yo estaba feliz de haberlo hecho. Y sé que tú tienes tus razones. Yo respeto eso, pero no deberías estar sola en Navidad.
—Nick... —No sabía qué decir mientras lo veía colocar suavemente a Pepsi en el cojín a su lado y sentarse hacia delante. El corazón le latía con fuerza en su pecho como si acabara de correr en círculos alrededor de su sala de estar.
—Me he pasado más o menos una docena de Noche Buenas con los Deleasa y más de las que quiero recordar con mis hermanos. —Mostró esa sonrisa burlona de él—. Y no he pasado una contigo. Así que por eso estoy aquí. No discutas conmigo al respecto.— Sus dedos se aflojaron alrededor de la túnica mientras negaba con la cabeza. Una parte de ella estaba bailando alrededor como una chica hippie, pero la otra parte estaba aterrorizada, miedo sin sentido por este acto de bondad y cariño. Y entonces él abrió la caja.
—Esto es lo que mi madre solía armar en la casa para la Navidad. Es un poco tonto y patético realmente, pero siempre me gustaron las cosas estúpidas —Nick sacó un árbol de Navidad de cerámica de un débil verde, de cerca de 60 centímetros de altura. Cada extremidad tenía una bombilla pequeña unida a él. Un enchufe eléctrico colgando de la base—. Bastante cursi, ¿eh? Pero esto fue nuestro árbol durante años.
Las lágrimas llenaron sus ojos cuando él se levantó y ubicó el árbol al final de la mesa y luego lo enchufó. El arbolito se iluminó desde dentro, brillando en un verde suave, y brillaban los focos multicolores.
—¡Tarán! —Él se enderezó y se enfrentó a Miley. La amplia sonrisa se desvaneció de inmediato—. Oh no...
—Lo siento. —Ella se limpió las esquinas de los ojos con las mangas de su bata—. No es mi intención llorar. No estoy molesta.— Él parecía más confuso con cada segundo que pasaba.
—Esto es sólo una cosa tan bonita —se apresuró a añadir—. Me encanta el árbol, de verdad, lo hace. Gracias.
Y estuvo bastante segura de que en ese momento supo que no había vuelta atrás. Se había enamorado perdida e irrevocablemente de él. Nada iba a cambiar eso. Ni siquiera el hecho de que su relación entera fue
construida sobre mentiras. Miley estaba enamorada de él. Esa comprensión no podría haber llegado en un mejor o peor momento. Su corazón se hinchó mientras su cerebro estaba tramando la manera de patear la bendita mierda de ella. Enamorarse de Nick era tan peligroso para su corazón, pero no podía evitarlo. Su corazón no le pertenecía a ella nunca más. Pertenecía al hombre frente a ella. La sonrisa de Nick era un poco insegura, algo que ella nunca había visto antes. 
—Hombre, si vas a llorar por eso, mejor busco algunos pañuelos.— Miley se echó a reír. 
—¿Por qué?
—Prepárate —Nick alcanzó de vuelta la caja y sacó una pequeña caja roja envuelta en satén rojo—. Te traje algo.
—Oh, Nick, no deberías haberlo hecho.— Él arqueó una ceja. 
—Ni siquiera has visto lo que es.
—Pero yo no…
—No importa que no me hayas conseguido algo. Eso no es de lo que se trata. —Se sentó de nuevo hacia abajo, y Pepsi dio la vuelta sobre su pierna como una mancha gorda naranja y peluda—. Y además, tú casi me has dado mi futuro con el equipo, incluso si acordaste en hacer esto para aumentar tu grupo de citas.
Miley abrió la boca, ya que esa no era la razón del por qué, pero no podía decir si estaba bromeando o no, y ¿cómo iba a admitir la verdad? Ella fue chantajeada básicamente. Qué estado de ánimo asesino. Nick puso la cajita en su mano. Con mucho cuidado, enganchó su dedo meñique debajo de la cinta y tiró. Se deslizó con facilidad, y entonces ella forzó la tapa. Miley contuvo el aliento. 
—Oh Dios mío...
—¿Puedo tomar eso como un me gusta?
—¿Gusta…? —Miley buscó en el interior y con dedos temblorosos, ella levantó el collar que le habría hecho saltarse un alquiler para conseguirlo. Era el de Little Boutique, la esmeralda en la cadena de plata. Nick tomó la caja de sus manos y la colocó sobre la mesa de café. 
— Ese es el que mirabas en la tienda, ¿verdad?
—Sí —susurró ella, parpadeando para contener las lágrimas frescas—. ¿Por qué haces esto?
—Porque quería.
—¿Y siempre haces lo que quieres? —La joya era del peso perfecto.
—No siempre —dijo en voz baja—. Yo solía pensar que lo hacía y tal vez lo hice, pero ya no, no siempre.— Ella levantó las pestañas húmedas y sus ojos se encontraron con los suyos. 
—Gracias. No deberías haberlo hecho, pero gracias. Y lo siento por lo de ayer. Yo fui una perra y tú sólo estabas siendo amable. Lo siento…
—Escucha, no es gran cosa. —Nick se estiró hacia adelante y tomó el collar de sus manos—. Date la vuelta y levanta tu pelo.— Torciendo la cintura, ella obedeció y levantó la pesada masa de pelo. Nick estuvo silencioso y rápido mientras se movía. Era sólo el deslizamiento fresco de la esmeralda entre sus pechos que le avisó de su cercanía. A continuación, el collar debe de haber sido entrelazado, porque sus manos estaban alrededor de ella, bajando de modo que su cabello cayó sobre sus hombros. Sin embargo, lo liberó. Miley se enfrentó a él, con el corazón y el pulso latiendo en cada parte de su cuerpo. Ella no sabía lo que estaba haciendo. Inclinándose hacia delante, puso las manos en la pequeña sección del sofá entre ellos, y apretó sus labios contra los suyos. 
—Gracias —dijo de nuevo, y se retiró. No había ninguna duda del hambre en esos ojos de cobalto. Nick no dijo nada cuando ella se levantó de repente con las piernas temblorosas. En la habitación oscura iluminada únicamente por la Televisión enmudecida y el arbolito de Navidad, Miley sabía que no quería que se fuera. Todavía no. Nunca. Y también sabía que sólo conseguiría una de esas cosas. Sus dedos encontraron la esmeralda, y su pecho se contrajo. 
— ¿Quieres algo de beber? Creo que tengo un poco de vino o…— Él se puso de pie tan bruscamente que Pepsi salió disparado del sofá hacia la cocina, y Miley sintió un escalofrío de emoción. No había duda de la intención en su expresión.
—Estoy sediento —dijo, dando un paso hacia adelante. Miley se quedó sin aliento mientras se movía hacia atrás. Ella no llegó muy lejos. Él estuvo frente a ella en segundos, ahuecando sus mejillas. La besó, tan rápido y suavemente como ella lo había besado... y estaba deshecha.
—Por favor... —susurró. Se quedó muy quieto. 
—Por favor, ¿qué?— Ella se humedeció los labios, y el gruñido de Nick retumbó a través
de ellos. 
—Tócame, pero no te detengas. Por favor.

martes, 4 de marzo de 2014

Game Of Love - Niley - Cap 18


Parecía que la Navidad se había emborrachado y vomitado sobre la casa Deleasa. Había un enorme y extraño Santa de plástico en el patio delantero. Un reno de alambre brillando en la noche, parpadeando de blanco y rojo. Había otro Santa en el techo, sentando sobre la chimenea. También un gran trineo sobre la hierba congelada. Luces navideñas de todos colores colgaban en el techo y en la barandilla del pórtico. Un muñeco de nieve lo saludaba. Escalofriante. En el pórtico estaba Frank E. Post, quien comenzó a cantar una canción navideña en cuanto Nick estuvo a unos metros de él.
—Guau —dijo, rodeando esa cosa. Antes de que tocara la puerta, relajó sus hombros, tratando de quitarse la actitud molesta que traía consigo desde ayer, cortesía de Miley. Que tonto había sido al ser considerado y ordenar su comida favorita, asumiendo que ella pasaría la Noche buena con él. Debió haberlo sabido mejor. Ellos fingían todo el asunto de las citas. No se detuvo a pensar cuando ella le envió el mensaje de texto. No se imaginó que le pediría que no fuera a la Gala con ella. Como sea. No iba a dejar que ese problema con Miley arruinara la única noche del año que la pasaba rodeado de su familia. Su hermano abrió la puerta, vestido con un suéter que hizo que Nick se riera tan fuerte que temió que él no fuera a darle los regalos que le compró. Tenía un gran San Nicolás con un cartel que decía: Incluso Santa se prepara para el fin del mundo. ¿Y tú? ¡Feliz Navidad!
—Si dices una sola palabra —dijo Kevin, manteniendo la puerta abierta—, te patearé el trasero.— El padre de Danielle salió y ondeó su mano a manera de saludo. Usaba el mismo suéter. 
—Hola, súper estrella.— Nick luchó para que la sonrisa no se desvaneciera de su cara. 
—No diré ni una palabra.
—Eso espero —Kevin tomó una de las bolsas que traía consigo y luego le frunció el ceño—. ¿Dónde está Miley?— Siguió a su hermano menor dentro. El aire olía a sazonador de camarón y cerveza, una tradición navideña de la familia Deleasa. 
—No pudo venir.
—Umm —dijo Kevin, poniendo las bolsas en el suelo junto al árbol. Nick se dio la vuelta, con la esperanza de poder escaparse antes de que su hermano pudiera comenzar a hacer más preguntas. De pronto, lo envolvió un cálido abrazo.
—Me alegra que hayas podido venir —dijo la Sra. Deleasa, abrazándolo tan fuerte que apenas podía respirar, pero joder, le encantaban esos abrazos. Ella se echó hacia atrás, la piel alrededor de sus ojos arrugándose mientras sonreía—. ¿Cómo es posible que seas más hermoso cada vez que te veo?
—Asco, mamá —dijo la voz de Dany en la cocina.
—Ni yo mismo lo sé, Sra. Deleasa. —Guiñó Nick. El Sr. Deleasa pasó su brazo sobre el hombro de su esposa. Él era tan grande como un oso. Su Santa-preparado-para-el-Apocalipsis era al menos tres veces más grande que el de Kevin. 
—Lo siento, Nick, trataré de que mantenga sus garras lejos de ti.
—Oh, él sabe que mis ojos y garras son sólo para ti. —Para probar sus palabras, ella le agarró el trasero al Sr. Deleasa. Mike sacó la cabeza y curvó sus labios con horror. 
—No es algo que quisiera volver a ver. Nunca.— El Sr. Deleasa resopló. —Sí, bueno, tú obviamente le has agarrado más partes a tu esposa…
—Papá —gruñó Mike—. ¿En serio?— Desde el árbol de Navidad, Lisa, la esposa de Mike, sonrió y frotó su vientre hinchado. 
—Es cierto.
—Mi familia está loca. —Mike desapareció en el pasillo. Era cierto, pero Nick los amaba, le encantaba la atmósfera cálida en la familia. Era una de las razones por las que él y sus hermanos se sentían parte de los Deleasa. Eran todo lo contrario a su propia familia. Hablando de familia, Joe llegó y le ofreció una cerveza fría. Nick suspiró, sin querer pensar en Miley. 
—No pudo venir.— Su hermano asintió secamente.
—¿Qué hay de la otra?
—¿Otra?
—Sí… la de anteojos —aclaró. Las cejas de Nick se alzaron. 
—¿La señorita Gore, mi publicista? ¿Quién sabe? Sólo espero que esté muy lejos de mí. Espera. Tú no
estarás…— Antes de que pudiera terminar esa horrible oración, Dany apareció con una bandeja de galletas, sus ojos entrecerrados. 
—¿Pero qué diablos? ¿Dónde está Miley?
—No pudo venir —dijo Kevin sobre su hombro, lanzándole a Nick una mirada mientras tomaba la bandeja de Dany—. O eso es lo que dice Nick.— Dany parecía a punto de lanzar algo. 
—Cada año la invito, y este era el primer año que pensé que no podría escaparse.
—Lo siento. —Nick se encogió de hombros—. Creo que tiene miedo de que la encierren en un refugio antibombas o algo así.— Ella rodó los ojos. 
—Esa no es la razón por la que no viene.— Sus palabras despertaron definitivamente su curiosidad. 
—¿Quieres decir que no tiene miedo de que la obliguen a comer comida enlatada de supervivencia?
—Ja. Ja. No.
—Entonces, ¿Por qué no quiso venir? —preguntó. Dany miró por encima de su hombro. En ese momento, el Sr. Deleasa tenía a Kevin y Joe acorralados, mostrándoles una revista de supervivencia. Dany se estremeció y lo agarró del brazo, guiándolo hacia la cocina vacía. En la estufa, una enorme olla de camarones al vapor.
—A Miley no le gusta la Navidad.— Nick se cruzó de brazos. 
—Ya lo había deducido.
—¿Sabes por qué? No, probablemente no, a ella no le gusta hablar de eso.
—¿Vas a decirme? —Se apoyó contra el mostrador. Ella suspiró. 
—Sólo te lo cuento porque amo a esa chica hasta la muerte, y tuvo un día de mierda ayer.
—Espera. ¿Qué quieres decir?— Dany parecía estupefacta. 
—¿No te lo dijo? No, claro que no. — Sacudió la cabeza mientras la paciencia de Nick se acababa—. Sabes que hemos estado trabajando en la Gala y que esa ha sido nuestra vida durante casi todo el año pasado.— Nick sabía que el trabajo de Miley estaba en la cuerda floja.
—Todavía seguimos cortos de dinero, lo cual tiene al director preocupado por la Gala. Él la llamó a una reunión ayer —dijo—. Le prohibió asistir a la recaudación de fondos.
—¿Qué? —Descruzó sus brazos—. ¿Por qué diablos hizo eso?— Dany parecía incómoda. 
—Por tu culpa.
—¿Perdón?— Se encogió de hombros. 
—Mira, al director le preocupa que ustedes dos estuvieran en el evento, que tu presencia afectara la recaudación de fondos, y habrá un montón de gente conservadora que no quiere ser fotografiada…
—Miley vino ayer y me pidió que no asistiera, pero no me dijo nada más al respecto. —Cerró sus manos en puños—. La solución era fácil, yo no asisto.
—Sí, eso es lo que Miley dijo, pero él sabe que la prensa estará allí. No la dejarán en paz.— ¿Por qué Miley no le dijo eso?
—Eso es una tontería. Ella merece ir.
—Lo sé. Estoy totalmente de acuerdo, pero eso fue lo que dijo el director. No hay nada que yo pueda hacer. —Dany ladeó la cabeza un poco—. Debí haber imaginado que no te lo diría. Probablemente no quería que te sintieras mal.— Joder. Se sentía como una mierda. Miley no le había dado una razón para pedirle que no asistiera, pero si hubiera sabido que era por su culpa…
—De todos modos —dijo Dany—, esta época del año no es buena para ella. Así que si le agregas el asunto de la Gala, sin duda, es mucho con que lidiar.— Nick pasó la mano por su cabello. 
—¿Por qué no le gusta la Navidad?— Hubo una pausa. 
—Sus padres fueron asesinados en la víspera de Navidad, cuando ella estaba en la universidad.
—Mierda…
—No sé como era antes, pero desde que la conozco no celebra la Navidad. Supongo que por malos recuerdos, pero he tratado de remplazarlos con mejores recuerdos, ¿sabes? —Parecía cabizbaja—. Esperaba que ahora que salía contigo, las fiestas fueran más agradables para ella.
Nick miró a Dany. Miley le había dicho que sus padres habían muerto, pero no sabía cómo o cuándo ocurrió. Buen Dios, no era de extrañar que odiara la Navidad y, para colmo, su director la sacaba de la Gala. Él estaba molesto y también… también estaba cabreado. Girándose hacia la olla en la estufa, trató de imaginar lo que eran para Miley estos momentos y pudo imaginarlo fácilmente. Antes de que tuviera a la familia Deleasa, la Navidad no era celebrada. No había suéteres ridículos, regalos, risas en toda la casa, o camarones hirviendo en la estufa.  La Navidad para los Jonas era fría y tan estéril como todo lo demás. Excepto porque su madre estaba drogada y su padre fuera por "viajes de negocios", pero esto era diferente. Diferente en muchos niveles. Nada de esto debería afectarlo, pero lo hacía. Estaba molesto por Miley, y no quería que ella se sintiera sola en casa. 
Tampoco quería que no viera su trabajo de todo un año rendir frutos. Quería arreglar esto. Era extraño, jodidamente extraño, pero normalmente a los problemas que se enfrentaba los ignoraba o no los tomaba en serio. O alguien más lo solucionaba. Nunca los solucionaba él mismo. Pero quería solucionar esto. Una cosa iba a hacer justo ahora. La otra, la que involucraba una llamada telefónica a su contador y luego a la rata asquerosa de ese director, eso podría esperar.
—¿Nick? —dijo la voz calmada de Dany. Él se giró, sus planes ya hechos. 
—Me tengo que ir. ¿Puedes disculparme con tu familia?— Dany parpadeó lentamente, y luego sus ojos brillaron con felicidad. 
—Sí, ya lo hago.— Comenzó a pasar a su lado, pero ella lo llamó por su nombre, deteniéndolo. 
—¿Qué vas a hacer?— Nick no estaba cien por ciento seguro, pero sabía una cosa. 
—Voy a crear nuevos recuerdos.
***
Eran casi las ocho de la noche cuando Miley decidió que necesitaba ducharse y lavarse los dientes, ya que el maratón de The Walking Dead la mantuvo pegada a la pantalla durante la mayor parte del día. Y nada, ni siquiera la higiene personal, era más importante que una infestación de zombies. Parecía un buen plan quitarse finalmente el pijama para ducharse y ponerse otro pijama fresco, eso es lo que haría. Atando el cinturón de la bata alrededor de su cintura, secó la mayor parte del agua de su cabello con una toalla mientras cruzaba la sala y se asomaba calle abajo. No había casi tráfico en las calles, pero en una hora probablemente no habría nadie, y mañana sólo pasarían un par de autos yendo a ver a sus familiares. Miley había decidido ir al cine mañana y comer tantas palomitas como pudiera soportar. Alejándose de la ventana, dejó caer la toalla en el respaldo del sillón y miró la mesita de café. Su celular había estado tan silencioso que Pepsi se acurrucó sobre él.
Pensó brevemente en enviarle un mensaje a Nick para desearle una Feliz Navidad, pero después de la fea manera que lo trató ayer, dudaba que él estuviera contengo con saber de ella. Nick intentó ser considerado y dulce con la cosa de la comida, y ella fue… bueno, tuvo un día terriblemente malo. Esperaba sinceramente que él pasara una buena Navidad y no pensara en lo ocurrido, pero era inevitable. ¿Cuántas citas habían tenido? Tres. Quizás cuatro, y luego nada. Y, considerando el tono de su voz ayer, Nick probablemente pensaba que a ella no le importaba.
Sentándose en el sillón, cogió el control remoto y buscó algo en la televisión que la distrajera. Cuando fracasó, intentó leer su libro favorito. Un golpe repentino e inesperado en la puerta la hizo dejar caer el libro. Pepsi se levantó de la mesa de café, tirando su celular al suelo mientras corría hacia el dormitorio. Miley suspiró. Al no tener idea de quién podría ser además de un vecino, se asomó por la pequeña mirilla en la puerta. El aire escapó de sus pulmones y el corazón le dio un vuelco. Reconocería esa espalda en cualquier parte.

sábado, 1 de marzo de 2014

Game Of Love - Niley - Cap 17


Miley apenas se reconocía en el vestido verde. El profundo matiz puso de manifiesto la coincidencia de color con sus ojos y halagaba su tez pálida y cabello rubio. El material era pesado, ocultando cualquier tipo de bulto antiestético pero no se sentía como si estuviera usando una cortina.
—Te ves hermosa —dijo Mandy, poniendo el toque final en Miley, un clip de plata que sostenía sus rizos hacia arriba—. El vestido es fantástico.— El vestido era fantástico.
—No puedo creer que compró esto. Tal des…
—Si dices desperdicio de dinero, renegaré de ti. —Mandy la hizo girar y la miró fijamente—. Es maravilloso que él haga algo como esto, es romántico. Vas a tener un momento maravilloso pasando el rato con los jugadores y la gente glamorosa.— Miley tragó, pero su garganta estaba seca. Las mariposas estaban rebotando alrededor de su estómago como si estuvieran tratando de encontrar una salida. Había conocido a Tony y algunos de los otros chicos, pero la idea de codearse con todos ellos le daba ganas de vomitar.
—¿Nick va a recogerte aquí? —preguntó Mandy. Asintió. 
—Sí, es en realidad es más cerca para él y de hecho tiene sentido, ya que estabas arreglando mi cabello.— Mandy le sonrió. 
—Asombroso chica, eres tan condenadamente afortunada. Espero que te des cuenta de eso. Nick es un infierno de buen partido. Estoy celosa.— Un dolor le atravesó el pecho, y se volvió hacia el espejo, parpadeando con rapidez y esperando no arruinar su máscara. Todo esto estaba casi terminado. Tres días después de Navidad y mañana era su último día de trabajo antes de las vacaciones. Luego estaba Año Nuevo y la Gala. Nick probablemente ni siquiera estaría alrededor para el evento del Smithsoniano. Según la señorita Gore, los Nationals estaban encantados con la mejoría de Nick. No se hablaba más sobre la cancelación del contrato, y la publicista creía plenamente que después de esta noche, su imagen estaría reparada. ¿Y qué tenía eso de malo según dijo la mujer la última vez que la había visto?
—Nick probablemente tendrá la simpatía del público cuando ustedes se separen. —La señorita Gore había dicho—. Así que esto va a funcionar de maravilla.— Dios, odiaba a esa mujer con pasión.
—¿Miley? —la voz de Mandy se entrometió—. ¿Estás bien?
Su boca se abrió, y quería tanto contarle la verdad a Mandy, pero ¿cómo podría? No era como si Mandy no supiera que se había metido en problemas con los préstamos estudiantiles, pero ¿cómo iba a decirle a
alguien que todo lo que había entre ella y Nick había sido completamente falso? Excepto por la pasión, estaba segura de que eso era real. Forzó una sonrisa. 
—¿No crees que este vestido es demasiado?— Mandy soltó una breve carcajada. 
—Está bien. Definitivamente, algo está mal contigo si estás preguntando si alguna pieza de ropa es demasiado. Esto es en realidad bastante normal para ti.— Eso era. Con pedrería negra sobre el corpiño en forma de corazón, no era nada como el estilo extravagante que normalmente usaba.
—Te ves genial, Miley.
—Gracias. —Miley salió del baño y tomó una profunda respiración—. Supongo que me estoy sintiendo cansada.— Mandy asintió. 
—Bueno, será mejor que te animes porque debes disfrutar. En serio. Tú y Nick son como un cuento de Cenicienta.— Miley se rió de eso. —Yo no iría tan lejos.
—Lo que sea. Es totalmente… —Un golpe en la puerta principal cortó sus palabras. Dejó escapar un grito bajo y giró hacia la entrada antes de Miley pudiera parpadear. Su amiga abrió la puerta. 
—Holllaaaa...— Miley se asomó por la esquina, y su corazón se aceleró. Su boca se abrió también. Podría haber babeado un poco. Nick en un esmoquin era, bueno, todo lo que cualquier mujer en el planeta podría imaginar. Sus anchos hombros realmente rellenaban la chaqueta en una forma que la mayoría de los hombres no podían. Era de un ajuste perfecto, cortada a su cuerpo y sólo a su cuerpo. Con su pelo artísticamente desordenado y sus labios inclinados en una media sonrisa, parecía haber salido directamente de una película o algo, justo como salido de un cuento de hadas. Nick le tendió la mano a Mandy. 
—Encantado de por fin conocerte.— Ella murmuró algo ininteligible y se dio la vuelta, pronunciando las palabras Príncipe Encantador antes de girar de nuevo a Nick. 
—Eres mucho mejor visto de cerca. La mayoría de las personas no lo son, pero guau, tú sin duda das la talla.— Miley sonrió. Tomando el arrebato de buen humor de su amiga, Nick rió. 
— Bueno, me alegro de escuchar que "doy la talla"— A medida que pasó a su lado, Mandy lo reviso por detrás. 
—Sí, definitivamente das la talla.— Bien. Eso era probablemente suficiente. Si Miley no intervenía, había una buena probabilidad de que Mandy comenzara a tocarlo. Al salir al pasillo, ella le dio un saludo con la mano breve y torpe. Nick tropezó un poco, y Miley nunca lo había visto tropezar. Se detuvo en seco y tragó mientras su mirada se desviaba hacia ella. 
—Te ves... absolutamente hermosa.— Sintió el rubor subir por su cara. 
—Gracias.
—Ustedes dos lucen grandiosos. —Mandy reapareció, sosteniendo su teléfono—. Quiero una foto.
—Esto no es el baile de graduación, Mandy.— Nick se rió entre dientes mientras sostenía su brazo para Miley. 
—Ven aquí. Vamos a conseguir nuestra foto.— Disparando a su amiga una mirada, que fue ignorada posteriormente, Miley se deslizó al lado de Nick. Su brazo rodeó su cintura y la atrajo más cerca, metiéndola contra su cuerpo. Mandy chilló mientras sostenía el teléfono. 
—¡Sonrían!— Después de un par de fotos que Mandy juró no terminaría en su Facebook o en cualquier otro sitio, Miley y Nick dijeron sus adioses. A la salida, Miley tomó el chal de encaje negro, y él la ayudó a envolverlo sobre los hombros.
—Está bastante frío afuera —dijo fuera del apartamento de Mandy. — ¿Estás segura de que esto es suficiente?— Miley asintió. Él sonrió ligeramente. 
—Es cierto. Odias las chaquetas.
—Son tan abultadas. —Ya que Mandy tenía un apartamento en el primer piso, no pasó mucho tiempo para que ella descubriera lo frío que se había puesto desde que había llegado a la casa de su amiga. En el exterior, agarró los extremos del chal juntos y respiró hondo.
—Huele a…
—¿Nieve? —Interrumpió él, sonriéndole. Miley lo miró y sintió que su corazón daba ese maldito saltito otra vez. 
—Sí. Huele como la nieve.
—He oído que está pronosticado nieve en Navidad. No puedo recordar la última vez que tuvimos una blanca Navidad.— Tampoco podía. Nieve en cualquier cantidad real no suele caer hasta febrero, y si era más de una pulgada, todo el pueblo cerraba. Nick le abrió la puerta, pero la agarró del brazo antes de que pudiera subir. Se inclinó, sus labios rozando su sien. 
—Estoy destrozado —dijo.
—¿Sobre qué?— Sus labios se curvaron sobre su piel. 
—No puedo decidir si te ves mejor en ese vestido o con él agrupado alrededor de tus tobillos.— Miley estaba repentinamente caliente en las temperaturas congelantes. Maldita sea. Había estado tratando desesperadamente de olvidar esos minutos en el probador y él tuvo que tocar el tema. Fuego líquido la recorrió, cuando le puso una mano en la cadera.
—Mmmm —murmuró—. Lo prefiero tendido en el suelo de mi dormitorio.— Su aliento salió en una ráfaga inestable. 
—No has visto eso.— Nick se apartó y había una sonrisa arrogante en su cara. 
—Aún no.
***
Navidad estaba en todas partes. Mientras entraban en el hotel de lujo sede del evento, Miley quedó atrapada en todo el brillo. Guirnaldas retorcidas alrededor de las farolas. Carámbanos de luces colgados de las fachadas de los edificios, brillando como cientos de diamantes pulidos. En el pequeño parque, dividiendo las congestionadas calles, un árbol de Navidad decorado brillaba intensamente. Aunque Miley no era una gran fan de las festividades, amaba todas las cosas brillantes. La mayor parte del año, la ciudad era aburrida y monótona, pero llegada la Navidad, brillaba toda. Y este hotel era realmente brillante. El árbol de Navidad en el vestíbulo resplandecía en dorado y plata, tan brillante y hermoso.
—¿Te gusta? —Murmuró Nick en su oreja, poniendo una mano en su espalda baja. Asintió cuando se detuvieron delante del enorme árbol. 
—Es hermoso.
—Me gustan los árboles que son de diferentes colores. Ya sabes, del tipo que realmente no tiene un tema en ellos. Los padres de Dany tiene un árbol así, bombillas sólo lanzadas sobre él, oropel que no coincide y una estrella que siempre está torcida.— Miley sonrió. Se había encontrado a los padres de Danielle unas cuantas veces, y había sido un motín. No podía imaginar como era la Navidad en su casa. Probablemente involucraba decoración de refugios antibombas y locura en general, de la buena clase de locura.
—Sabes que yo siempre paso la Nochebuena en su casa, ¿no? Es una tradición.— Sí. Lo sabía.
—Y este año…
—No voy a la casa de Danielle para Navidad —dijo, alejándose de él—. No hay manera de que eso suceda.— Frunció las cejas. 
—¿Tienes planes?— ¿Tenía planes? Casi se rió. Estaría haciendo lo mismo que hizo en Navidad durante los últimos nueve años. 
—No es importante. Entonces, ¿dónde es la gran fiesta?— Nick la miró un momento y luego tomó su mano. —Vamos a poner este espectáculo en marcha.— Miley no estaba segura de cómo prepararse para este evento, pero pronto se dio cuenta de que nada podría haberlo hecho. Fueron llevados al momento en que entraron en el brillante salón de baile. Fue presentada a tanta gente que no podía mantener alineadas sus caras o recordar sus nombres. Una copa de champán le fue entregada y luego otra. Estar del brazo de Nick Jonas era realmente como estar con una estrella de rock. Era obvio que todos lo amaban o por lo menos lo admiraban, especialmente los compañeros más jóvenes. Ellos estaban impresionados por él.
Se tomaron fotos, una tras otra, y sabía que un cargamento entero de ellas estaría en el periódico y en Internet en cuestión de horas.  Cuando el gerente del club se presentó, Miley miró a Nick. Nada en su expresión cambió, pero se puso rígido sólo en lo más mínimo. 
—¿Cómo te va? —dijo, extendiendo su mano libre.
—Genial. Me alegro de verte aquí con tan bella compañía. —El gerente sacudió la mano de Nick y luego se volvió hacia Miley. El arrugado rostro del hombre se arrugó más al sonreír. 
—Es un placer finalmente conocer a la mujer que ha conseguido que este viejo perro se comporte.— Miley no pudo evitar sonreír mientras estrechaba la mano del gerente. 
—Es un placer conocerlo, también. El evento es una maravilla.
—Y es educada. —Las cejas blancas como la nieve del hombre se levantaron mientras palmeaba a Nick en el hombro—. Eres un chico con suerte. Espero volver a verla en los juegos de primavera.
Nick respondió, pero Miley realmente no lo oyó. Forzando la sonrisa a permanecer en su rostro, odiaba la repentina sensación pesada en el pecho. No estaría en los juegos de primavera. O si iba a uno, lo que dudaba que hiciera, no sería en el contexto en que el gerente esperaba. Con el corazón pesando, se excusó para encontrar el baño de damas. Felizmente estaba vacío mientras se alisaba algunos cabellos sueltos que estaban surgiendo por todas partes de su cabeza y se obligó a sí misma a tirarlos juntos. No había querido hacer esto en primer lugar, y debería estar emocionada de que estaba a punto de terminar.
Pero no lo estaba. No tenía nada que ver con la vida glamorosa que Nick vivía, las cenas, las salidas nocturnas, y toda la atención. Lo que iba a extrañar era a él. De vuelta al salón de baile, consiguió otra copa de champán, pensando que el valor líquido podría ayudar, y examinó la habitación deslumbrante en busca de Nick. Había tantos hombres en esmoquin que era como un mar de sensualidad. Mandy iba a estar tan decepcionada de no haber obtenido una invitación.
—Disculpa —dijo una voz suave y femenina. Girando al sonido, descubrió que estaba rodeada por lo que
normalmente se encuentra en un mar de sensualidad masculina, su contraparte. La playa de chicas ridículamente calientes. Miley cuadró los hombros, esperando una avalancha de comentarios maliciosos y, probablemente, una conferencia sobre lo malo que Nick era en las relaciones. Sólo Dios sabía si se había acostado con alguna de estas mujeres.
—Tú debes ser Miley. —Una rubia esbelta extendió una delicada mano. Ataviada con un pequeño vestido negro, se veía como una estrella de cine junto a Miley—. Hemos estado escuchando mucho acerca de ti.
—No de Nick. Él no es del tipo besa y dice —dijo otra mujer. Miley pensaba que su nombre era Tori a partir de una presentación anterior.
—Me encanta tu vestido —dijo otra mujer, sus ojos rasgados fuertemente delineados con kohl—. Es un color tan hermoso.— Miley abrió la boca pero no estaba segura de qué decir.
—Estoy tan contenta de que haya encontrado a alguien —dijo una belleza de pelo negro—. Nick necesita una buena mujer.— Miley estaba atónita. Una mujer con piel de color caramelo se adelantó con una amplia sonrisa. 
—Lo siento. Probablemente estés como, qué demonios, con todas nosotras convergiendo hacia ti. Sólo nos emocionamos siempre que hay una posibilidad de que podamos superar en número a los hombres. Mi nombre es Vanessa. —Ella extendió una mano—. Mi esposo es el número quince, el parador en corto. Drew Berry.— Miley tomó su mano, reconociendo el nombre de su marido. 
—Es un placer conocerte.— Vanessa sonrió e hizo una ronda de presentaciones que fueron un borrón para Miley. 
—Deberíamos hacer algún tentempié a media mañana o una cena, tú trabajas ¿no?— Ella asintió mientras otra mujer sonrió. 
—¿O Nick te dejará fuera de su vista el tiempo suficiente? Porque parece el tipo de hombre al que le gusta mantener a su mujer ocupada.— Un rubor se deslizó por su rostro un instante antes de que Nick se
le acercara por detrás, deslizando un brazo alrededor de su cintura. — ¿Estás bien aquí? —Susurró, y cuando asintió, él habló más alto, dirigiéndose a la multitud de hermosas y sorprendentemente agradables mujeres
—. Todas ustedes lucen encantadoras esta noche.— Vanessa rodó sus ojos. 
—Nick, encantador como siempre.
—Él debe que hablar con mi marido —añadió Tori, y varias mujeres se rieron—. ¿Sabes lo que Bobby me dijo esta noche? Que lucía como el mejor corte de carne. —Puso los ojos en blanco—. Puedes sacar al chico de Texas, pero no puedes sacar a Texas del chico
—Ser comparado con carne es una de las más elevadas formas de adulación —explicó Nick, dándoles su mejor sonrisa. La que enganchó, alineó y hundió a cerca de mil mujeres—. Odio hacer esto, pero voy a robarles a Miley
—Que se diviertan. —sonrió Vanessa—. Tengo que ir a buscar a mi marido. Nuestra niñera cobra por media hora. Estoy bastante segura de que hemos pagado su universidad para este momento.— Después de una ronda de despedidas y la promesa de conseguir el número de teléfono de Vanessa para organizar el tentempié a media mañana, ¿la gente seguía comiendo el tentempié?, estaba a solas con Nick de nuevo. Le metió un salvaje rizo detrás de su oreja. 
—¿Estás lista para salir de aquí?
—Sólo si tú lo estas —dijo. A pesar de que sus tacones la estaban matando, no quería salir corriendo de él. Y además, cuando terminó, cada velada les trajo una noche más… Se interrumpió.
—Lo estoy. —Tomó su copa—. Vamos a ver si podemos hacer una salida limpia.
Lo dejó tomar su mano, y manteniéndose en los bordes de la sala de baile, hicieron todo el camino hacia afuera antes de que alguien los notara. Una ligera nevada había comenzado a caer mientras se apresuraban más allá de los fotógrafos que esperaban. Nick la giró de nuevo, lo que provocó un aluvión de cámaras saliendo. Le lanzó una mirada asesina, que él devolvió con una satisfecha sonrisa conocedora. Una vez dentro del Jeep, se volvió hacia ella. 
—Entonces, ¿cómo crees que fue esta noche?— Suponiendo que se refería a su contrato, le sonrió mientras se deslizaba fuera del chal y lo doblaba sobre su regazo. 
—Creo que no vas a tener ningún problema. Todo el mundo parece impresionado con el nuevo y más comportado Nick.— Él se rió entre dientes. 
—Yo no estaba hablando de eso. Me refiero en general.
—Oh. —Su sonrisa se extendió—. Fue muy divertido. La gente fue muy agradable.
—¿Esperabas que no lo fueran?— Lo consideró. 
—Supongo que sí. —Luego se echó a reír—. Vanessa me invitó a un tentempié.— Su sonrisa la calentó. 
—Deberías ir.
—No... —Su voz se desvaneció.
—¿Mmm?— Se encogió de hombros. Le parecía obvio, pero quizás Nick ni siquiera estaba pensando del modo en que en ella lo hacía. Y tenía que dejar de pensar en ello por completo. Echándole un vistazo, fue golpeada nuevamente por su belleza masculina. Incluso mientras conducía, la mirada de concentración que bajaba sus cejas y entrecerraba sus ojos agitó el calor en su interior. Pensó en lo que había hecho por ella, para ella, en el vestuario. Su pulso se disparó. Tal vez fue el recuerdo de sus dedos maravillosos y el placer que le había dado. Tal vez fue el champán que había bebido y la gran noche que tuvo. Tal vez fue porque Nick era caliente, y quería hacer por él lo que él había hecho por ella.
Quién sabía lo que le dio la idea, pero Miley iba a ir con el número tres y no miraría hacia atrás. Había decidido en algún momento de esta noche que quería tantos recuerdos como fuera posible reunir antes de que su tiempo juntos terminara. Los necesitaría para las frías noches de invierno sola en su futuro cercano. Así que antes de perder el valor, alargó la mano mientras esperaban en un semáforo rojo, colocándola sobre su muslo. La cabeza de Nick giró de golpe en su dirección. Una sola ceja subió. Le dio lo que, esperaba, era una sonrisa sexy. Sus ojos se clavaron en los de ella, y Miley tomó una respiración profunda. La sangre latía con fuerza, deslizó la mano por su pierna y lo tomó a través de sus pantalones. Las caderas de Nick se torcieron, y gimió. 
—¿Qué... qué estás haciendo, Miley?— Se mordió el labio mientras pasaba el dedo pulgar por su longitud. El hombre ya estaba duro como una roca. 
—Sólo devolviendo el favor.
—¿Devolviendo el favor? —dijo con voz ronca. Inclinándose más allá, consiguió que su otra mano participe en la diversión y bajó la cremallera. El botón fue lo siguiente y, madre santa, Nick no llevaba ropa interior y todo se extendía hacia ella. La mirada de Miley se desvió hacia arriba. 
—La luz está en verde, Nick.
—Sí, el verde significa avanzar. —Pisó el acelerador, pero estaba apenas pasando el límite de velocidad. Le bajó los pantalones, deslizando su mano hacia arriba y abajo por su dura longitud. La humedad acumulándose en la punta, aumentando cada vez que deslizó el pulgar por encima de su cabeza. No pasó mucho tiempo antes de que sus caderas se movieran hacia arriba a su tacto, sus nudillos blancos de agarrar el volante. Y no había terminado con él. Cuando llegaron a otro semáforo en rojo, se desabrochó el cinturón de seguridad. Los ojos de Nick se abrieron con la realización. Le dio una pequeña sonrisa y luego se inclinó, llevándolo a su boca.
—Oh infiernos —dijo Nick entre dientes. Sus caderas se levantaron, y le encantaba eso, le encantaba su sabor salado, masculino. Envolviendo su mano alrededor de su base, lo deslizó hacia arriba, mientras su boca bajaba, tomándolo hasta donde pudo.
—Miley, tú... —gimió Nick—. Esta fue probablemente la peor y... —Contuvo el aliento—… la mejor idea que has tenido.
Gimió a su alrededor, y él hizo un sonido bajo profundamente en su garganta. Posó su mano en su cabeza, envolviendo los dedos en el pelo. No pasó mucho tiempo antes de que guiara su velocidad. Cuando movió la lengua por la cabeza de nuevo y su cuerpo se sacudió, ella no tenía idea de cómo no lo arruinó. Un escalofrío recorrió su cuerpo. 
—Miley, si no te detienes, voy a...— Eso es lo que quería. Apretando su agarre, bombeó más rápido
mientras tiraba los labios hacia atrás, raspando la sensible cabeza con sus dientes. Y eso lo hizo. Sintió su liberación a través de su cuerpo. Él trató de levantar su cabeza, pero Miley no había terminado. Estaba en esto hasta el final, y vaya que lo terminó. Cuando por fin alzó la cabeza, vio que iban a unos dieciséis kilómetros por hora y Nick parecía que acababa de rodar fuera de la cama. Sus ojos se deslizaron hacia ella. Miley se lamió los labios.
—Joder —gruñó él. Sonriendo, metió el semi-duro sexo nuevamente dentro de sus pantalones, cerrando la cremallera, y abotonándolos. 
—¿Tengo que conducir?
—No. No, yo me encargo. —Puso las dos manos en el volante y asintió—. Sí, yo me encargo.— Sintiéndose cálida y satisfecha consigo misma, Miley se recolocó el cinturón de seguridad y se acomodó. Pasaron varios minutos antes de que Nick pareciera ser capaz de hablar de nuevo. 
—Guau. Eso fue… No hay palabras. —Una sonrisa torcida apareció en sus labios—. Es una maldita cosa buena que ningún fotógrafo haya tomado una foto de eso, sin embargo.— En ese momento, Miley olvidó todo. Volviéndose hacia él, se echó a reír a carcajadas. —Sí, no creo que la señorita Gore estuviera satisfecha con esas fotos.
***
El día antes de la víspera de Navidad era un día de descanso en el trabajo. Los empleados siempre se iban alrededor de las tres o más temprano. No había nada que hacer, pero eso estaba bien, porque Miley y Danielle estaban listas para la Gala y eso era todo lo que importaba. Así que Miley jugó solitario en su ordenador y atendió sus cultivos en Farmville hasta que se encontró mirando su computador, pensando en Nick. Dios, había lucido increíble en el evento, la noche entera había sido increíble. Una estúpida, tonta sonrisa apareció en su rostro. La cena de Navidad para los Nationals había sido perfecta y Nick... quiso darse una palmadita en la espalda a sí misma por lo que pasó en su Jeep. Había estado muy malditamente perfecta.
Aunque, probablemente, no era inteligente hacer algo así de nuevo. A pesar de que había dicho que no complicaría las cosas, pero pensó que se lo debía. Cuando la había dejado en su apartamento, ella había hecho una salida precipitada, sabiendo que si se quedaba un rato más, la noche hubiera terminado en sexo. Su teléfono sonó, asustándola lo suficiente como para echarse hacia atrás de la computadora. 
—Oficina de Danielle Deleasa, ¿en qué puedo ayudarle?
—Señorita Cyrus, ¿puede ver al Director Bernstein, por favor?— Miley se sentía como una tonta, ya que debería haber sabido que era una llamada interna. —Sí. Voy para allá.
Suponiendo que él quería algo referido a la Gala, cerró su internet, se adelantó y apagó el ordenador. Los escritorios fuera de la oficina de Danielle se encontraban vacíos. Robert no estaba a la vista. Balanceándose a la izquierda, pasó más allá de un árbol de Navidad y entró en la oficina del Director Bernstein. Su secretaria levantó la mirada con una sonrisa. 
—Adelante —dijo ella. Miley abrió la puerta y se dio cuenta de que el director no estaba solo. Danielle estaba con él, y parecía enfadada. Su estómago se hundió mientras se sentaba al lado de su jefa. 
—¿Qué está pasando?— El Director Bernstein sonrió, pero parecía dolido, como si estuviera a punto de decir algo que realmente no quería. 
—Sé que has trabajado muy duro y muy de cerca con la señorita Deleasa en la Gala de Invierno para recaudar fondos, y realmente no hay suficiente gratitud que pueda expresar. Ambas han hecho un trabajo excelente.— Miley miró a Danielle, teniendo la sensación de que toda esta conversación realmente no tenía nada que ver con la gratitud.
—La Gala es tan importante para el Instituto y para el proceso de voluntariado —continuó el director—. Cada año, vemos un aumento de los asistentes y las donaciones y estas donaciones son las que mantienen departamentos como el que la señorita Deleasa maneja. No podemos darnos el lujo de perder ningún donante que desee tener una buena noche en la Gala sin la intrusión de la prensa.
Hielo bañó las venas de Miley mientras miraba al jefe de su jefa. Se obligó a respirar bien y lentamente. Esto tenía que ver con Nick. Por supuesto, todo tenía que ver con Nick ahora, su falso novio. Cualquier pensamiento cálido y difuso que tuvo sobre él minutos antes se desvaneció como las donas que Danielle había traído esta mañana.
—Teniendo esto en mente, voy a tener que pedirle que no asista a la gala, señorita Cyrus. —Esa maldita sonrisa titubeó—. Todo lo que implica a Nick Jonas se convierte en un circo mediático, y muchos de nuestros asistentes no quieren ser parte de un ambiente así.— Danielle se aclaró la garganta y dijo
—: Para que lo sepas, no estoy de acuerdo con esto en absoluto.
Es curioso cómo las mejillas de Miley ardían cuando se sentía tan fría por dentro, pero estaría condenada si esta mierda con Nick arruinaba algo por lo que había estado trabajando durante todo el año. Aunque, él parecía estar esperando asistir a la Gala con ella, sabía que no estaría demasiado molesto por haber sido excluido de la misma. 
—No tiene que asistir —dijo—. Puedo hacer esto sin él.— El Director Bernstein se inclinó hacia delante, cruzando las manos sobre la madera tan pulida que Miley podía ver su reflejo. 
—He pensado en eso, pero con o sin el Sr. Jonas, la prensa le seguirá. ¿Cuántos días llevan esperando fuera para conseguir apenas una fotografía de usted sola?— Cinco, ¿pero quién estaba contando? La mano de Miley se curvó inútilmente en su regazo. 
—Puedo tratar de hablar con algunos de ellos. Pedirles que se mantengan alejados.
—Usted y yo sabemos que eso no va a funcionar. Son como buitres, y si creen que hay una posibilidad de que puedan filmarla a usted y al Sr. Jonas juntos, entonces van a estar acampando fuera. No puedo tener ese tipo de prensa negativa en la asistencia. Lo siento, pero pienso en el mejor interés de la Gala y el Instituto.
Miley no estaba segura de lo que dijo a continuación, pero estaba segura de que asintió con la cabeza, concordando, y luego la reunión incómoda como el infierno había terminado. Se encontraba en un estado de estupor mientras se dirigía a su despacho y tomó su bolso. Danielle lucía tan mal como Miley se sentía. 
—Lo siento mucho, Miley. Bernstein es un gran fanático de Nationals…
—Está bien. —En realidad no lo estaba, y lo último que quería era escuchar como el Director era un gran seguidor de Nick en privado.
—En serio. Traté de hablar con él, pero hay un montón de severos conservadores que vienen a esta cosa y donan una tonelada de dinero.— Forzando una sonrisa que no sentía, le dio a su amiga un breve abrazo. 
—Está bien. Oye, me voy de aquí. Ten una buena Navidad, ¿de acuerdo?
—Miley…— Salió de la oficina, parpadeando para contener las lágrimas, pero con su cabeza en alto. Mientras subía a su auto, envió un texto rápido a Nick, para comprobar si se encontraba en casa. La respuesta fue un rápido sí y el viaje a su lujoso apartamento fue un borrón. Pensó que la no-invitación a Nick a la Gala era mejor hacerla en persona. Contestó al primer golpe y dio un paso a un lado, permitiéndole entrar en el vestíbulo. Rápidamente desvió la mirada, porque en realidad, ningún hombre debería verse tan bien como él lo hacía en una sencilla camisa y pantalones de salón.
—Yo... —Tomó una respiración profunda y olió comida china. Sus cejas se apretaron mientras miraba a su alrededor—. ¿Por qué huele a Pollo General Tso?— Nick sonrió. 
—Cuando dijiste que venías hacia aquí, me tomé la libertad de ordenar un almuerzo tardío. Es tu favorito, ¿no?— Miley se estremeció ante el considerado gesto. No tenía hambre, lo cual era testimonio de cuan apestosa se estaba sintiendo en estos momentos. 
—Gracias, pero no tenía la intención de quedarme mucho tiempo.— Se había detenido a mitad de camino por el pasillo y se volvió hacia ella, frunciendo el ceño. 
—Eso es… Oye, ¿estás bien?— Probablemente debería haber comprobado su cara por el rímel corrido. 
—Sí, estoy bien. He venido aquí para decirte... para pedirte que no asistas a la Gala. —No vio la necesidad de añadir la parte embarazosa en la que tampoco asistía. Tropezó torpemente. Tal vez una llamada telefónica o un texto hubiera sido mejor—. Sé que es un poco grosero pedirte esto y todo, pero realmente lo apreciaría.
—Sí. Está bien. —Nick se apoyó contra la pared, cruzándose de brazos—. ¿Pasó algo con la Gala?— Negó con la cabeza, todavía demasiado emocional para entrar en detalles, y en serio, no era como si a él realmente le importara. Ser su cita era un trabajo en este momento, y dudaba que apreciara todo el drama. Ninguno había estado de acuerdo con esto en el principio.
—¿Alguien te dijo algo?— El calor se arrastró hasta el cuello. Dios, podría ser astuto a veces.
—No. Es... simplemente es eso. De todos modos, eso es para lo que vine, pero realmente tengo que irme. Um, gracias por la comida china. ¿Postergamos eso?
—Espera. —Se apartó la pared, viniendo hacia ella—. ¿A qué hora quieres que te recoja mañana?
—¿Mañana? —Repitió, buscando en su memoria por los planes—. ¿Mañana es Nochebuena...?— Una sonrisa peculiar apareció. 
—Sí, y siempre lo paso con la familia de Dany, junto con mis hermanos.— Oh, la celebración de Navidad de la familia de Danielle. Había logrado evitar eso como la plaga el último par de años.
—Vas conmigo, ¿no? —dijo después de unos momentos, sin duda optando por ignorar el hecho de que ya había rechazado su oferta una vez. Miley frunció los labios. 
—Las cenas de Nochebuena no son lo mío.
—Bueno, no es realmente tradicional. En realidad es todo lo contrario a lo tradicional. Mayormente sólo acabamos bebiendo, comiendo y viendo a Kevin emborracharse y hacer un tonto de sí mismo.
—Tan divertido como suena, voy a tener que pasar. —Ella comenzó a retroceder hacia la puerta—. Pero espero que tengas un buen rato.
—Espera. —Él puso su mano en la puerta, deteniéndola—. ¿Cuál es tu problema? Estoy bien con lo de la Gala y con lo de postergar la comida china, así que ¿te mataría hacer esto conmigo?
—Sí —le espetó ella, tratando de alcanzar la manija de la puerta—. Nick, vamos. Abre la puerta.
—Sabes, a veces pienso que te entiendo y entonces me doy cuenta de que no tengo ni idea. Te gustan Dany y Kevin, por lo que no debería ser un gran problema. —Quitó la mano de la puerta y la pasó a través de su pelo—. Es como si no quisieras... no lo sé, abrirte.
—¿Abrirme?— Nick frunció el ceño. 
—Sí.— Miley no sabía que hizo que las palabras salieran de su boca. Las festividades siempre la tenían en el borde y mezclando todo esto con Nick y la Gala, su paciencia y el filtro no existían. 
—¿Por qué quieres que vaya contigo, Nick? ¿Por qué quieres que me abra a ti? No es como si realmente estuviéramos saliendo, y lo último que deberíamos hacer es pasar las fiestas juntos o hacer algo profundo y significativo con el otro cuando esto va a estar terminado pronto de todos modos.
—Guau. Guau. —Nick se estiró a su alrededor, abriendo la puerta para que pudiera pasar bajo el brazo—. Eso está bien. No me gustaría ponernos todos profundos y significativos, Miley. Tienes razón. Esto va a estar acabado en días. ¿Por qué molestarse?— Ella palideció. 
—Exactamente.
—Lo que sea. Ten una Navidad agradable, Miley. —Y luego cerró la puerta. Ni siquiera la cerró de golpe, lo que pareció peor de alguna manera.