miércoles, 19 de noviembre de 2014

It Was Always You - Niley - FINAL


Nick me beso anoche en las canchas de basketball. Le regrese el beso. Todavía no puedo creer que esas cosas pasaran. Pensé que estaba bien sin necesitarlo tanto. Debería haberlo borrado de mis labios y lavarlos con jabón antes de haber ido a la cama, pero en vez de eso seguí mirándome en el espejo. Mis labios todavía están hinchados, un recordatorio de cómo los propios labios de Nick eran calientes y demandantes. Por años imagine como se sentiría besar y probar a Nick. Para ser honesta, quería apartarlo, hacerlo desearme como yo lo deseaba y rechazarlo como él me había rechazado. Pero no pude. Todos esos sentimientos de mi niñez regresaron, del tiempo en que Nick me urgía del árbol en frente de mi casa al tiempo en que tomo la culpa de esa estatua rota. Ni siquiera puedo olvidar los momentos en que palmeo mi espalda mientras le lloraba a Emily acerca del divorcio de mis padres. Por el último año, el accidente manejo mi vida y me moldeo en lo que me he convertido. Tome mi vida de nuevo.
Sentada en mi cama, me puse mi pantalón. Note que mi corazón está corriendo un poco menos mientras escaneo las cicatrices con mis ojos. Solía pensar que eran cicatrices furiosas, pero ahora no las veo furiosas. Ni siquiera son aterradoras. Trace las líneas con mis dedos, y ni siquiera desee que desaparecieran. Son parte de mí. Cerré mis ojos, recordando el accidente. Es demasiado extraño pensar en esa noche sin tener emociones masivas corriendo rampantes a través de mis venas. A través de la oscuridad detrás de mis parpados, la imagen de Nick manejando el carro que me golpea es esbozada en mi cabeza. Pero algo no se siente bien. Escalofríos corren hacia arriba y debajo de mi espina dorsal. Porque, mientras cierro mis ojos apretadamente, la imagen del conductor se vuelve más clara y la niebla viciada se disipa. Es Emily. Con una mirada de horror y miedo en sus ojos mientras pierde el control del carro. Emily fue la que me golpeo esa noche. No Nick. ¿Por qué él… porque ellos…? El timbre de la puerta suena mientras todavía estoy intentando clasificar todo. Mi estomago esta revuelto. Quiero vomitar. Pero no puedo, porque mi madre me está llamando. Casi me caí mientras saludaba a un hombre y una mujer usando trajes combinados azul marino oscuro.
—Miley, somos del Departamento Correccional Juvenil de Illinois. Estamos aquí para investigar tu queja acerca de Nick Jonas.
—Yo no realice una queja —les dije. La mujer abre su portafolio y saca una carpeta. 
—Tenemos documentado que llamaste al número de justicia juvenil 1-800 quejándote con el operador de que Nick Jonas estaba acosándote.— Oh Dios mío. Sacudí mi cabeza y mire a mi mamá. 
—No llame. Mamá, juro que no llame.
—¿Estás segura? —pregunto el hombre—. No tienes que tener miedo, Miley. Estamos aquí para asegurarnos de que estas protegida.— Me levante. 
—No le tengo miedo a Nick. Somos amigos.— Mi mamá dice, 
—Por favor disculpen a mi hija. No sabe de lo que está hablando. Ella ha sido instruida a no tener ninguna clase de contacto con ese chico. ¿Verdad, Miley?— Mordí mi labio inferior. 
—Mamá…
—¿Miley?— Anoche en el parque tiene sentido ahora, porque me estaba probando. Oh, como debe de estar odiándome, pensando que llame y me queje cuando nunca haría nada para lastimarlo. Delta lo heriría. Yo no. 
—Tengo que ir a verlo.
—¡Miley, regresa aquí!— Cojee hacia la casa de los Jonas antes de que nadie pudiera detenerme. La Sra. Jonas respondió la puerta.
—¿Nick está en casa? —pregunte frenéticamente—. Real… realmente necesito hablar con él. Sé que probablemente me odia por ser la razón de que fuera a la cárcel, pero creo que todo fue un error y…
—Nick se ha ido —dijo ella, totalmente tranquila por las palabras saliendo de su boca. Incluso tenía una sonrisa extraña en su rostro—. Se fue.— A este punto mi mamá me había seguido hasta la casa de los Jonas llevando consigo a los investigadores. Mamá saludo a la Sra. Jonas extrañamente. 
—Denise, ¿Qué te ocurre?— Tan pronto como mi mamá lo dice, la Sra. Jonas se resbala y cae justo entre los brazos de mi mamá. Después de que mamá grita, los dos investigadores la ayudan a cargar a la Sra. Jonas dentro de su casa. 
—Ella se desmayo —dijo uno de ellos. Mientras ellos se encargan de la Sra. Jonas, doy un paso hacia atrás. ¿Qué quiso decir la Sra. Jonas cuando dijo que Nick se ha ido? Me apresure hacia casa, agarre mis llaves y maneje a la casa de la Sra. Reynolds. Revise el garaje, el mirador… él no está aquí.  Todo el tiempo, culpe a Nick por golpearme, sin cuestionar su culpa. El fue declarado culpable, pero muy profundamente detecte algo extraño en él. Pensé que era falta de arrepentimiento por haberme golpeado, cuando todo el tiempo fue falta de culpa. Mi corazón se hunde más profundamente con cada momento que pasa mientras manejo alrededor de Tennessee. Estoy buscando a Nick, o alguna
señal de que todavía está aquí. Antes de darme cuenta, estoy en el lugar donde mi vida cambio. La escena del accidente.
Las marcas de llantas de carro todavía están en el bordillo, un oscuro recordatorio de ese día. No había venido aquí desde el accidente. Antes no habría tenido la fortaleza de revivirlo de cerca. Salí del carro y camine hacia las desvanecidas marcas de llantas, observándolas por lo que parecía ser una eternidad. ¿Eventualmente todas desaparecerían, y los únicos recuerdos físicos del accidente serian los que yo cargo conmigo? Se la verdad, pensé. Las cicatrices físicas no son tan profundas como las emocionales con las que Emily y Nick habían estado luchando. Tenía un deseo ardiente de ayudarlos, justo como Nick me ayudo a mí. La cosa más importante que aprendí en los últimos meses es que los amigos son invaluables. Las personas que amas pueden sacarte de los momentos más difíciles. Ellos me necesitan justo como yo los necesito. Extraño a Emily como mi confidente, mi mejor amiga. Y el amor que tengo por Nick es del tipo para siempre que nunca desaparecerá, no importa que tanto intente negarlo.
—Miley.— Me di la vuelta. Nick está montado en una Toyota negra, un tipo que no reconozco esta al volante. Nick le dice al tipo que detenga el carro, luego camina hacia mí. Se ve triste y solitario y preocupado.
—¿Cómo es que llegamos aquí? —pregunte.
—Aquí es donde todo empezó.
—No llame ni tampoco me queje de ti —dije apresuradamente—. Mira, esos investigadores vinieron a mi casa esta mañana y dijeron que estaban investigando una llamada que yo había hecho y por más que insistí que nunca la hice no me creyeron, y entonces comprendí que tú debes de haber pensado que yo la había hecho y entonces…— Nick puso un dedo sobre mis labios, deteniendo mi palabrería.
—No importa.
—Pero si importa. Y te creo, ¿no es eso de lo que hablamos? ¿Confianza y honestidad?— Necesito demostrarle, que confió en él sin ninguna reserva. Entonces me subo el lado del pantalón de mi pierna izquierda con una mano, y revelo todas las cicatrices de mi rodilla. Sus cejas se juntan de pena, como si él fuera el que las puso en mi pierna. Entonces tomo su mano en la mía y juntos trazamos las hinchadas líneas con nuestros dedos.
—Ves, no hay nada que quiera esconder de ti. ¿Sientes lo mismo, Nick? ¿Sin secretos, sin mentiras? —necesito que me diga la verdad sobre lo que paso esa noche. Necesito escucharlo de sus propios labios, de sus propias palabras. Dime que no me atropellaste, es lo que quiero decir. Dime la verdad.
—Oye, amigo, ¿Estás listo para irnos? —un chico le grita desde el auto.
— ¿Quién es ese? —se rió. Estoy preocupada.
—Me refiero a, ¿quién es él?
—No quieres saberlo, Miley —dice Nick—. Escucha, me tengo que ir.— Miro su intenso y hermoso rostro. Al mismo tiempo que se que nunca me va a decir el secreto que mantiene dentro. Aquel feroz espíritu protector es una parte de él, un lazo que no puede romper.
—¿A dónde vas? ¿Y cuando regresaras?
—No voy a regresar.— Miro más allá de aquellos ojos tristes, y sé que él quiere decir lo que está diciendo. Mis ojos empiezan aguarse y un sendero de lágrimas baja por mis mejillas.
—No puedes dejarme. Ahora no —quiero rogar, suplicar, llorar y agarrarlo hasta que cambie de opinión. Quiero jugar tenis con el hoy, mañana, y al día siguiente. Muy suavemente limpia mis lágrimas con sus dedos.
—Entonces ven conmigo.— Pero las cosas se han complicado cruelmente, así que le digo.
—Comprendí que tenías razón. No hay razón para huir. Voy a quedarme en Tennessee hasta graduarme, y ahorrar el dinero que la Señora Reynolds me dio para la universidad.
—Jonas, ¿vas a venir sí o no? —dice el chico que aun esta en el auto. Nick asiente y dice.
—Sí, ya voy.— Me inclino un poco y pongo su frente sobre la mía.
—Dime que lo que tuvimos fue real —susurro—. Por favor.— Las manos de Nick toman mi cabeza a ambos lados, encerrándonos en nuestro propio mundo privado.
—Tan real como lo fue. Nunca cuestiones eso, sin importar que, ¿de acuerdo?
—En este mismo instante me estoy cuestionado todo. Como ¿Por qué me encuentro aquí?
—Porque estás lista para empezar una nueva vida, Miley. Ahora eres libre del pasado. No puede lastimarte. Para mí, ser libre significa dejar Tennessee—inclinándose un poco, me besa. Tan suave, apasionada, y cálidamente, que el remordimiento lo embarga. Quiero agarrarlo y mantenerlo a salvo.
—¿Eso significa que ambos somos libres?— El asiente, incapaz de expresarlo en palabras. Sé que él nunca escribirá ni llamara. Simplemente cortara todos los lazos con su familia y este pequeño pueblo que le causo tanto daño. Incluyéndome. Dios, como desearía que Nick nunca hubiera sido culpado de atropellarme. Aunque si el accidente nunca hubiera pasado, si él nunca hubiera ido tras las rejas y obligado a pagar servicio a la comunidad, Nick y yo nunca podríamos haber estado juntos. No habría cambiado eso por nada del mundo. El da un paso atrás y me giña un ojo.
—Adiós.
—Ya sabes, que no voy a decirte lo mismo —le digo. Él suelta una pequeña risa y sigue alejándose.
—Entonces dime algo que pueda recordar como tus últimas palabras para mí. Dime que me amas. Dime que pensaras en mí todas las noches antes de que duermas. Dime…
—La gallina roja ha volado de la jaula —digo. Él ríe.
—Siempre recordare a la Señora Reynolds, el parasol, los geranios, tú y yo en el parasol… — Nick me giña el ojo una vez más y se da la vuelta, dándome la espalda mientras camina hacia la Toyota. Quiero gritarle por dejarme. Quiero correr hacia él y olvidarme de ser sensata. Vivir juntos en las calles. Con tal de que seamos un equipo, nada podrá derribarnos a menos que estemos separados. Pero el nunca me dijo que fue Emily la que me atropello. Él es el único que, al final, no confió en mí… o en sí mismo. En este momento me encuentro llorando, más ahora que después del accidente. Y mi corazón duele, duele mucho más que del dolorque sentí en la pierna.
—¡Nick! —grito de repente antes de que se deslice en el asiento del pasajero y cierra la puerta del auto. Contengo la respiración, esperando que él regrese a mí. Que de la vuelta. Pero él no lo hace. El auto suena bruscamente al alejarse, sus luces intermitentes rojas son una mancha a través de mis acuosos ojos. Me dirijo de nuevo a casa y de repente durante el trayecto de vuelta me detengo llorando. Siento una fuerza dentro de mí que no sabía que existía antes. Es como si la Señora Reynolds estuviera tocándome y diciendo mantente fuerte. La vida es demasiado corta, había dicho una vez. Pues tenía razón. Cuando llego a la entrada de autos de mi casa y salgo de mi auto, veo a Emily. Esta parada en la puerta delantera de su casa, con los ojos hinchados. Me dirijo hacia ella.
—¿Tu mamá está bien?— Ella se encoge de hombros.
—Supongo que sí. Tu mamá está con ella.— Bueno, ese es un paso en la dirección correcta. Ya es tiempo de que enmendemos esa valla invisible. Entonces miro a mi vieja mejor amiga.
—Lo viste, ¿no es así? —me pregunta.
—Sí.— Se tapa los ojos con las manos y empieza a llorar.
—Realmente necesito decirte algo muy importante. Pero no soy capaz de mirarte a los ojos mientras lo haga.— Tomo sus brazos y los bajo.
—No tienes que decírmelo ahora —le digo—. Cuando estés lista, entonces podemos hablar.
—Vas a odiarme, Miley. Por el resto de tu vida vas a odiarme.
—No voy a odiarte. Lo sé, Emily. Sé lo que es.
—¿Lo sabes? —dice, con los ojos muy abiertos.
—Sí. Pero está bien.
—¿Que está bien?
—Simplemente digamos nuestra amistad significa mucho más para mí, que el guardar rencor o vivir en el pasado. ¿Sabes lo que siempre me ayuda a olvidar?
—¿Qué?
—Una maratón de pastel.— Emily me da una pequeña sonrisa detrás de sus lágrimas.
—Estás bromeando, ¿verdad?
—Nop. Ven conmigo a dar un paseo por la Tía Mae. Conseguiremos que nuestras mamás... Creo que también necesitan algo de pastel.

FIN

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segunda parte http://novelasdedany.blogspot.com/2015/04/forever-always-sinopsis-niley.html

viernes, 14 de noviembre de 2014

It Was Always You - Niley - Cap 23


Mamá me dijo que el Sr. Reynolds tenía una sorpresa para mí. Fui al Restaurant de la Tía Mae después de la escuela y el Sr. Reynolds me dio las llaves del Cadillac de su madre. Protesté, pero mamá me aseguró que a la Señora Reynolds le gustaría que yo lo tenga. Así que ahora mamá me está llevando a la casa de la Señora de Reynolds en su descanso. Ella me ayuda a abrir el garaje. Sonrío cuando veo el coche, recordando el momento en que la Sra. Reynolds me ayudó a superar mi miedo a conducir.
—¿Segura que estás lista para hacer esto? —mamá pregunta.
—Sí, estoy segura. Ahora vuelve a trabajar. Voy a estar bien.
—Miley, se que has sido tan fuerte últimamente, pero no sé si estás preparada para esto.— Ha llegado el momento de decirle cómo me siento. He estado tratando de retenerlo dentro para no hacerle daño, cuando a la larga creo que voy a herirla más si no digo nada. 
—Mamá, necesito algo de espacio —digo, para calibrar su reacción. Ella me mira con escepticismo, pero puedo decir por la forma en que sus labios están juntos en la concentración que está escuchando y tratando de entender. Respiro hondo y digo. 
—Yo sé que es difícil para ti. Ha sido increíblemente difícil para mí... pero por fin estoy dispuesta a aceptar mi cuerpo y mis limitaciones. Yo soy yo... la nueva yo. Puede que no sea perfecta, pero estoy bien con eso. Es hora de que deje de tratar de escapar de mi vida, ¿no te parece?— Una lágrima corre por la mejilla de mi madre. Ella me sonríe, esa cálida sonrisa que llega a sus ojos.
—El accidente tuvo una parte de ti alejada.
—Sólo porque me lo permites.— Ahora los dos estamos llorando. Le doy un largo abrazo. Después de unos minutos se sube en su coche y se aleja de la casa, dandome el espacio que necesito. Tomando una respiración profunda, puedo escanear el patio. Y ese trago amargo. El mirador está de pie como un castillo en medio de la hierba, esbozado por los macizos de flores. Los bulbos que esperan pacientemente en hibernación hasta que sea su tiempo para sacar la cabeza fuera de la tierra por primera vez y vibrar a la vida. Después de ayer, me siento como si hubiera florecido. Tuve un romance y una anciana me coacciono para salir de la hibernación, pero eso es pasado. Cundo voy hacia casa manejando con cuidado, veo a Nick el Parque Tennessee, en las canchas de baloncesto. Me detengo para hacerle saber que no estoy molesta porque me traicionó. Voy a superarlo. Puede ser que tome un tiempo, pero voy a estar bien. Voy a tener novios y otras aventuras en la vida, otras veces voy a ser capaz de sentirme confiada y despreocupada y feliz. Soy un sobreviviente. A pesar de mi cojera. Al salir del coche tras recolectar todo mi valor, camino hacia él. Él me ve, pero no deja de botar el balón.
—Nick —lo llamo.
—¿Por qué no me dijiste acerca de la señora Reynolds?
—No tuve la oportunidad. Quería hacerlo —digo, dando un paso hacia él.
—Mejor quédate atrás o podría empezar a acosarte.— Muy bien, me merezco eso. Le di una bofetada y rechace su ayuda ayer. Pero eso fue antes de que todo se acomodara en mi cabeza. 
—He oído que te metiste en problemas. 
—¿Has venido acá para reírte o quieres retarme a un uno a-uno? —dice.
—Sabes que no puedo jugar.— Él me mira de arriba a abajo sugestivamente. 
—Oh, tu juegas, Miley. Tal vez no. Al Baloncesto, tus juegos son más complicados que eso.
—¿De qué estás hablando?— Él toma la pelota y la mantiene a su lado, da una breve carcajada. 
—No puedo creer que tengas miedo de mí.— Me muevo hacia adelante, dando un paso más cerca de él y poniendo el mentón en el aire con confianza. 
—No te tengo miedo.— Se pone de pie delante de mí con tanta confianza como yo le estoy mostrando. 
—Demuéstralo. —¿Cómo? Lanza la pelota hacia el lado de la cancha y da pasos hacia mí, cerrando la distancia entre nosotros. 
—Déjalo salir.— Mi aliento se congela y el pánico se apodera de mí. 
—Yo... yo no sé lo que quieres decir. 
—Yo creo que sí —dice, llegando tan cerca que casi se pueden sentir sus emociones como si fueran las mías.
—¿Quieres que te bese? —digo sin aliento.
—Me has arruinado, ¿lo sabes, no? —dice justo antes de tenerme de puntillas y tocar mis labios con los suyos. Agarra mi cintura y me jala cerca con lo que puedo sentir toda la fuerza y la longitud de su cuerpo contra el mío. Mis dedos se envuelven alrededor de sus bíceps a la vez. Estoy perdida en la protección de su abrazo y el olor y el sabor es único Nick Jonas. Excepcionalmente... nosotros. Cuando nuestro beso se vuelve más intenso, tengo la sensación de un cambio en él. Es difícil besarse, más a fondo. Él está enojado. Tropiezo hacia atrás y le empujo lejos de mí. 
—¿Qué estás haciendo?— Se limpia la boca con el dorso de la mano. 
—Asegurarme de que te asusta. Es lo que quieres, ¿no? Así que puedes reclamar ser la víctima.— Estamos aquí de pie mirándonos fijamente el uno al otro. Controlador y controlado. Perpetrador y víctima. Chico y chica. Coge el balón. 
—Vete a casa, Miley. Ya tuviste lo que querías.— Un movimiento por el rabillo de mi ojo me llama la atención, rompiendo la conexión. Es Emily.
—Nick, mamá y papá quieren que vayas a casa. Ahora —dice ella. Dejo caer mi cabello, apartando la suciedad de mi pantalón, aclaro mi garganta, y hago de todo para no mirarlos. Entonces corro hacia el coche tan rápido como puedo.

—No le dijiste que yo la atropellé, ¿verdad? —pregunta Emily mientras observa a Miley huyendo del parque. Yo sacudí mi cabeza.
—Pero tú y Miley. Vi como la estabas mirando y me di cuenta...
—¿Qué? —dije rápidamente, entonces miré a mi hermana directo a los ojos. Comencé a caminar de regreso a casa con mi hermana a unos cuantos pasos detrás de mí.
—Involucrarte con Miley podría acabar con nuestra familia, Nick.
—Déjame en paz, Emily. Lo digo en serio —me giro hacia ella—. Ya he tenido suficiente.— Cuando llego a casa mis padres me están esperando en la puerta. Mi papá está rígido, con una mirada preocupada en su rostro. Mi mamá está a su lado. Puedo darme cuenta de que está totalmente fuera de sí.
—¿Dónde estuviste anoche? —ordena papá con una voz tan acusadora que podrías pensar que había estado afuera cometiendo un homicidio.
—Visitando una vieja amiga. ¿Cuál es el problema? —mi mamá mira a mi papá. Yo abro mis brazos ampliamente.
—¿Qué?
—Vi a Miley viniendo desde el parque —dice papá.
—¿Y qué? Es un país libre, papá. La gente puede caminar si eso es lo que quieren.— Mi mamá aprieta sus brazos fuertemente, agarrándose de su suéter.
—Simplemente no queremos que te metas en problemas. La gente habla...
—¿A cerca de qué?
—No quiero discutirlo —dice mamá, y entonces comienza a caminar tensamente hacia la casa, sin duda a atontarse de nuevo.
—Vamos a sacarlo todo afuera. Justo aquí, justo ahora.
—Nick, por favor, no hables tan fuerte —mamá mira nerviosamente las casas de los vecinos, asegurándose de que nadie sea testigo de la escena que estoy a punto de comenzar. Dios, desearía que dejara de preocuparse por las apariencias y se diera cuenta de que su familia se está destruyendo.
—¿Que está diciendo la gente?
—Nada, Nick. Todo está bien. Ahora detén esta ridiculez.— Me paré en medio del jardín delantero, y dije tan fuerte como puedo.
—¿Están diciendo que he estado buscando peleas en la escuela? ¿Qué estoy acosando a Miley? ¿Obligando a mis amigos a beber alcohol? Tú crees que todo es cierto, ¿Verdad? ¡Vamos, ya es hora de que me cuentes los putos chismes!
—Ahora si pasaste el límite —dice papá, parándose en medio de nosotros—. Entra a la casa y cálmate. Puedes disculparte con tu mamá después de la cena.— Reviento, como una banda de caucho que ha sido estirada hasta sus límites por tanto tiempo que simplemente se rompe en pedazos violentamente. Besar a Miley, la suspensión de la escuela, las manipulaciones de Delta, la advertencia de mi hermana, la inhabilidad de mis padres para enfrentar la realidad, la adicción de mi madre, los falsos chismes... todo está volviéndome loco.
—No pienso moverme hasta que todas las cartas estén sobre la mesa —digo. Miro a mi hermana.
—¡Nick! —grita Emily—. Por favor, detente.— La postura de mi padre se pone aún más rígida, sus labios se encogen y la expresión de sus ojos es dura.
—Esta es mi casa —dice él—. Y mientras vivas aquí vas a obedecer mis reglas. Ahora, entra a la casa, deja a tu madre en paz... y... cálmate— Trago con dificultad. No es fácil para mí decir las siguientes palabras que salen de mi boca, pero no puedo contenerlo por más tiempo. Mi familia está hecha pedazos, todos y cada uno de nosotros. Ellos quieren permanecer ignorantes, olvidar la realidad y vivir en el mundo que han creado. Es falso, es enfermo.... y yo no puedo hacerlo. Creo que la única oportunidad para que se curen es que yo no esté aquí. Soy la raíz de sus problemas. Si arranco la raíz, removeré el problema.
—Me voy —digo. Mis pensamientos se concentran en Miley, en la chica de la que solía pensar que no valía la pena mirar por segunda vez. Pero cuando las cosas se ponen difíciles, ella es la chica más fuerte que conozco. Ella me confrontó a cerca de Delta antes del accidente, va a la escuela todos los días incluso cuando la gente se ríe de la forma en que se mueve, y se mató trabajando para la Sra. Reynolds para lograr su sueño de viajar a España. El accidente la hizo una persona más fuerte. Demonios, ella me hizo una persona más fuerte.
—¿A dónde crees que vas? —demanda papá.
—Adentro a empacar, después me voy de aquí. No puedo vivir con toda la vergüenza y la negación que me rodean. Y ustedes tampoco deberían.
—Esto es quienes somos ahora, hijo. El accidente nos cambió... a todos nosotros. Estábamos bien hasta que tú lo arruinaste todo.— Yo sacudo mi cabeza.
—¿No quieres que todo vuelva a ser como antes? Yo daría cualquier cosa por hacer que esta familia fuera normal de nuevo.
—¿No deberías haber pensado en eso antes de atropellar a Miley? Nunca hubiera pensado decirle esto a mi propio hijo, pero tú... Nick Jonas... eres un bastardo egoísta.— Paso al lado de mis padres y de Emily, hacia mi habitación. Sacando una mochila de mi closet, meto cosas adentro sin detenerme a pensar. Estoy listo en cinco minutos, entonces miro mi habitación por última vez. Mi sable de luz aún está en mi estante, esperando a que regrese. Pero esta vez no voy a regresar. Seguramente, después de que me vaya, mi mamá no va a necesitar drogar su vida para hacerla más soportable y Emily podrá vivir la vida de la forma que desee… con o sin la verdad. Y papá... bueno, algún día tendrá que enfrentarse a la realidad. Cuando esté listo. Ahora depende de mí encontrar un camino para mí mismo y dejar de tratar de hacer que la vida vuelva a la normalidad. A la mierda con lo normal. Lo normal no existe. La familia de Nick Jonas ya no existe. Ahora estoy solo. Con un suspiro de determinación entro de nuevo a la habitación, tomo el sable de luz, lo meto en la mochila y salgo. Emily está en la puerta, bloqueándola.
—No te vayas —ruega.
—Quítate de mi camino.
—Mamá y papá te necesitan, Nick. Yo te necesito— Le di una risa corta.
—Mamá y Papá van a estar bien. Ellos disfrutan vivir en la negación. A cerca de ti... —me quedo mirando su ropa negra—. Tú tienes que superar el accidente. Enfrentarte a los hechos antes de que persones como Delta te obliguen a hacerlo. No puedo protegerte más. Es hora de que te protejas a ti misma.
Me muevo alrededor de ella y camino hacia afuera. No tengo idea de hacia dónde voy o que voy a hacer, pero me siento libre. Colgando la mochila de mi hombro comienzo a caminar. Cuando alcanzo la casa de Miley, no la veo pero sé que está adentro. Le doy un saludo de despedida y sigo caminando. El mirador de la Sra. Reynolds es en donde paso la fría, solitaria noche. Cuando una estrella fugaz pasa sobre mí mientras miro el cielo, me pregunto si es la anciana señora dándome una señal.

sábado, 8 de noviembre de 2014

It Was Always You - Niley - Cap 22


Nick ni siquiera sabe que la Sra. Reynolds murió. Cuando lo vi en pasillo esta mañana, iba a decirle. Pero entonces atrape a Nick y Delta juntos. Antes de que nuestra relación comenzara, podía entender. Pero yo creía que le gustaba lo suficiente para no necesitar a alguien más. Pensé que lo que teníamos era real. Puaj. No quiero pensar en Delta y su perfecto cabello rubio y sus perfectos y desvergonzados senos o la manera perfecta en la que camina. Pero no puedo evitarlo. Porque yo no soy perfecta. Estar sentada en la oficina de la enfermera lo demuestra. Desde que Nick se quedó paralizado allí, sorprendido frente a las cicatrices en mi pierna, he estado muriendo por salir de aquí.
—¿Puedo regresar a clase ahora?— La enfermera de la escuela se inclina sobre mi pierna con guantes de hule, examinándola. Levanta la vista.
—¿Te duele?— ¿Se refiere a mi corazón? 
—No. Está bien —le digo—. De verdad.
—Hay un poco de sangre aquí. Me preocupa que pueda haber daños internos.
—Es sólo una pequeña raspada —le digo mientras la mujer está poniendo antiséptico en una bola de algodón y frota la sangre de mi rodilla—. Se armó un gran problema por nada.
Yo sé por qué Nick vino corriendo hacia mí y actuó completamente preocupado. Es porque se siente culpable de que yo escuchara detalles sobre su relación con Delta. Drew sólo dijo la verdad, yo fui responsable de meterlo a la cárcel. Nick y yo nunca deberíamos haber empezado a
hablar. Deberíamos haber seguido ignorándonos mutuamente en la casa de la Sra. Reynolds. Porque si no hubiéramos hablado, no estaría tan unida a él. Si no hubiéramos hablado, no lo habría besado y querido más. No lo habría dejado manipularme. La enfermera Sandusky no se ve feliz cuando me bajo de la camilla y cuidadosamente bajo mi pantalón. Sin embargo no voy a sentarme aquí y ponerme de mal humor todo el día. Voy a levantarme y mantenerme en alto, ante Nick, Drew, Delta... y cualquier otro que decida ponerse en mi camino.
Cuando estoy vestida, doy un suspiro de alivio. Mis cicatrices están cubiertas. Entonces, ¿por qué me siento tan expuesta? Porque Nick ha visto las cicatrices de las heridas que él puso en mi cuerpo.Las cicatrices constantes que me hacen pensar en él y el accidente todos los días de mi vida. Por desgracia tengo que pasar por la oficina de Meyer en mi salida. Nick está sentado frente al escritorio de la secretaria, con la cabeza hundida en las manos. Como si supiera que lo estoy viendo, levanta la cabeza. Sus ojos me penetran como si estuvieran buscando calor o conexión. ¿Piensa que soy una tonta que quiere ser humillada? Aparto la mirada, espero que la enfermera me escriba un pase y salgo de la oficina tan rápido como puedo. Como si el día no pudiera empeorar, Delta y Hannah están caminando por el pasillo. No me han visto todavía. Me meto al baño de las chicas... ya he tenido suficiente por un día. Me miro en el espejo del baño. Ojos de color avellana opaco, cabello que no ha decidido si quiere ser claro u oscuro, y una nariz que es demasiado grande para mi cara. En la cima de todos esos defectos, tengo una cojera.  ¿Cómo pude alguna vez pensar que podía competir con la perfecta Delta? La puerta del baño se abre rechinando. Me escondo en uno de los cubículos y pronto escucho a Delta decir:
—No me los puedo imaginar besándose. ¿Puedes?
—Por favor, Delta, no me hagas asquear. Nick es, como, un tipo duro de Hollywood y Miley es, como, una idiota total. Probablemente besa con sus labios completamente fruncidos y las manos a los costados.
—Exactamente. Deberías haberla visto esta mañana. Creí que iba a llorar en medio del pasillo.— Las dos se ríen. Me quiero morir. Olvida mantenerme en alto, en el fondo soy realmente una idiota y una cobarde. Me asomo por la abertura de la puerta. Hannah se pone lápiz labial mientras Delta juega con su cabello largo y rubio.
—Él siempre te va a amar. Ustedes dos tienen un vínculo que no puede ser deshecho —dice Hannah. Delta deja de jugar con su cabello y se apoya en uno de los lavabos.
—Nick le dijo a Brian que estaba interesado en salir con Miley.
—¿Por qué Miley? ¿No es ella la persona menos probable para atraparlo? Él la golpeó con su coche, ya sabes. Y ella se aprovecha.— Delta titubea.
—¿Qué? —pregunta Hannah.
—¿Has comprobado los cubículos?— Huy. Soy carne muerta. Equilibrarme en la tapa del inodoro con una pierna mala no es una buena opción. La puerta de uno de los cubículos se abre rechinando. Oh, no. Trato de mirar por la puerta, pero no quiero tropezar o hacer ningún sonido que les avise que estoy espiando.
—Ustedes dos son tan patéticas. Deberían haber revisado antes de empezar a balbucear sobre su patética vida.— Es Mandy, mi prima.
—¿Qué has oído? —dice Delta.
—¿Qué piensas? Lo escuché todo.
—Y te lo guardarás para ti misma, ¿no es así Mandy?— Mandy se pone las manos en sus caderas.
—No lo sé. ¿Por qué no dejas de difundir rumores sobre mi prima? Ella puede cojear, pero tiene más para admirar que ustedes dos juntas.— Las otras chicas miran fijamente a Mandy como si le hubieran brotado alas, totalmente sorprendidas de que su seguidora finalmente demuestre que tiene mente propia
—Pon los pies en la tierra, Mandy. No olvides que eras una perdedora y Miley estaba en tu lugar hace un año. Sólo porque ahora eres amiga de Brianne y Danielle no significa que de repente eres la gran mierda.— Ella tiene razón. Yo no era agradable con Mandy cuando estaba en la cima y ella luchaba por hacer amigos que no se escondieran en la biblioteca durante el almuerzo. Creo que las palabras de Delta van a bajarle los humos a Mandy, pero mi prima no vacila.
—Delta, solía adorar el suelo que pisabas porque eras bonita y popular y tenías un novio que el resto de las chicas sólo soñaban que pudieran conseguir. Quería ser popular, ser como tú. Ahora sólo piensa que eres patética.
—Será mejor que tengas cuidado, Mandy, o simplemente puede ser que te encuentres siendo una perdedora de nuevo tan rápido que tu cabeza dará vueltas —los ojos de Delta son grandes y salvajes, y creo que si ella tuviera súper poderes habría fundido a Mandy con esa única mirada. Pero ella no tiene súper poderes. Hannah está de pie detrás de Delta con el pulgar y el dedo índice en una “L” sobre su frente, dirigiéndola hacia Mandy.
Mientras que Mandy está dando la cara por mí y siendo amenazada, yo estoy escondiéndome como una cobarde. Mis manos están sudorosas. Me doy cuenta de que mi propio miedo me retiene. Observo a mi prima dando la cara por mí sabiendo que el resultado final no va a ser bonito. Siento el espíritu de la Sra. Reynolds dándome coraje. Empujo la puerta del cubículo abriéndola ampliamente, el fuerte chirrido alerta a las tres de mi presencia. La cara de Mandy está tan sorprendida como la de Delta y Hannah. Delta emite una risa nerviosa, pero se recupera rápidamente.
—¿Es este, como, el baño designado para perdedoras y nunca tomé nota?
—Eres igual que tú prima —me dice Hannah—. Siempre vas a seguir los pasos de chicas como Delta y yo.— Cojeo al lado de mi prima.
—Hannah, tú y Delta lo tienen todo. Y sin embargo... ambas son caparazones vacíos, nada que valga la pena en el interior. No las seguiría incluso si eso significara la curación de mis piernas.
—Creo que el accidente dañó tu cerebro. —Delta escupe las palabras como un dragón que escupe fuego sobre su enemigo. Mandy me está mirando en estado de shock. Sé que no he sido fuerte desde el accidente. Nunca doy la cara por mí misma y me concentro en mis defectos en vez de mis virtudes. Pasar tiempo con una mujer fuerte como la Sra. Reynolds debe haberme contagiado. Y pasar tiempo con Nick en los últimos meses me ha hecho sentir atractiva y hermosa. Yo sólo... en el fondo no puedo creer que él me estuviera mintiendo. La admiración brillaba a través de las profundidades de sus ojos. Le temblaban los dedos cuando delineaba mis labios o tocaba mi cara. Un chico como Nick, que esconde sus emociones, no podría fingir las reacciones tan intensas incluso si quisiera. Delta sacude su cabeza y se burla de mí.
—Si Nick te dio la menor atención es sólo porque sentía lástima por ti.— Estoy segura de que lo hizo... pero lo que compartimos fue mucho más allá de eso.
—No me burlaría si fuera tú —le digo a Delta—. No se ajusta a tu cara.— Mi prima se vuelve hacia mí.
—¿Nick? No, no puede ser verdad. ¿Puede serlo?— Asiento.
—¿El Nick Jonas? ¿El hermano de Emily Jonas? ¿Nick Jonas? —ladeo mi cabeza hacia un lado y asiento un poco más. La boca de Mandy se abre y los ojos se salen de sus órbitas. Como una onda de choque, me doy cuenta de que Nick tuvo razón todo el tiempo. Ir a España era sólo una manera de escabullirme, una manera de escapar de la gente y una manera de olvidar el accidente por un tiempo. Pero el accidente ocurrió. No hay manera de olvidarlo. Y yo cojeo. Tengo que enfrentar el hecho de que nunca seré la misma de antes. Está bien. Estoy bien. Tomando una respiración profunda, me doy cuenta de algo... Me siento más fuerte y más viva que antes del accidente. La puerta del baño se abre. La Sra. Gibbons entra al baño. Sus cejas se alzan cuando presencia nuestra pequeña confrontación.
—¿No se supone que todas ustedes están en clase?— Ninguno de nosotras responde. Delta me está mirando, Hannah sigue mirando de Delta a mí y de nuevo a Delta, Mandy todavía tiene la boca abierta en shock, y yo no estoy revelando nada.
—Muy bien, entonces. Vamos todas a hacer un viajecito a la oficina del Sr. Meyer para que podamos llegar al fondo de esto.
—Me parece muy bien —le digo.
—A mí también —dice Mandy, respaldándome. Le debo una gran disculpa por ser tan imbécil antes del accidente. A veces hay que alejarse de la multitud para ser una mejor persona. No siempre es fácil, eso es seguro. Pero es correcto. Y a veces hacer lo correcto se siente muy bien. Incluso si te hace terminar en un viaje a la oficina del director. Los ojos de Delta siguen escupiendo fuego.
—Lo que sea.
—Sí, lo que sea —dice Hannah, haciendo una imitación vergonzosa de su mejor amiga. Casi me siento mal por ella. Todas seguimos a la Sra. Gibbons a la oficina. Mandy me está mirando, con sus ojos muy abiertos.
—¡No puede ser! ¿Nick Jonas? —articula silenciosamente. No es culpa de Delta ser hermosa y bonita. Ni siquiera es culpa de Nick sentirse atraído por ella. Eso ni siquiera importa. Lo que importa es que no estoy acarreando sentimientos de odio y traición. Eso ha sido demasiado agotador. La Sra. Reynolds tenía razón. No odio a Delta. No odio a Emily. No odio a Nick. Me siento más fuerte que... bueno, ni siquiera puedo recordar cuándo. Lo único que sé es que me siento bien. No, mejor que eso. Me siento fuerte.

Meyer me señala y su dedo aguijonea el aire con cada palabra cuando dice. 
—Bueno Jonas. A mi oficina —lo sigo a su oficina, él cierra la puerta una vez que me siento en la silla opuesta a su escritorio. Esta molesto. Lo puedo decir por la manera en que los músculos de su cuello están tirantes y los colores de su cara y su cabeza calva se han vuelto de un rojo profundo. Ni siquiera se sienta en su silla. Se sienta en el borde de su escritorio justo sobre mí. Está tratando de ser intimidante, de asustarme para que sea un niño bueno. Pero él nunca se ha quedado con un tipo como Julio. Y si Julio no me intimida, Meyer ni siquiera tiene una posibilidad.
—¿Por qué comenzaste una pelea con Drew Rudolph?— No puedo decirle la verdad. Si toda la cosa sale a la luz, Emily podría ser involucrada en esto, también... Y Delta... Y Miley. Emily ha estado actuando espeluznante. No sé que terminará diciendo. ¿Dirá inesperadamente la verdad, de que ella fue la que golpeó a Miley? 
—No lo sé —digo silenciosamente. La cólera de Mayer se desinfla cuando la frustración toma su lugar. 
—¿Qué voy a hacer contigo Jonas? Puedo hacer una llamada a tus padres y decir que eres responsable de obligar a un par a consumir alcohol. Otra queja del entrenador de lucha libre de Fremont fue archivada… algo sobre ti intimidando a uno de sus mejores luchadores. Estás sobre hielo delgado aquí, en el camino rápido a ser un delincuente para siempre. ¿No entiendes que la única persona a la que lastimas con tu comportamiento es a ti mismo? A no ser que puedas explicarte, no tengo elección excepto darte una suspensión— ¿Suspensión? Oh, mierda. Debería defenderme, pero es inútil. El tipo no me creería, de todos modos. Permanezco en silencio.
—¿No tienes nada que decir sobre esas acusaciones?
—Nop
—Nick, toma asiento afuera mientras descubro como proceder con esto— Entonces ahora estoy pegado en otra silla de metal fuera de la oficina de Meyer. Puertas cerradas y sillas de metal son temas recurrentes en mi vida. Levanto la vista cuando las puertas de la oficina principal se abren.
Miley entra a la oficina, solo a unos pies de donde estoy sentado. Solo capaz de chequearla de lado, estudio su cara. Tiene los pómulos altos y la nariz recta. No es pequeña; tiene una pequeña protuberancia en el medio, casi como si Dios hubiera querido ponerla ahí entonces su nariz no sería perfecta. Pero no sería Miley sin esa imperfección. No es una cara-bonita como Delta, pero hay algo sobre ella… esa mezcla de inseguridad y rasgos majestuosos que no combinan. Cada una de sus facciones refleja quien es. Excepto sus cicatrices. Esas que desearía poder sacar con un toque de mis dedos y transferirlas a mi propio cuerpo. Miley está concentrada en el mostrador, leyendo algo atentamente. Su cabello caía como una cortina que protege su cara de mí. Soy apenas consciente de Many, Delta, y Hannah que están en la habitación, también. Este lugar se está llenando. La Sra. Gobbons, la profesora de arte, golpea la puerta de Meyer. Mete su cabeza dentro cuando él gruñe para que entre en su dominio sagrado. 
—Tenemos una situación con algunas chicas de último año.— Las chicas entraron en una sola fila a su oficina. Delta lucía desafiante, Hannah asustada, Mandy indiferente, y Miley parecía… dispuesta a manejar lo que sea que valla volando hacia ella. Las chicas salieron unos minutos más tarde. Miley no me miró. Salió en fila de la oficina con el resto de las chicas. Meyer reapareció en la puerta. 
—Bueno Jonas. Tu turno.— Entro en su oficina y me dirijo a otra silla. Esta tiene relleno. Apoyo los codos en mis rodillas y pienso en lo que dijo Meyer: Estoy en el camino rápido a ser un delincuente para siempre. Miley probablemente tenía razón: si desapareces, entonces no te recordarán siempre el pasado en cualquier parte que estés. Hice mi servicio comunitario, pero no me entregaron mis papeles finales de liberación. Damon de verdad va a matarme cuando descubra que estuve en
una pelea. ¿Qué mierda va a pasar cuando regrese al DOC? Espero que Mamá y Emily no lleguen al límite. Escucho el sonido de zapatos y levanto la vista. Mi madre está de pie en el marco de la puerta de la oficina de Meyer. Sus labios están apretados. Puedo sentir que está un poco alterada porque la veo moviéndose ligeramente de un lado hacia el otro.
—Ah, Sra. Jonas—dice Meyer—. Gracias por venir tan rápidamente.— Mamá asiente y sostiene la perilla de la puerta. 
—Entonces… ¿debería llevarlo a casa?— Meyer camina hacia mi mamá y pone su mano en su hombro para calmarla.
—El chico al que Nick asaltó no ha levantado cargos todavía, pero la política me fuerza a mantenerlo fuera de los terrenos de la escuela hasta que esto se solucione. Recibirá una llamada mía después de que haya hablado al superintendente del distrito para informarle de la duración de la suspensión de Nick.— Mamá asiente, luego se concentra en mí. Lucía cansada. Las profundas líneas bajo sus ojos y en las esquinas de su boca parecían más profundas de lo que nunca había visto. Yo puse esas líneas ahí. Sin quererlo, he roto el espíritu de mi madre. En el coche, no tengo nada que decir. Y cuando silenciosas lágrimas comienzan a caer de sus ojos cansados, todo lo que quiero hacer es escapar. Porque no puedo decirle nada para hacerla sentir mejor, no puedo combatir esta bola de nieve de mierda en que se ha convertido mi vida. Me siento en mi habitación hasta que cae la oscuridad, cuando alguien llama a mi puerta. 
—Nick, abre —la voz del consejero de transición familiar resuena. Genial, ahora tengo que ser retado por Damon.
—De inmediato —digo secamente cuando lo dejo entrar. Si nunca has visto la cara de los tipos negros volverse roja de furia, nunca has visto a Damon Manning molesto 
—¿Qué demonios está pasando? Recibí una llamada de tu director esta tarde diciéndome que estás suspendido por dos semanas. ¿Quieres volver al DOC?
—Seguro. ¿Tienes las esposas listas? —digo, sosteniendo mis brazos delante de mí. Damon se acerca… realmente cerca. 
—Escucha, mocoso, no tengo problema en esposarte y meter tu trasero de regreso a prisión. Pero no creo que entiendas que tu cumpleaños dieciocho esta justo a la vuelta de la esquina. Y ¿sabes qué tipo de regalo de cumpleaños recibes del estado de Illinois? Ser transferido a la cárcel para chicos grandes. Está bien, el lugar para adultos donde mandan a los internos, y no va haber ningún día en el que no sea amenazado o forzado a hacer mierdas de las que solo habías escuchado. No te quiero ahí, Nick, porque entrarás como un confundido chico sabelotodo y saldrás como un insensible bastardo. Te comerán vivo y nadie podrá salvar tu trasero. ¿Me escuchaste? Ahora dime porque demonios has estado metiéndote en peleas. Estoy tan acostumbrando a confesarme culpable, que a veces olvido decir la verdad. Miro directamente a Damon, sin jugar estar vez. 
—Estaba protegiendo a Miley. Drew la insultó.— Damon tomó la silla de mi escritorio y se sentó. Puso su mano en su frente y comienza a masajearla, como Meyer lo hizo esta tarde. 
—Nick, ¿Qué estás haciendo? Ella es tu víctima. La golpeaste con tu coche.
—No lo hice.
—¿Qué? —suelta.
—Dije que no quise hacerlo.— Damon saca la mano de su frente y se inclina hacia adelante. 
—No sé qué estás tratando de empujar aquí, pero no es bueno. Si no puedes pretender que Miley no existe, entonces deja la ciudad. Ella llamó a mi jefe esta mañana preocupada por su seguridad. Dijo que has sido provocador con ella, y ahora la estas acosando.
—¿Qué?— Damon mira directo hacia mí. 
—Miley Cyrus dice que va a archivar una queja. Oh, no parezcas tan sorprendido, Nick. ¿Qué esperabas? Cuando no sigues las reglas pagas las consecuencias. Es simple.— Nada es tan simple. Trago. Mi garganta se siente apretada. ¿Miley me odia lo suficiente para enviarme de regreso al DOC?
—Tengo que saber —continua Damon—. ¿Has tenido un encuentro sexual con ella?— Me siento en mi cama y apoyo mi cabeza en mis manos. Dios, esto no puede estar sucediendo. 
—Eso depende de que quieres decir por encuentro sexual.
—No jodas conmigo, Jonas.
—No tuve sexo con ella.
—¿La acosaste?— Sacudo mi cabeza. 
—Tuvimos una relación, una relación mutua. No fue gran cosa. Esta terminado. Hecho.
— ¿Cómo terminó?
—Abruptamente.— Damon suspiró frustrado, luego saca un montón de papeles de su maletín.
—Tengo tus papeles de liberación firmados. Terminaste tu servicio comunitario.— Miro fijamente los papeles como si tuvieran alas de ángeles en ellos, pero mi cabeza sigue dando vueltas. Pensé que Miley y yo compartimos… bueno, seguro como el demonio que fue mucho más de lo que nunca tuve con Delta. Si Miley estuvo conmigo solo por venganza… oh, mierda.
—Quedas en libertad, pero tenemos un pequeño problema. No puedes volver a la escuela. ¿Nick?
—Sí.
—No todo el mundo está en contra tuyo, lo sé.— Asiento. Ahora mismo, no puedo estar de acuerdo. Estaba tan entusiasmado por arreglar todo cuando volví a casa. Pero todo lo que he estado haciendo es pelear en vez de arreglar. Estoy perdido aquí. Después de que Damon se va, me dirijo a la cocina. Mamá está inclinada contra el fregadero. Esta temblando mientras toma un manojo de píldoras y las traga con un montón de agua.
—Mamá, ¿Qué estás haciendo?
—Tomando la medicación para la tensión y el estrés.— Le arrebato la botella de pastillas del mostrador.
—Devuélvemelas —ella ordena. Le echo un vistazo más de cerca al nombre de las pastillas en la botella. Diazepam. Valium. — ¿Hace cuanto que las estás tomando?
—Devuélvemelas —dice, sacando la botella de mi mano y agarrándolas como si estuviera sosteniendo su cordura.
—No puedes sobre medicarte con esta mierda, Mamá. Es peligroso.— Mamá ríe, un risa gutural tan fuerte que la hace toser.
—Es por eso por lo que has estado evitando acercarte a mí. ¿Te has convertido en una adicta a las pastillas en el closet? —maldición, ¿Porqué no lo vi antes?
—Ya no estoy en el closet, ¿está bien?
—¿Papá lo sabe?
—¿Qué crees? Es la única forma que puedo mantener una sonrisa en mi cara todo el día. A él no le gusta pensar en cosas malas. Esta demasiado ocupado. He estado fracasando, ¿No es así? Una terrible esposa, una terrible madre… no es asombroso que me hayan echado de las damas auxiliares.
—¡Porque te importa lo que la gente piensa! —grito—. Estas matando a toda la familia.
—¿Pensaste en toda la familia cuando atropellaste a Miley? —ella susurra, luego suelta un suspiro disgustado.
—Esto no es sobre mí, mamá. —no le digo que nunca fue sobre mí. Ella sacude su cabeza. 
—No lo comprendes, Nick, ¿no es así? Hay cuatro personas viviendo en esta casa y somos todos extraños. Es sobre ti. Es sobre todos nosotros.— Ya ni siquiera sé quién soy. Pensé que sabía, pero con la traición de Miley estoy de regreso a donde comencé. Mi madre gira la cara hacia el fregadero, su cuerpo temblando y respirando con dificultad. Cuando camino hacia ella y pongo mis brazos a su alrededor, quiero decirle que la ayudaré. También necesito ayuda. Pero ella se pone rígida tan pronto como hago contacto. 
—No me toques.— Retiro mis manos y me alejo. Todo a mí alrededor se está cayendo en un montón de piezas. No hay forma de que pueda repararlo no importa cuánto lo intente. 
—No te quedes esperando,—digo antes de dejar la cocina y subir las escaleras de dos escalones a la vez. Golpeo la puerta del dormitorio de Emily.
—Abre.
—¿Qué quieres? —dice Emily a través de la puerta. Golpeo más fuerte. 
—Emily, abre la puerta o la echo abajo.— Ella abre la puerta justo antes de que la patee para abrirla. 
—¿Qué?
—¿Hace cuanto que mamá está abusando de la prescripción de medicamentos?— Ella se encoje de hombros. 
—Después de que fuiste sentenciado. Se detuvo por un tiempo, pero comenzó otra vez cuando fuiste liberado.
—¿Cómo puedes quedarte aquí como si no fuera gran cosa?— Emily me mira fijamente y ladea su cabeza hacia el costado, su maquillaje negro en un duro contraste con su piel blanca, haciéndola lucir como un mimo. 
—Cuando ella está dormida no hace preguntas.— ¿Qué? Miro a mi hermana como si fuera un fantasma, un caparazón de la persona que una vez conocí. 
—¿Ya no tienes consciencia?— Emily se encoje de hombres. La agarro por lo hombros y grito. 
—Emily, madura y finalmente toma responsabilidad por algo… ¡Lo que sea!— Lágrimas comienzan a caer por sus mejillas. No debería estar satisfecho por hacer llorar a mi hermana, pero juro que cualquier emoción de ella me satisface. Siento sus emociones, también. Pero son tan contradictorias con las mías que no puedo estar cerca de ella. No ahora. Una parte de Emily siempre será parte de mí. Su miseria se convierte en la mía, y ahora mismo no quiero hacer nada con eso. Ella esta sorbiéndose la nariz cuando dejo la casa y me dirijo hacia la calle. Camino diez casas antes de darme cuenta de hacia dónde me dirigía: La casa de la Sra. Reynolds. La única señora que es bastante fuerte para ayudarme. Tal vez me dejará vivir con ella, en esa pequeña habitación sobre el garaje. Veinte minutos esperando por que venga un autobús a llevarme a los Hampton parecen eternos. Cuando llega y echo un vistazo a la casa de la anciana, me siento como en casa. Toco el timbre, esperando que pueda oírlo. Tal vez si instalo uno de esas lamparitas que se encienden cada vez que suena el timbre, así si su audición realmente desaparece, ella estará lista. A la segunda vez que toco, la puerta se abre. Pero no es la Sra. Reynolds, es el dueño del restaurante de la Tía Mae. 
—¿Está la Sra. Reynolds en casa?
—¿No eres tú Nick Jonas?
—Sí. Yo…
—¿Como conoces a mi madre? —él exige. Pongo las manos en mis bolsillos. 
—Trabajo para ella.— Él duda, confundido, entonces su boca se amplia. 
—¿Tú construiste el mirador?
—Sí.
—¿Cuando Miley Cyrus trabajaba aquí? Los dos, ¿Juntos?
—Con la Sra. Reynolds —le aseguro
—¿Ella sabía que tú fuiste el que atropelló a Miley? Olvídalo, por la mirada en tu cara asumo que mi madre lo sabía. Probablemente trató de arreglarlo todo, ¿no es así?
—Sí, señor. Tengo que hablar con la Sra. Reynolds. —ella es la única que me queda ahora.
—Ella falleció ayer por la mañana.— No. No, esto no puede estar pasando. Un agujero se forma en mi pecho y se extiende por mis venas. 
—Estás mintiendo.
—Mi madre tuvo un ataque al corazón mientras dormía. Ahora no se qué va a pasar aquí, pero sé que la madre de Miley no quiere que estés andando cerca de su hija. Respeta a la familia y déjala estar.
—No hay problema. No hay problema en absoluto —digo.

martes, 4 de noviembre de 2014

It Was Always You - Niley- Cap 21


Me apresuro hacia el coche para abrirle la puerta a la Sra. Reynolds. Le extiendo mi mano para ayudarla a salir del coche. 
—Está caliente —le digo. Ella me da una palmada en la mejilla y le dice.
—Si yo fuera sólo sesenta años más joven, hijo mío.
—¿Hizo lo que le dije? —digo cerca de su oído. Ella resopló—. Tuve que decirle a Miley una ridícula frase que se me ocurrió.— La Sra. Reynolds y yo somos compañeros en el crimen de esta noche. El quiosco se ha terminado. Mi trabajo aquí ha terminado. Estuve con la anciana que Miley cuida alrededor de la ciudad hasta las seis. He estado planeando en mi cabeza esta noche juntos durante una semana. Una noche perfecta. Cuando doy vuelta y cojo la vista de Miley, estoy condenado al fracaso. Y sin palabras. La Sra. Reynolds dice: 
—No pongas esa cara asustada, Nick. No se ajusta a tu cara.— Miley se acerca a mí, con el vestido mostrando las curvas que recientemente había soñado.
—El mirador se ve muy bien —dice. No puedo ver lejos de ella. Demonios, no puedo quitar mis ojos de ella. Estas dos mujeres son probablemente mi gracia salvadora. Miley se sonroja, y luego se desliza para reunirse con la Señora Reynolds en el mirador. He puesto una mesa dentro del mirador con tres platos de comida, cortesía de mi jardín reservado y del Restaurante "Pequeña Italia". He añadido un calentador pequeño para mantener el quiosco caliente, y un radio portátil con la reproducción de música suave en el fondo. Después de tirar una silla para Miley, tiendo mi mano a la Sra. Reynolds.
—¿Quiere usted bailar, Señora?— Ella se ríe, pero me toma de la mano y tiro de ella en un giro depositándola en mis brazos. Ella grita. 
—Nick, por favor. Soy una señora de edad. ¿Dónde está mi bastón?
—Pensé que a las señoras mayores, les gustaban los hombres más jóvenes —bromeo, y bailamos lentamente hasta que la canción se ha terminado. Le llevo a su silla y la dejo ahí. 
—Lo mejor es mirar lejos de él, Miley. Él es peligroso —hago una mueca de dolor cuando me agacho para sentarme.
—¿Qué está mal? —Miley pregunta.
—Nada —le digo después de que todo el mundo se ha servido. Tomo una cucharada de la sopa y miro hacia arriba. Miley no me lo compraría. Ni la Sra. Reynolds—. Vale, vale. Competí en una lucha hoy por invitación. No es gran cosa.
—Yo no sabía que te habías unido al equipo.
—Fue una cosa de una sola vez. Me parece.— La Sra. Reynolds termina su sopa y ondea la cuchara hacía mí. 
—Es posible que tenga una costilla rota.
—Estoy seguro de que es sólo una magulladura —digo, tratando de tranquilizar tanto a ella como a mí—. Justo antes de cubrir a Vic en la segunda ronda, me tiraron al suelo y tomó un período de cinco puntos.— He ganado la pelea, pero el entrenador aún así me mando al infierno por jugar sucio la primera ronda.
—No puedo esperar hasta ver los narcisos —Miley dice, con los ojos brillantes con las velas brillando sobre ellos. Mis manos están húmedas por el nerviosismo, no tengo idea de por qué—. Vas a tener que tomar una foto para mí y enviarla a España.— Todavía no puedo creer que ella se vaya. Justo cuando me enamoré de ella.
—Hablando de España... —la Sra. Reynolds tiene las manos en un sobre—. Disfruta de tu viaje, pero siempre recuerda de dónde vienes.— Miley pone un vaso lleno de agua frente a ella. —¿Quién puede olvidar el Tennessee?— Chocamos nuestros vasos. Después de comer, abro las cajas de Irina, la chef de la tía Mae. Como puedo coloco las tartas en frente de Miley y la Señora Cyrus, jurarías que se pusieron de acuerdo por las expresiones en sus eufóricos rostros. Todos tomamos un tenedor y probamos.
—Este ha sido el día más magnífico de mi vida desde que Albert murió, descanse en paz. Gracias a ambos. Pero estos huesos cansados necesitan un descanso.
—¿Estás bien? —Miley pregunta, la preocupación marca su voz. Los dos nos levantamos para ayudarla.
—No, ustedes dos siéntense y disfruten. Sólo necesito descansar un poco.— Independientemente de que la anciana está renegando. Miley la lleva al piso de arriba mientras yo limpio los platos. 
—¿Ella está bien? —pregunto cuando Miley vuelve al exterior.
—Creo que sí. Ella fue al doctor ayer. Él quiere hacerle algunas pruebas, pero es demasiado testaruda para ir.— Puedo ver a Miley. Dios, cualquiera que esta con ella se ve infectado por su humildad y honestidad. 
—¿Bailamos?
—No puedo —dice—. No con mi pierna...— Tomo su mano en la mía y la conduzco de nuevo al quiosco. 
—Baila conmigo, Miley—la insto poner un brazo en mi espalda y la acerco a mí. Nos domina de la música. Poco a poco se relaja en mis brazos. 
—Nunca imaginé que sería así —dice ella en mi pecho. Cuando la pierna le empieza a doler, hago lugar en el suelo y nos acostamos el uno al lado del otro.
—¿Qué viste en Delta? —se pregunta. Caray, ni yo lo sé. 
—Ella era muy popular y bonita. Alguien con quien todos los chicos querían salir. Solía mirarme como si yo fuera el único hombre que pudiera hacerla feliz —ella se sienta—. Muy bien, ahora sueno como un idiota —yo era uno. Se acuesta a mi lado, utilizando mi brazo como almohada. Vemos las velas quemándose una por una. Cuando sólo hay una vela a la izquierda, la beso suavemente en los labios trazando sus curvas con las manos hasta que tengo el aliento débil.
—Déjame ver tus cicatrices —digo cuando estamos los dos jadeando y tratando de aspirar de nuevo. Hago uso de la orla de su vestido en mi puño y deslizo lentamente el material hacía arriba. Ella toma mi mano con la suya y alisa el material hacia abajo. 
—No.
—Confía en mí.
—Yo... no puedo —murmura—. No con mis cicatrices.— Sus palabras me golpearon como el azote de una puerta. Porque aunque ella piensa que ella me perdonó, aunque hizo promesas de perdón, incluso si ella me besa como si yo fuera su héroe, finalmente se da cuenta que no puede superar su ira en su interior. Y nunca va a confiar en mí. Me acuesto de nuevo, totalmente frustrado, y poniendo mi brazo sobre mis ojos. 
—Esto no va a funcionar, ¿verdad?— Miley se sienta. 
—Estoy tratando —dice ella, con su voz llena de pesar. Quiero decirle a Miley que no soy el responsable de lastimar a su pierna, pero no puedo. ¿Qué pasa si Emily estaba en lo cierto? No puedo dejar que mi hermana vaya a la cárcel cuando ya he pagado por su error. Estoy comprometido a vivir con esa culpa para siempre. La noche del accidente, se suponía que debía llevar a casa a Emily. Pero yo estaba demasiado borracho y enfurecido por las acusaciones de Miley. Que quedarme con Delta y asegurarme de que no se fuera a casa con otro individuo fue más importante que cualquier otra cosa. Mi maldito ego. No tenía idea de que Emily se llevó mis llaves hasta que ella volvió a la fiesta despotricando como loca acerca de un accidente. El resto, como dicen, es historia.

Tenía todo lo que quería y lo estropee. Nick me amaba, todo lo que tenía que hacer era mostrarle mis cicatrices para probarle lo mucho que confiaba en él y amarlo de vuelta. Pero no pude. Algo me estaba jalando hacia atrás a mi coraza protectora. Le dije a mi mamá que estaba muy enferma para ir a la escuela hoy, así que estoy acostada en la cama. El vestido que la señora Reynolds me compro está colgado en mi armario, un cruel recuerdo de la noche más romántica de mi vida. Gane a Nick y lo perdí igual de rápido. Cuando me llevo a casa y aparcamos, me dio una pequeña sonrisa y dijo que siempre habíamos sido amigos y seguiríamos siendo amigos. Eso es lo más importante. ¿Verdad? ¿Entonces porque he estado llorando toda la mañana? Llame a la casa de la Señora Reynolds para ver cómo estaba después de anoche. El señor Reynolds responde el teléfono. 
—¿Hola? —dice con voz agitada.
—Hola, es Miley…. ¿Está la señora Reynolds ahí?— El señor Reynolds no dice nada por un largo tiempo y en mi garganta se forma un gran bulto.
—Mi mamá murió esta mañana, Miley.
—No —susurro mientras mi vida se viene abajo—. No puede ser verdad. Estábamos juntas. Anoche ella estaba bailando y riendo y…
—Ella estaba agradecida de tenerte en su vida —el dice—. Ella te quería como una nieta. Más que eso, ella te quería como a una amiga.
—¿Dónde está? ¿Estaba sola cuando murió?— El Señor Reynolds solloza. 
—Se la llevaron en una ambulancia. Ella murió cuando dormía, sin dolor. Su corazón ha estado mal por años, Miley. Sólo era cuestión de tiempo.— Lágrimas resbalan por mis mejillas mientras recuerdo todo el tiempo que pasamos juntas estos últimos meses. Ella me enseño tanto sobre la vida.
—Los narcisos… ella nunca vera florecer los narcisos —le digo, ahogando mis emociones.
—Mamá adoraba los narcisos. ¿No es así?— No sé que mas decirle. La señora Reynolds pudo haber sido grande en años, pero todavía había tanto que había planeado. Invitarnos a mamá y a mí a cenar, ver los narcisos florecer en la primavera. Comiendo los pasteles de Irina.
—La voy a extrañar.
—Se que lo harás. Ella nunca quiso un funeral. Decía que eran sólo una excusa para que la gente deprimida haga charlas sin sentido.— Sonrió con nostalgia. 
—Eso suena a ella. Ella me acusó de eso ayer, lo que me recuerda… un vestido. Ella compro un vestido.
—¿El azul colgado en la silla del cuarto?
—Sí. Si ella va a ser enterrada… —no puedo siquiera sacar las palabras.
—Me asegurare de eso. Escucha, si quieres venir y tomar algo de la casa antes de que la vendamos, puedes hacerlo.
—No puede vender la casa… los narcisos, el mirador… todo lo que le importó en los últimos dos meses todo para nada.— En la tarde, mi mamá me conduce a la casa de la Señora Reynolds por última vez. Ella está sosteniendo mi mano mientras Lou nos saluda. 
—Toma lo que quieras, Miley. En el cuarto de lavado, toda limpia y doblada, esta la muumuu.— La recojo y la aprieto contra mi pecho. Era la manera de protegerme de la Señora Reynolds, cubriendo mi ropa para que no me ensuciara. 
—¿Puedo tener esto? —pregunto. El Señor Reynolds luce sorprendido de que lo quisiera, pero dice: 
—Hablaba en serio cuando dije cualquier cosa.— Hay dos cosas más que quiero. Me dirijo hacia la cocina y abro gabinetes hasta que lo encuentro. Mi mamá esta encogiéndose de hombros al Señor Reynolds, quien esta tan desconcertado como ella. 
—Tiene que estar por aquí en algún lado. Aja.— Abro uno de los cajones de la parte superior, y en un pedazo de viejo, manchado y rasgado papel de lino, esta la receta de sus galletas favoritas Snickerdoodle.
—¿Algo más?
—Una cosa más.— Mamá y el Señor Reynolds me siguen hasta el ático. Me dirijo al baúl y lo abro.
Sosteniendo un marco de foto, digo: 
—Esto es lo último.— El señor Reynolds dice: 
—Es tuyo.—Miro la foto de dos personas locamente enamoradas en su día de bodas. Que los dos descansen en paz.

Miley no asistió ayer a la escuela, y no la he visto en toda la mañana. Hoy me he pasado dos veces por su casillero, pero ella ha estado tan elusiva como un fantasma. Durante el tercer periodo no logro concentrarme. Así que tomo el pase para el baño y salgo por la puerta. Pero no me dirijo directamente hacia el baño. Volteo la esquina y me dirijo por el corredor hacia donde sé que se encuentra su casillero. Me he convertido un acechador.
—¿Estás buscando a alguien, Nick? —es Delta, con su propio pase colgando de sus dedos—. ¿Tal vez a Miley Cyrus?
—Deja de estar jugando conmigo, Delta.— Ella destella una macabra sonrisa.
—No, en serio. Es solo que no logro entender que es lo que ves en ella.
—Nada —solo lo digo para quitarme de encima a mi ex—. No veo nada en Miley Cyrus. Lo único que ella ha sido es una distracción por no poderte tener a ti. —la mierda fluye porque necesito proteger a Miley y a Emily a cualquier precio. El sonido de alguien detrás de mí me hace voltear. Es Miley. Ha escuchado cada una de las falsas palabras que han salido de mi boca. Delta se escabulle hacia ella.
—¿Nick, le has dicho a Miley la verdad respecto el accidente?
—Delta. No lo hagas —digo en un tono de advertencia—. O le daré una pista a Brian sobre lo que ha estado pasando entre tú y yo.— Si Delta tuviera garras, las tendría afuera y seria mortal. Miley cojea en mi dirección.
—¿Qué es lo que ha estado pasando entre tú y Delta, Nick?— Delta coloca las manos sobre sus caderas, lista para que comience la pelea.
—Sí, Nick. Dile cuanta veces hemos estado juntos desde que regresaste— ¿Qué puedo decir? Quiero contarle la verdad a Miley, voy a decirle la verdad. Respecto a todo. Pero no aquí, no enfrente de Delta. Ella no tiene nada que ver conmigo y con Miley.
—Di algo —ordena Miley, sus ojos están en llamas. Cuando no lo hago, ella me da una bofetada y se aleja cojeando.
***
Odio las reuniones de motivación. Así que me parece demente estar atrapado en medio de una el día de hoy, entre todos los días. Pero aquí me encuentro, en el medio de la multitud de atletas mientras las porristas guían al resto de la escuela para animar a todo el cuerpo estudiantil. Como si un grupo de luchadores quisiera ser "animado". Pero los chicos tomarían cualquier excusa para saltar una hora de clase. Meyer se para en el podio como si fuera el presidente de los Estados Unidos en lugar de ser el director de una escuela de un pequeño pueblo.
—Acomódense, todos. Acomódense —el lugar sigue estando ruidoso, pero es lo mejor que va a lograr y lo sabe.
—Es el momento de conmemorar a los estudiantes que representan a las Panteras de Tennessee en competencias deportivas.— La multitud se comienza a agitar, el piso del gimnasio vibra por el ruido.
—Tranquilícense. Tranquilícense. Esta tarde vamos a honrar a nuestros atletas. Cada entrenador subirá al podio y anunciara a cada uno de los miembros de su equipo. Vamos a comenzar con el equipo más grande… ¡Futbol!— Esto lleva a las porristas a un frenesí, pateando y haciendo volteretas por todo el gimnasio
—Levanten la mano cuando diga su nombre —dijo el entrenador de futbol—. Adam Albers, Nate Atkins, Max Ballinski, Ty Edmonds... —la lista sigue y sigue por lo que parece durar para siempre.
Estoy parado al lado de Brian.
—Viejo, esto es una tortura.
—Dímelo a mí —dijo él. Pero cuando el entrenador Wenner sube al podio, los chicos del equipo de lucha de Tennessee no están dispuestos a aceptar un puesto de atrás. Comienza un rugido detrás de mí.
—¡Wee-ner! ¡Wee-ner! ¡Wee-ner!— Los chicos están pronunciando mal el nombre del entrenador a propósito. Apuesto que Wenner ya está planeando cuantas lagartijas extras hará el equipo para pagarle por eso. El resto de la escuela se une, aunque los profesores están tratando de ponerle fin al más mínimo grito.
—¡Wee-ner! ¡Wee-ner!
—Está bien, jaja, muy gracioso. Ya se rieron, ahora vamos a hacerlo —dice el entrenador—. Andy Abrams, Nick  Jonas, Adrián Cho, David Grant...
Aunque nuestra escuela es pequeña, lleva un buen rato pasar por todos los nombres. Finalmente, después de haber estado una hora atascado en este caluroso gimnasio, Meyer vuelve al micrófono y nos despacha a nuestro tercer periodo. Tratar de salir es como una escena de un levantamiento colectivo. Todo el mundo esta tan ansioso como yo por escapar. Pero me quedo atrás. Escaneo las tribunas. Mi hermana está mirando hacia abajo, ignorando todo excepto las escaleras. Miley está parada con el resto de la multitud empujando entre ellos tratando de salir. Parece tan frágil parada allí, como un pájaro rodeado por una estampida de elefantes. Hay algunas sacudidas y empujones. Dos alumnos de tercer año están peleando. Y es justo donde Miley está parada.
—¡Miley, cuidado! —grito, pero ella no alcanza a escucharme. No se da cuenta de la conmoción que hay tras ella, pero soy muy lento y hay mucho ruido. El tipo es golpeado en dirección a Miley, quien tropieza tres pasos y cae sobre sus rodillas.
—¡Miley! —grito, empujando a la gente fuera de mi camino para poder llegar hasta ella. Finalmente la alcanzo y me arrodillo a su lado
—¿Miley, estás bien?— Ella pestañea, parece como si estuviera mareada y se sienta.
—Mi-ley , Mi-ley, Mi-ley —La multitud comienza a canturrear. Miro a la multitud y grito.
—¡Callen esa boca de mierda! —pero nadie me escucha. Agarro el codo de Miley. Ella trata de soltarse pero yo la aprieto—. ¿Estás bien? —le pregunto una vez que ella se encuentra en pie. La mayoría de los chicos han parado de gritar su nombre, pero algunos idiotas siguen sin tener nada mejor que hacer. Drew me agarra del hombro y me hecha hacia atrás. 
—Nick, ¿por qué la estas ayudando? La perra es responsable de haberte puesto en la cárcel.— Yo tomo mi puño y golpeo justo en el rostro de Drew. Él se me viene encima y estamos uno sobre el otro, puños volando, hasta que Wenner y otro entrenador nos separan.
—¿Dónde está Miley? —pregunto yo. Wenner me mira como si yo estuviera loco.
—En la enfermería.
—Tengo que verla.
—La única cosa que vas a ver es la oficina del director, Jonas. ¿Qué es lo que te pasa?— Soy escoltado a la oficina de Meyer. No tengo opción, ya que Wenner me tiene clavadas las muñecas a la espalda.
—Espera aquí por el Sr. Meyer —ordena el entrenador. Pero tan pronto como él deja la oficina, yo salto sobre el escritorio de enfrente y abro la puerta de la enfermería. Los pantalones de Miley están enrolladlos justo por encima de sus rodillas. Mi mirada se enfoca inmediatamente en sus cicatrices. Las furiosas líneas de donde los doctores debieron haberla cocido están rosadas y su pierna luce como si un animal feroz la hubiera arañado. Por su rodilla, donde está el grupo más grande de marcas, creo que tiene un injerto de piel, porque es más oscura y no concuerda con el resto de su suave piel color marfil. Apartando la vista de su pierna, levanto la mirada en dirección a ella. 
—Lo siento, Miley—digo. Su expresión es severa, sus ojos cerrados.
—Vete, Nick. ¿O quieres tomar una foto para poder mostrársela a Delta? Así tendrían los dos algo de que reírse.