lunes, 23 de marzo de 2015

A Different Love - Niley - Cap 11

El otoño pasó rápidamente y para la primera nevada en diciembre, mi corazón había comenzado a sanar, aunque yo sabía que nunca olvidaría a Nick. O Lily para el caso. Todavía los extrañaba a ambos terriblemente, pero mi orgullo no me dejaba contactarlo. Él había hecho su elección. En algunos aspectos, era el mismo patrón de como yo crecí. Mi padre eligió trabajar todo el tiempo y mi madre deshacerse de mí. Sólo pensar en el trabajo de Nick, la traición se volvía más profunda. Durante las últimas semanas, de alguna manera caí en la rutina de activas citas con Patrick. Tal vez fue porque era fácil estar alrededor y aliviaba la sensación de estar sola, o tal vez porque hacía a mi madre era tan ridículamente feliz, pero cualquiera que sea la razón, yo ahora salía con él varias veces a la semana. Me había llevado a paseos a caballo y fuera para almuerzos informales y elegantes cenas. Incluso fue a una cena de domingo en el club ante la insistencia de mi madre.
Pasé las vacaciones de navidad en Aspen con mis padres, esquiando, comiendo mucho y visitando el spa. Fueron unas buenas vacaciones, pero por supuesto, incluso ahí, al otro lado del país, no pude mantener mis pensamientos de Nick y Lily. Especialmente después de que él me enviara un pastelito con una nota que decía que me extrañaba sólo unos días antes de irme. Pasé los primeros días en Aspen pegada a mi celular, segura de que él iba a llamar. Pero la llamada nunca llegó. Quizá las fiestas o la primera nevada del año lo habían puesto sentimental, eso era todo. Sin embargo, me encontré acostada en la cama despierta por la noche, preguntándome si debería haberle enviado a Lily un regalo de navidad, o si Nick les cocinó la cena de Navidad.
Por alguna razón, me deprimió pensar en ellos dos sentados en la pequeña mesa de su cocina con un plato de huevos revueltos y alas de pollo. Me pregunté si les gusta la langosta, que fue lo que mis padres y yo tuvimos. No importa. Necesitaba sacarlos de mi cabeza. Cuando regresase de Aspen, me tiraría de nuevo a mi regular rutina, incluyendo ver a Patrick otra vez. Mi primer sábado de vuelta de Aspen, Patrick había arreglado para nosotros, ver una función de El cascanueces y estaría esperando en cualquier momento para recogerme. Me vestí con un vestido de suéter de color rojo vino, medias de color gris y mis botas marrones de caña alta, dejando mi cabello suelto sobre mis hombros. Observé desde la ventana delantera al coche de Patrick. Por lo general corría a su encuentro en la acera, ya que prefería no tenerlo solo en mi apartamento. Aunque me gustaba pasar tiempo con él, no estaba lista para dormir con él, con él ni con nadie. Pero hasta ahora, Patrick había sido muy paciente, conformándose con ligeros besos de buenas noches en su coche cuando me dejaba.  Me deslicé en su Lexus, y se inclinó sobre la consola y le dio a mi mejilla un rápido beso.
—Te ves bien. ¿Cómo estuvo Aspen?
—Fue agradable. Mucho tiempo en las pistas con mi papá y mucho tiempo en el spa con mi mamá. —Lo dejé en eso. Se sentía un poco extraño hablarle a Patrick sobre mis padres, ya que trabajaba para mi padre, pero no presionó por detalles. Vestía con un jersey de punto grueso, y yo no podía dejar de reírme. No era el tipo de cosa que un hombre escogía y tenía que ser un regalo de Navidad de su mamá. Me acomodé en mi asiento y traté de relajarme, a disfrutar el día por lo que era. Aun no me acostumbraba al olor de su coche nuevo. Abrumaba mis sentidos, como si estuviera bombeando a través de las rejillas de ventilación. Nos dirigimos en silencio hacia el teatro y me encontré bostezando. Las noches sin dormir de las últimas semanas me habían alcanzado.
—¿Te importa si paramos por café antes del show?— Miró el reloj en su tablero. —Si lo hacemos rápido, estará bien.— Unos minutos más tarde, apunté a la señal verde de la cadena de café llegando en la siguiente salida. Patrick salió de la carretera y entró al estacionamiento, haciendo fila detrás de los clientes que llegaron primero. Conté los coches delante de nosotros. Siete.
—Mierda.— Patrick deslizó la palanca de cambios en el estacionamiento y dejó salir un suspiro. Me quité mi cinturón de seguridad.
—Voy a correr dentro. Será rápido.
—Miley, ya estamos en línea. —Miró en el espejo retrovisor—. Y ahora estoy bloqueado.
—No te preocupes, será como una carrera. Tú espera aquí y yo voy dentro.
—Una carrera, ¿eh? —Sonrió. Asentí y salté fuera del coche.
—Sí. Y voy a ganar. Vuelvo enseguida.— Una vez dentro, noté que había sólo dos personas delante de mí en el mostrador. Un pedazo de pastel. Contemplé mi pedido, recordando que a Patrick le gusta el chocolate caliente con crema batida, cuando el sonido rico, una risa masculina, encontró mis oídos desde el otro lado de la habitación. Hubo algo sorprendentemente familiar sobre ello y el pánico creció en mi estómago. De mala gana giré y vi a Nick sentado en una pequeña mesa redonda frente a una mujer. Deseé poder esconderme, que el suelo se abriera y me trague toda, pero por supuesto eso no pasó. Él no me había notado.
Había aún una oportunidad de que pudiera escapar sin ser vista, pero no pude resistir una mirada más. Nick era exactamente como lo recordaba, todo músculo duro y rasgos masculinos, una sombra de barba en crecimiento desempolvando su mandíbula. Se inclinó hacia delante, apoyando sus codos en la mesa, escuchando con atención a la mujer. Podía ver sólo su perfil, pero parecía familiar y mi mente intenté ubicarla. ¿Era una de las niñeras que usaba? Algo sobre el cabello castaño colgando por su espalda tenía mi mente trabajando horas extras. No importaba. Tenía que salir de aquí. Di un paso atrás y golpeé directo a una torre de tazas de renos, haciendo vibrar la pantalla. Nick escogió ese preciso momento para levantar la mirada. Sus ojos se posaron en los míos y una línea arrugó su frente.
—¿Miley? —Se puso de pie dirigiéndose hacia mí antes de que pudiera contemplar escapar—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Nick —murmuré incoherentemente, encontrando su mirada preocupada.
—Sí, es Nick. —Presionó una palma en mi mejilla—. ¿Estás bien? Te vez un poco sonrojada.— Mis ojos se dirigieron al otro lado de la habitación a la pelirroja en su mesa. Había girado para vernos, y se veía completa, de inmediato supe quien era. Mis rodillas temblaron y una oleada de náusea se estrelló contra mí. Nick estaba en una cita con la chica de su primer rodaje. Desiree, creo. Me recordé a mí misma respirar, pero poco me sirvió. Mi cabeza nadaba con este descubrimiento. ¿Era ella la razón por la que eligió su trabajo sobre mí? ¿Cuánto tiempo habían estado viéndose fuera del trabajo? Nick volvió a mirar a la mujer y espetó una disculpa cortada.
—Lo siento. Déjame presentarte a Sara. —Le hizo señas otra vez. ¿Sara? Supuse que Desiree era su nombre artístico. Cuando se levantó de la mesa, su mano se movió para acunar su hinchado vientre redondo y la comprensión golpeó. Estaba embarazada de varios meses. Mis piernas se salieron de debajo de mí. Cuando reaccioné, estaba tendida en el piso, Nick sostenía mi cabeza en su regazo acariciándome con los dedos la frente, mis ojos nebulosos se enfocaron en sus consternados ojos.
—¿Pastelito? —preguntó. Me moví para sentarme pero sus grandes manos me mantuvieron firme donde estaba. —No te muevas, tuviste una fuerte caída y te golpeaste en la cabeza antes de que pudiera agarrarte. —Me masajeó la parte trasera de mi cuello donde tenía una parte hinchada.
—Ouch. —Me estremecí por el contacto. Eso es lo que pensé. Cuando recordé que era lo que me había enviado a estrellarme en el piso en primer lugar, ver el vientre embrazado de Sara, un sollozo se escapó de
mi garganta y me esforcé por liberarme del agarre de Nick. No quería que me sostuviera, tratando de consolarme en estos momentos. Por no hablar que causaba bastante revuelo en la cafetería por la forma que estaba en el suelo. Nick le hizo un gesto a una mesera que se acercaba a nosotros para que se fuera, su cara era de preocupación.
—Yo la tengo.
—Nick, déjame levantarme.—Abrió la boca para discutir, pero la determinación en mis ojos debió convencerlo. Me ayudó a levantarme del suelo y me sentó en un sillón de piel frente a la chimenea, limpié las lágrimas de mis mejillas pero el esfuerzo era inútil, las lágrimas se negaban a detenerse. Sara se movía inquieta a mi lado y escuché a Nick preguntarle si podía ir por unos pañuelos desechables para mí. Patrick entró caminando a través de la cafetería.
—Vamos, Miley, vamos a ser… —Se detuvo frente a mí, mirando las lágrimas en mi cara—. ¿Miley— Mierda, me olvidé completamente de Patrick, tomé los pañuelos que Sara me ofreció y los presioné en mis mejillas. Nick se arrodilló al lado del sillón donde estaba, tomando un pañuelo para ayudarme a limpiar las lágrimas.
—¿Miley qué pasó y quién es este chico?  preguntó Patrick.
—Lo siento Patrick—contesté—, él es Nick.— Los ojos de Patrick se dirigieron a él, observando cómo estaba arrodillado a mi lado.
—¿Este chico?—Patrick no sabía mucho acerca de Nick, sólo que era el hombre con el que salía antes de él y que esa era la razón por la que no quería saber nada de alguna relación ahora y debido a la forma en que habían terminado las cosas entre nosotros. Pude ver la sorpresa de Patrick de que había salido con un chico como Nick, desaliñado, jeans desgastados, botas de trabajo y un suéter ajustado de manga larga que hacían sobresalir sus bien marcados músculos, y Patrick era el polo opuesto con el cabello con gel, con saco y mocasines italianos, sentí como si hubiera sido golpeada por un tren. Nick miró entre Patrick y yo.
—Voy a llevarla a casa —nos informó a los dos. Chillé una protesta y Patrick dio un paso más cerca pero Nick se puso de pie imponente, se volteó hacia Sara poniendo una mano sobre su vientre y se inclinó para susurrarle algo al oído. Un dolor apuñaló mi pecho. Patrick puso una mano en mi hombro pero se volvió para dirigirse a Nick.
—No la vas a llevar a ninguna parte, primero que nada, nosotros estamos en una cita. Segundo estoy seguro que eres la razón por la que está llorando justo ahora.— Sara besó la mejilla de Nick y se dirigió a la puerta. No la culpo por desaparecer, eso sonaba muy atractivo justo ahora.
—No tenemos que ir, Patrick. —Lo último que quería en este momento era ir al ballet que incluía una historia dulce de amor.
—Yo… ah… no te lo dije antes, Miley, pero tengo estos boletos de mi tío, nos uniremos a él y su esposa allá.— Me había engañado para llevarme a una extraña salida, ¿en familia? No había forma de que conociera a su tía y tío ahora o nunca.
—Sólo quiero ir a casa —murmuré. Los dos me miraron.
—La llevaré a casa —repitió Nick. Patrick suspiró.
—De acuerdo, me tengo que ir o llegaré tarde ¿Segura que estás bien con que él te lleve a tu casa?— No era como si tuviera muchas opciones, Patrick prácticamente me dejó varada a kilómetros de casa.
—Está bien, sólo vete, Patrick.— Se agachó y me besó en la cabeza.
—Te llamaré después.—No te molestes, dije para mí. Nunca había estado en el interior de la camioneta de Nick antes, la cabina necesitaba una buena limpieza, había botellas de agua que cubrían el suelo y un libro para colorear de Cenicienta en el asiento entre nosotros, olía como una mezcla de sutil de su perfume y la esencia de un olor picante de hombre después de un día duro de trabajo. No dijo nada mientras manejada, sólo miraba fijamente hacia enfrente descansando una mano en la parte superior del volante. Cuando se detuvo en mi complejo de apartamentos, me di cuenta que no le había dado mi dirección y no me la había preguntado. Se estacionó junto mi coche y apagó el motor. Nos sentamos en silencio por un momento, afortunadamente mis sollozos se habían calmado y ahora eran pequeños hipos.
—Gracias por traerme a casa. —Empujé la puerta de la camioneta y bajé con cuidado dándome cuenta
que el piso estaba más lejos de lo que había pensado. Me dio la mano deteniéndome. 
—Espera, deja que te explique.— No sé qué se apoderó de mí, quizá el cierre que deseaba o mi curiosidad
morbosa acerca de su novia embarazada, pero asentí. Envolví mis brazos alrededor de mi cintura preparándome para la explicación.
—Aquí no, invítame a entrar, Miley.— Asentí y lo guié adentro, aventé mi bolsa y llaves en la mesa que está en la entrada y fui hacia el sillón, sin saber cuánto tiempo más podrían aguantarme mis piernas temblorosas, me senté y de inmediato me hice un ovillo en el sillón, esperaba a Nick estuviera justo detrás de mí pero extrañamente lo escuché hurgando en la cocina. Levanté la cabeza y lo vi caminar hacia mí con un vaso con jugo de naranja, una caja de pañuelos desechables y un frasco de pastillas para mitigar el dolor. Me tendió el vaso mientras abría el frasco de pastillas, una vez que me las tomé se sentó a mi lado, lo que tenía que decirme debía ser peor de lo que imaginé ya que estaba siendo muy amable conmigo, tal vez Sara estaba embarazada de gemelos, o estaban comprometidos. Maldición ¿Por qué no presté atención a su mano izquierda? No es que importará, me recordé. Tomé una respiración profunda. 
—Entonces… ¿cuándo tiene fecha?— Su rostro se retorció con confusión 
—¿Quién? ¿Sara?— Obviamente, asentí. —¡Ah! Creo que afínales de abril.
—Bueno, siento la reacción que tuve… sólo que me tomó por sorpresa — Me disculpe por mi ataque de ansiedad en público pero dibujé la línea de ofrecer mis felicitaciones o abrir una botella de champán. Nick estudió mis facciones cansadas y se pasó una mano por detrás del cuello. 
—Demonios, pastelito, el bebé no es mío.

Los pequeños sollozos que todavía le sacudían el pecho me hicieron sentir como un completo idiota. Miley se había descompuesto con solo verme. Pero, ¿pensar que había embarazado a una de mis compañeras de reparto por encima de eso? Maldita sea, la había jodido de izquierda a derecha. Tenía que explicarle esto, para aclarar las cosas de una vez por todas. Tomé su mano en la mía. 
—El novio de Sara es el padre. Sólo me encontré con ella porque quería mi opinión de cómo dejé el negocio del cine para adultos. A pesar del hecho de que está embarazada, Rick sigue acosándola para que siga trabajando para él.
—Espera. —Apartó la mano de repente, su rostro arrugando—. ¿El bebé no es tuyo?
—No. No es mío. —Gracias a Dios, maldita sea. Sabía que no estaba dispuesto a traer un niño a este mundo. Tenía mis manos suficientemente llenas con Lily. Pero la idea de ver la barriga de Miley crecer con mi bebé... Bueno, eso era una historia diferente. Empujé el pensamiento.
—Oh. —Sus hombros se hundieron en alivio—. Y... ¿dejaste el negocio?
—Sí. Nunca tuve la intención de ser una estrella porno, Miley. Tenía miles de dólares en facturas médicas de Lily que no podía pagar. Tenía que hacer algo de dinero rápido. —Quería decirle que era mi plan desde el principio y si sólo hubiera dejado que le explicara esa mañana... pero me mordí la lengua. Ni siquiera intenté detenerla la mañana que se fue. Y lamenté cada maldito día desde entonces. Cerró los ojos y exhaló un suspiro tembloroso. 
—Oh —dijo de nuevo. Aunque sabía que no debía hacerlo, que no era de mi jodida incumbencia, no pude sacar a ese idiota con el que había tenido una cita de mi cabeza. 
—Miley… —Me acerqué más a ella en el sofá, bajando mi voz—, ese tipo… Patrick… ¿te ha tocado?— Sus ojos se abrieron de golpe y se encontraron con los míos. 
—¿Sabes lo que estás diciendo? —Un tenso silencio flotó en el aire que nos rodeaba—. Estamos saliendo, él y yo. No tú y yo. No tiene que importarte quien me toca.— Muy bien, entonces. Supongo que eso ya quedaba aclarado. La había jodido regiamente con ella. Pero el pensamiento de las manos de alguien más en ella me daban ganas de golpear algo. Fuerte. 
—Si sirve de algo, lo lamento por todo. Bueno, no todo. No me arrepiento de esa noche contigo —admití. Su cuerpo se puso rígido. 
—Eres un idiota, ¿lo sabías? —Se puso de pie y se paseó por delante del sofá, pareciendo sacar fuerza de su ira, una ira que estaba dirigida a mí—. Si necesitabas dinero para Lily, todo lo que tenías que hacer era pedirlo.
—Fuera de la cuestión. —Sacudí mi cabeza. No tomaría limosna. Así de simple. Fue una promesa que me hice cuando tomé la custodia de Lily en vez de que terminara en cuidado de crianza. Tendría toda la responsabilidad por ella. Fin de la historia. Miley giró hacia mí, con las manos en las caderas. 
—El hecho de que me pudieras haber traicionado de esa manera, al acostarte con otra mujer en lugar de poner tu ego de macho a un lado y pedir el dinero… —Se enjugó las lágrimas que se le habían escapado de las comisuras de sus ojos—. No puedo perdonar eso… no puedo superarlo. Lo siento.
—Yo también. —Me paré y le besé la frente, antes de desaparecer por la puerta principal. ¡Mierda! La maldición atravesó mi pecho mientras salía de su complejo. Cerré mi mano contra el salpicadero, maldiciendo mientras aceleraba hacia casa. Después conduje sin rumbo fijo hasta que conseguí mantener mi ritmo cardíaco bajo control, me sorprendí al ver que había pasado una hora. Estar con ella hoy, verla desmoronarse, sabía que no había forma en que pudiera alejarme y olvidarme de ella. Quería abrazarla, secar sus lágrimas, besar lejos sus sollozos. Pero ya no era mía. Y ese descubrimiento fue como un puñetazo en el estómago. A la mierda. No me rendiría tan fácilmente.
La sola la idea de volver a casa sin ella, de vuelta a mi vida vacía y despertar en una cama vacía cada mañana… No. No me conformaría. No esta vez. Quería verla subir a Lily en su cadera de nuevo, haciéndola reír como lo había hecho antes. Tal vez no era digno de su amor, pero era lo suficientemente egoísta como para intentarlo. Hice una rápida llamada telefónica, preguntándole a Sofía si no le importaría quedarse un poco más con Lily. Diablos, lo que iba a hacer podría tomar cinco minutos o toda la noche si fuera por mí. Le dije a Lily que la amaba y que escuchara a Sofía.
—¡Te quiero, Nicholas! —Su pequeña voz sonó en mi oído.
—Yo también te quiero, nena. —La fe de Lily en mí me tranquilizó más, e hice una vuelta en U, ansioso por volver a Miley. Llamé a la puerta de la que había huido hace poco más de una hora, pero esta vez, mis nervios crepitaban. Ella había dejado claro que ya no estaba interesada, pero las lágrimas me dijeron que había más que eso. Todavía sufría, así que tal vez todavía tenía una oportunidad.
—¡Vete, Mandy! —La voz apagada de Miley llamó desde el interior—. El vodka no me arreglará esta vez. Volví a llamar. 
—Es Nick .— La puerta se abrió de golpe. 
—¿Nick ? —Se tambaleó sobre sus pies y extendí la mano para estabilizarla, agarrando sus brazos. No podía dejar de tocarla, a pesar de que prácticamente daba un respingo cada vez que lo hacía.
—Vaya. Ya te tengo. —Necesitaba arreglar esto, encontrar las palabras adecuadas para hacerla entender. Pero nunca había sido bueno en discursos románticos y dudaba que fuera a cambiar ahora. Sólo tenía que encontrar una manera, sin palabras, se lo mostraría. El dulce aroma de su piel y sus ojos azules brumosos enviaron una racha de deseo hacia abajo en mi espina dorsal. Joooder.

jueves, 12 de marzo de 2015

A Different Love - Niley - Cap 10

Mandy y yo estábamos sentadas en mi sala de estar con dos copas de vino sobre la mesa de café y una botella de Merlot entre nosotras. Había sido una larga semana. Me despertaba cada mañana con pensamientos de Nick y Lily dando vueltas en mi cabeza y me iba a la cama cada noche con lágrimas en los ojos. Les echaba de menos con fiereza, aunque nunca admitiría eso ante Nick. Lo que había hecho era imperdonable. Me había decepcionado, pretendiendo ser ese fantástico chico, había conocido a mis padres, por amor de Dios, pero lo peor de todo, había tomado mi corazón. Era exactamente lo que Mandy me había advertido. Gracias a Dios no escuché un: te lo dije. Simplemente me escuchaba cuando necesitaba desahogarme y se mantenía en silencio cuando yo no quería hablar y vino todas las noches de la semana pasada para distraerme. Después de unas pocas copas de vino, Mandy intentó sonsacarme información sobre cómo era Nick en la cama. No le conté nada. Ella tomó otro sorbo de vino, apoyando una mano sobre su cadera.
— Demonios, podría estar embarazada de siete meses del bebé de otro hombre y todavía querría un pedazo de él.
—No estás ayudando. —Le fruncí el ceño. Alzó las manos. —Perdón, pero es la verdad. Escucha, cariño, tuviste tu diversión. Quizás solo deberías aprender de la situación, y dejar ir el resto.— Lo que ella no entendía era que no era tan sencillo. No era solo el hecho de que Nick robó mi corazón, también lo había hecho la dulce Lily. Eran un paquete en mi mente. Oí un golpe en la puerta, y luego la llave girando. Tenía que ser Tyson entrando. Mandy se animó al oír el sonido.
—¡Es mejor que traigas pizza! — gritó. Los dos se rieron. Le habíamos llamado hace media hora pidiéndole que nos trajera una pizza. Extra de queso, extra de pepperoni. Tyson entró en la sala de estar, una caja de pizza en equilibrio sobre la mano.
—Mis señoras. —La puso sobre la mesa de café entre nosotros.
—Ty, eres el mejor —Le dije, extendiéndome hacia él para darle un abrazo con un solo brazo.
—No hay problema. Voy a buscar algunos platos y servilletas. —Se dirigió a la cocina mientras Mandy y yo abríamos la tapa y aspirábamos el increíble aroma que emana de la caja. Me alegré de ver que no había ninguna incomodidad persistente entre Ty y yo. Sabía que todavía estaba enfadado por el tema de mi pequeña aventura con Nick, pero por ahora, estaba siendo civilizado al respecto.
—Hazte con un vaso —Le dije a Ty.
—¡Y trae otra botella de vino! —añadió Mandy. Sin esperar por los platos, Mandy y yo cogimos un trozo cada una. Después de acabar una pizza grande y tres botellas de vino, decidimos terminar la noche. Les acompañé hasta la puerta y cogí mi cartera para pagarle a Ty por la pizza. Le tendía a Ty unos cuantos billetes antes de abrazarlos y darles las buenas noches. Cuando devolví a mi billetera a mi bolso, mi mano tropezó con algo frío y firme. ¿Qué…? Saqué el bote negro de mi bolso y lo levanté para inspeccionarlo.
—¿El guardián?  —Leí el lateral—. ¿Qué demonios es esto?— Parecía ser un spray de pimienta. ¿Cómo...? Oh, Dios mío. Nick. Él había metido algo en mi bolso esa noche, diciendo que me había conseguido un
regalo. Me olvidé de ello. Dejé el objeto que me había dado sobre la isla de la cocina y me paseé por la habitación. ¿Por qué me consiguió eso? ¿Por qué intentó actuar como si le importara cuando obviamente no lo hacía? Sin esperar a que la lógica se asentara, agarré mi móvil y marqué su número. Había pasado más de una semana desde el incidente, pero mi reciente consumido valor líquido me había proporcionado el combustible necesario para realizar la llamada. A pesar de lo tardío de la hora, contestó al primer timbrazo.
—¿Qué demonios crees que estás haciendo?— Su risa baja se apoderó de mí, haciendo temblar mi interior. —¿Estás borracha, pastelito?— Oh, ¿así que era pastelito otra vez?
—¡No! —Sí.
—Entonces, tendrás que explicarme a qué demonios te refieres. Estoy perdido aquí, muñeca.— Tenía que acabar con los apodos dulces. No tenía ningún derecho de llamarme así.
—Este spray que colaste en mi bolso.
—Es solo un spray anti-violadores. No quería preocuparme por ti andando sola y desamparada por su cuenta. Considéralo un regalo.— Me tomé una respiración profunda.
—Bueno, para tu información, ya tengo un spray. Mi padre me dio un bote de hace unos años. Está en algún lugar en mi cocina. Y no estoy sola. He empezado a ver a Patrick otra vez. —O por lo menos lo haría, cuando me devolviera la llamada. Nick vaciló un momento, el silencio alzó un muro entre nosotros.
—Eso fue rápido. Bien por ti. Sin embargo, tu spray no va a ser de mucha ayuda metido en el interior del cajón y si es de hace un par de años, probablemente haya caducado. Además, el que te di es el mejor que hay en el mercado. Guárdalo en tu bolso, pastelito.— Puse los ojos en blanco y metí el bote de nuevo dentro de mi bolso. Sacar el nombre de Patrick no había tenido tenía la respuesta que esperaba.
—Me tengo que ir. —Pulsé la tecla de fin en mi móvil, pero no antes de escuchar su rica risa vibrar a través del altavoz. Bastardo. Enterré mi cara entre mis manos, luchando por contener las lágrimas. Dios, superar a Nick iba a ser mucho más difícil de lo que jamás imaginé.
A la mañana siguiente, un terrible dolor de cabeza y el dolor de escuchar su voz fueron mis únicos recordatorios de las actividades de la noche anterior. Había sido una estupidez llamarlo, pero era evidente que no cambió nada entre nosotros. Por otra parte, ¿qué había esperado que sucediera? ¿Qué él me suplicara para volver? No lo creo. Pero ahora que había comenzado el contacto, no podía apartar mi mente de Nick, no importaba lo que lo intentara.
Una larga carrera por mi barrio con música sonando lo suficientemente fuerte como para sacudir los pensamientos de mi cráneo seguida de una larga ducha caliente, y luego consentirme a mí misma yendo a mi lugar favorito de sushi para el almuerzo. Nada de eso funcionó. Cuando llegué a casa de mi cita para almorzar, estaba aún más deprimida que antes. Tal vez siempre habría alguna extraña conexión con Nick que siempre sentiría por haber sido el primer chico que realmente me importaba, y el chico al que le había dado mi virginidad. Tal vez solo tenía que acostumbrarme a vivir siempre con la sensación de dolor presente en el pecho. Dios, era un pensamiento deprimente. Cogí el teléfono y llamé a Patrick, a regañadientes acordé otra cita solo para dejar de pensar en Nick, y luego me dejé caer contra el sofá. Mi portátil apoyado a mi lado me dio una idea. Una idea muy, muy mala.
Hice clic en un enlace titulado Sebastián y Britney. Mientras esperaba a que el video se cargara, mariposas echaron a volar dentro de mi estómago. La muchacha era bonita. Ella parecía dulce y normal. Vi el último video de Nick (probablemente el que había hecho después de despertarse en la cama conmigo) con lágrimas descendiendo por mis mejillas. Lo que hizo no fue una simple follada. Fue un error imperdonable que estaba en Internet para que todo el mundo lo viera. Y no se podía negar que era él, sobre todo con ese tatuaje único arrastrándose por su hombro. Vi con horror como la colocaba en el centro de la cama y comenzaba a besarla. Cuando se movió entre sus muslos para saborearla, se me formó un nudo en el estómago y me obligué a cerrar los ojos. Sabía que era una mala idea ver esto, verlo con mis propios ojos, sabiendo que probablemente ardería en mi cerebro para siempre, pero de algún modo no podía parar. Aceleré el vídeo hasta que estuvieron completamente entrelazados, necesitando ver si su forma de hacer el amor con ella era algo como lo que hizo conmigo.
Lo que vi hizo que mi mandíbula golpeara el suelo. Sus movimientos dentro de ella eran duros y rápidos. Él había estado conteniendo parte de sí mismo conmigo, eso estaba claro. No podía creer que alguna vez me hubiera encendido viendo el video de Nick, ahora solo me enfadaba. El primer plano de él entrando y saliendo de ella casi me hizo vomitar. Cerré el portátil de golpe y salí corriendo de la habitación. Me dejé caer en el centro de mi cama y sollocé, abrazando una almohada contra mi pecho, pidiendo que el dolor desapareciera. Pero todo lo que vi cuando cerré los ojos fue la expresión lujuriosa Nick mientras la penetraba.
—Oh, diablos, no. Está a reventar —Mandy se paseó a través de la barra a donde un grupo de chicas subía en los taburetes de bar que habíamos estado esperando veinte minutos para ocupar.
—Está bien, Mandy. —La agarré del codo, tirando de ella detrás de la escena que estaba a punto de crear—. Vamos a buscar otra mesa. —O podríamos ir a casa. Después de la segunda semana de mi desanimo, Mandy y Ty decidieron organizar una intervención. Comenzó con algunas pre-bebidas en mi apartamento, y se había trasladado a un bar lleno de gente.
—No. Tenemos que encontrar una mesa cerca de las mesas de billar.— No tenía ni idea el porqué de su insistencia, ninguno de nosotros jugamos billar.
—Esa gente se está yendo. —Señalé al otro lado de la habitación.
—¡Genial! —Mandy prácticamente corría, dando codazos a la gente de su camino mientras cruzaba la habitación. Por Dios. No sabía que le había pasado, pero Tyson y yo la seguimos obedientemente. Subí sobre el taburete y coloqué mi cartera sobre la mesa. Se sintió bien dar un descanso a mis pies. Por qué decidí llevar tacones esta noche, a pesar de que todo lo que tenía ganas de hacer era yacer en la cama en mi pijama. Después del ordenar otra ronda de bebidas, Tyson dejó escapar un gemido.
—¿Y ahora qué? —Giré en la dirección que miraba, pero sus manos se apoderaron de ambos lados de mi cara, deteniéndome.
—No, Miley. No mires.— ¿Qué demonios? Quité sus manos de mi cara y miré en la dirección en la que él y
Mandy miraban. Oh. Nick estaba aquí. Una mezcla de emociones corrieron a través de mí al mirarlo, todo, desde la ira, al resentimiento, al deseo. Maldito cuerpo traidor. Nick y un amigo acumulaban una serie de bolas en el centro de una de las mesas de billar y bromeaban entre ellos. Odié que su sola presencia tuviera el poder de detener mi respiración y que mi corazón se tambaleara en mi pecho, como si mi cuerpo supiera que compartíamos el mismo oxígeno y se rebelaba contra la idea. Nick estaba riendo, pero cuando levantó la cabeza y atrapó mis ojos, su sonrisa cayó.
Me pregunté si vendría a hablar conmigo, y luego me pregunté cómo me sentiría si no lo hiciera. Le dijo algo a su amigo, cuya mirada se fijó en la mía. Sonrió levemente, como en comprensión, y empujó a Nick en mi dirección. Negándose a ceder, Nick permaneció plantado cerca de la mesa de billar, con los ojos mirando a cualquier parte menos a mí. Mandy, sonriendo con confianza, se enderezó en la silla.
—Ahora todos, no vamos a volvernos locos. Nick está aquí. Está en el mismo bar que nosotros. No es gran cosa.
—¡Tu pequeña conspiradora! ¡No lo hiciste! —La completa falta de sorpresa de Mandy al ver a Nick me puso sobre aviso. Ella lo había arreglado. Tyson miró ansiosamente entre nosotras, sin darse cuenta de lo que se había perdido.
—No era tu asunto interferir. Dios, ¿le has dicho que quería verlo? — Enterré mi cara en mis manos. Mandy se inclinó, colocando su mano sobre mi brazo.
—Por supuesto que no. Escucha, tienes que tener fe en el hombre. Sólo le dije que estaríamos aquí esta noche, y si quería verte, si todavía tenía sentimientos por ti en absoluto, debería aparecer cerca de las nueve en la sala de billar.
—Eres una idiota, Mandy. No funciona de esta manera. Necesito mi distancia… —Infiernos, no quería pensar en él otra vez, no es que eso funcionara. Ty palmeó mi espalda. Yo sabía que esto lo había hecho todo Mandy, así que no podía estar enojada con él.
—Bien. Él está aquí. Entonces me iré. — Agarré mi bolso.
—No, Miley. Si te vas, será como si anunciaras que no puedes soportar estar cerca de él.
—No puedo. Ese es el punto.— Ella le dio a mi mano un apretón.
—Él no tiene por qué saber eso. No dejes que te haga marcharte. No le dejes ganar. Eres más fuerte que eso.— Suspiré y puse mi bolso abajo.
—Bien. Entonces voy a emborracharme.
—Puedo con eso. —Mandy sonrió y le hizo señas al barman para otra ronda de tragos. Después de varias rondas de bebidas y observar a Nick por el rabillo de mi ojo, me di cuenta de que se acercaba a nuestra mesa. Oh, mierda. ¡Actúa normal, actúa normal! Ty puso una mano en mi antebrazo.
—No, Miley. No otra vez, no con él. — Sus ojos me suplicaban. Nick nos alcanzó, ofreció un guiño amistoso a Mandy, entrecerró los ojos a Tyson, luego dirigió su mirada hacia mí.
—Tal vez deberíamos darles unos minutos para hablar —chilló Mandy, levantándose del taburete y disparándole a Ty una mirada que quería decir vamos—. Voy a darle algo de compañía a tu amigo —Ella miró de Nick, al musculoso-como-el infierno amigo de pie solo en la mesa de billar, bebiendo una cerveza—. ¿Cuál es su nombre?
—Joe —respondió Nick, sus ojos nunca dejando los míos. Una vez que mis amigos me abandonaron, Nick se movió un paso más cerca—. ¿Cómo has estado? —Se pasó una mano por la parte de atrás de su cuello. Esa era una pregunta tonta. Pero yo no estaba dispuesta a admitir como me había deprimido por nuestra separación.
—Bien. ¿Tú?— Sus ojos se estrecharon, buscando los míos. Yo sabía que podía ver a través de mis respuestas huecas, pero no me preocupé. No le daría la satisfacción de saber cuanto lo echaba de menos.
—He estado mejor —admitió. Negué con la cabeza, sorprendiéndome a mí misma riendo. La risa brotó de mi garganta y escapó, a pesar de mis intenciones de mantener las cosas frías.
—Eres repugnante ¿lo sabías? El sexo significa algo para mí. Tal vez no para ti, pero... —Lo despedí con la mano—. Sólo déjame sola. No quiero hablar contigo.— Tomó mi mano y la sostuvo.
—Déjame explicarte algo, pastelito. — Nunca había pronunciado mi nombre con tal veneno y odiaba admitir que eso dolió. Se inclinó más cerca de mi cara, a pocos centímetros de distancia de mí—. El sexo por dinero no tiene emoción. Es como estar en el trabajo, es duro, estás cansado, sudoroso, sólo deseas terminar, pero no puedes. Tienes que seguir fingiendo el jodido acto hasta que algún director imbécil te dice que tienes que venirte. U ordena. Intenta hacer eso con los técnicos de iluminación brillando las luces en tu cara, y un tipo de sonido con panza cervecera sosteniendo un micrófono sobre ti mientras presumía una jodida erección, no todo es tan divertido. Créeme. No estoy orgulloso de ello. Pero sabes que haría cualquier cosa por esa niña.
—¿Lily? ¿Qué tiene eso que ver con Lily? Si eres lo suficientemente retorcido como para convertir esto en un acto cortés para proteger a tu hermana pequeña, estás más loco de lo que pensé. —Todavía sostenía mi muñeca en su puño y la aparté lejos—. Déjame ir. —Me deslicé de mi taburete y me escapé al cuarto de baño.

Maldita sea, justo delante de ella y mi voluntad se estaba debilitando. Estuve a dos segundos de arrastrarla fuera, estilo hombre de las cavernas, para hacerla decirme lo que estaba en su mente cuando cortó conmigo. La auténtica sorpresa de Miley al verme me dijo que Mandy mintió. Maldición. No podía creer que creyera en la mentira de que Miley era una miserable sin mí. No parecía miserable, ella se veía preciosa. Tanto es así, que fue como una patada en el estómago, rasgando el aire formado en mis pulmones. Pero el escuchar la amargura en sus palabras, el ver la furia evidente en sus ojos fue como una dura advertencia de mantenerme alejado de ella. Lástima que yo no podía. Su ausencia dejó un agujero de dolor en mí y no tenía miedo de admitirlo. 
Ahora, si tan sólo pudiera pensar en una manera de convencerla de que yo valía la pena su tiempo. ¿Pero llegaría a confiar en mí otra vez? La mirada muerta que me lanzó en el bar, me dijo que iba a tener una batalla cuesta arriba. Pero ella valía la pena. Lo era todo. Maldita sea, sonaba como un tonto enamorado. Mientras la veía desaparecer en el baño, mi mente brevemente registró que sus pantalones vaqueros eran lo suficientemente bajos como para dejar al descubierto una franja bronceada en la parte baja de su espalda, y la tela abrazaba las curvas de su culo. Demonios, hombres más jóvenes se habrían derrumbado por ahora. Me dirigí al baño detrás de ella. Me recordé que ella había sido la que se marchó esa mañana, dudé que algo de lo que pudiera haber dicho hubieran hecho una diferencia, pero esta noche ella huía otra vez y yo tenía que intentarlo. Abrí la puerta de la habitación de damas para encontrarla vacía. Pero podía oír suaves sollozos procedentes de la cabina al final de la fila.
—¿Miley? —Toqué suavemente a la puerta—. ¿Podemos empezar de nuevo? ¿Hablar de esa mañana que te fuiste?— Ella sorbió. 
—No hay nada de que hablar, Nick. El daño está hecho.— Mis hombros se hundieron. ¿Podría esta cosa entre nosotros realmente estar tan dañada que no había posibilidades de sanar? Dios, esperaba que no. Un grupo de chicas se abrieron paso en el interior del baño, riendo y charlando. 
—Oye, no puedes estar aquí —dijo una de ellas—. Tienes dos segundos para salir.— Llamé a la puerta de Miley con más insistencia. 
—Vamos, déjame entrar.— Silencio.
—¿Pastelito? —rogué, mi voz suave. La cerradura giró. No esperé a que ella abriera la puerta. La empujé a un lado y de pronto estaba cara a cara con ella en la minúscula cabina. Los círculos oscuros bajo sus ojos me dijeron que no podría estarle yendo tan bien como ella dejaba ver. Pasé un solo dedo sobre el hueco debajo de su ojo. 
—¿Estás segura de que has estado bien?— Tragó saliva, poniéndose rígida bajo mi tacto. 
—No puedo hacer esto de nuevo, lo siento.
—Yo también. —Ahuequé su mandíbula, inclinándome más cerca para colocar un beso suave en su boca. Ella dejó escapar un pequeño gemido, y un pulso de deseo bajó por mi espina dorsal. Dios, ¿por qué tenía que follar con ella? Era perfecta. Todavía no me había alejado, así que me incliné de nuevo y encontré su boca, esta vez separando sus labios para probarla. Mi lengua buscó la suya, no satisfecha hasta que ella me devolvió el beso. Podría haber estado enojada conmigo, pero su cuerpo todavía respondía como yo recordaba, sensual y necesitado. Joder, yo ya estaba duro. Empujé mis caderas hacia las suyas, sujetándola contra la pared y rozando mi erección contra su vientre. Llevó sus manos a mi pecho y me empujó hacia atrás. 
—No puedo. —Su voz era débil, pero sus ojos eran determinados. Quería empujarla, y sabía que probablemente podría. Pero ella probablemente me odiaría aún más por la mañana si yo hacía eso. 
—¿Qué puedo hacer? —Le pregunté.
—No hay nada que puedas hacer. —Me rodeó y salió de la cabina, dejándome muy duro y muy decepcionado al verla alejarse de mí una vez más.
Por qué mi cama de repente se sentía tan fría y vacía sin Miley, estaba más allá de mí. Normalmente no tenía problemas para dormir, por lo general caía exhausto en la cama cada noche y dormía profundamente hasta la mañana. Ahora estaba en la cama, mirando las hojas de mi ventilador de techo girar, preguntándome si había hecho lo correcto en dejarla alejarse. No sabía si ella habría escuchado si hubiera intentado detenerla. Y demonios, poniéndome en sus zapatos, yo no estaría de acuerdo con ella filmando porno. Desde que Miley se había ido, la comida había perdido su sabor. 
Días mezclados en semanas. Y se sentía como si no pudiera hacer ya más una sola cosa bien cuando se trataba de Lily. No tenía ni idea de qué fuera tan difícil hacer albóndigas, pero Lily se aseguró de señalar que yo lo estaba haciendo mal, que así no era como lo hacía Miley, con eso, y con otras cosas también. Mi único intento, de dejar saber a Miley que todavía estaba pensando en ella, fue recibido con silencio. La idea me golpeó cuando pasé por esa panadería que a ella y a Lily les gustaba. Yo había comprado un solo pastelito blanco, cubierto con una gruesa capa de glaseado rosa, y lo había envuelto para regalo y entregado a ella. En la tarjeta se había leído simplemente, te echo de menos, pastelito. Mi casa se sentía vacía y fría sin ella. Lily lo notó también, yo sé que ella lo hizo, pero ambos seguimos adelante, a pesar del aplastante peso de la pérdida de Miley. 
Yo alternaba mi tiempo entre el trabajo y el gimnasio, necesitando un escape de mi propia casa después de que Lily se iba a la cama. Los recuerdos de estar con Miley, después de poner a Lily en la cama, eran demasiados. Apenas podía mirar mi maldito sofá sin recordar todas las cosas traviesas que le había hecho a ella en ese mismo lugar. La actividad sin sentido de empujar mis músculos al límite disipaba los pensamientos arremolinados de ella, aunque sólo por un rato. Tan pronto como yo estaba solo en la silenciosa ducha, después de mi entrenamiento, volvía a mi mente. El dulce aroma de ella, sus grandes ojos azules, su pícara sonrisa torcida. Mi pastelito.
Dejé que el rocío fuerte del agua golpeara mi espalda, y agarré la barra de jabón. Lavé mi pecho, debajo de mis brazos y mi estómago, antes de que mis manos viajaran más abajo. Con pensamientos de Miley ocupando mi cerebro, mi polla saltó a la vida. No lo hagas, hombre, advertí. Yo no quería masturbarme recordándola, deslizándose sobre sus rodillas y chasqueando su pequeña lengua traviesa para probarme antes de chuparme profundamente en la caverna de su boca caliente. El recuerdo era demasiado. Pero no podía evitarlo. Me imaginé su cara dulce, esa boca llena y la forma en que ella gemía cada vez que yo le hacía una caricia sucia. Mi mano jabonosa encontró mi eje y comenzó a bombear. Duro y rápido, necesitando liberación de los recuerdos inquietantes de ella. Apoyé una mano contra la pared de la ducha, el chorro de agua golpeando contra mi columna vertebral, y cerré los ojos.
—Miley —susurré mientras los chorros de agua caliente brotaban de mí y caían al suelo de baldosas.

martes, 24 de febrero de 2015

A Different Love - Niley - Cap 09

—Eh, dormilona —Nick presionó un beso en mi frente y una sonrisa perezosa cruzó mis labios, recordando dónde estaba, en la cálida y acogedora cama de Nick. Abrí los ojos para encontrar su mirada
soñolienta a centímetros de la mía. Su alarma sonó en la cómoda y Nick saltó de la cama, todavía completamente desnudo, para silenciarla. Me estiré y me di la vuelta, tomando el calor de su lugar vacío. Olía a él, un toque de picante, colonia y el resto sólo su propia fragancia masculina. Él. Estaba decididamente dolorida y vestida con una de las camisetas de Nick que no recordaba haber tomado.
—Mmm—Busqué por él—.Vuelve—. Nick se volvió hacia mí, su erección mañanera saludándome mientras se sentaba al borde de la cama junto a mí. Me dio un rápido beso en la boca.
— Anoche fue increíble—murmuró. Me estiré seductora, tirando de la camiseta por encima de mi cabeza y dejándola caer en el suelo.
—Vuelve a la cama.— Sus ojos recorrían mi cuerpo, y sonrió ante lo que vio. Trazó un dedo a lo
largo de mi vientre, rodeando mi cadera.
—¿No estás adolorida, nena?
—Sólo un poco. Podrías besarlo todo y hacerlo sentir mejor. —Le sonreí seductoramente, intentando mi mejor esfuerzo en hablar sucio.
—Es mejor que no... tengo que trabajar hoy.—¿Qué tiene eso que ver con...?
—¿En el sitio de la construcción?—Bajó la mirada, tomando el borde de la manta que me rodeaba.
—Ah, no. En realidad tengo un rodaje hoy.— Salté de la cama, tirando de la sábana sobre mi pecho desnudo, todas las inhibiciones de la noche anterior habían regresado a la mención de... su trabajo. Sobre todo cuando decía que su trabajo implicaba dormir con otra mujer.
—No creí que siguieras haciendo eso. Y después de anoche... —Mierda. Iba a llorar. Justo aquí, desnuda en su cama y todavía dolorida de nuestro amor. Tomé una bocanada de aire para tranquilizarme.
—No me mires así. Tú sabías lo que hacia la primera noche que nos conocimos. —Nick se deslizó en un par de pantalones vaqueros, renunciando incluso a su bóxer. Odié la idea de que alguien que no fuera yo desenvolvería el paquete después. No podía compartir. Compartirlo con Lily era una cosa, una cosa muy diferente, pero ciertamente no algo como esto. Dios, ¿cómo había sido tan estúpida como para pensar tener una estrella porno como novio era una buena idea?
—Pero después de anoche... —Las cosas cambiaron para mí. Completamente. Pero si por la mañana después de haber estado dentro de mí podía salir y hacer lo mismo con otra mujer sin un pensamiento pasajero, claramente mis sentimientos eran más unilaterales de lo que había creído. El sexo no poseía la misma importancia para él que para mí. Y nunca podría estar con alguien que no entendiera y apreciara la intimidad que habíamos compartido. Claro que podría haber bromeado al principio por la pérdida de mi virginidad, pero ambos sabíamos mejor. Me estaba enamorando de Nick. Me había enamorado. Fuertemente. Y él había obtenido el regalo de mi virginidad sin entender que ahora sostenía mi corazón en sus manos.
—¿Nick?
—Lo siento, pero tengo que hacer esto, pastelito.— Tiré las mantas y salté de la cama. No me pasteles... —Miley... habla conmigo. ¿Qué sucede?— Me di la vuelta, frente a él.
—¿Preguntas qué sucede? ¿Enserio me estas preguntando qué sucede? —No tendría esta conversación estando desnuda. Tiré de mi ropa, sintiéndome cerca de la violencia a tal punto que si él siquiera trataba de ponerme un dedo encima, lo aniquilaría. Si él no sabía lo que estaba mal, era inútil hablar con él en absoluto
—Así que sin más, te vas a... ¿irte y hacer eso hoy?— Bajó la cabeza, al parecer perdiendo las palabras.
—No me llames —Me precipité fuera de la habitación, agarrando mi bolso y las llaves en el camino, y arranqué de su casa en mi coche que estaba esperándome lo más rápido que pude. Dije una oración silenciosa de agradecimiento por haber recogido mi camioneta X5, la ley será condenada. Me gustaría ver a alguien intentando detenerme de nuevo. Castraría a un oficial antes de que dejar que nadie se interpusiera en mi camino hacia mi cama. Con lágrimas en los ojos, marqué a Mandy.
—¿Hola? —gimió adormilada.
—Mandy, te necesito. Ahora. —Respiré, secándome las mejillas con el dorso de la mano—. Y trae tragos de gelatina.— Ella vaciló, resortes de la cama crujiendo en el fondo.
—Son las siete de la mañana.
—Lo sé. Pero es una emergencia—Me sequé las lágrimas fluyendo libremente por mis mejillas y respiré hondo—. Me acosté con Nick anoche. Y las cosas se fueron a la mierda esta mañana.
—Oh, mierda. Bien, espérame allí, voy en camino. —Oí crujir en el fondo mientras Mandy entraba en acción, como sabía que lo haría.
—Trae vodka, también.
—Cuenta con ello.

Me moví a través de mi mañana en una bruma, todavía aturdido por el giro de los acontecimientos. ¿Por qué Miley no comprendía que lo que ocurrió entre nosotros era real, y que esto se trataba de mi trabajo? Era evidente que no confiaba en mí como yo lo necesitaría si íbamos a tener algo juntos. Miley ni siquiera me dio la oportunidad de explicar, saltó a las conclusiones y salió furiosa. No me molesté en detenerla. El asco y la sentencia escrita en su cara me dijo lo que había sabido en el fondo todo este tiempo, yo nunca sería lo suficientemente bueno para ella. Ella nunca sería capaz de comprender que a veces hay cosas en la vida que uno no quiere hacer, pero tiene que hacerlas para cuidar de su familia. Y Lily era mi familia. Haría cualquier cosa por ella. La vida no era un jodido sol y arco iris. La vida real era difícil. Estaba haciendo lo que tenía que hacer. Punto.
Ella dijo que entendía mis responsabilidades en relación al cuidado de Lily, pero cuando las cosas se complicaron, se largó. Fin de la historia. Después de llevar a Lily a la escuela, me di una ducha larga, me afeité el pecho y la ingle, y luego me vestí y me aseguré de estirar. Recordé que mi sesión anterior de tres horas de sexo me dejo adolorido hasta en los lugares más extraños. Cuando llegué al set, la modelo con la que iba a trabajar ya estaba allí, con el peinado y el maquillaje ya hecho. Desde luego no se ajustaba a la imagen de estrella porno. Sus miradas eran el epítome de la dulce chica de al lado. Tenía el pelo castaño ondulado y largo hasta los hombros, ojos marrones grandes y era más linda que sexy. Me acerqué para presentarme.
—Hola, soy Nick, er, quiero decir Sebastián.—Sonrió cálidamente.
—Hola. Soy Jill, pero me puedes llamar a Britney.
—Lo tengo. Encantado de conocerte —repliqué su sonrisa. Al menos parecía alguien con quien fuera fácil trabajar, lo cual era agradable. No necesitaba más drama hoy. Se volvió hacia el artista de maquillaje para terminar, y fui a buscar a Rick. La sesión de hoy era relativamente sencilla. Empezábamos en el baño principal opulento, donde me iba a encontrar a Britney tomando un baño de burbujas, y después de pasar unos minutos besándonos y ayudándola a lavarse, la levantaría de la bañera y la llevaría al dormitorio donde nos terminaríamos la escena.
Una vez que supe la organización, me pasé el bronceador, y luego esperé por mi señal de Rick. Una vez que Britney se relajaba en el jacuzzi, me paseé dentro, descalzo, vestido con sólo un par de jeans. Compartimos unos pocos besos tiernos, y froté sus hombros y cuello, antes de pasar a sus pechos. Luego capturaron una toma de mí ayudándola a salir de la bañera antes de que cortaran. Retomamos las cosas una vez que estábamos en la cama, y pronto estaba enterrado profundamente dentro de Britney. Pero una vez dentro de ella, no podía escapar de mis pensamientos acerca de anoche con Miley. Ella era tan suave, tan confiada que yo no le haría daño. 
Estar con Britney era todo lo contrario. Empujó sus caderas para que coincidiera con mi ritmo y me rogó que la follara más rápido. Un sentimiento profundo y persistente hervía, instándome y cedí, conduciendo dentro de ella fuerte y rápido, la persecución del alivio voraz incendiando dentro de mí. Al darme cuenta de que no tenía que tener cuidado con Britney, no me contuve. Choqué contra ella hasta que dejó de pedir más duro y comenzó una letanía de pequeños gemidos. El sonido de los gemidos de Britney me recordó a
Miley. Y sosteniendo la imagen del rostro de Miley en mi mente, terminé. Pero a pesar de mi liberación, el alivio no llegó.
Joe llegó justo cuando el juego estaba a punto de comenzar. Echó un vistazo a mi mesa de café e hizo un gesto a los seis paquetes de cerveza y la caja de pizza para llevar con el ceño fruncido. 
—Oye, ¿dónde están las alas?— Negué con la cabeza. 
—No estoy de humor. —Eso me recordaría demasiado a Miley. Maldita sea, ver su boca dulce desgarrar la carne del hueso y su lengua rosada lanzándose a atrapar una gota de salsa de barbacoa... no, no habría alas esta noche. Se dejó caer en el sofá, tomando una cerveza.
—¿Has estado trabajando mucho? —Ambos sabíamos que no preguntaba acerca de la construcción. Normalmente manteníamos la política no preguntes, no me cuentes cuando se me ocurrió incursionar en el porno, pero había hablado de más acerca de que Miley me había dejado por ello, y que por eso había estado tan miserable.
—Nop. He pagado las facturas que necesitaba, y ahora me estoy manteniendo fuera de toda esa mierda.— Asintió, bebiendo su cerveza. 
—¿Y Miley?— Mantuve mi boca en una línea apretada y sacudí la cabeza.
—¿Aún? Maldita sea, eres terco.— Vacié mi botella y agarré una cerveza fresca, manteniendo mis ojos pegados en el juego.
—¿Cómo soy terco?
—Porque me estás diciendo que ya no estás haciendo porno... y la razón de que Miley te dejó era porque estabas haciendo porno...
—Sí, supongo que sí —gruñí, recogiendo mi botella.
—¿Y no ves lo estúpida que es esa lógica? —Joe negó con la cabeza—. Ve tras ella, hermano. Deja de ser un jodido maricón.
—Déjalo, hombre. Nunca funcionaría entre nosotros, de todos modos. — ¿Funcionaría?

miércoles, 18 de febrero de 2015

A Different Love - Niley - Cap 08

Mantenerme distanciado de Miley estaba resultando más duro de lo que jamás imaginé. Todos los días tenía casi decidido conducir hasta el hospital para verla, y Dios sabe que yo quería saber cómo estaba, oír su voz, ver cómo le estaba yendo. Sin mencionar, que durante los primeros días de ausencia de Miley, Lily
no dejo de hablar de Miley sin parar. No tenía intención de perder la paciencia con ella, pero desde hace días, no había traído a colación el tema de Miley nuevo. Gracias jodido Dios. Era como le dije a Miley. Sabía desde el principio que las cosas acabarían así, con una niña preguntándose dónde se había ido y mi corazón jodidamente aplastado por eso, no había duda de que la reunión con los padres de Miley cambiaron las cosas.
Después del intercambio de palabras en el estacionamiento, no hablamos en absoluto. Casi me había roto y la llame una media docena de veces, pero intenté para darle un poco de distancia. Ella debía entender que lo hay entre que no iba a funcionar. Quiero decir, ¿qué esperaba, que me ganarse a sus padres, poniéndole un anillo en su dedo? Por supuesto, ella no merecía nada menos. Pero el mundo real no era como una de esas malditas historias de cuentos de hadas de Lily. Después de ignorar varias llamadas de Rick, finalmente cedí, decidiendo que era tiempo de hacer otra película. Me dije que sería la última. Pagaría las facturas pendientes de Lily, más la visita de ER mío y terminaría con el asunto. Cogí el teléfono y marqué el número, sabiendo que sólo tenía unos minutos antes de que Lily debiera bajarse del autobús.
—¿Rick? Sí, lo haré. ¿Cuándo y dónde?— Escuché mientras me daba las instrucciones. Mañana. Afeitado de la mañana. Estar en el lugar al mediodía.
—Hecho. Nos vemos entonces. —Terminé la llamada. Ni siquiera le pregunté en que estaría trabajando. No importaba. Necesitaba el dinero. Mi contrato estipulaba lo que no quiero hacer, la alegría de todos lo propaga. Y el resto, sabía que podía manejarlo. Una vez bajé a Lily en el autobús y fue a ver las caricaturas, agarré una botella de cerveza y me dirigí a la cochera, necesita desahogarme mediante la reorganización de mi caja de herramientas, o golpeando algo. Esto hizo poco para aliviar mi tensión, y diez minutos más tarde estaba entrando.
—¿Lily?— La casa estaba completamente en silencio. No era una buena señal. Doblé la esquina de la cocina a la sala de estar y noté el suelo húmedo y caliente. ¿Qué dem…? Cuando entré por completo a la sala, el motivo de la alfombra húmeda se hizo evidente. Lily había maniobrado una cubeta llena de agua en la sala de estar y la tiró al suelo, basado en el charco que estaba de pie en el bote y volcó delante de mí.
—Lily, ¿qué ha pasado? —Agarré la cubeta volcada, y luego me agaché para quitarme mis calcetines mojados. Encontré Lily llorando en silencio en el sofá. Corrí hacia ella.
—Muñeca, ¿Qué ha pasado?— Lloriqueó, tirando de su labio inferior en su boca.
—Quería hacer una pedicura como Miley y yo hicimos.— ¿Era para eso el agua en la cubeta? ¿Para remojar sus pies? La abracé contra mi pecho.
—Shh. Está bien. Todo va a estar bien. —Mierda. Yo no tenía ningún entrenamiento en cómo hacer frente a esto. ¿Cómo voy a manejar cuando comience su período o quiera ir a una cita? Maldita sea. Justo cuando estaba empezando a seguir adelante con mi vida y superar dolor de perder Miley, la vida pasa y aterriza con un golpe en el estómago. Mi primer instinto fue llamar a Miley, para rogarle que volviera, pero seguía limpiando el resto del agua, tratando de convencerme de lo contrario. Cuando ya no pude aguantar más, saqué mi teléfono del bolsillo y marqué su número. La línea sonó varias veces antes de que saltara su correo de voz. Maldición. Colgué sin dejar un mensaje. ¿Qué iba a decir? Soy un idiota, pero ¿puedes dejar eso de lado y volver? Sí, eso iba a funcionar. Me deshice de los trapos húmedos en el fregadero cuando mi teléfono celular sonó. Lo saqué de mi bolsillo y cuando vi la pantalla parpadeando con el nombre de Miley mi corazón comenzó a saltar. Miley.
—¿Pastelito?— Ella se echó a reír nerviosamente, toda cálida y femenina. Dios, necesitaba oír esa risa. Mis hombros tensos instantáneamente se aliviaron y me deje caer en una silla en la mesa de la cocina.
—¿Nick? —Su voz era precavida—. Vi que llamaste. —Odiaba oírla tan formal y al grano.
—Sí, es que... Lily... ella ha estado bastante mal desde que te fuiste.
—¿Lily? —preguntó, su voz teñida con un toque de sarcasmo.
—Sí —le dije, perdiendo los nervios.
—Bueno, vamos a aclarar algo. No me fui, me alejaste. Hay una gran diferencia, ya sabes.
—Lo sé —le dije tímidamente. Dejó escapar un suspiro exasperado. —Ahora dime lo que pasó con Lily.—Le expliqué lo de la cubeta volcada de agua en la sala y el hecho de que Lily estaba acampada en el sofá en una de mis camisetas viejas, comiendo un tazón de helado. Antes de la cena. Sólo para acallar sus sollozos sobre el derrame del agua.
—Estaré ahí en diez minutos —dijo Miley.
—Gracias, pastelito.
—Permíteme aclarar una cosa —replicó ella, con voz mezclada con ira—. Voy por Lily. No por ti. —Y con eso colgó. Maldita sea. Tener Miley en camino hacía que todo se sintiera más ligero, volver a sentir de alguna manera. Incluso si sólo estaba viniendo por Lily, el agua derramada y la moqueta mojada, nada me molestó más. Me dirigí a mi cuarto a cambiarme de ropa mojada y esperé a que Miley llegara. La llegada de Miley fue recibida con gritos de risas y Lily agarrando su andador para correr a su encuentro en la puerta principal. Me levanté de nuevo y vi a Miley recogerla en un abrazo. Miley estaba positivamente radiante. Era más bella que mis recuerdos Llevaba el pelo recogido en un cola de caballo, varios zarcillos que escapaban para enmarcar su rostro y estaba vestida de manera informal con pantalones vaqueros y una camiseta rosa ajustada. Se veía bien, lo suficiente como para devorarla. Mi propio pastelito. Pero Miley fue al grano, cuidando de Lily e ignorándome por completo. Nunca me había sentido incómodo en mi propia casa, pero ahora lo sentía. Ella levantó Lily en su cadera, acunando y meciéndola.
—Shh —susurró Miley—. Estoy aquí.— Escuchar a Lily preguntarle entre sollozos e hipo por qué no había
venido apuñaló mi corazón. Una vez que Lily estaba en paz y silencio, Miley se dirigió a la cocina,
agarró su bolso de la mesa de la cocina y se dirigió a la puerta. Le tomé de la mano, pero ella se encogió de hombros liberándose de mi mano.
—Por favor, Miley. ¿Te vas a quedar?—Sus ojos se encontraron con los míos, llenos de preguntas. 
—¿Por ti o por Lily?— Tragué. 
—Por mí. —Tomé su mano otra vez, dándome cuenta de que ya no peleaba, pero su mano quedó inerte en la mía. No me abrazo.
—Recuerdo lo que dijiste. —Comenzó Miley.
—Sé lo que dije, pero soy un idiota, ¿de acuerdo?
—Sí, lo eres —Concordó. Podía oír la sonrisa en su voz, aunque su rostro permaneció impasible.
—¿Así que te vas a quedar? Incluso voy a cocinar para ti. No serán costillas, pero…— Ella se echó a reír.
—Supongo que podría comer.
—Vamos. Tengo dos hermosas damas que alimentar. —Lily se sentó en una silla del comedor—. ¿Qué quieres, huevos revueltos?— Ella asintió con la cabeza y se acomodó en su asiento, y Miley regañadientes se unió a mí en la cocina.
—¿Huevos? ¿Para la cena? —Cuestionó Miley en un tono de sorpresa.
—¿Qué tienes en contra de los huevos?
—Nada —respondió—. Nunca he tenido huevos revueltos para la cena.
—Oye, intenta cocinar para complacer el paladar de un ochenta y dos años de edad y un niño de tres años. Me gustaría ver lo que ocurre.— Ella colocó su mano sobre mi mejilla y mantuve los ojos en los de ella como si fuera a reconocer todo lo que había pasado. Sonreí ante su preocupación suave, y después de un momento, dejó caer la mano y se apartó para dejarme espacio para trabajar. Saqué un cartón de huevos y un paquete de queso rallado de la nevera y me puse a trabajar. No le había explicado toda la historia, y no lo planeaba. Ese año que perdí a mi abuela fue bastante difícil, ¡ella básicamente me crio!. Pero la pareja con la que con mis padres dejaron a Lily, todavía no podía caminar a los tres años, ya que no habían invertido el tiempo o el dinero en su cuidado, y la mala salud de mi abuelo... sí, la vida fue un infierno ese año. La verdad era, a ninguno de nosotros nos gustaron mis intentos de cocinar ese primer año, pero en lugar de morir de hambre, nos hizo el trabajo. 
Y un cartón de huevos era barato. Desde luego, sobrevivíamos gracias a los cheques del seguro social de mi abuelo, antes de morir en su sueño una noche y yo comenzara a trabajar a tiempo completo. Cielos, parecía que fue hace tanto tiempo. Ahora me hacía cargo de mí y de Lily casi en piloto automático, pero en aquel entonces, parecía literalmente una hazaña imposible. Después de la cena, Miley y yo nos acomodamos en la cama de Lily mientras ella nos leía un cuento. 
Aunque la historia que había seleccionado era un poco por encima de su nivel de lectura, lo había leído tantas veces que lo tenía memorizado casi palabra por palabra. Mis ojos se dirigieron a lo largo de la forma extendida de Miley, su brazo sobre los hombros de Lily mientras se acurrucaron en la almohada, con las mejillas sonrosadas y los ojos clavados en el libro. Mi mirada siguió a la longitud de la inclinación de Miley, piernas vestidas cubiertas de un rosa algodón de azúcar, dedos de los pies pulidos. Pasé mis dedos suavemente sobre el arco de su pie desnudo y sus ojos se cruzaron con los míos. Sabía que los dos estábamos anticipando por estar solos esta noche. Yo también sabía lo que tenía que hacer. Una vez que Lily estuvo dormida, Miley me arrastró fuera de la habitación. Empezó a andar por el pasillo, pero mis manos en su cintura se lo impidieron. La empujé contra mi pecho.
—Pensé que iríamos a mi habitación esta noche.— Los ojos de ella se lanzaron hacia los míos, tratando de entender lo que quería decir. Ella parpadeó hacia mí con los ojos azules cada vez más grandes por la sorpresa, confiando en mí, siguiéndome a dondequiera que pueda conducirla. Tomé su mano y la lleve dentro mi habitación a oscuras. Sin molestarme en encender una luz, eso sólo revelaría una gran cama desordenada, y un solo aparador en la esquina, de cualquier manera. Suavemente la conduje hacia mi cama cuando sentí la parte posterior de sus piernas chocaban contra el colchón, le di un pequeño empujoncito de hombros y cayó hacia atrás, riendo mientras se golpeaba en la cama y tirando de mí hacia abajo con ella. Mis labios buscaron los suyos en la oscuridad, mi cuerpo necesitado de estar cerca de ella en todas las maneras posibles.  Nuestros miembros se enredaban en el centro de la cama, aunque traté de mantener mi peso aplastante lejos de ella. No podía creer que había sido tan estúpido como para alejarla. Si por algún milagro pequeño este ángel pensaba que era lo suficientemente bueno para ella, yo sería de ella.
—Oye, se me olvidaba. Tengo algo para ti. —Me separé de ella, caminé a mi armario y encontré lo que estaba buscando—. ¿Dónde está tu bolso?
—Me lo puedes dar a mí.
—Ahora mismo no. Lo meteré dentro de tu bolso para después.
—Está bien. Mi bolso está en el sofá.
—Vuelvo enseguida. —Troté por el pasillo, deposité el recipiente en el bolso antes de reunirme con ella. Había tirado hacia abajo las mantas y estaba descansando en el centro de la cama cuando volví. Una vez que la encontré, se acurrucó contra mi pecho, con la cabeza metida debajo de mi barbilla como si ese lugar fuera diseñado exclusivamente para ella. Demonios, tal vez lo fue. Pasó una mano por debajo de mi camiseta y me calmó con suaves caricias que no me merecía. Sus dedos conseguían sacar fuera toda la tensión de mi cuello y mis hombros. 
—Todo va a estar bien con Lily, lo sabes. Lo estás haciendo lo mejor que puedes —susurró. Oír su aprobación por mis esfuerzos con Lily fue un shock para mi sistema. Era algo que nunca había oído de nadie, y menos de mí mismo. Siempre había algo más que hacer, más de lo que preocuparse, más de lo que debería haber estado haciendo. La presencia de Miley en nuestras vidas era una prueba de ello. Pero, de nuevo, ella estaba llenando un vacío que yo no podía. Proporcionando un toque femenino. Y al ver la alegría que ella le trajo a Lily, yo no iba a robarle eso a Lily. Pero tener a Miley reconociendo mis esfuerzos, trabajando para calmar mis miedos, sacaba algo dentro de mí y mi corazón se apretó en mi pecho. Sabía que no me merecía a una mujer tan pura y perfecta, pero maldita sea, no quería alejarme de ella.
—Gracias —le dije, simplemente.
—Odié la manera en que dejamos las cosas... en el estacionamiento. — susurró contra mi piel.
—Shh —La acaricié, alejando sus miedos, apartando el mechón de cabello de su rostro—. Eso fue mi culpa. ¿Me perdonas?
—Um. Eso fue demasiado fácil. Es posible que recuerdes en que nos quedamos…— Le di un beso en la frente, su olor dulce envolviéndome. 
—Sé que no soy el tipo al que llevas a la casa de tus padres, y eso nunca me ha molestado hasta ahora, pero maldita sea, Miley. Lo siento... —Incluso si yo soy el primero en estar dentro de ella, el primero en follarla, ¿sería eso aún suficiente? ¿Estaría de acuerdo con el hecho de que tarde o temprano algún capullo con un buen coche y un trabajo de oficina llegaría a ella y le pondría un anillo en su dedo? Joder, no podía pensar de esa manera. Era lo que ella se merecía. Pero me gustaría tomar cada segundo que pudiera conseguir con ella hasta que llegara ese momento. Ella empujó mi pecho, ganando espacio y me aleje de ella. A la luz de la luna, sólo podía ver su silueta cuando se sentó para quitarse los zapatos y levantó su camiseta sobre su cabeza, empujando sus tetas fuera. Toda la sangre se agolpó en mi ingle y contuve un gemido. 
Tragué saliva, y tenía una respiración entrecortada. Era la jodida perfección. Presionó unos pocos besos suaves en mi garganta y mi pecho y sacudió sus caderas contra las mías. Todo se sentía diferente con ella. Claro, yo estaba muy excitado, pero era más que eso, también. No había nada sobre este sentimiento. Con cada gemido suave que obtenía de ella, cada vez que su mirada se encontraba con la mía, estaba enamorándome más y más profundo. Pero no le había pedido que fuera parte de mi vida porque sabía que eso no era realista. Había estado alrededor de nosotros, observo cómo funcionaban las cosas y no podía privar a Lily en esto. Cerré los ojos y traté solo de disfrutar del momento que estaba teniendo con ella. Llegué a su espalda y desabroche su sujetador, necesitando saborearla. Caray, daría mi huevo izquierdo por una probada. Planté varios besos con la boca abierta en cada uno de sus pechos desnudos. Ella acerco sus pechos, acercándose más cerca de mi boca. 
—No me provoques, pastelito. No si no estás lista para esto... —Mi voz era gruesa, y mi tono más amenazador de lo que pretendía, pero Miley se puso de rodillas en el centro de la cama y empezó a desabotonar sus pantalones vaqueros, lentamente deslizándolos por sus caderas, meneando su pequeño culo.
—Las bragas también —gruñí. Deslizó sus dedos por debajo del elástico de sus bragas y las bajó por sus
piernas, enviándolas a un lado de la cama junto con los vaqueros. Una vez que se desnudó por completo, me quité mi propia camiseta y tiré hacia abajo mis pantalones vaqueros, arrojándolos al suelo. 
—Ven aquí. —La recosté sobre su espalda, y separe sus rodillas hasta que sus piernas se abrieron lo más amplio que podían, antes de que se inclinara hacia adelante para saborearla. Cuando mi boca encontró su carne, su cabeza cayó hacia atrás contra la almohada y dejó escapar un gemido. Rodee su clítoris con mi lengua, jugando y chupando la carne delicada con mi boca mientras ella se retorcía debajo de mí. Sus caderas no permanecieron inmóviles, se levantaban al encuentro de mi boca como si tuvieran mente propia, y tuve que agarrar su cintura para que poder inmovilizarla. Podría hacer esto todo el día, pero no pasó mucho tiempo antes de que ella apretara el edredón en sus puños y gritara mi nombre cuando su
liberación se estrelló contra ella. Me arrastré hasta su cuerpo y la abrace contra mi pecho, donde rápidamente se encontró de nuevo. 
—¿Estoy perdonado ya? —Susurré en su pelo. Suspiró con satisfacción y dio unas palmaditas en mi espalda.
—Umm — Me reí entre dientes. Haciendo a un lado el hecho de que tenía una erección palpitante, me
habría quedado allí toda la noche mientras la sostenía, haciendo lo mejor que podía hacer para conquistarla. Pero después de unos minutos, cuando la respiración de Miley volvió a la normalidad, se subió encima de mí, a horcajadas sobre mi regazo. La sensación de su calor húmedo contra mi erección envió mi ritmo cardíaco a las nubes. La quería. Joder, la necesitaba.
—No puedes seguir deslizando tu dulce coño a lo largo de mi polla, cariño, a menos que estés lista para que lo meta en lo más profundo de ti.— Ella dejó escapar un suave gemido. La agarré por los brazos, lo suficiente para que supiera que esto era serio, pero no lo suficiente como para herirla, y la arrastré lejos de mí.  —No voy a ser capaz de controlarme, pastelito, y no quiero hacerte daño.
—Nick, por favor. Dentro de mí… —susurró. Aw, infiernos, al oírla suplicar casi me deshice. ¿Sabía lo que me estaba pidiendo?
—¿Estás segura? Tu primera vez debe ser con alguien importante, muñeca.— Su respuesta fue determinante. 
—Lo sé.— Mi corazón se contrajo de nuevo. Quería hacerla mía. 
—¿Segura que estás lista para esto?
—Sí —susurró, su voz ronca por el deseo. Me plantó un suave beso en la boca, y la sentí estremecerse cuando mi erección presiono contra su cadera. Me acerqué a ciegas a mi mesita de noche, incapaz de romper el beso y encontré el envoltorio de aluminio que estaba buscando. En cuestión de segundos me había puesto el condón, y una vez que el aroma familiar del látex flotó en el aire, mi polla tuvo mente propia, empujando contra el vientre de Miley como si estuviera buscando la entrada. Sabía que necesitaba ir más lento, pero sus gemidos diminutos y la forma en que ella movió las caderas contra las mías acabaron con mi paciencia. Puse una mano entre nosotros para situarme entre sus piernas y empuje hacia adelante, empujando la cabeza de mi polla contra su entrada, preparándome encima de ella. Miley se apoderó de mis bíceps mientras empujaba hacia delante con ligereza. Tomó aire y lo retuvo, mordiéndose el labio.
—¿Estás bien?—Sentí su aprobación. Aparté el pelo de su cara y le di un beso en la frente mientras empujaba de nuevo hacia delante. La presión de su entrada caliente apretándome era casi insoportable. Tiré hacia atrás y hacia delante por tercera vez, dejándome deslizar dentro, un poco más profundo. Vi el cambio de expresión de Miley cuando empecé a llenarla. Era hermosa de ver, los pequeños jadeos que se escapaban de sus labios entreabiertos, y sus sonrojadas mejillas. Cuando empujé más adentro, incapaz de mantenerme a raya de sentir el roce de nuestros cuerpos por más tiempo, Miley lanzó un grito suave que
estaba teñido de placer y dolor.
—¿Te hago daño?— Cerró los ojos y negó con la cabeza. 
—Sigue adelante —instruyó. Dios, estaba tan apretada, mi polla se sentía como si estuviera siendo estrangulada. 
—Santa mierda, pastelito, esto tiene que estar lastimándote. Dime si quieres que me detenga.— Su única respuesta fue una serie de gemidos diminutos. Sus ojos estaban cerrados, apretados por el placer o el dolor, no lo sabía. 
—Sólo tienes que ir lento, ¿de acuerdo?— Surgió una oleada de protección hacia ella, a pesar del enorme caso de bolas azules que me esperaba, eso me lleno las entrañas, y salí de ella por completo, sentándome en la cama.
—¿Nick? —Llegó hasta mí—. ¿Por qué te detienes?
—Porque te estoy lastimando.
—¿Y? —Su expresión era de confusión genuina—. Sabía que dolería la primera vez, pero todavía quiero... —Paso su mano por mis abdominales, dirigiéndose hacia abajo. Retiré su mano y tiré su cuerpo hacia el mío. Ella se metió en mi regazo, envolviendo sus brazos y piernas a mí alrededor y acuné su cuerpo al mío. Plantó besos insistentes a lo largo de la columna de mi cuello y sobre mi tatuaje.
—Joder, te quiero, nena. ¿Estás segura de esto?
—Dios, sí —se quejó ella. Llevé la mano a mi boca, aplicando saliva en ella y la lleve entre nosotros para frotar la humedad en la cabeza de mi polla. Miley estaba todavía empapada, pero tal vez esto ayudaría a aliviar lo suficiente mi entrada. 
—Ven aquí, nena. Desciende sobre mí. Vas a controlar la presión. Sólo toma lo que puedas manejar. —Me coloqué en su entrada, y Miley inmediatamente comenzó a empujarse a sí misma sobre mí. Contuve una cadena de palabrotas. Agarró mis hombros, clavando las uñas en mi piel, y tome las nalgas de su culo,
sosteniéndola firmemente.
—Nick —gimió, enviando una chispa de placer a través de mis entrañas, golpeándome directamente en las bolas. Quería dar rienda suelta en su apretado coño una y otra vez, pero me contuve, la sostuve firmemente mientras se levantaba y se sentaba en pequeños incrementos mientras se ajustaba a mi tamaño. Una vez que estuve completamente enterrado en ella, ella echó la cabeza hacia atrás y soltó un áspero gemido. Abrió los ojos y se encontró con los míos, su boca curvándose en una sonrisa maliciosa. Se sentía increíble estar enterrado en su dulce cuerpo, pero necesitaba que se moviera o iba jodidamente a explotar. Finalmente empezó a mecer sus caderas contra las mías. 
—Nick, oh Dios. —Me besó distraídamente, con la boca abierta chupando y mordiendo la mía. No era más coordinado de lo que era ella, nuestros labios se rozaban mientras respiraba contra su boca y ella murmuraba palabras cariñosas en mis labios. Toda mi atención se centró en su pequeño culo apretado mientras se hundía hacia arriba y hacia abajo en mí. Me montó más rápido, su pecho rozándome mientras se movía. 
—Sí, eso es cariño. Oh, mierda, justo así es, nena. —Conociendo mi autocontrol, yo sabía que no iba a durar, lleve una mano entre nosotros y froté con la yema de mi pulgar por encima de su clítoris hinchado, haciendo círculos a su alrededor. Apretó sus caderas contra la mías, gritando mi nombre.
—¿Estás cerca, nena? —Mordí sus labios, lo que hizo que aumentara la presión sobre su clítoris y levanté mis caderas para satisfacer sus impulsos, incapaz de contenerse por más tiempo.
—Nick . Voy a venirme.—Una oleada de orgullo se hinchó dentro de mí y me aferré mientras ella misma se bombeaba hacia arriba y abajo en mi polla, gimiendo y lloriqueando en una caída sexy de palabras incoherentes, hasta que sentí una oleada de humedad mientras se corría en mí. La fricción de sus apretadas paredes mientras apretaban y se contraían a mí alrededor me llevó al borde y gemí por mi propia liberación, derramándome dentro de ella.

sábado, 7 de febrero de 2015

Aviso!!

Hoolaa, llevo tiempo sin subir nada porque se me daño la compu, y no se cuando la pueda arreglar, creo que va para largo, asi que tengan paciencia con los capitulos, Gracias =D