martes, 4 de noviembre de 2014

It Was Always You - Niley- Cap 21


Me apresuro hacia el coche para abrirle la puerta a la Sra. Reynolds. Le extiendo mi mano para ayudarla a salir del coche. 
—Está caliente —le digo. Ella me da una palmada en la mejilla y le dice.
—Si yo fuera sólo sesenta años más joven, hijo mío.
—¿Hizo lo que le dije? —digo cerca de su oído. Ella resopló—. Tuve que decirle a Miley una ridícula frase que se me ocurrió.— La Sra. Reynolds y yo somos compañeros en el crimen de esta noche. El quiosco se ha terminado. Mi trabajo aquí ha terminado. Estuve con la anciana que Miley cuida alrededor de la ciudad hasta las seis. He estado planeando en mi cabeza esta noche juntos durante una semana. Una noche perfecta. Cuando doy vuelta y cojo la vista de Miley, estoy condenado al fracaso. Y sin palabras. La Sra. Reynolds dice: 
—No pongas esa cara asustada, Nick. No se ajusta a tu cara.— Miley se acerca a mí, con el vestido mostrando las curvas que recientemente había soñado.
—El mirador se ve muy bien —dice. No puedo ver lejos de ella. Demonios, no puedo quitar mis ojos de ella. Estas dos mujeres son probablemente mi gracia salvadora. Miley se sonroja, y luego se desliza para reunirse con la Señora Reynolds en el mirador. He puesto una mesa dentro del mirador con tres platos de comida, cortesía de mi jardín reservado y del Restaurante "Pequeña Italia". He añadido un calentador pequeño para mantener el quiosco caliente, y un radio portátil con la reproducción de música suave en el fondo. Después de tirar una silla para Miley, tiendo mi mano a la Sra. Reynolds.
—¿Quiere usted bailar, Señora?— Ella se ríe, pero me toma de la mano y tiro de ella en un giro depositándola en mis brazos. Ella grita. 
—Nick, por favor. Soy una señora de edad. ¿Dónde está mi bastón?
—Pensé que a las señoras mayores, les gustaban los hombres más jóvenes —bromeo, y bailamos lentamente hasta que la canción se ha terminado. Le llevo a su silla y la dejo ahí. 
—Lo mejor es mirar lejos de él, Miley. Él es peligroso —hago una mueca de dolor cuando me agacho para sentarme.
—¿Qué está mal? —Miley pregunta.
—Nada —le digo después de que todo el mundo se ha servido. Tomo una cucharada de la sopa y miro hacia arriba. Miley no me lo compraría. Ni la Sra. Reynolds—. Vale, vale. Competí en una lucha hoy por invitación. No es gran cosa.
—Yo no sabía que te habías unido al equipo.
—Fue una cosa de una sola vez. Me parece.— La Sra. Reynolds termina su sopa y ondea la cuchara hacía mí. 
—Es posible que tenga una costilla rota.
—Estoy seguro de que es sólo una magulladura —digo, tratando de tranquilizar tanto a ella como a mí—. Justo antes de cubrir a Vic en la segunda ronda, me tiraron al suelo y tomó un período de cinco puntos.— He ganado la pelea, pero el entrenador aún así me mando al infierno por jugar sucio la primera ronda.
—No puedo esperar hasta ver los narcisos —Miley dice, con los ojos brillantes con las velas brillando sobre ellos. Mis manos están húmedas por el nerviosismo, no tengo idea de por qué—. Vas a tener que tomar una foto para mí y enviarla a España.— Todavía no puedo creer que ella se vaya. Justo cuando me enamoré de ella.
—Hablando de España... —la Sra. Reynolds tiene las manos en un sobre—. Disfruta de tu viaje, pero siempre recuerda de dónde vienes.— Miley pone un vaso lleno de agua frente a ella. —¿Quién puede olvidar el Tennessee?— Chocamos nuestros vasos. Después de comer, abro las cajas de Irina, la chef de la tía Mae. Como puedo coloco las tartas en frente de Miley y la Señora Cyrus, jurarías que se pusieron de acuerdo por las expresiones en sus eufóricos rostros. Todos tomamos un tenedor y probamos.
—Este ha sido el día más magnífico de mi vida desde que Albert murió, descanse en paz. Gracias a ambos. Pero estos huesos cansados necesitan un descanso.
—¿Estás bien? —Miley pregunta, la preocupación marca su voz. Los dos nos levantamos para ayudarla.
—No, ustedes dos siéntense y disfruten. Sólo necesito descansar un poco.— Independientemente de que la anciana está renegando. Miley la lleva al piso de arriba mientras yo limpio los platos. 
—¿Ella está bien? —pregunto cuando Miley vuelve al exterior.
—Creo que sí. Ella fue al doctor ayer. Él quiere hacerle algunas pruebas, pero es demasiado testaruda para ir.— Puedo ver a Miley. Dios, cualquiera que esta con ella se ve infectado por su humildad y honestidad. 
—¿Bailamos?
—No puedo —dice—. No con mi pierna...— Tomo su mano en la mía y la conduzco de nuevo al quiosco. 
—Baila conmigo, Miley—la insto poner un brazo en mi espalda y la acerco a mí. Nos domina de la música. Poco a poco se relaja en mis brazos. 
—Nunca imaginé que sería así —dice ella en mi pecho. Cuando la pierna le empieza a doler, hago lugar en el suelo y nos acostamos el uno al lado del otro.
—¿Qué viste en Delta? —se pregunta. Caray, ni yo lo sé. 
—Ella era muy popular y bonita. Alguien con quien todos los chicos querían salir. Solía mirarme como si yo fuera el único hombre que pudiera hacerla feliz —ella se sienta—. Muy bien, ahora sueno como un idiota —yo era uno. Se acuesta a mi lado, utilizando mi brazo como almohada. Vemos las velas quemándose una por una. Cuando sólo hay una vela a la izquierda, la beso suavemente en los labios trazando sus curvas con las manos hasta que tengo el aliento débil.
—Déjame ver tus cicatrices —digo cuando estamos los dos jadeando y tratando de aspirar de nuevo. Hago uso de la orla de su vestido en mi puño y deslizo lentamente el material hacía arriba. Ella toma mi mano con la suya y alisa el material hacia abajo. 
—No.
—Confía en mí.
—Yo... no puedo —murmura—. No con mis cicatrices.— Sus palabras me golpearon como el azote de una puerta. Porque aunque ella piensa que ella me perdonó, aunque hizo promesas de perdón, incluso si ella me besa como si yo fuera su héroe, finalmente se da cuenta que no puede superar su ira en su interior. Y nunca va a confiar en mí. Me acuesto de nuevo, totalmente frustrado, y poniendo mi brazo sobre mis ojos. 
—Esto no va a funcionar, ¿verdad?— Miley se sienta. 
—Estoy tratando —dice ella, con su voz llena de pesar. Quiero decirle a Miley que no soy el responsable de lastimar a su pierna, pero no puedo. ¿Qué pasa si Emily estaba en lo cierto? No puedo dejar que mi hermana vaya a la cárcel cuando ya he pagado por su error. Estoy comprometido a vivir con esa culpa para siempre. La noche del accidente, se suponía que debía llevar a casa a Emily. Pero yo estaba demasiado borracho y enfurecido por las acusaciones de Miley. Que quedarme con Delta y asegurarme de que no se fuera a casa con otro individuo fue más importante que cualquier otra cosa. Mi maldito ego. No tenía idea de que Emily se llevó mis llaves hasta que ella volvió a la fiesta despotricando como loca acerca de un accidente. El resto, como dicen, es historia.

Tenía todo lo que quería y lo estropee. Nick me amaba, todo lo que tenía que hacer era mostrarle mis cicatrices para probarle lo mucho que confiaba en él y amarlo de vuelta. Pero no pude. Algo me estaba jalando hacia atrás a mi coraza protectora. Le dije a mi mamá que estaba muy enferma para ir a la escuela hoy, así que estoy acostada en la cama. El vestido que la señora Reynolds me compro está colgado en mi armario, un cruel recuerdo de la noche más romántica de mi vida. Gane a Nick y lo perdí igual de rápido. Cuando me llevo a casa y aparcamos, me dio una pequeña sonrisa y dijo que siempre habíamos sido amigos y seguiríamos siendo amigos. Eso es lo más importante. ¿Verdad? ¿Entonces porque he estado llorando toda la mañana? Llame a la casa de la Señora Reynolds para ver cómo estaba después de anoche. El señor Reynolds responde el teléfono. 
—¿Hola? —dice con voz agitada.
—Hola, es Miley…. ¿Está la señora Reynolds ahí?— El señor Reynolds no dice nada por un largo tiempo y en mi garganta se forma un gran bulto.
—Mi mamá murió esta mañana, Miley.
—No —susurro mientras mi vida se viene abajo—. No puede ser verdad. Estábamos juntas. Anoche ella estaba bailando y riendo y…
—Ella estaba agradecida de tenerte en su vida —el dice—. Ella te quería como una nieta. Más que eso, ella te quería como a una amiga.
—¿Dónde está? ¿Estaba sola cuando murió?— El Señor Reynolds solloza. 
—Se la llevaron en una ambulancia. Ella murió cuando dormía, sin dolor. Su corazón ha estado mal por años, Miley. Sólo era cuestión de tiempo.— Lágrimas resbalan por mis mejillas mientras recuerdo todo el tiempo que pasamos juntas estos últimos meses. Ella me enseño tanto sobre la vida.
—Los narcisos… ella nunca vera florecer los narcisos —le digo, ahogando mis emociones.
—Mamá adoraba los narcisos. ¿No es así?— No sé que mas decirle. La señora Reynolds pudo haber sido grande en años, pero todavía había tanto que había planeado. Invitarnos a mamá y a mí a cenar, ver los narcisos florecer en la primavera. Comiendo los pasteles de Irina.
—La voy a extrañar.
—Se que lo harás. Ella nunca quiso un funeral. Decía que eran sólo una excusa para que la gente deprimida haga charlas sin sentido.— Sonrió con nostalgia. 
—Eso suena a ella. Ella me acusó de eso ayer, lo que me recuerda… un vestido. Ella compro un vestido.
—¿El azul colgado en la silla del cuarto?
—Sí. Si ella va a ser enterrada… —no puedo siquiera sacar las palabras.
—Me asegurare de eso. Escucha, si quieres venir y tomar algo de la casa antes de que la vendamos, puedes hacerlo.
—No puede vender la casa… los narcisos, el mirador… todo lo que le importó en los últimos dos meses todo para nada.— En la tarde, mi mamá me conduce a la casa de la Señora Reynolds por última vez. Ella está sosteniendo mi mano mientras Lou nos saluda. 
—Toma lo que quieras, Miley. En el cuarto de lavado, toda limpia y doblada, esta la muumuu.— La recojo y la aprieto contra mi pecho. Era la manera de protegerme de la Señora Reynolds, cubriendo mi ropa para que no me ensuciara. 
—¿Puedo tener esto? —pregunto. El Señor Reynolds luce sorprendido de que lo quisiera, pero dice: 
—Hablaba en serio cuando dije cualquier cosa.— Hay dos cosas más que quiero. Me dirijo hacia la cocina y abro gabinetes hasta que lo encuentro. Mi mamá esta encogiéndose de hombros al Señor Reynolds, quien esta tan desconcertado como ella. 
—Tiene que estar por aquí en algún lado. Aja.— Abro uno de los cajones de la parte superior, y en un pedazo de viejo, manchado y rasgado papel de lino, esta la receta de sus galletas favoritas Snickerdoodle.
—¿Algo más?
—Una cosa más.— Mamá y el Señor Reynolds me siguen hasta el ático. Me dirijo al baúl y lo abro.
Sosteniendo un marco de foto, digo: 
—Esto es lo último.— El señor Reynolds dice: 
—Es tuyo.—Miro la foto de dos personas locamente enamoradas en su día de bodas. Que los dos descansen en paz.

Miley no asistió ayer a la escuela, y no la he visto en toda la mañana. Hoy me he pasado dos veces por su casillero, pero ella ha estado tan elusiva como un fantasma. Durante el tercer periodo no logro concentrarme. Así que tomo el pase para el baño y salgo por la puerta. Pero no me dirijo directamente hacia el baño. Volteo la esquina y me dirijo por el corredor hacia donde sé que se encuentra su casillero. Me he convertido un acechador.
—¿Estás buscando a alguien, Nick? —es Delta, con su propio pase colgando de sus dedos—. ¿Tal vez a Miley Cyrus?
—Deja de estar jugando conmigo, Delta.— Ella destella una macabra sonrisa.
—No, en serio. Es solo que no logro entender que es lo que ves en ella.
—Nada —solo lo digo para quitarme de encima a mi ex—. No veo nada en Miley Cyrus. Lo único que ella ha sido es una distracción por no poderte tener a ti. —la mierda fluye porque necesito proteger a Miley y a Emily a cualquier precio. El sonido de alguien detrás de mí me hace voltear. Es Miley. Ha escuchado cada una de las falsas palabras que han salido de mi boca. Delta se escabulle hacia ella.
—¿Nick, le has dicho a Miley la verdad respecto el accidente?
—Delta. No lo hagas —digo en un tono de advertencia—. O le daré una pista a Brian sobre lo que ha estado pasando entre tú y yo.— Si Delta tuviera garras, las tendría afuera y seria mortal. Miley cojea en mi dirección.
—¿Qué es lo que ha estado pasando entre tú y Delta, Nick?— Delta coloca las manos sobre sus caderas, lista para que comience la pelea.
—Sí, Nick. Dile cuanta veces hemos estado juntos desde que regresaste— ¿Qué puedo decir? Quiero contarle la verdad a Miley, voy a decirle la verdad. Respecto a todo. Pero no aquí, no enfrente de Delta. Ella no tiene nada que ver conmigo y con Miley.
—Di algo —ordena Miley, sus ojos están en llamas. Cuando no lo hago, ella me da una bofetada y se aleja cojeando.
***
Odio las reuniones de motivación. Así que me parece demente estar atrapado en medio de una el día de hoy, entre todos los días. Pero aquí me encuentro, en el medio de la multitud de atletas mientras las porristas guían al resto de la escuela para animar a todo el cuerpo estudiantil. Como si un grupo de luchadores quisiera ser "animado". Pero los chicos tomarían cualquier excusa para saltar una hora de clase. Meyer se para en el podio como si fuera el presidente de los Estados Unidos en lugar de ser el director de una escuela de un pequeño pueblo.
—Acomódense, todos. Acomódense —el lugar sigue estando ruidoso, pero es lo mejor que va a lograr y lo sabe.
—Es el momento de conmemorar a los estudiantes que representan a las Panteras de Tennessee en competencias deportivas.— La multitud se comienza a agitar, el piso del gimnasio vibra por el ruido.
—Tranquilícense. Tranquilícense. Esta tarde vamos a honrar a nuestros atletas. Cada entrenador subirá al podio y anunciara a cada uno de los miembros de su equipo. Vamos a comenzar con el equipo más grande… ¡Futbol!— Esto lleva a las porristas a un frenesí, pateando y haciendo volteretas por todo el gimnasio
—Levanten la mano cuando diga su nombre —dijo el entrenador de futbol—. Adam Albers, Nate Atkins, Max Ballinski, Ty Edmonds... —la lista sigue y sigue por lo que parece durar para siempre.
Estoy parado al lado de Brian.
—Viejo, esto es una tortura.
—Dímelo a mí —dijo él. Pero cuando el entrenador Wenner sube al podio, los chicos del equipo de lucha de Tennessee no están dispuestos a aceptar un puesto de atrás. Comienza un rugido detrás de mí.
—¡Wee-ner! ¡Wee-ner! ¡Wee-ner!— Los chicos están pronunciando mal el nombre del entrenador a propósito. Apuesto que Wenner ya está planeando cuantas lagartijas extras hará el equipo para pagarle por eso. El resto de la escuela se une, aunque los profesores están tratando de ponerle fin al más mínimo grito.
—¡Wee-ner! ¡Wee-ner!
—Está bien, jaja, muy gracioso. Ya se rieron, ahora vamos a hacerlo —dice el entrenador—. Andy Abrams, Nick  Jonas, Adrián Cho, David Grant...
Aunque nuestra escuela es pequeña, lleva un buen rato pasar por todos los nombres. Finalmente, después de haber estado una hora atascado en este caluroso gimnasio, Meyer vuelve al micrófono y nos despacha a nuestro tercer periodo. Tratar de salir es como una escena de un levantamiento colectivo. Todo el mundo esta tan ansioso como yo por escapar. Pero me quedo atrás. Escaneo las tribunas. Mi hermana está mirando hacia abajo, ignorando todo excepto las escaleras. Miley está parada con el resto de la multitud empujando entre ellos tratando de salir. Parece tan frágil parada allí, como un pájaro rodeado por una estampida de elefantes. Hay algunas sacudidas y empujones. Dos alumnos de tercer año están peleando. Y es justo donde Miley está parada.
—¡Miley, cuidado! —grito, pero ella no alcanza a escucharme. No se da cuenta de la conmoción que hay tras ella, pero soy muy lento y hay mucho ruido. El tipo es golpeado en dirección a Miley, quien tropieza tres pasos y cae sobre sus rodillas.
—¡Miley! —grito, empujando a la gente fuera de mi camino para poder llegar hasta ella. Finalmente la alcanzo y me arrodillo a su lado
—¿Miley, estás bien?— Ella pestañea, parece como si estuviera mareada y se sienta.
—Mi-ley , Mi-ley, Mi-ley —La multitud comienza a canturrear. Miro a la multitud y grito.
—¡Callen esa boca de mierda! —pero nadie me escucha. Agarro el codo de Miley. Ella trata de soltarse pero yo la aprieto—. ¿Estás bien? —le pregunto una vez que ella se encuentra en pie. La mayoría de los chicos han parado de gritar su nombre, pero algunos idiotas siguen sin tener nada mejor que hacer. Drew me agarra del hombro y me hecha hacia atrás. 
—Nick, ¿por qué la estas ayudando? La perra es responsable de haberte puesto en la cárcel.— Yo tomo mi puño y golpeo justo en el rostro de Drew. Él se me viene encima y estamos uno sobre el otro, puños volando, hasta que Wenner y otro entrenador nos separan.
—¿Dónde está Miley? —pregunto yo. Wenner me mira como si yo estuviera loco.
—En la enfermería.
—Tengo que verla.
—La única cosa que vas a ver es la oficina del director, Jonas. ¿Qué es lo que te pasa?— Soy escoltado a la oficina de Meyer. No tengo opción, ya que Wenner me tiene clavadas las muñecas a la espalda.
—Espera aquí por el Sr. Meyer —ordena el entrenador. Pero tan pronto como él deja la oficina, yo salto sobre el escritorio de enfrente y abro la puerta de la enfermería. Los pantalones de Miley están enrolladlos justo por encima de sus rodillas. Mi mirada se enfoca inmediatamente en sus cicatrices. Las furiosas líneas de donde los doctores debieron haberla cocido están rosadas y su pierna luce como si un animal feroz la hubiera arañado. Por su rodilla, donde está el grupo más grande de marcas, creo que tiene un injerto de piel, porque es más oscura y no concuerda con el resto de su suave piel color marfil. Apartando la vista de su pierna, levanto la mirada en dirección a ella. 
—Lo siento, Miley—digo. Su expresión es severa, sus ojos cerrados.
—Vete, Nick. ¿O quieres tomar una foto para poder mostrársela a Delta? Así tendrían los dos algo de que reírse.

miércoles, 29 de octubre de 2014

It Was Always You - Niley- Cap 20


Estoy tarareando una vieja canción que mi madre solía cantarme cuando me metía en la cama, cuando tenía miedo de la oscuridad y me negaba a ir a dormir. La vida era menos complicada entonces. Mi papá vivía en casa y el único trabajo de mamá era, bueno, tan solo ser madre. Ahora está trabajando como camarera y saliendo. De acuerdo, esa última parte es mi culpa. No puedo culpar a mi mamá por su cita esta noche. Gracias a Nick, estoy llegando a términos con eso. Esa primera noche me besó mágicamente. Estaba toda preparada para ser solo amigos, apreciando nuestra relación platónica, cuando de repente se convirtió en algo más. Cuando estoy con el no pienso en mi cojera. Todo lo que pienso es como se siente el ser capaz de hablar y compartir y besar. ¿Y enamorarme de Nick Jonas otra vez? No lo sé. Estoy tan nerviosa y asustada de ser herida de nuevo, que mantengo una pared para que mi corazón este protegido.
Poco a poco ha estado socavando esa pared. Después del trabajo nos hemos estado bajando del autobús dos manzanas más atrás para que podamos robar unos pocos minutos extras juntos. Desafortunadamente, hoy tenía una reunión con algún consejero del Departamento de Correcciones. Dijo que era importante, así que espero que le vaya bien. Le he perdonado por el accidente. Hace dos días intentó proponerlo, diciendo que tenía algo importante que decirme sobre eso. Lo corté con un beso y promesas de perdón. El viento está soplando, y las hojas están empezando a caer. Es el final del verano. Los árboles, hierba y flores se están preparando para la inactividad. Conforme planto el último de los capullos de narcisos para la Señora Reynolds, pienso en el invierno que tendrán que sobrevivir antes de descongelarse y estar listos para su primer vistazo al sol. Miro hacia arriba y paro de soñar despierta sobre canciones y árboles y Nick para encontrar a la Señora Reynolds de pie sobre mí. Dejo de tararear. 
—Estás muy alegre hoy.
—Solo tengo cinco capullos mas antes de terminar —le digo.
—Eso es una cosa buena, también —dice, mirando hacia el cielo anocheciendo—. El tiempo está cambiando. Ya siento un frío invernal en el aire.
—Yo también —después de terminar el último capullo, nos sentamos y cenamos.
—Me gustaría invitarte a ti y a tu madre a cenar una noche. Pero solo si está bien para ti.
—¿Por qué no lo estaría?
—Porque mi hijo ha estado saliendo con tu madre más de lo que lo ha estado en los últimos tres años. Lo he estado entrenando, ya sabes.
—¿Lo has hecho?
—¿Llevó Lou chocolates la primera vez que fue a tu casa? —asiento.
—Ese era mi consejo. Le dije que llevara rosas amarillas a tu madre porque son la mejor manera de empezar…
—No eran rosas amarillas —levanta una ceja—. ¿No lo eran?
—No. Tulipanes.
—¿Amarillos?
—Púrpuras.
—Uhm. Y los chocolates, ¿eran caramelos?
—Frango Mints. Muy sabrosos.
—¿Sabrosos, eh? Mucho para el consejo de una madre —río. Mi jefa agita sus brazos al aire. 
—Suficiente holgazanería, Miley.— Cuando estamos guardando los platos, la Señora Reynolds se balancea y se sujeta al borde del mostrador para apoyarse.
—¿Está bien? —pregunto, tomando su plato y dirigiéndola al sofá.
—Estos nuevos medicamentos están causando estragos en estos viejos huesos, eso es todo. Nada por lo que preocuparse.— Yo me preocupo. Antes de dejar su casa, llamo al Comedor de la Tía Mae y le digo al Señor Reynolds que la controle. Me dirijo a la parada del autobús después de convencerme de que está bien. Un coche me grita cuando camino. Lo reconozco como el mismo coche con los tipos con los que se peleó con Nick.
—Hey, es la novia retrasada de Nick Jonas—alguien grita por la ventana. Me muerdo el interior del labio y sigo andando.
—Creo que te quiere, Vic. Por qué no le muestras un buen rato —alguien más dice. Luego todos ellos se ríen. El coche está yendo despacio a mi lado. Solo espero que no bajen del coche. Si paro de andar, ¿saldrán? ¿Me harán daño? Un miedo profundo, tan intenso que estoy temblando por dentro, no me deja parar. No puedo volver a la casa de la señora Reynolds. Está demasiado lejos y no puedo correr más rápido que estos tipos. Hay casas que bordean la calle. Podría intentar tocar el timbre y pedir a alguien que llame a la policía. Un plan se forma en mi cabeza. Me doy la vuelta y me dirijo en dirección contraria, la dirección por la que venía. Pero en el proceso me caigo. Mis manos me escuecen y siento humedad pegajosa goteando por mi rodilla del corte que me acabo de hacer de la caída.
—¿Tuviste un buen viaje? —uno de ellos grita por la ventana. Me levanto y cojeo más rápido, rezando por que el coche no se vuelva y me siga. Porque si lo hacen, no sé cómo voy a manejarlo. Escucho el sonido del coche girando. No me atrevo a mirar atrás y darles otra razón para venir tras de mí. Pero difícilmente puedo oír nada aparte del jadeo furioso de mi propia respiración. El alivio corre a través de mí cuando el autobús hace un estruendo calle abajo. Me apresuro a la acera y le hago señas al autobús para que pare, luego miro para ver si el coche está todavía por aquí.
—¿Estás bien? —pregunta el conductor del autobús.
—Estoy bien —digo, luego me escabullo al final para sentarme. Nada puede curarme, ninguna cantidad de terapia o cirugías. La vieja Miley, la estrella del tenis sin cojera debilitante, la vieja Miley, quien podía huir del peligro, no existe. Nick está fuera cortando el césped conforme bajo la calle. Para el motor y se precipita a mi tan pronto como mira hacia a mí.
—¿Qué ha pasado? Dime que ha pasado.— Estoy intentando contener las lágrimas. 
—Estoy bien.— Mira alrededor para asegurarse de que la gente no está mirando, luego acuna mi cara en sus manos. 
—No estás bien. Maldita sea, háblame.— Lo miro con desesperación. —Fue este tipo, Vic.
—Lo mataré si te ha tocado —gruñe, mirando mis pantalones rasgados manchados de sangre.
—No lo hizo. Él y sus amigos solo me asustaron, eso es todo.
—Me aseguraré de que no vuelva a suceder, Miley.—Le sonrío afectuosamente. 
—No vas a ser siempre capaz de protegerme. ¿Qué vas a hacer cuando esté en España?, ¿volar y golpear a todos los tipos malos que se rían de mi?

No dije que Vic iba a pagarlo, pero no sabía cómo hacerlo... legalmente. Es decir, hasta que ayer mientras estaba hablando con los chicos en el almuerzo me dijeron que Vic competiría hoy con su escuela en nuestro torneo de lucha. Soy oficialmente un luchador de Tennessee Panther ahora. Y sólo tengo que vencer a cuatro chicos hasta que esté cara a cara en la colchoneta con Medonia. Como yo sospechaba, nosotros estamos todavía en la misma clase de peso. Creo que es lo que le pasa a los chicos que consumen esteroides en grandes cantidades. Estoy en el vestuario con el resto del equipo, preparándome para el partido.
—Nick, te ves como si estuvieras a punto de matar a alguien —me dice Brian mientras estoy saltando a la cuerda para calentarme.
—Él está en la zona —dice Drew—. ¿No es así?— No respondo. El entrenador Wenner me detiene y me da una palmadita en la espalda. 
—No has estado practicando, Jonas. ¿Seguro que estás listo?— Puse mi protector bucal 
—Si entrenador.— Gano mis dos primeras peleas inmovilizándolos en el primer minuto. El tercer encuentro me llevó un poco más. Creo que lo inmovilicé en noventa segundos.
—Nick estás que te sales —grita Tristán mientras está tapando un sangrado por la nariz de su pelea anterior. Yo me enfoco mientras ellos me llaman y Medonia sube a la colchoneta. No puedo esperar para quitarle esa sonrisa de suficiencia de su cara.
—¿Cómo está tu novia? —pregunta.
—Mejor que la tuya cualquier día.
—Ella está lisiada Jonas.
—Tú serás el cojo después de esta pelea.— El árbitro coloca las manos entre nosotros. 
—Juego limpio, chicos.— Cuando la pelea comienza, yo lo empujo con todas mis fuerzas hasta que cae. Desafortunadamente, él rueda fuera de la colchoneta y el árbitro toca el silbato.
—Precaución, Panthers. Punto para Fremont.— La siguiente vez que comenzamos, Medonia lo hizo lentamente. Me moví fuera de la colchoneta cuando la competencia inició y Medonia paso volando junto a mí. El árbitro toco su silbato. Cuando la pelea comienza otra vez, tengo una advertencia más por el control ilegal que terminó con mi codo en la cara de Medonia. Una advertencia más y estaré descalificado. Suena el silbato, y el árbitro dice en voz alta, 
—Tenemos a un Fremont sangrando profusamente. Dos minutos de descanso.— El entrenador Wenner viene hacia mí, sus ojos llameantes. 
—¿Qué estás haciendo? Mi equipo no juega sucio, Jonas. Ahora, o sales ahí y tratas de ganar ese juego o lo pierdo por ti. ¿Cuál escoges?

La señora Reynolds va ser la muerte para mí. Ella está decidida a ponerme al volante de su negra monstruosidad guardada en el garaje.
—Es un clásico —dice la Sra. Reynolds, con la barbilla en alto mientras la puerta del garaje se abre y se revela el Cadillac.
—Yo… yo realmente no estoy lista para conducir todavía —digo—, pero usted puede conducir y yo me montaré en el lado del pasajero.— La Sra. Reynolds abre la puerta del pasajero y se desliza en el asiento.
—Cariño, mis ojos no pueden ver a más de dos pies en frente de mí. Vamos, ahora. Estamos perdiendo tiempo.—Ella baja su mano por la ventana, las llaves colgando de sus dedos. Ella bate los dedos, las llaves tintinean unas con otras. Estoy jadeando y resoplando mientras deslizo las llaves de su mano, esperando que ella entienda la indirecta. Ella no lo hace. Abro la puerta del lado del conductor y me deslizo en el asiento delantero. Wow. El cuero blanco es suave, y la parte posterior del asiento es tan grande como un viejo sillón reclinable Lay-Z-Boy. Miro por la ventana del frente. El capó es ancho y tiene ese brillante símbolo de Cadillac. Me vuelvo a la Sra. Reynolds, que tiene su pequeño bolso perfectamente apretado en su regazo, lista para salir. Hacer sentir a la señora orgullosa de mí sería tan magnífico. Pero… no estoy lista. Eso creo.
—No puedo hacer esto —le explico, esperando a que ella lo entienda. Ella no está atendiendo nada. Solo por la severa mirada de su cara, lo sé.
—Miley, mete la llave en el encendido —lo hago.
—Ahora gira la llave y arranca el auto —giro la llave.
—¿De qué tienes miedo, cariño?
—De golpear a alguien. Estar en un accidente —trago.
—Esta parte de ti tiene que cambiar, lo sabes. Estar asustada de asumir riesgos es mucho más espeluznante que estar haciendo cosas que te reten
—No he conducido desde el accidente.
—Es hora de que lo hagas, entonces —sacudo la cabeza—. Retrocede despacio para no golpear la valla —la Sra. Reynolds se voltea hacia el frente y abrocha su cinturón de seguridad. Abrocho el mío también. No tengo ni idea de por qué la señora me hace hacer cosas que no quiero hacer. Es como si ella tuviera poder sobre mí. Tomo un respiro profundo, presiono mi pie sobre el freno, y pongo el auto en reversa. Poco a poco suelto el freno, retrocedo y me aseguro de que todo está limpio para retroceder a la calzada.
—Cuidado con el buzón de correo —aconseja la Sra. Reynolds. Estamos a salvo en la parte inferior de la calzada y yo retrocedo hacia la calle. Estoy tratando de convencerme a mí misma de no tener un ataque de pánico, pero no creo que esté teniendo demasiado éxito. Una parte de mí está emocionada por volver a manejar y sacar el miedo de mi vida, por el otro lado quiero poner el auto en el estacionamiento y cojear a casa. Oigo la voz de Nick dentro de mi cabeza, empujándome a hacerlo. La Sra. Reynolds me da una palmadita en la rodilla. 
—Bien hecho, Miley.— Con ese voto de confianza, puse el auto en inicio y lentamente conduje por la calle. Mis pies no están acostumbrados a los pedales y es muy difícil parar y acelerar demasiado rápido. 
—Lo siento —le digo después de haber llegado a una señal de alto y la Sra. Reynolds se sacude hacia adelante. Ella se aclara la garganta. 
—No hay problema. Vamos a tomarlo con un poco más de calma con el acelerador y el freno, ¿bien?
—Uh, seguro —pero cuando es mi turno de cruzar la intersección, quito el pie del freno y presiono suavemente el acelerador. Empujo un poco porque no quiero que la Señora Reynolds se sacuda hacia adelante. Pero ahora estoy haciéndolo peor. Ups. 
—Usted probablemente sería una mejor piloto, aún con sus problemas de visión —digo seriamente.
—Yo podría estar de acuerdo contigo, querida. La próxima vez intentaremos eso, recuérdame tomar algo de Dramamine para el mareo.—Le doy una mirada de soslayo. 
—Luces como si fueras a estar enferma.
—Sólo mira a la carretera, no a mí —ella ordena—. Mi aspecto enfermizo no tiene nada que ver con tu forma de conducir.— Ella me dirige a un lugar llamado Monique’s. Éste tiene hermosos vestidos en el mostrador. En el momento en que llegamos allí mis nervios han pasado de sobre estimulados a marchar lentamente. Sigo a la Sra. Reynolds a la tienda. Vestidos de todos los colores y diseños están colocados en los bastidores de la tienda. La Sra. Reynolds pasa sus dedos sobre un vestido corto, de seda azul claro. 
—¿Sabes cómo detectar el material de calidad?— Levanto mi mano y recorro el tejido suave con mis dedos. 
—Nunca he prestado atención a las telas.
—Cada tejido tiene su propia personalidad, al igual que mis narcisos. Para algunos, la suavidad y el peso importan. Para otros, es la forma en que se mueva la tela… y no puedes descartar los colores vibrantes.
—¿Cómo sabe tanto?
—Cariño, cuando estás tan vieja como yo, sabes más de lo que quisieras saber.— Una mujer que trabaja en la tienda viene a nosotras, vistiendo un pantalón color ciruela y el cabello rubio bien peinado y rizado en las puntas. 
—¿Puedo ayudarlas, señoras?
—Estamos buscando un vestido —dice la Sra. Reynolds, entonces apunta hacia mí—. Para esta jovencita.
—¿Para mí? —digo, siguiéndola mientras la señorita nos conduce a través de la tienda. La Sra. Reynolds se detiene y se vuelve hacia mí. 
—Necesitas algo para darle vida a tu guardarropa, Miley. Todo lo que vistes es sólido, y para ser completamente honesta, la ropa es un poco grande y casual.— Miro mis pantalones de algodón y mi camiseta gris. 
—Son cómodas.
—Y totalmente apropiadas para descansar en casa. Pero vamos a tener una cena esta noche y quiero vestirte. Considéralo un regalo adelantado de navidad.— La vendedora nos lleva a un stand con vestidos de coctel cortos. 
—Estos acaban de llegar de Europa. Es una nueva mezcla de seda/lavable.— La Sra. Reynolds desliza el vestido de seda, de color verde azulado entre sus dedos. 
—Demasiado rígido. Está acostumbrada al algodón, así que me gustaría una tela más suave.
—Yo no me pongo vestidos cortos —les digo. La mujer nos lleva a la otra esquina de la tienda. 
—¿Qué tal una mezcla de algodón/lana?— La Sra. Reynolds sacude la cabeza 
—Demasiado caliente.
—¿Rayón?
—Demasiado pegajoso.— Yo esperaba que la señorita estuviera frustrada, pero ella sólo puso su mano en su barbilla, pensando. 
—Puede que tenga algo que les guste en la parte de atrás. Esperen aquí —ella va a la parte trasera de la tienda y sale un minuto después con un vestido amarillo colgando de su brazo. Se lo tiende a la Sra. Reynolds, y dice
—Es de Suecia. Un nuevo proveedor nos lo envió para su evaluación.— La Sra. Reynolds ojea el vestido, a continuación, frota el borde de la tela entre su dedo pulgar e índice.
—Amo la tela, pero el color es atroz. Ella se vería como un limón agrio en esto.
—Viene también en color champagne. Voy a buscarlo.
—Es un tono hermoso —digo cuando ella saca el vestido de color Champagne. Me lo pruebo en el vestidor. Éste tiene tirantes delgados y escote recogido. El centro está ajustado en la cintura antes de que las ondas del material caigan y paren justo encima de mi tobillo. Cuando camino delante del espejo difícilmente puedes notar que cojeo. La mujer sonríe cuando modelo para ellas. 
—Creo que tenemos un ganador.— La señora Reynolds chasquea sus labios.
 —Es perfecto. Vamos a llevarlo.
—Tienes una abuela muy generosa —la vendedora me dice. Miro a la Sra. Reynolds, que está al otro lado de la tienda, mirando otro vestido. 
—Lo sé. Yo no podría haber elegido una mejor.— Cuando regreso al vestuario para quitarme el vestido, la señora Reynolds me detiene. 
—Mantenlo puesto, Miley. Vamos a ir a cenar de aquí y no tendrás tiempo de cambiarte
—¿Qué vestido se está probando?
—Las ancianas no necesitan vestidos nuevos. Ahora deja la charla y vamos a seguir adelante.— Puse mis manos en mis caderas ceñidas en color Champagne. —Yo no voy a dejar esta tienda hasta que usted también compre un vestido nuevo.— La boca de la Señora Reynolds se abre en estado de shock. 
—No ponga ese gesto de asustada, abuela —digo, copiando su famoso dicho—. No se ajusta a su cara.— Su boca se cierra. Entonces echa la cabeza hacia atrás y suelta una risa descarada. Media hora más tarde estamos de vuelta en el Cadillac. Podría añadir que la Sra. Reynolds está vistiendo un nuevo conjunto azul pálido de satén y rayón con una chaqueta a juego.
—Quiero que deduzca dinero de mi cheque por el vestido. Insisto —le digo. La Sra. Reynolds solo sonríe sin responder—. Hablo en serio, Sra. Reynolds.
—Sé que lo haces, querida, y aprecio eso. Pero yo lo estoy comprando con mis propios fondos.— Sacudo la cabeza en señal de frustración. 
—¿Y ahora?
—Un recorrido circular.
—¿Eh?
—Solo dirígete hacia la Tía Mae y verás.— Yo giro el auto y conduzco a la cafetería. La Sra. Reynolds se agacha. 
—Ve a la parte de atrás, donde está el contenedor —susurra—. Y no dejes que nadie te vea.— La mujer está seria. Me deslizo en el asiento y conduzco el auto hacia la parte trasera del restaurante, como si estuviéramos aquí para robar el lugar. Me detengo cerca de los contenedores de basura. 
—¿Qué estamos haciendo aquí? —digo en voz baja, y luego me pregunto por qué estoy susurrando. Su hijo es dueño del restaurante.
—Mantén el auto en marcha, solo sal y toca la puerta de atrás tres veces. Luego haz una pausa dos segundos y después golpea otras tres veces —la Sra. Reynolds se hunde más en su asiento—. Cuando alguien responda, di, La gallina roja ha volado del gallinero.
—No lo entiendo.
—Lo harás si sigues mis instrucciones. ¡Ve ahora!— Esto es cómico. Estuve a punto de orinarme en mi vestido mientras caminaba hasta la puerta de atrás y llamaba. Toc, toc, toc. Pausa. Toc, toc, toc.
Juan, uno de los chicos, abre un poco la puerta. Me echo a reír cuando digo, 
—El pájaro rojo ha volado del gallinero.
—¿No querrás decir gallina?
—Oh, sí. Lo siento, lo siento, lo siento. Me refiero a que la gallina roja ha volado del gallinero.—Creo que Juan se ríe cuando dice
—Espera aquí —y cierra la puerta. Cuando la puerta se abre, Irina me entrega dos cajas.
—¿Qué hay dentro? —pregunto.
—No preguntes, Miley. Una sorpresa para ti y para la Sra. Reynolds.— Cuando ella cierra la puerta, llevo las cajas al auto y me deslizo en el asiento del conductor. 
—Tenemos la mercancía
—Bien, ahora conduce de vuelta a mi casa.— La Sra. Reynolds está sonriendo mientras conduzco hasta su casa. Cuando aparco en el garaje, finalmente descubro de qué se trata todo esto. El mirador está terminado, y Nick ha colgado luces blancas por todo el alrededor. Velas blancas están encendidas, haciendo que la luz del mirador crezca. Nick está de pie junto a éste, con pantalones color caqui y una camisa blanca y con corbata. Cuando él me guiña el ojo y muestra su sonrisa, siento que otra pieza de mi armadura cae.

viernes, 24 de octubre de 2014

It Was Always You - Niley- Cap 19


Nick llega en la tarde, totalmente inesperado. Abro la puerta y de repente, está aquí, parado al frente mío con una mirada determinada en su rostro.
—Quería verte —es toda la explicación que consigo—. ¿Tu mamá está en casa?
—No. Salió a trabajar hace cinco minutos —Nick y yo somos amigos. Está bien, somos más que amigos. Es extraño y complicado, pero es la única amistad intacta que me queda. Lo llevo a mi habitación y lo dejo esperando mientras traigo algunas bebidas y bocadillos. Nos sentamos en el suelo y nos comemos los bocadillos. Hablamos sobre la escuela y su equipo de lucha, y nos reímos sobre la época en que éramos niños en preescolar y todas las cosas estúpidas que hacíamos. Entonces jugamos gin con las cartas que mi madre me compró cuando estaba en el hospital. Él no dice una sola palabra sobre besos. Ni siquiera me mira con esa caliente, necesitada mirada que he visto antes. Sé que tiene algo en mente. No sé que pueda ser, pero lo está distrayendo. Después de un rato, baja sus cartas y dice:
—Quiero ayudarte Miley.
—¿Con que?
—A jugar tenis de nuevo. Siempre te he visto mirando hacia el armario como si allí hubiera un monstruo, así que lo revisé mientras fuiste a la cocina. Encontré tu raqueta.— Me paré. Mi corazón comienza a acelerarse mientras me alejo de él.
—Nunca voy a volver a jugar.— Él se para, también.
—No estoy tratando de herirte Miley. Estoy tratando de ayudarte.— Yo le doy la espalda.
—No puedo jugar.
—Simplemente inténtalo, Miley. ¿Qué daño puede hacer?
—No voy a ser buena.
—¿Quién dice que tienes que ser buena?— Él no sabe que ser buena jugando tenis siempre ha significado más que ser buena en el tenis. Es mucho más profundo que eso. Cuando miro a Nick, quiero hacerlo sentirse orgulloso de mí. Está tratando de curar cualquier dolor que haya podido causarme. Quiero ayudarlo también.
—Está bien, lo intentaré —digo—. Pero no esperes mucho de mí.
Quince minutos después estamos detrás de la Secundaria Tennessee mirando hacia las canchas de tenis. Esto me trae recuerdos de esa época cuando trataba de probarme a mí misma. Respirando profundamente, sigo a Nick hacia la dura y verde superficie. Cuando Nick sacó mi raqueta, me congelé. Ni siquiera quería sostenerla. Así que después de que él sacó su propia raqueta y algunas bolas de su garaje, lo cargo todo sin quejarse mientras caminábamos hacia la escuela. Ahora estaba ofreciéndome mi raqueta. Yo me contengo. Tomando mi mano en la suya, envuelve mis dedos alrededor del mango de la raqueta.
—Estoy asustada —admito.
—Yo también.— Yo levanto una ceja.
—Si —dice él—. De que me ganes. Tengo que cuidar mi imagen de tipo duro, lo sabes.— Eso me hace reír.
—Tú no me necesitas para hacerte parecer duro, Nick.— Con eso, él toma las bolas de tenis y se dirige al lado opuesto del campo.
—Ten cuidado conmigo —bromea. Golpea la bola justo hacia mí, fácil y lenta. Mis instintos toman el control y golpeo de vuelta. Se siente bien, tengo que admitirlo, pero también se siente extraño. Mi cuerpo se mueve diferente ahora, como si estuviera rígida y no lograra relajarme. Mis piernas, mi posición, ambas son extrañas y erróneas. No me puedo balancear en los talones de mis pies ni rebotar cuando la bola viene hacia mí. No puedo inclinarme en una posición alerta, lista para golpear la bola cuando vuele hacia mí. Cuando Nick golpea de nuevo la bola hacia mí, no me muevo. Él se detiene y sacude su cabeza.
—Hubieras podido golpear esa.
—No quería hacerlo. ¿Podemos irnos ahora?
—No. Respóndeme diez lanzamientos, entonces nos iremos.— Él golpea la siguiente bola hacia mí. La golpeo suavemente.
—Nueve —dice él, contando las que faltan. Tres bolas más llegan cerca a mis brazos y las golpeo lentamente, para que vuelen fácilmente sobre la red justo hacia él. Mis pies aún no se han movido de su lugar.
—Seis. Otros cinco gentiles lanzamientos vuelan sobre la red y rebotan justo en frente mío. Las envío de vuelta suavemente.
—Una más, Miley. Entonces nos vamos de aquí.— Fantástico. Sólo falta una para que la humillación se termine. Él envía una fuerte y rápida sobre la red. Rebota un metro y medio más allá de donde estoy parada. Ni siquiera intento ir por ella. Él lo hace de nuevo... y de nuevo. Yo dejo mi raqueta a un lado y me quedo mirándolo.
—¿Estás tratando de humillarme?
—Deja de actuar como un bebe y atrévete a ir por la bola —dice él, sacudiendo su cabeza—. ¡Vamos!— ¡Como se atreve! Esta vez, mientras la bola se acerca sobre la red, es mi rabia y nada más lo que me empuja mientras tomo los tres pasos y golpeo la bola de vuelta hacia Nick con toda la fuerza y frustración que hay dentro de mí. Lo golpea directamente en su brazo.
—¡Ouch! —no le pregunto si se encuentra bien, porque tiene esa mirada arrogante en su cara y las esquinas de su boca están hacia arriba en un claro signo de victoria—. ¿Se sintió tan bien para ti como para mí? —pregunta. Yo le tiro la raqueta y camino fuera del campo. No le daré la satisfacción de saber que se sintió increíblemente estimulante. Me alcanza y me acerca hacia él.
—Voy a tener un moretón, ¿lo sabes? —dice él—. Pero mirarte golpear esa cosa fue realmente sexy.
Yo me giro para mirar el moretón que ya está apareciendo en su brazo.
—¿Lo fue?— En un rápido movimiento, se adelante y me acorrala contra la cerca con su cuerpo.
—Voy a besarte.— Mi estomago hace un pequeño giro; Me olvido de que estoy molesta. Mis nervios se apoderan de todas mis emociones.
—¿Aquí?
—Oh, sí. Justo aquí, justo ahora. ¿Piensas huir esta vez?
—No lo creo. Pero no estoy segura.— Él sonríe, fascinado con mi respuesta. Miro hacia arriba y encuentro sus ojos, un pequeño asomo a su mundo privado, entonces mojo mis labios en anticipación. Y ese es el comienzo de nuestra maratón de besos. Todo lo que tengo que decir es que después de una hora de labios y lenguas, de inocentes y no tan inocentes caricias de ambos lados, no me siento tan inexperta. No me siento insegura acerca de besarlo. Nos vamos de las canchas del parque y regresamos a mi habitación. A mi cama. Nick se inclina hacia atrás y gime.
—Vamos a tener que detener esto o mi cuerpo va a sufrir las consecuencias durante días.—Relajándome, pongo mi cabeza sobre su pecho.
—Esto fue agradable.
—Sí, demasiado agradable.— Él está respirando pesadamente. Los dos lo estamos. Tomo aire despacio y profundamente, y me glorifico en el momento. Podría quedarme aquí por siempre, justo como estamos. Mirándonos. Sintiéndome deseada. Sintiéndome protegida. Sintiéndome normal.
—Debería odiarte por obligarme a jugar tenis.
—Sí. Pero no puedes, ¿Verdad? Además, hemos tenido una sesión de besos y caricias en la que estarás pensando por semanas.
—Tú tienes un problema de ego.
—Sólo contigo —él se ríe, luego bosteza.
—¿Te estoy aburriendo? —pregunto.
—Para nada —dice él, acariciando mi cabello—. Es sólo que... yo nunca duermo demasiado bien. Y estoy tan relajado y feliz que mi cuerpo está listo para descansar.—Yo me incline sobre mis codos.
—Entonces duerme.
—¿Aquí?
—Seguro. Mi mamá no llegará hasta más tarde —comencé a levantarme, para dejarle la cama completa para que pudiera dormir en paz.
—No me dejes —dice él—. Acuéstate a mi lado —y me empuja hacia abajo con él.
—Eres tan diferente —dice él, casi para si mismo.
—No digas eso —le digo yo, mirando hacia otro lado. Quiero mantener la falsa fantasía de que soy igual que las demás chicas, por lo menos durante un poco más de tiempo.
—Diferente de una buena forma —sus cejas se arrugan—. De una forma realmente buena.
Entonces me acerca y me abraza apretadamente. Estamos abrazados tan juntos, como si hubiéramos estado saliendo por años. Incluso estamos compartiendo la almohada sobra la que he dormido desde que tengo diez años. Lo último que recuerdo antes de despertar es la lenta y rítmica respiración de Nick detrás de mí mientras se queda dormido. Pero ahora escucho la puerta de mi casa abrirse y me despierto totalmente.
—Nick, despierta. Mi mamá está en casa.— Le toma un segundo recomponerse, hemos estado dormidos por más de cinco horas.
—Espérame aquí y no hagas un sonido —le digo, entonces lo beso en sus adormecidos labios. Deslizándome debajo del brazo que me mantiene acurrucada contra él, cierro la puerta de mi habitación y me dirijo al primer piso.
—Hola mamá —digo, mi voz extraña por el sueño.
—No quise despertarte cariño. Odio estos turnos de los domingos en la noche, pero prefiero tomarlos y pasar las mañanas contigo. Parece que pasamos muy poco tiempo juntas últimamente —ella descarga su bolso y comienza a subir las escaleras. Yo rezo para que no esté pensando en pasar un rato a mi habitación para tener una de esas conversaciones madre/hija. No ahora. Pero supongo que si lo hace, la verdad saldrá a la luz. A lo mejor será una bendición inesperada, pero preferiría no arriesgarme.
—Está bien mamá. Tú siempre te preocupas por cosas insignificantes.—Ella no escucha el crujido de mi cama tras mi puerta. Pero yo lo hago. Mamá frunce el ceño.
—¿Por qué estabas dormida sin cambiarte?— Ups.
—Estaba en mi habitación y debo haberme quedado dormida.
—Bueno, yo también estoy exhausta. Regresa a la cama. Tienes escuela en la mañana. Y cámbiate esa ropa.
—Está bien, buenas noches —espero que no se dé cuenta de que estoy anticipando con mi respiración acelerada el momento en que cierre la puerta de su cuarto. Cuando lo hace, me apresuro a mi cuarto. Nick está sentado en mi cama, sobresaltado.
—Lo siento tanto —susurra, viéndose tan genial y peligroso como siempre, incluso medio dormido—. Perdí la noción del tiempo.
—Yo también.— Él camina hacia la ventana.
—Nick, ¿Que estás haciendo? —susurro.
—Buscando una forma de salir.— Pongo mi mano en su brazo y lo hago retroceder.
—No vas a saltar desde mi ventana. Sólo tenemos que esperar unos quince minutos y yo voy a acompañarte hasta la puerta. Mi mamá duerme como los muertos y queda hundida bastante rápido. Además si nos atrapan estamos en esto juntos, ¿verdad?— Le toma unos segundos responder. Es casi como si no creyera lo que acabo de decir.
—Sí, claro —murmura finalmente.

Me encontré con Damon esta mañana, después de convencer a mis padres que me quede hasta tarde porque estaba en la casa de Brian y perdimos la noción del tiempo. Se lo creyeron. Damon vino por alguna clase de evaluación del estado de Illinois. El entrevisto a mi familia, incluso a Emily luego nos quedamos en mi cuarto donde me lleno de preguntas. Le conté a Damon que le había pedido a Miley ver su pierna, dejando de lado el hecho que trabajamos juntos todos los días entre semana después de la escuela , o de el hecho que ella es la única persona que me hace olvidar que el año pasado siquiera paso. Dios me libre de decirle que dormí con ella la pasada noche, en el sentido literal de la palabra. Damon sacude su cabeza. 
—Está prohibido confrontar a tu víctima, Nick.
—No la confronte.— Damon cruzo por mi cuarto y puso una mano en su cabeza como si tuviera dolor de cabeza.
—¿Eres dulce con ella?
—¿Con quién?
—Miley.
—No, de ninguna manera —mentí.
—Ustedes chicos de pueblo pequeño son una raza aparte. Está bien este es el trato: Mantente alejado de ella.
—Tengo opción.
—No —Damon abrió su folder e hizo clic en su bolígrafo—. Ya casi acabas tus deberes de servicio comunitario. Un mirador para la señora Dorothy Reynols. Has estado en ese trabajo por tres semanas.
—Si todo sale bien espero terminar al final de la próxima semana.—Damon lucia impresionado 
—Buen trabajo Nick, comenzaste inestable, pero eres un chico decente. Encontrémonos de nuevo la próxima semana, hablaremos sobre lo que va a pasar después de tu puesta en libertad.— Me estoy sintiendo lleno de energía después de la visita de Damon, sabiendo que la amenaza de la cárcel esta casi detrás de mí. Solo tengo que mantener el hecho que estoy con Miley como un secreto. Golpeé en la puerta del cuarto de mi hermana. Ella está ahí. Su cuarto es su cueva. El invernadero de mi hermana excepto por la escuela y las comidas. Ella no responde, golpeo más duro. 
—Emily, abre.
—¿Qué quieres?— ella dice tras la puerta. Suspiro, esto es más difícil de lo que pensaba. 
—Solo abre la jodida puerta.— La abre en una rendija. Empujo el resto de la puerta y entro. Está demasiado oscuro así que tiro de la cortina.
—Ciérrala.
—Sí, bueno, tenemos que hablar y no veo una maldita cosa.
—No quiero hablar.
—Que mal —digo con mis brazos cruzados frente a mi pecho. Emily agarra la manija de la puerta, como si estuviera a punto de escaparse.
—¿Están mama y papa en casa? —ella pregunta nerviosamente.
—Salieron.—Ella deja salir una pequeña respiración. Ni siquiera sé por dónde empezar, solo sé que estoy preparado para decirlo en voz alta, ha estado reprimido en mi desde hace más de un año. El demonio se ha desatado. La vida no se trata de encubrir la mierda y vivir en un mundo de fantasía. Tomo una profunda respiración y le digo a mi hermana.
—Tú golpeaste a Miley con el auto y me eché la culpa por ello. Me lo he aguantado, pero se acabo. No lo hubiera hecho si hubiera sabido que actuarías como un jodido cadáver el resto de tu vida.— Sus ojos se ensanchan como si su cerebro registrara la verdad por primera vez.
—Habla Emily —ordene—. Di algo… ¡cualquier cosa!
—¡No puedo manejar esto! —ella grita, luego se lanza de bruces sobre la cama.— Tomo una caja de pañuelos de su mesa de noche y se la paso. Estoy de pie mientras ella llora histéricamente.
—Lo siento, Nick, lo siento tanto —ella dice entre sollozos—. Pude haberla matado, Nick.
—Pero no lo hiciste.
—Me quede allí y observe como te esposaban, deje que te llevaran.— Estaba tan acostumbrado a ser el problemático, solía ser el que lo arruinaba. Emily había sido la inmaculada hermana pequeña. Yo era el rebelde. Incluso borracho, no dude en echarme la culpa del accidente. Emily no sería esposada, arrestada y condenada. Ella no podría manejarlo. Yo lo haría. Los policías no preguntaron cuando confesé allí mismo. Infiernos, mis propios padres no cuestionaron mi culpa. Pensar, que todo, era porque Emily trato de esquivar una jodida ardilla en el camino.
—Se acabo —le dije.
—No, Nick, no lo está. Nunca se acabara. Voy a cargar con esta culpa a mí alrededor el resto de mi vida. Ni siquiera puedo mirar a Miley. Infiernos, Nick, ni siquiera puedo mirarte. Es tan duro para mí, no puedes imaginarte.—Ella tiene razón, No puedo. Ella gira hacia mi aspira en una temerosa respiración. 
—No le dirás a nadie ¿cierto? Prométeme que nunca le dirás a nadie.— Miro a mi hermana, la chica con la que compartí el vientre de mama, al igual que cumpleaños y con la que crecí lado a lado. Ella debe conocerme como yo la conozco, sentir mi dolor como yo siento el de ella. Ella sabe que este secreto me desgarra por dentro. Puedo sentir cuan retorcida se ha vuelto su racionalidad. Pero ella me ignora y se enfoca solo en ella. Ella es, después de todo, una extraña para mí.

sábado, 18 de octubre de 2014

It Was Always You - Niley- Cap 18


—¡Miley! —La voz de la Sra. Reynolds ruge a través de la casa. Nick se retira y me da una mirada impotente. Luego dice.
—Supongo que esa es mi señal para regresar al trabajo —y salió de la cocina. Me quedé ahí, sosteniendo la mitad de un limón en mi mano. Estoy sin habla, excitada... hecha polvo. Nick quiere estar donde yo estoy.  No es algún chico sin importancia. Es NICK JONAS, el muchacho con quien he soñado por lo que parece ser toda mi vida. El muchacho que solía mirar por mi ventana solamente para esperar hasta la próxima vez que estuviera en la misma habitación con él. Es el muchacho que me golpeó con su auto y me dejó en la calle. Pero cuando miraba dentro de sus ojos, podía decir que no es el mismo Nick Jonas que solía conocer. El viejo Nick solo se preocupaba por sí mismo. Nunca pensé que él observaba o se preocupaba por el mundo a su alrededor. ¿Había comenzado a perdonarlo mi corazón? Me fui la noche pasada porque nuestro beso fue perfecto. Como siempre había soñado que sería nuestro primer beso. Asustada de que nunca quisiera besarme otra vez, o reír, o... algo que podría cambiarlo a algo menos que la perfección, me fui. Cuando el autobús se detuvo en la esquina de nuestras casas, pregunté a Nick si quería venir.
—¿Está tu mamá en casa? —pregunta.
—No por otra hora.— Él se encoge de hombros y dice:
—Seguro. Lo guié a mi casa y hacia mi habitación.
—Mi mamá enloquecería si sabe que estuviste aquí, en mi habitación... solos. 
—Si, la mía también —dice—. ¿Quieres que me vaya?— Sonreí.
—No. Es sobre nosotros tomando nuestras propias decisiones, ninguno de nuestros padres las tomarían por nosotros.— Él estudió la decoración amarilla y rosada de mi cuarto, caminando alrededor del perímetro. Recogió un par de guantes de boxeo rojos y blancos que colgaban alrededor de mi cama.
—¿Tuyos?
—Los conseguí cuando estaba en el hospital —le digo—. Tú sabes, para recordarme que siguiera luchando.— Él sonríe tristemente hacia los guantes de boxeo.
—Estoy cansado de luchar. Estoy cansado de revivir el accidente —dice casi para sí mismo, como si fuera un pensamiento privado que estuviera compartiendo conmigo. Tomé los guantes de sus manos.
—Yo también —y por primera vez desde esa desafortunada noche, quise decir eso. Cuando sus ojos taladraron los míos, pregunté—, ¿porqué estas aquí? De verdad.— Él sacude su cabeza.
—No lo sé —pasa su mano sobre su cabeza, frustrado—. Y, Dios, sé que es loco y debería permanecer tan lejos de ti como pueda, pero... y esta parte me está volviendo loco... cuando estoy cerca de ti finalmente puedo sentir cosas otra vez. Me quedé despierto la noche pasada pensando en sostenerte hasta que todo el dolor y el entumecimiento se vayan lejos. Necesito que estés bien, para estar bien. Pensé que era Delta, quién me haría olvidar. Pero eres tú. Tú. ¿No es una mierda, Miley? Porque tal vez si me dices que es una mierda lo creeré.
—No es loco, ni mucho menos —mascullé, en ese momento me acerco y lo abrazo tan fuerte como es posible. Él pone sus brazos alrededor mío y me sostiene apretada.
—¿Alguna vez podrás perdonarme? —pregunta, con la voz temblando. Una lágrima cae por mi mejilla. Siento su humedad caliente sobre mi piel. No sé el momento exacto que sucedió, pero algo ha cambiado. Yo he cambiado. Y creo que es porque finalmente dejé ir al pasado. Estoy lista para vivir mi vida otra vez.
—Ya te he perdonado, Nick —le digo. Permanecimos de ese modo por un largo tiempo. No sé cuánto tiempo ha pasado. Es como si estuviera quitándole su dolor y él estuviera quitando el mío. Antes, estaba confundida... lo que sentía sobre él, lo que sentía sobre el accidente. Pero cuando me sostiene, dejo salir los sentimientos de traición que he mantenido del año pasado. Cuando se retira, lo oigo sorberse la nariz, y veo como limpia las lágrimas de sus ojos con su mano.
—Tengo algo en mi ojo.
—Esta bien llorar, Nick. No se lo diré a nadie —miro hacia mi armario, donde está escondida mi raqueta—. Lloro un montón.
—¿Si? Bueno, voy a cambiar eso.— Él ya lo ha cambiado.
—Mi mama va a llegar a casa en cualquier minuto —digo cuando miro fijamente hipnotizada esos oscuros ojos marrones.
—Mejor me voy entonces —asiento.
—Está bien.— Él se acerca, tanto que puedo sentir su corazón latiendo contra el mío. Aguanto la respiración cuando estira su mano y pone su palma sobre mi mejilla. Ligeramente roza mis labios con su pulgar, trazando mi labio superior e inferior cuando mueve su pulgar sobre ellos.
—Tienes labios suaves —dice.
—Ya lo sabes, yo uh, realmente no tengo experiencia besando —digo tímidamente, luego bajo la vista y rompo nuestro contacto. No puedo mirarlo mientras digo esto—. Quiero decir, no soy como Delta en ese departamento. Probablemente estás acostumbrado a chicas que saben lo que están haciendo, y soy nueva en esto y de verdad, de verdad me avergüenza si lo estoy haciendo muy mal o... oh, realmente estoy haciendo el ridículo ahora mismo.
—No iba a besarte.
—¿No ibas? —levanté la vista. Bueno, por supuesto que no iba a hacelo, estúpida. ¿Por qué comenzaría una relación conmigo cuando podía estar con alguien que de verdad supiera lo que estaban haciendo?, alguien que no fue responsable de enviarlo a prisión, me dijo mi cerebro.
—Nop. La próxima vez que te bese me voy a tomar mi tiempo, y dijiste que tu madre llegará en cualquier momento.— Reviso el reloj sobre mi mesita de noche y asiento. Él muerde su labio inferior, pensando.
—No, la próxima vez que te bese durará un largo, largo tiempo. Y cuando lo hayamos hecho comprenderás que estar excitado no es sobre la experiencia.— Mientras yo seguía pasmada, Nick se dirigía fuera de la casa.

Es domingo. Domingo de Futbol. Estoy en el Dusty’s Sports Bar & Grill con los chicos, ya que nos podemos sentar en el área del comedor y ver el partido desde los tres televisores pantalla gigante pegados en todo el restaurante El lugar está en bancarrota, hasta las oscuras mesas de madera y sillas se bambolean de lo viejas. Pero sus pantallas de televisión son grandes y nuevas, las cuales atraen chicos desde las tres ciudades más cercanas en las tardes de domingo. Me pregunto qué estaría haciendo Miley hoy. Ella trabaja para la Señora Reynolds en las mañanas, pero probablemente llegaba temprano a casa. ¿Estaría en casa ahora, sentada en su cuarto? ¿O estaría en fisioterapia?
—¿Viste eso, Jonas? —pregunto Tristan mientras la multitud estallaba en gemidos. 
—Lo siento, hombre, me lo perdí. —estaba pensando en alguien en quien no tengo derecho a pensar. Sacudiendo su cabeza, Tristan apunto a la pantalla.
—Lo juro, Guerrera necesita algo de pegamento en sus manos para que así pueda mantener el agarre del balón. Es el tercer balón que pierde.
—El cuarto —los corrigió Drew. No le prestaba atención al juego hoy. Atrape a Brian mirando hacia la puerta y señalando a quien quiera que acabara de entrar al restaurante. Me doy la vuelta. Es Delta. Seguida por Hanna, Brianne, Mandy y Sabrina. No creo que sus alegres porras fueran muy bien con este lugar. Pero entonces, a lo mejor sí.
—¿Qué están haciendo las chicas aquí? —le preguntó un frustrado Tristan a Brian, quien obviamente las invito.
—¿No podemos cambiar las reglas solo por esta vez? Delta realmente quería venir.
—Ugh, me voy a enfermar —dijo Drew, fingiendo arcadas—. Ella te tiene por las pelotas, hombre. ¿Cuándo te darás cuenta?
Drew, el idiota autoproclamado de nuestro grupo, por primera vez en su vida tenía razón. Justo cuando estaba a punto de proclamar a Drew un suspicaz genio, las chicas llegan a la mesa. Delta usando jeans ajustados y un suéter de los Osos. El suéter de Brian, el mismo que recordaba verle usando cada domingo. Brian está mirando a su novia trofeo, y me está haciendo enfermar también. Porque así era como yo me veía cuando estaba saliendo con ella, y todos agradecían que una chica como ella me honrara eligiéndome como su novio. Que alguien me dispare.
—¿Podemos unirnos a ustedes? —pregunto Delta, pero mientras las palabras se deslizaban de su boca ya estaba tomando la silla al lado de Brian y le hacía señas a las chicas para que acercaran silla, también. Seriamente, esta era una gran violación al código “no se permiten chicas en los partidos del domingo”. Pude ver que Tristan y Drew no estaban felices por la invasión de chicas. La razón por la cual la regla había sido creada en primer lugar era que todos estábamos de acuerdo en que las chicas (al menos las de nuestro grupo, también conocidas como las que estaban sentadas en nuestra mesa justo ahora) no están interesadas en ver el juego. Están interesadas en romper nuestra concentración. Es como un reto, de ver si pueden distraernos del futbol.
—Hey, Nick —dice Mandy mientras coloca su silla a mi lado—. ¿En qué andas?— Antes de que pueda responder, la camarera se acerca a nuestra mesa para deslizar nuestra comida y preguntarles a las chicas que quieren ordenar.
—¿Qué tipo de ensaladas tienen? —pregunto Brianne. La camarera sofoco una risa.
—Nada de ensaladas. Tenemos hamburguesas, sándwiches de pollo, alitas y papas fritas. Escoge.— Brianne se sorprendió por las opciones. Lo note por la forma en que miraba a la camarera con horror. Este lugar era todo cerveza/alcohol para la multitud "mayor de veintiún años". La comida era en lo que menos pensábamos.
—Tomare solo una Coca-Cola dietética —finalmente dijo. Todas las chicas pidieron Coca-Cola dietética. Nada más. Tristan volteo sus ojos. 
—¡Espera! —dice Sabrina, llamando de nuevo a la camarera—. Comeré una hamburguesa. Sin queso, solo así.
—Una hamburguesa sola, cinco Coca-Colas dietéticas —repitió la camarera antes de retirarse.
—Comeré una hamburguesa, también —dice Mandy pinchándola—. Sola, como la de ella.
—Dos hamburguesas, cinco Coca-Colas dietéticas.— Brianne levanto sus cejas. Mandy se encogió de hombros.
—¿Qué? No almorcé, estoy muerta de hambre. Además, no creo en eso de no-carbohidratos, Brianne—. Drew se puso en pie de un salto y alzo sus manos.
—Está bien, si ustedes chicas quieren estar con nosotros, será bajo unas cuantas reglas. No hablaran sobre ensaladas, y ni siquiera quiero escuchar la palabra "carbohidratos". Si no vinieron aquí para hablar de los Osos o Futbol, o para recordar el año 1985, permanezcan en silencio. Y por el amor de Dios, si no saben ni porque lo hacen, espero que no aplaudan. ¿Lo captan? Las cejas de Delta estaban fruncidas.
—¿Qué paso en 1985? Drew, lamento decírtelo pero ni siquiera habíamos nacido.— Mientras Drew se golpeaba la frente en señal de frustración, un avergonzado Brian cubrió la boca de Delta.
—Ese fue el último año en que los Osos ganaron el Super Bowl —le informo Brian. Él quito su mano de la boca de Delta.
—Sabes lo que es el Super Bowl, ¿no? —pregunta Drew, sentándose al final.
—Por supuesto que lo sabe —comenta Brian, luego acerca a Delta y mantiene su brazo sobre sus hombros. El resto del partido se cumplió con el silencio por parte de las chicas y abucheos y gritos del resto de la gente en el restaurante. Cuando se me ocurrió echarle un vistazo a Delta y a Brian durante un comercial, su mirada estaba en mi mientras le susurraba algo a Brian en el oído que lo hacía sonreír maliciosamente. Juro que también la vi lamiendo el lóbulo de su oreja.
Disgustado, me levante y me dirigí al lavabo. Después de hacer pis, me lavo las manos y me inclino sobre el lavabo mientras miro mi reflejo en el espejo. Soy un maldito desastre, incapaz de solo enfriarme y pasar un rato con mis amigos. Especialmente no con las chicas aquí. Especialmente no con Delta aquí. Me pone los nervios de punta, recordándome el pasado. El accidente. Miley. La puerta del baño de hombres se abre y con seguridad Delta entra por ella. No me sorprende.
—Tu novio te seguirá hasta aquí —le digo. Deambula cerca de mí, tan cerca que puedo oler su fuerte perfume mezclado con brillo labial de cereza. Demasiado exagerado.
—No lo hará. Piensa que estás enfadado, así que le dije que hablaría contigo. Confía en nosotros.
—Es un idiota.
—También piensa que estas celoso. ¿Lo estás?
—Oh, sí —le digo. Ella quiere escucharlo, así que le doy lo que quiere. Es un juego que le gusta jugar. Estoy cansado de sus juegos, pero es la única forma de soportarla.
—Has sido difícil de alcanzar, Nick—dice tratando de sonar mandona.
—Pensé que teníamos un acuerdo.— La única relación que quiero es la que ya tengo, con Miley. Puede no ser pública, pero es autentica. Lo molesto es, que no sé lo que sabe Delta. Cada vez que estamos juntos, sugiere saber más del accidente que los demás. ¿Pero que si no es así, que si esta aprovechándose de mí? Estábamos muy apegados esa noche y ella es fácil. Tal vez mi ex ha estado jugando conmigo todo este tiempo y soy un tonto igual que Brian. No importa lo mucho que lo quiera, no puedo arriesgarme a perderla. Desliza sus uñas color rojo furioso sobre mi camiseta como una araña, deteniéndose cuando alcanza mi hombro. Entonces se inclina hacia adelante.
—Eres como una droga, Nick. No puedo detenerme.— Ella está floreciendo en la persuasión. No yo. Lo que le gusta es probablemente que alguien podía entrar en cualquier momento y encontrarnos así de cerca. Es el factor riesgo el que le daba adrenalina.
—¿Entonces porque estabas succionando la oreja de otro tipo? —no sé porque le pregunte. No es que me importara. Puse mi mano en su cintura, listo para alejarla si se acercaba mas. Estaba cansado de ser su peón.
—Solo quería obtener una reacción de ti. Funciono. Desde hace un par de semanas no me das nada, ninguna emoción o aliento. Brian cree que estas con Miley Cyrus. ¿No es ridículo?— Justo cuando estaba a punto de responder, la puerta se abre. Drew entra, viéndonos a Delta y a mí, parados cerca, tocándonos el uno al otro en lo que podría verse como un abrazo. No es lo que parece, pero se ve mal.
—Ni siquiera preguntare —dice Drew, luego se dirige a los urinales. Antes de que él deslice su cierre abajo, vuelve la cabeza a Delta
—. ¿Te importaría hacer eso en otro lugar?
—No es nada que no haya visto antes —le dice Delta a Drew mientras se aleja un paso de mi, rompiendo todo contacto. Drew suelta una breve carcajada.
—Sí, bueno, tú puedes haber hecho rondas con mis amigos, pero no has puesto las manos en mí.
—Por lo que he oído, una mano sería suficiente —le disparo Delta.
—Suficiente —digo—. Delta, vuelve con Brian. Drew, vete ya a orinar.— Herida porque no la defendí, salió corriendo del baño de hombres, pero no sin antes murmurarle:
—Idiota —en su camino, a lo cual Drew respondió:
—Zorra.— Drew termino, entonces mientras lavaba sus manos dijo:
—¿Nick, crees que acostarte con Delta es la respuesta? Escucha, deja que Brian tenga a la perra y se la pase a alguien más.
—Es un poco más complicado que eso —Drew hizo un sonido de reprobación, al igual que la Sra. Reynolds.
—Tú lo estás haciendo complicado —eso me golpeo. Por segunda vez hoy, Drew tenía razón. Estaba dejando que Delta me manipulara en vez de al revés. No necesitaba complacerla. Solo podía dejarla continuar la persecución sin darle la oportunidad de tirar a matar. Wow, había estado haciendo todo mal, no puedo creer que la solución sea tan simple. Saco mi billetera y le doy a Drew veinte dólares.
—Mira, paga mi cuenta. Me voy de aquí.
—No tienes que irte. No le diré a Brian lo que tú y Delta estaban haciendo.
—En este momento, ni siquiera me importa —digo, entonces deje el baño de hombres y me dirigí a la puerta trasera.