domingo, 29 de septiembre de 2013

My Beautiful Mistake- Niley- Cap 15


Dos semanas. Eso era todo lo que me quedaba para, ya fuera, disfrutar el tiempo que nos quedaba juntos, o de algún modo demostrarle a Miley de que yo podía ser quién ella necesitaba. Me vuelvo encantador; quito todos los inconvenientes; no reparo en gastos. Fuimos a los bolos, a citas para cenar, citas para comer, y para ir al cine. También pasamos tanto tiempo en el apartamento como era posible: rentábamos películas, ordenábamos comida, cualquier cosa para estar a solas con ella. No tuvimos ni una sola pelea. Adam llamó un par de veces. Aunque hice un buen papel, él no estaba feliz con cuán cortas eran las peleas. Dinero era dinero, pero yo no quería desperdiciar el tiempo estando lejos de Pidge. 
Ella estaba más feliz de lo que nunca la había visto, y por primera vez, me sentí como un ser humano normal y completo, en vez de un hombre enojado y roto. En las noches podíamos recostarnos y acurrucarnos como una vieja pareja de casados. Entre más se acercaba la última noche, más luchaba por mantenerme optimista y pretender que no estaba desesperado por mantener nuestras vidas del modo en el que estaban. La noche anterior a la última, Miley optó por cenar en Pizza Shack. Todo era perfecto: las migajas en el suelo rojo, el olor a grasa y especias en el aire, menos el desagradable equipo de fútbol. Perfecto pero triste. Era el primer sitio en el que íbamos a cenar juntos. Miley se río mucho, pero nunca se abrió. Nunca mencionó nuestro tiempo juntos. Todavía en esa burbuja. Todavía inconsciente. Que mis esfuerzos estuvieran siendo ignorados algunas veces era exasperante, pero ser paciente y mantenerla feliz eran las únicas maneras que tenían alguna oportunidad de tener éxito.
Ella se durmió aquella noche con bastante rapidez. Mientras ella dormía a tan sólo unos centímetros, yo la observé, tratando de guardar su imagen en mi memoria. La manera en la que sus pestañas caían contra su piel; la manera en la que su húmedo cabello se sentía contra mi brazo; el frutal, limpio olor que emanaba de su aromatizado cuerpo: el apenas audible ruido que su nariz hacía cuando exhalaba. Ella estaba tan tranquila, y se había acostumbrado a dormir en mi cama.
Las paredes rodeándonos estaban cubiertas con fotos de Miley en la época en la que estaba en el apartamento. Era oscuro, pero cada una estaba relacionada a un recuerdo. Ahora que finalmente se sentía como casa, ella se iba a ir. La mañana del último día de Miley sentía como si fuera a ser tragado por el dolor, sabiendo que ella empacaría a la mañana siguiente para Morgan Hall. Pidge estaría alrededor, tal vez me visitaría ocasionalmente, probablemente con Demi, pero estaría con Liam. Estaba al borde de perderla. El sillón crujió un poco mientras me balanceaba adelante y atrás, esperando a que ella se despertara. El apartamento estaba en silencio. Demasiado silencioso. El silencio pensaba sobre mí.
La puerta de Joe chilló mientras se abría y cerraba, y los pies descalzos de mi primo golpearon contra el suelo. Su cabello estaba levantado en todas las direcciones y sus ojos entrecerrados. Procedió a sentarse en la silla para dos, y me observó por un rato debajo de la capucha de su sudadera. Podría haber estado frío. No me di cuenta.
- ¿Nick? La vas a ver de nuevo. 
- Lo sé. -
- Por la Mirada en tu cara, no creo que lo sepas. -
- No será los mismo, Joe. Vamos a vivir diferentes vidas, a separarnos. Ella estará con Liam. -
- Tú no sabes eso. Liam mostrará su trasero. Ella se dará cuenta. 
- Entonces alguien más como Liam. 
Joe suspiró y puso una pierna en el sofá, sosteniéndolo por el tobillo. - ¿Qué puedo hacer?
- No me había sentido así desde que mamá murió. No sé qué hacer. - Dije ahogado. - La voy a perder. 
Las cejas de Joe se juntaron. - ¿Así que vas a renunciar a pelear, huh?
- He intentado todo. No puedo dejarla. Tal vez ella no se sienta del mismo modo sobre mí como yo de ella. -
- O tal vez ella sólo está intentando no hacerlo. Escucha. Demi y yo nos haremos invisibles. Todavía tienes está noche. Haz algo especial. Compra una botella de vino. Hazle espagueti. Haces un maldito buen espagueti. 
Un lado de mi boca se elevó. - El espagueti no va a hacer que ella cambie de opinión. 
Joe sonrió. - Nunca se sabe. Tu manera de cocinar es la razón por la que decidí mudarme contigo e ignorar el hecho de que eres un puto loco.
Asentí. - Lo intentaré. Intentaré lo que sea. -
- Sólo hazlo memorable, Nick. - Dijo Joe encogiéndose de hombros. – Ella podría entrar en razón. –
Joe y Demi se ofrecieron a recoger un par de cosas de la tienda de víveres así yo podría hacer la cena para Miley. Joe incluso accedió a hacer una parada en la tienda departamental para recoger una vajilla nueva de plata y así no tendríamos que usar la mierda de vajilla ‘mezcla y combina’ que teníamos en los gabinetes. Mi última noche con Miley estaba lista. Mientras acomodaba las servilletas esa noche, Miley apareció de la esquina en unos vaqueros agujereados y una camisa blanca suelta y floja.
- He estado salivando. Lo que sea que estás preparando, huele muy bien. - Serví el espagueti con la salsa Alfredo encima hondo en su plato, deslicé el pollo cajún rostizado encima, y después rocié un poco de tomate y cebolla verde picados.
- Esto es lo que he estado cocinando. - Dije, posicionando el plato frente a la silla de Miley. Ella se sentó, y sus ojos se abrieron, y después me observó llenar mi propio plato.
Arrojé un trozo de pan de ajo en su plato, y ella sonrió. - Pensaste en todo. – 
- Sí, así es. – Dije, descorchando el vino. El líquido rojo oscuro se derramó un poco cuando fluyó en su copa, y ella río entre dientes.
- ¿Sabes? No tenías que hacer todo esto.
Fruncí los labios. - Sí, si tenía que hacerlo. 
Miley tomó un bocado, y después otro, escasamente deteniéndose para tragar. Un pequeño gemido emanó de sus labios. - Esto está realmente bueno, Nick. - Dijo todavía masticando. - Me lo había estado ocultado. 
- Si te lo hubiera dicho antes, lo hubieras estado esperando todas las noches. – La sonrisa artificial que de algún modo puse, se desvaneció.
- Te voy a extrañar también, Nick. - Dijo, todavía masticando.
- Vas a seguir viniendo, ¿cierto? -
- Sabes que lo haré. Y tú vas a estar en lo de Morgan, ayudándome a estudiar, tal como lo hiciste antes. 
- Pero no será lo mismo. - Suspiré. - Vas a estar saliendo con Liam, nos vamos a mantener ocupados… nos vamos a ir en diferentes direcciones. 
- No va a cambiar mucho. 
Me reí una vez. - ¿Quién hubiera pensado por la primera vez que nos conocimos que estaríamos sentados aquí? No hubieras podido decirme 3 meses atrás que iba a ser tan miserable por despedirme de una chica. 
La cara de Miley decayó. - No quiero que seas miserable. 
- Entonces no te vayas. 
Miley tragó saliva, y sus cejas se movieron infinitesimalmente. - No puedo mudarme aquí, Nick. Eso es una locura. 
- ¿Quién lo dice? Acabo de tener las dos mejores semanas de mi vida.
- Yo también. 
- ¿Entonces por qué siento como si nunca fuera a volver a verte? - Ella me observe por un momento, pero no contestó. En su lugar se puso de pie y caminó alrededor de la mesa del desayuno, sentándose en mi regazo. Todo en mí quería mirarla a los ojos, pero tenía miedo de que si lo hacía trataría de besarla, y nuestra noche estaría arruinada.
Ella me abrazó, su suave mejilla presionando a la mía. - Te vas a dar cuenta que dolor en el trasero era yo. Y después te olvidarás acerca de todo eso de extrañarme. - Susurró en mi oído.
Frote mi mano en círculos entre sus omóplatos, tratando de ahogarla tristeza. - ¿Lo prometes?
Miley me miró a los ojos, tocando cada lado de mi cara con sus manos. Acarició mi quijada con su pulgar. Pensamientos de rogarle que se quedara pasaron por mi mente, pero ella no me escucharía. No del otro lado de su burbuja. Miley cerró sus ojos y se recostó. Sabía que ella quería besar la esquina de mi boca, pero yo volteé el rostro para que nuestros labios se encontraran. Era mi última oportunidad. Tenía que darle un beso de despedida. Se paralizó un momento, pero después su cuerpo se relajó, y dejo que sus labios permanecieran en los míos.
Miley finalmente se alejó, jugando con una sonrisa. - Tengo un día importante mañana. Voy a limpiar la cocina, y después me voy a ir a la cama. –
- Te ayudaré-  Lavamos los platos juntos en silencio, con Happy dormido a nuestros pies. Sequé el último plato y lo puse en el estante, y después alancé su mano para guiarla al corredor. Cada pasó era una agonía.
Miley se bajó sus vaqueros, y después levantó su camisa sobre su cabeza. Agarrando una de mis camisas del armario, ella dejó que el gris y desgastado material de algodón deslizarse sobre su cabeza. Me quité la ropa y sólo dejé mi bóxer como había hecho docenas de veces con ella en la habitación, pero esta vez la solemnidad llenaba la habitación. Nos subimos a la cama, y apagué la lámpara. Inmediatamente envolví mis brazos a su alrededor y suspiré, y ella posicionó su rostro en mi cuello. Los árboles afuera de mi ventana formaban una sombra en las paredes. Traté de concentrarme en sus figuras y en la forma en que la luz y el viento cambiaban la forma de sus siluetas contra los diferentes ángulos de la pared. Cualquier cosa para evitar de mi mente los números en el reloj, o cuan cerca estábamos de la mañana. La mañana. Mi vida iba a cambiar para empeorar en sólo unas horas. Jesucristo. No podía resistirlo. Apreté mis ojos cerrados, tratando de bloquear ese tren de pensamientos.
- ¿Nick, estás bien? 
Me tomó un poco formar las palabras. - Nunca he estado meno bien en mi vida. - Ella presiono su frente contra mi cuello de nuevo, y la apreté más.
- Esto es una tontería. - Dijo. - Vamos a vernos todos los días. 
- Sabes que no es verdad.- Su cabeza ladeo un poco hacia arriba. No estaba segura si ella me estaba mirando fijamente, o se estaba alistando para decirme algo. Esperé en la oscuridad, en el silencio, sintiendo como si el mundo fuera a derrumbarse a mí alrededor de mí en cualquier segundo. Sin advertencia, Miley frunció sus labios y tocó mi cuello con ellos. Su boca se abrió cuando probó mi piel, y la calidad humedad de su boca permaneció en ese punto. Miré hacia abajo en su dirección, tomado completamente por sorpresa. Una familiar chispa ardía tras la ventana de sus ojos. Inseguro de cómo pasó, finalmente había llegado hasta ella. Miley finalmente se había dado cuenta de mis sentimientos hacia ella, y la luz de pronto había entrado.
Me incliné, presionando mis labios contra los suyos, suave y lento. Mientras más tiempo nuestras bocas permanecían unidas, más me sentía abrumado por la realidad del asunto. Miley me puso más cerca de ella. Cada movimiento que hacía era una afirmación más de la respuesta. Ella sentía lo mismo. Ella me quería. Ella me deseaba. Quería correr alrededor de la calle y gritar en celebración, y al mismo tiempo no quería mover mi boca de la suya. Su boca se abrió, y moví mi lengua adentro, probando y buscando suavemente.
- Te deseo. - El peso de sus palabras cayó en mí, y entendí lo que quería decir. Una parte de mí quería arrancar cada pedazo de tela entre nosotros, la otra encender todas las luces y sirenas. Estábamos finalmente en la misma página. Ha había necesidad de apresurarlo ahora. Me aleje un poco, pero Miley sólo se volvió más determinada. Me aleje todo el camino en posición vertical sobre mis rodillas, pero Miley se quedó conmigo.
Agarre sus hombros para mantenerla a raya. - Espera un segundo. - Susurré, respirando fuerte. - No tienes que hacer esto, Pidge. Esto no es de lo que se trata está noche. 
Aunque yo quería hacer lo correcto, la inesperada intensidad de Miley junto con el hecho de que no había tenido sexo en un periodo de tiempo que de seguro era el record de mi vida, mi pene estaba orgullosamente erecto contra mi bóxer. Miley se recostó otra vez, y está vez la deje acercarse lo suficiente para tocar sus labios a los míos. Ella miro en mi dirección, seria y decidida. 
- No me hagas rogar. - Ella susurró contra mi boca. No importaba cuan noble yo intenté ser, esas palabras saliendo de su boca me estaba destruyendo. Agarré la parte de atrás de su cuello y sellé mis labios contra los suyos. Los dedos de Miley recorrieron la longitud de mi espalda y se quedaron en el elástico de mi bóxer, antes de parecer querer contemplar su siguiente movimiento. Seis semanas tensión sexual reprimida me abrumaron, y nos estrellamos en el colchón. Mis dedos se enredaron en su cabello mientras me posicioné entre sus rodillas abiertas. Justo cuando nuestras bocas de encontraron de nuevo, ella deslizó su mano al frente de mis bóxer.
Cuando sus suaves dedos tocaron mi piel desnuda, un gemido gutural surgió. Era es mejor maldito sentimiento que podría imaginar. La vieja y gris camisa que Miley vestía fue la primera cosa en desaparecer. Afortunadamente la luna llena alumbraba la habitación lo suficiente para que yo pudiera apreciar sus pechos desnudos por solo unos instantes antes de que impacientemente me moviera al resto de ella. Mi mano apretó sus bragas, y después las deslicé debajo de sus piernas. Probé su boca mientras seguía la línea interna de su pierna, y viajé por la longitud de su muslo. Mis dedos fueron dentro de la suave y mojada piel de Miley, y ella dejó escapar un largo y vacilante suspiro. Antes de que fuera más allá, una conversación que habíamos tenido anteriormente no hace mucho se reprodujo en mi mente. Miley era virgen. Si esto era lo que ella realmente quería, yo tenía que ser gentil. La última cosa que quería hacer era herirla.
Sus piernas se doblaron y retorcieron con cada movimiento de mi mano. Lamí y succioné diferentes puntos de su cuello mientras esperé a que ella tomara una decisión. Sus caderas se movieron de lado a lado, y se mecieron de atrás hacia adelante, recordándome del modo en que ella bailó contra mí en el ‘RED’. Tiró de su labio inferior, y lo mordió, hundiendo sus dedos en mi espalda al mismo tiempo. Me posicione sobre ella. Todavía tenía puestos mis bóxer, pero podía sentir su piel desnuda contra mí. Ella era tan malditamente cálida, contenerme fue la cosa más difícil que jamás me había obligado a hacer. Ni siquiera un centímetro más y pude haber empujado a través de mis bóxer y haber estado dentro de ella.
- Pigeon. - Dije jadeante. - No tiene que ser está noche. Esperaré hasta que estés lista. - Miley alcanzó el cajón de arriba de la mesa de noche y la abrió. El sonido de plástico crujió en su mano, y después ella abrió el paquete cuadrado con sus dientes. Eso fue una luz verde, si alguna vez había visto una. Mi mano dejó su espalda, y me bajé mi bóxer, pateándolos violentamente. Toda la paciencia que tenía se había ido. La única cosa en la que podía pensar era en estar dentro de ella. Deslicé el látex sobre mí, y después baje mis labios entre sus muslos, tocando las partes más sensibles de mi piel contra la suya.
- Mírame, Pigeon. - Solté. Sus grandes, redondos y grises- azules ojos miraron en mi dirección. Era tan irreal. Esto era sobre lo que había estado soñando desde la primera vez que ella me rodó los ojos, y estaba pasando finalmente. Ladeé mi cabeza, y después me incliné para besarla tiernamente. Continué y después me tensé, empujando hacia adentro lo más gentilmente que pude. Cuando me hice hacia atrás, miré a los ojos de Miley. Sus rodillas sostenían mis caderas en un agarre fuerte, y se mordió el labio inferior más fuertes que antes, pero sus dedos estaban haciendo presión sobre mi espalda, colocándome más cerca, Cuando me balanceé dentro de ella de nuevo, ella apretó los ojos con fuerza.
La besé suave y pacientemente. - Mírame. - Susurré. Ella canturreó, gimió y gritó. Con cada sonido que ella hacía se me hacía más difícil controlar mis movimientos. El cuerpo de Miley finalmente se relajó, permitiendo que me moviera contra ella en un movimiento más rítmico. Entre más rápido me movía, menos en control me sentía. Toqué cada parte de su piel, lamí y besé su cuello, mejillas y labios. Me apretaba contra ella una y otra vez, y cada vez yo empujaba más dentro.
- Te he deseado por tanto tiempo Miley. Eres todo lo que quiero. - Dije en un suspiró contra su boca. Agarré su muslo con una mano y me apoyé en mi codo. Nuestros estómagos se deslizaron fácilmente contra el otro y gotas de sudor comenzaron a formarse en nuestra piel. Pensé en volverla, o en ponerla encima de mí, pero decidí que prefería sacrificar la creatividad por ser capaz de mirarla a los ojos, y quedarme tan cerca a ella como pudiera. Justo cuando pensé que podía hacer que durará toda la noche, Miley suspiró
-Nick. - El sonido de ella diciendo mi nombre en un suspiro me tomó desprevenido y me volvió loco. Tenía que ir más rápido, empujar más profundo hasta que cada músculo en mi cuerpo se tensara. Gemí y me sacudí un par de veces antes de colapsar finalmente. Inhalé por la nariz contra su cuello. Ella olía a sudor, y su loción… y yo. Era malditamente fantástico.
- Ese fue un gran primer beso. - Ella dijo con una expresión contenta y cansada.
Escaneé su cara y sonreí. - Tú último primer beso. -  Miley parpadeó, y después caí en el colchón con ella, agarrando su desnuda espalda baja. 
De repente la mañana era algo por lo que esperar. Iba a ser nuestro primer día juntos, en vez de empacar la miseria mal disimulada, podíamos quedarnos durmiendo, pasar una ridícula cantidad de tiempo en la cama, y después sólo disfrutar el día como pareja. Eso sonaba malditamente cerca al cielo para mí. Tres meses atrás, nadie habría podido convencerme de que me sentiría de ese modo. Ahora, no había nada que quisiera más. Un gran y relajado aliento se movió en mi pecho arriba y abajo lentamente mientras me quedé dormido al lado de la segunda mujer que había amado.

jueves, 19 de septiembre de 2013

My Beautiful Mistake- Niley- Cap 14


El día no comenzó bien. Miley estaba en alguna parte con Demi, tratando de disuadirla de no dejar a Joe, y Joe estaba comiéndose sus uñas en la sala, esperando a que Miley hiciera un milagro. Había llevado al cachorro afuera una sola vez, paranoico de que Demi llegara en cualquier momento y arruinara la sorpresa. A pesar de que lo había alimentado y le había dado una toalla para que se acurrucara, se estaba quejando.  La simpatía no es mi punto fuerte, pero nadie podía culparlo. Sentarse en una pequeña caja no era la idea de nadie de un buen momento. Afortunadamente, segundos antes de que ellas regresaran, el pequeño mestizo se había calmado y dormido. 
─ ¡Están de regreso! ─ dijo Joe, saltando fuera del sofá. 
─ Ok ─ dije, cerrando la puerta detrás de mí silenciosamente ─ Comportát…
Antes de que mi oración estuviese completa, Joe había abierto la puerta y bajado las escaleras. La entrada era un buen lugar para mirar a Miley sonreír a la ansiosa reconciliación de Joe y Demi. Miley metió las manos en los bolsillos de atrás y se dirigió al apartamento.  Las nubes de otoño proyectaban una sombra gris sobre todas las cosas, pero la sonrisa de Miley era como el verano. Cada paso que daba que la acercaba a donde yo estaba, mi corazón latía con más fuerza contra mi pecho. 
─ Y ellos vivieron felices para siempre ─ dije, cerrando la puerta tras ella.  Nos sentamos juntos en el sofá, y empujé sus piernas en mi regazo. 
─ ¿Qué quieres hacer hoy, Pidge? 
─ Dormir. O descansar… o dormir. 
─ ¿Puedo darte tu regalo primero? 
Empujó mi hombro ─ Cállate. ¿Me has traído un regalo? 
─ No es un brazalete de diamante, pero pensé que te gustaría. 
─ Me encanta y aún no lo he visto. 
Levanté sus piernas fuera de mi regazo y fui a recoger su regalo. Trate de no mover la caja, esperando que el cachorro no despertara y hacer algún ruido para alertarla. ─ Ssshhhh, pequeño. Sin llorar, ¿Está bien? Sé un buen chico. 
Puse la caja a sus pies, agachándome detrás de ella. ─ Apresúrate, quiero verte sorprendida. 
─ ¿Qué me apresure? ─ preguntó, levantando la tapa. Su boca se abrió ─ ¿Un perrito? ─. Gritó ella, metiendo la mano en la caja. Ella levantó el cachorro a su cara, tratando de mantenerlo en sus manos, ya que se movía y estiraba su cuello, desesperado por cubrir su boca con besos. 
─ ¿Te gusta él?
─ ¿Él? ¡Lo amo! ¡Me compraste un perrito!
─ Es un Sabueso. Tuve que manejar tres horas para traerlo después de clases el jueves. 
─ Entonces, cuando dijiste que fuiste con Joe en su auto para comprar…
─ Fuimos a conseguir tu regalo ─ Asentí. 
─ ¡Él es muy inquieto!
─ Toda chica de Nashville necesita un cachorro ─, dije, tratando de mantener a la bola de pelos en el regazo de ella.
─ ¡Él parece muy feliz! Así es como voy a llamarlo ─, dijo, arrugando su nariz en él.  Ella era feliz, y eso me hacía feliz. 
─ Puedes tenerlo aquí. Yo me encargaré de él cuando vuelvas a Morgan, y eso me asegurara de que vengas a visitarlo varias veces al mes. 
─ Hubiera regresado, de todas maneras, Nick.
─ Haría cualquier cosa por esa sonrisa que está en tu rostro ahora mismo. ─ Mis palabras la hicieron pausarse, pero rápidamente volvió su atención al perro. 
─ Creo que necesito una siesta, Happy. Si, tú también la necesitas. ─ Asentí, empujándola a mi regazo y llevándola conmigo mientras me levantaba 
─ Vamos, entonces. ─ La llevé hasta la habitación, quitando las sábanas y luego bajándola al colchón, la acción por si sola me habría excitado, pero estaba muy cansado. Pasé por encima de ella para cerrar las cortinas, y luego caí en mi almohada. 
─ Gracias por quedarte conmigo anoche ─ dijo, su voz un poco ronca y somnolienta. ─ No tenías por qué dormir en el suelo del baño. 
─ Anoche fue una de las mejores noches de mi vida.
Se volvió hacia mí con una mirada dudosa. ─ ¿Dormir entre un retrete y la bañera y en el frío y duro piso con una idiota vomitando fue una de tus mejores noches? Eso es triste, Nick. 
─ No, sentado contigo cuando estabas enferma, y tú durmiendo en mi regazo fue una de mis mejores noches. No fue cómodo, no dormí casi nada, pero estuve en tu veinte cumpleaños contigo, y realmente eres dulce cuando estas borracha. 
─ Estoy segura que entre eructando y vomitando fui muy encantadora.
La atraje hacia mí, acariciando a Happy, quien estaba acurrucado en su cuello. ─ Eres la única mujer que conozco que aún se ve increíble con la cabeza dentro del inodoro. Eso es mucho decir. 
─ Gracias, Nick. No haré que seas mi niñera otra vez. 
Me apoyé en mi almohada ─ Como sea. Nadie puede sostener tu cabello hacia atrás como yo. 
Ella río y cerró sus ojos. Tan cansado como estaba, era difícil dejar de mirarla. Su rostro estaba libre de maquillaje excepto por la delgada piel debajo de sus pestañas inferiores que todavía estaba un poco manchada con rimel. Ella se removió un poco antes de que sus hombros se relajaran.  Parpadeé un par de veces, mis ojos poniéndose más pesados cada vez que se cerraban. Parecía que apenas me había quedado dormido cuando escuché el timbre en la puerta Miley ni siquiera se movió. Dos voces masculinas murmuraban en la sala de estar, una de ella era la de Joe. La voz de Demi era un chillido agudo pero ninguno de ellos parecía feliz. Quienquiera que fuese no estaba haciendo una visita de cortesía.  Pasos resonaron en el pasillo y luego la puerta se abrió. Liam se paró en la puerta. Me miró a mí, y luego a Miley, su mandíbula tensa. Sabía lo que él estaba pensando, y cruzó por mi mente explicar porque Miley estaba en mi cama, pero no lo hice. En cambio, alargué mi mano y la apoyé en su cadera. 
─ Cierra la puerta cuando termines de meterte en mis asuntos ─, dije, apoyando mi cabeza junto a la de Miley. Liam se alejó sin decir una palabra. No azotó mi puerta, en cambio puso toda su puerta cerrando la puerta principal.  Joe se asomó en mi habitación 
─ Mierda, hermano. Eso no es bueno ─. Estaba hecho; no podía cambiarlo ahora. Las consecuencias no eran motivo de preocupación en ese momento, pero yacer junto a Miley, explorando sobre su contextura perfecta, su bello rostro, el pánico de deslizó dentro de mí. Cuando se enterara de lo que había hecho, ella me odiaría. Las chicas se fueron a clases a la mañana siguiente en un apuro. Pidge apenas tuvo tiempo de hablarme antes de irse, así que sus sentimientos acerca del día anterior eran sin duda menos claro. Me lavé los dientes y me vestí, y luego encontré a Joe en la cocina.  Se sentó en un taburete frente a la barra de desayuno, sorbiendo leche de la cuchara. Llevaba una sudadera y los boxers rosados que Demi le había comprado porque pensaba que eran “sexy”
Saqué un vaso del lavavajillas y lo llené con jugo de naranja. ─ Parece que lo de ustedes dos volvió a funcionar. 
Joe sonrió, mirándose casi ebrio de alegría. ─ Lo hicimos. ¿Alguna vez te he dicho como es Demi en la cama después de una pelea? 
Hice una mueca. ─ No y por favor no lo hagas. 
─ Pelear con ella así me asusta como el infierno, pero es tentado si nos arreglamos de esta manera todo el tiempo ─. Como no respondí, Joe continuó ─ Me casaré con esa mujer. 
─ Si. Bueno, cuando termines de ser un culo pensado, tenemos que seguir nuestro camino. 
─ Cierra el pico, Nick. No creas que estoy ajeno a lo que está pasando contigo. 
Crucé mis brazos. ─ ¿Y qué es lo que está pasando conmigo? 
─ Estás enamorado de Miley. 
─Definitivamente estabas haciendo mierda en tu cabeza para mantener tu mente lejos de Demi. 
─ ¿Lo estás negando? ─ Los ojos de Joe no parpadearon, y traté de mirar a cualquier parte excepto a ellos.  Después de un minuto completo, me moví nerviosamente pero me mantuve en silencio. 
─ ¿Quién está siendo un culo pensador ahora?
─ Jódete. 
─ Admítelo.
─ No. 
─ ¿No, no estás negando que estás enamorado de Miley, o no lo admitirás? Porque de cualquier manera, imbécil, tú estás enamorado de ella. 
─ ¿…Y? 
─ ¡LO SABÍA! ─ Joe dijo, pateando el taburete hacia atrás, haciéndolo patinar por el suelo de madera donde se reunió con la alfombra en la sala de estar. 
─ Yo… solo… cállate, Joe ─, dije. Mis labios formando una línea dura. 
Joe me señaló mientras se dirigía a mi habitación. ─ Acabas de admitirlo. Nick Jonas enamorado. Ahora lo he escuchado todo. 
─ ¡Solo ponte tus bragas y vámonos! ─ Joe se río para sí mismo en su dormitorio, y yo miré al piso. Decirlo en voz alta, a otra persona, lo hacía real, y no estaba seguro de que hacer con eso.  
Menos de cinco minutos después, yo estaba jugando con la radio en el Charger mientras Joe estaba saliendo del estacionamiento de nuestro apartamento.  Joe parecía estar en un estado de ánimo excepcionalmente bueno mientras nos llevaba a través del tráfico y frenando lo suficiente para no tirar a los peatones por encima del capó. Finalmente encontró un espacio adecuado en el estacionamiento, y nos dirigimos a Composición de Inglés II, la única clase que compartíamos.  La fila superior había sido el nuevo acuerdo de asientos de Joe y mío por bastantes semanas en un intento de liberarnos de la manada de hembras que generalmente rodeaba mi escritorio. 
La Dra. Parker entró campante en el aula, vertiendo un bolso de mano, un maletín y una taza de café en su escritorio. ─ ¡Cristo! ¡Hace frío! ─ dijo, tirando de su abrigo apretadamente alrededor de su pequeño cuerpo ─ ¿Está todos aquí? ─ Mas se dispararon hacia arriba, y ella asintió, no prestando realmente atención. ─ Genial. Buenas noticias. ¡Examen sorpresa! ─  Todo el mundo se quejó, y ella sonrió ─ Aún me aman. Papel y lápiz, gente. No tengo todo el día. 
La habitación se llenó con el mismo sonido mientras todos alcanzaban sus suministros. Escribí mi nombre en la parte superior de mi papel y sonreí ante los susurros de pánico de Joe. ─ ¿Por qué? ¿Examen sorpresa en Composición II? Jodidamente ridículo ─, dijo entre dientes. 
La prueba fue bastante inofensiva, y su lección terminó con otra tarea para entregar al final de esta semana. En los últimos minutos de clases, un chico de la fila justo delante de mí, estiró el cuello hacia atrás. Lo reconocí de la clase. Su nombre era Levi, pero sabía eso solo porque había escuchado a la Dra. Park llamarlo en varias ocasiones. Su pelo negro grasiento siempre estaba peinado hacia atrás, lejos de su cara picada de viruela. Levi nunca estaba en la cafetería, o en cualquier fraternidad. Él no estaba en el equipo de futbol, tampoco, y en ninguna de las fiesta. No en ninguna de las que yo frecuentaba, al menos.  Bajé la vista hacia él, y luego volví mi atención a la Dra. Park, quien estaba compartiendo una historia acerca de la última visita de su amigo gay favorito. Mis ojos se dirigieron hacia debajo de nuevo. Aún estaba mirándome. 
─ ¿Necesitas algo? ─ Pregunté. 
─ Acabo de enterarme acerca de la fiesta de James este fin de semana. Bien jugado. 
─ ¿Huh? 
La chica a su derecha, Elizabeth, se volvió también, su pelo castaño claro rebotando. Elizabeth era la novia de uno de mis hermanos de fraternidad. Sus ojos se iluminaron ─ Si. Lo siento por haberme perdido ese show. 
Joe se inclinó hacia adelante ─ ¿Qué? ¿La pelea entre Demi y yo? 
El chico se río ─ No. La fiesta de Miley. 
─ ¿La fiesta de cumpleaños? ─ Pregunté, tratando de no pensar a que él se podía estar refiriendo. Había varias cosas que habían pasado que podrían batir molinos de rumores, pero nada que un olvidado tipo al azar se enteraría.  
Elizabeth comprueba a ver si la Dra. Parker nos está mirando, y luego vuelve su cabeza atrás. ─ Miley y Liam. 
Otra chica se voltea ─ Oh, sí. Escuché que Liam los encontró a ustedes dos juntos la mañana siguiente. ¿Es cierto? 
─ ¿Lo has oído en dónde? ─ Pregunté. La adrenalina gritando a través de mis venas. 
Elizabeth se encogió de hombros. ─ En todas partes. La gente estaba hablando sobre eso en mi clase esta mañana. 
─ En la mía, también ─. Dijo Levi.  La otra chica solo asintió. 
Elizabeth se volvió un poco más, inclinándose hacia mí ─ ¿Ella realmente lo estaba haciendo en el pasillo de James con Liam, y luego se fue a casa contigo? 
Joe frunció el ceño. ─ Ella se está quedando con nosotros. 
─ No ─, dijo la chica al lado de Elizabeth ─ Ella y Liam se estaban besuqueando en el sofá de James, y luego se levantó, bailó con Nick, Liam se fue molesto, y ella se fue con Nick… y Joe. 
─ Eso no fue lo que yo escuché ─ dijo Elizabeth, visiblemente tratando de contener su entusiasmo ─ Escuché que era una especie de trío. Así que… ¿Cuál de todas es, Nick? 
Levi parecía estas disfrutando de la conversación ─ Siempre había oído que era al revés.
─ ¿A qué te refieres? ─ Ya irritado con su tono. 
─ Que Liam estaba consiguiendo tus sobras. 
Entrecerré mis ojos. Quien fuera que sea este tipo, sabía más de mí de lo que debería. Me incliné hacia él ─ Eso es un poco más que tu jodido negocio, imbécil. 
─ Está bien ─. Dijo Joe, poniendo sus manos en mi escritorio.  Inmediatamente Levi se volteó, y las cejas de Elizabeth se alzaron antes de volverse también. 
─ Jodida porquería ─. Me quejé. Miré a Joe ─ La hora del almuerzo es la siguiente. Alguien le dirá algo. Están diciendo que los dos nos la follamos. Maldición. Maldición, Joe,  ¿Qué hago? ─ Joe inmediatamente comenzó a meter sus cosas en su mochila, y yo hice lo mismo. 
─ Pueden irse ─, dijo la Dra Park ─ Váyanse endemoniadamente fuera y sean ciudadanos productivos hoy. ─ Mi mochila golpeó contra mi espalda mientras corría a través del campo, haciendo una línea recta hacia la cafetería. Demi y Miley aparecieron a la vista, a tan solo unos pasos de la entrada. 
Joe tomó el brazo de Demi. ─ Demi ─, resopló.  Agarré mis caderas tratando de recuperar el aliento. 
─ ¿Hay una turba de mujeres enfadadas que te persiguen? ─ Miley bromeó. 
Sacudí mi cabeza. Mis manos estaban temblando, así que agarré las tiras de mi mochila ─ Estaba tratando de alcanzarte… antes de que… entraras ─, suspiré. 
─ ¿Qué está pasando? ─ Preguntó Demi a Joe.
─ Hay un rumor ─, comenzó Joe. ─ Todo el mundo está diciendo que Nick llevó a Miley a casa y… los detalles son diferentes, pero es bastante malo. 
─ ¿Qué? ¿Hablas en serio? ─ Exclamó Miley. 
Demi rodó sus ojos. ─ ¿A quién le importa, Miley? La gente ha estado especulando sobre ti y Nick por semanas. No es la primera vez que alguien dice que ustedes duermen juntos. 
Miré a Joe, esperando a que él hubiese imaginado una forma de salir del apuro en el que me había metido. — ¿Qué? — Dijo Miley—. Hay algo más, ¿no es así?
Joe se estremeció. —Dicen que dormiste con Liam donde James, y que luego dejaste que Nick… te llevara a casa, si sabes a lo que me refiero.
Su boca cayó abierta. — ¡Genial! ¿Así que soy la puta de la escuela ahora?
Yo había hecho esto, y por supuesto que era Miley la que conseguía la mierda al final. —Esto es mi culpa. Si fuera alguien más, no estarían diciendo eso de ti. —Entré a la cafetería, con mis manos en puños a mis costados. Miley se sentó, y me aseguré de sentarme a unos pocos asientos lejos de ella. Los rumores habían sido extendidos sobre mí bolseando chicas antes, y algunas veces el nombre de Liam era incluso mencionado también, pero nunca me importó hasta ahora. Miley no merecía ser tratada de esa manera porque era mi amiga.
—No tienes que sentarte ahí, Nick. Vamos, ven a sentarte —dijo Miley, palmeando el espacio vacío en la mesa frente a ella.
—Escuché que tuviste un buen cumpleaños, Miley —dijo Chris Jenks, arrojando un trozo de lechuga en mi plato.
—No empieces con ella, Jenks —advertí, ceñudo. 
Chris sonrió, empujando sus redondas y rosadas mejillas. —Escuché que Liam está furioso. Dijo que vino a tu apartamento ayer, y tú y Nick todavía estaban en la cama.
—Ellos estaban tomando una siesta, Chris —se burló Demi.
Los ojos de Miley se clavaron en mí. — ¿Liam vino?
Me moví incómodo en mi silla. —Iba a decírtelo.
— ¿Cuándo? —espetó. Demi se inclinó en su oído, probablemente explicando lo que todo el mundo, excepto Miley sabía.
Miley puso sus codos sobre la mesa, cubriéndose el rostro con las manos. —Esto se pone cada vez mejor.
—Entonces chicos, ¿realmente no han entrado en acción? —Preguntó Chris—. Maldición, eso apesta. Pensé que Miley era la adecuada para ti después de todo, Nicl.
—Es mejor que pares ahora, Chris —advirtió Joe.
—Si no dormiste con ella, ¿importa si tomo una oportunidad? —dijo Chris, riendo a sus compañeros. Sin pensarlo, salté de mi asiento, y me subí a la mesa de Chris. Su rostro se transformó en cámara lenta desde una sonrisa a amplios ojos y una boca abierta. Agarré a Chris por la garganta con una mano y un puñado de su camiseta con la otra. Mis nudillos apenas sintieron la conexión con su cara. Mi rabia estaba al máximo y estaba a punto de mandarlo todo a volar. Chris cubrió su rostro, pero seguí dándole caza.
— ¡Nick! —gritó Miley, bordeando de la mesa. Mi puño se congeló en pleno vuelo, y entonces liberé la camisa de Chris, dejándolo desmoronarse en una pelota en el suelo. La expresión de Miley me hizo vacilar; estaba asustada de lo que acababa de ver. Tragó, y dio un paso hacia atrás. Su miedo sólo me puso más enojado, no con ella, pero porque estaba avergonzado de mí mismo. Pasé junto a ella y empujé a todos lo que estaban en mi camino. Dos por dos. Primero, me las arreglé para iniciar un rumor sobre la chica de la que estaba enamorado, y luego la asusté casi hasta la muerte. La soledad de mi habitación parecía el único lugar adecuado para mí. Estaba demasiado avergonzado para incluso buscar el consejo de mi padre. Joe me alcanzó. Sin una palabra, entró al Charger conmigo y encendió el motor.
No hablamos mientras Joe manejaba al apartamento. La escena que inevitablemente se hundiría cuando Miley decidiera ir a casa era algo que mi mente no quería procesar. Joe detuvo su coche en el usual lugar del estacionamiento, y salí, caminando como un zombi por las escaleras. No había un posible buen final. En cualquiera, Miley iba a irse porque estaba asustada de lo que vio, o incluso peor: tenía que liberarla de la apuesta para que así pudiera irse, incluso si no quería hacerlo. Mi corazón había ido y regresado entre dejar a Miley sola y decidir que estaba bien perseguirla más tiempo del que una chica de fraternidad en el segundo piso de una casa de estudiantes. Una vez dentro, tiré mi mochila contra la pared, y me aseguré de cerrar de golpe la puerta del dormitorio detrás de mí. No me hizo sentir mejor, de hecho, pisando fuerte como un niño me recordó mucho el tiempo de Miley que estaba perdiendo por perseguirla; si podía llamarse así. El zumbido agudo de la Honda de Demi sonó brevemente antes de que apagara el motor. Miley estaría con ella. Ella entraría gritando, o todo lo contrario. No estaba seguro de lo que me haría sentir peor.
— ¿Nick? —dijo Joe, abriendo la puerta. Negué con la cabeza, y entonces me senté al borde de la cama. Se hundió bajo mi peso. 
—Ni siquiera sé lo que ella va a decir. Podría sólo estar comprobándote.
—Dije que no. — Joe cerró la puerta. Los árboles afuera estaban marrones y empezaban a arrojar lo que quedaba de color. Pronto estarían sin hojas. Para el tiempo en que las últimas hojas cayeran, Miley se habría ido. Maldición, me sentía depresivo.
Unos pocos minutos más tarde, otro golpe en la puerta. — ¿Nick? Soy yo. Abre.
Suspiré. —Vete, Pidge. — La puerta crujió cuando la abrió. No me di la vuelta. No tenía que hacerlo. Happy estaba detrás de mí, y su pequeña cola estaba golpeando mi espalda ante su vista.
— ¿Qué pasa contigo, Nick? —preguntó. No sabía cómo decirle la verdad, y una parte de mí sabía que no me escucharía, de todos modos, así que sólo miré la ventana, contando las hojas cayendo. Con cada una que se desprendía y flotaba hasta el suelo, estábamos uno más cerca de Miley desapareciendo de mi vida. Mi reloj de arena natural. Miley se paró a mi lado, cruzándose de brazos. Esperé a que gritara, o me castigara de alguna manera por la crisis en la cafetería.
— ¿No vas a hablarme sobre esto?
Empezó a girar hacia la puerta y suspiré. — ¿Recuerdas el otro día cuando James se metió conmigo y tú saliste en mi defensa? Bueno… eso es lo que pasó. Sólo que me dejé llevar un poco.
—Estabas enojado antes de que Chris dijera algo —dijo, sentándose a mi lado en la cama. Happy inmediatamente se metió en su regazo, pidiendo atención. Conocía el sentimiento. Todas las travesuras, mis estúpidos trucos; todo era para conseguir de alguna manera su atención, y ella parecía ajena a todo. Incluso a mi loco comportamiento.
—Quise decir lo que dije antes. Tienes que irte, Pidge. Dios sabe que no puedo alejarme de ti. 
Alcanzó mi brazo. —No quieres que me vaya. — Ella no tenía idea de cuán cierta, y cuan equivocada, estaba. Mis sentimientos en conflicto sobre ella estaban enloqueciendo. Estaba enamorado de ella; no podía imaginar una vida sin ella; pero al mismo tiempo, quería para ella lo mejor. Con eso en mente, el pensamiento de Miley con alguien más era insoportable. Ninguno de los dos podía ganar, y sin embargo no podía perderla. El constante ir y venir me tenía agotado.
Empujé a Miley contra mí, y entonces besé su frente. —No importa lo duro que lo intente. Vas a odiarme cuando todo esté dicho y hecho.
Envolvió sus brazos a mí alrededor, uniendo sus dedos alrededor de la cúspide de mis hombros. —Tenemos que ser amigos. No tomaré un no por respuesta. — Me había robado mi línea de nuestra primera cita en la pizzería. Eso parecía como hace cien vidas atrás. No estaba seguro de cuando las cosas habían empezado a complicarse tanto.
—Te observo dormir un montón —dije, envolviéndola con ambos brazos—. Siempre te ves tan tranquila. No tengo ese tipo de tranquilidad. Tengo toda esta ira y rabia dentro de mí… excepto cuando te veo dormir. Quería que él pensara que algo sucedió. Ahora la escuela entera cree que estuviste con los dos en la misma noche. Lo siento.
Miley se encogió de hombros. —Si cree ese rumor, es su culpa.
—Es difícil pensar en algo más cuando nos vio en la cama juntos.
—Él sabe que me estoy quedando contigo. Estaba completamente vestida, por el amor de Cristo. 
Suspiré. —Probablemente estaba demasiado enojado para darse cuenta. Sé que te gusta, Pidge. Debería haberle explicado. Te debo mucho.
—No importa.
— ¿No estás enojada? —pregunté, sorprendido.
— ¿Es eso lo que te tiene tan molesto? ¿Pensabas que estaría enojada contigo cuando me dijeras la verdad?
—Deberías estarlo. Si me estuvieran hundiendo por la mala reputación de alguien, estaría un poco molesto.
—Tú no te preocupas por la reputación. ¿Qué pasó con el Nick que no le importa una mierda lo que piensen los demás? —bromeó, empujándome con el codo.
—Eso era antes de viera la mirada en tu rostro cuando escuchaste lo que todos están diciendo. No quiero que salgas herida por mi culpa.
—Tú nunca harías algo para lastimarme.
—Preferiría cortarme el brazo. —Suspiré. Relajé mi mejilla contra su cabello. Ella siempre olía tan bien, se sentía tan bien. Estar cerca de ella era como un sedante. Mi cuerpo entero se relajó, y de repente estaba tan cansado que no quería moverme. Nos sentamos juntos, nuestros brazos alrededor del otro, su cabeza metida en mi cuello, durante más tiempo. Nada más allá de ese momento estaba garantizado, así que me quedé allí dentro de él, con Pigeon.
Cuando el sol comenzó a ponerse, escuché un leve golpe en la puerta. — ¿Miley? —La voz de Demi sonaba pequeña en el otro lado de la madera.
—Entra, Demi —dije, sabiendo que probablemente estaba preocupada sobre por qué estábamos tan tranquilos.
Demi entró con Joe, y sonrió al vernos enredados en los brazos del otro. —Vamos por un poco de comida. ¿Tienen ganas de hacer una carrera hasta Pei Wei?
—Ugh… ¿comida asiática de nuevo, Demi? —pregunté.
—Sí, de verdad —dijo, pareciendo un poco más relajada—. ¿Vienen o no?
—Muero de hambre —dijo Miley.
—Por supuesto que sí, no llegaste a almorzar —dije, frunciendo el ceño. Me puse de pie, levantándola conmigo—. Vamos. Vamos por conseguirte algo de comida.
No estaba listo para dejarla ir todavía, así que mantuve mi brazo alrededor de ella durante el viaje a Pei Wei. A ella no parecía importarle, e incluso se inclinó contra mí en el auto mientras concedí compartir una comida para cuatro con ella. Tan pronto como encontramos una cabina, dejé mi abrigo junto a Miley y fui al baño. Era raro cómo todos pretendían que no había golpeado a alguien hace unas horas, como si nada hubiera pasado. Acuné mis manos bajo el agua, y me lavé la cara, mirándome en el espejo. El agua goteaba de mi nariz y barbilla. Una vez más, iba a tener que tragar la disforia y estar de acuerdo con el estado de ánimo falso de todos los demás. Como si tuviéramos que mantener pretextos para ayudar a Miley a avanzar a través de la realidad en su pequeña burbuja de ignorancia donde nadie sentía nada demasiado fuerte, y todo estaba establecido.
— ¡Maldición! ¿La comida aún no está aquí? —pregunté, deslizándome en la cabina junto a Miley. Su teléfono estaba sobre la mesa, así que lo agarré, encendí la cámara, hice una estúpida cara y tomé una foto.
— ¿Qué demonios pasa contigo? —dijo Miley con una risita.
Busqué mi nombre y luego adjunté la foto. —Entonces recordaras lo mucho que me adoras cuando llame.
—O lo idiota que eres —dijo Demi. Demi y Joe hablaron la mayor parte del tiempo de sus clases y de los últimos chismes, cuidando de no mencionar a nadie involucrado en la pelea de más temprano. Miley los miraba con su barbilla descansando en su puño, sonriendo y siendo hermosa sin esfuerzo. Sus dedos eras pequeños, y me sorprendí cómo de desnudo lucía su dedo anular. Ella me miró y se inclinó para empujarme juguetonamente con su hombro. Entonces se enderezó, para continuar escuchar la charla de Demi. Nos reímos y bromeamos hasta que el restaurante cerró, y luego nos amontonamos en el Charger para volver a casa. Me sentía exhausto, y aunque el día pareció largo como el infierno, no quería que terminara. Joe llevó en su espalda a Demi por las escaleras, pero me quedé atrás, tirando del brazo de Miley. Observé a nuestros amigos hasta que entraron en el apartamento, y entonces juguetee con mis manos y las de Miley. 
—Te debo una disculpa por hoy, así que lo siento.
—Ya te has disculpado. Está bien.
—No, me disculpé por Liam. No quiero que pienses que soy un psicópata que va por ahí atacando a la gente por lo más mínimo —dije—, pero te debo una disculpa porque no te defendí por la razón correcta.
—Y esa sería… —solicitó.
—Me lancé sobre él porque dijo que quería ser el próximo en la fila, no porque estaba burlándose de ti.
—Insinuar que hay una fila es la razón suficiente para que me defiendas, Nick.
—Ese es mi punto. Estaba enojado porque tomé eso como que él quería dormir contigo. 
Miley pensó por un momento, y entonces agarró los costados de mi camisa. Presionó su frente contra mi camiseta, en mi pecho. — ¿Sabes qué? No me importa —dijo, mirándome con una sonrisa—. No me importa lo que la gente está diciendo, o que perdiste tu temperamento, o el por qué arruinaste el rostro de Chris. La última cosa que quiero es una mala reputación, pero estoy cansada de explicar nuestra amistad a todo el mundo. Al diablo con ellos.
Las comisuras de mi boca se levantaron.— ¿Nuestra amistad? A veces me pregunto si me escuchas por completo.
— ¿Qué quieres decir?
La burbuja con la que se rodeaba era impenetrable, y me preguntaba lo que sucedería si alguna vez la atravesaba. —Entremos, estoy cansado.
Ella sintió, y caminamos juntos por las escaleras y en el apartamento. Demi y Joe ya estaban murmurando en su dormitorio, y Miley desapareció en el baño. Los tubos chillaron y luego el agua en la ducha golpeó contra el azulejo. Happy me acompañó mientras esperaba. Ella no perdía el tiempo; su rutina nocturna estaba completa en una hora.
Se tumbó en la cama, su pelo mojado apoyado en mi brazo. Exhaló un largo y relajante suspiro. —Sólo quedan dos semanas. ¿Vas a hacer un drama cuando me mude a Morgan?
—No lo  sé —dije. No quería pensar en ello.
—Oye. —Tocó mi brazo—. Estaba bromeando.
Quería que mi cuerpo se relajara contra el colchón, recordándome a mí mismo que por el momento, ella estaba todavía a mi lado. No funcionó. Nada funcionó. La necesitaba en mis brazos. Suficiente tiempo había sido perdido. — ¿Confías en mí, Pidge? —pregunté, un poco nervioso.
—Sí, ¿por qué?
—Ven aquí —dije, tirándole contra mí. Esperé por su protesta, pero sólo se congeló por un momento antes de dejar que su cuerpo se fundiera con el mío. Su mejilla se relajó contra mi pecho. Inmediatamente, mis ojos se sintieron pesados. Mañana intentaría pensar en una forma de posponer su partida, pero en ese momento, dormir con ella en mis brazos era la única cosa que quería hacer.

sábado, 14 de septiembre de 2013

My Beautiful Mistake- Niley- Cap 13


Miley no se quedó en el baño mucho tiempo. En realidad, no podía dejar el apartamento lo suficientemente rápido. Traté de no dejar que me afecte. Miley generalmente se volvía loca cada vez que algo serio ocurría. La puerta principal se cerró y el coche de Demi salió del estacionamiento. Una vez más, el apartamento parecía sofocante y demasiado vacío al mismo tiempo. Odiaba estar allí sin ella y me preguntaba que hubiera hecho antes de conocernos. Pasé por encima de una pequeña bolsa de plástico de la farmacia que recogí hace un par de días. Había subido algunas fotos de mí y Miley desde mi teléfono y pedí algunas impresiones. Las paredes blancas, finalmente tuvieron un poco de color. Justo cuando la última foto fue clavada en su lugar, Joe llamó a la puerta. 
—Oye, hombre.
— ¿Sí?
—Tenemos cosas que hacer.
—Lo sé. — Fuimos en coche hasta el apartamento de James, mayormente en silencio. Cuando llegamos, James abrió la puerta, con al menos dos docenas de globos. Las cuerdas largas de plata soplaron en su rostro, y las apartó, escupiendo algunas de los labios.
—Me preguntaba si ustedes habían cancelado. Gruver está trayendo la tarta y el licor. — Caminamos junto a él en la sala. Sus paredes no se veían muy diferente de la mías, pero su apartamento o bien estaba "totalmente amueblado" o consiguieron el sofá del Ejército de Salvación. James continuó—: Pedí a algunos redshirts que consigan algo de comida y los parlantes de puta madre de Mickey. Una de las chicas Sigma Cappa nos presta algunas luces, no te preocupes, no las invite. Le dije que era para una fiesta del próximo fin de semana. Deberíamos prepararla.
—Bueno —dijo Joe—. Demi se volvería una mierda salvaje si se presentara y nos encuentra aquí con un grupo de chicas de la hermandad.
James sonrió. —Las únicas chicas de aquí serán algunas los compañeras de clase de Miley y las novias de los chicos del equipo. Creo que a Miley le va a encantar.
Sonreí, viendo a James extendiendo los globos en el techo, dejando que las cuerdas cuelguen. —Yo también lo creo. ¿Joe?
— ¿Sí?
—No llames a Liam  hasta el último minuto. De esta manera, lo invitamos, pero si viene, al menos no va a estar aquí todo el tiempo.
—Lo tengo.
James toma aliento. — ¿Quieres ayudarme a mover muebles, Nick?
—Claro —le dije, siguiéndolo a la otra habitación. El comedor y la cocina eran una habitación, y las paredes ya estaban llenas de sillas. La barra tenía una hilera de vasos limpios de chupito y una botella sin abrir de Patrón.
Joe se detuvo, mirando la botella. —Esto no es para Miley, ¿verdad?
James sonrió, sus dientes blancos en contraste con su piel oliva oscura. —Uh... sí. Es una tradición. Si el equipo de fútbol está montándole una fiesta, ella tendrá que seguir el tratamiento del equipo.
—No puedes hacerla beber tantos tragos —dijo Joe—. Nick. Dile.
James levantó la mano. —No estoy haciéndole hacer nada. Para cada trago que beba, tendrá un billete de veinte. Es nuestro regalo para ella. —Su sonrisa se desvaneció cuando vio el ceño fruncido de Joe.
— ¿Tu regalo es la intoxicación por alcohol?
Asentí una vez. —Veremos si ella quiere tener un cumpleaños de tragos por veinte dólares, Joe. No hay nada malo en eso.
Trasladamos la mesa del comedor a un lado, y luego ayudamos a los redshirts a traer la comida y los altavoces. Una de las novias de los chicos comenzó a rociar ambientador de aire alrededor de la vivienda. — ¡Nikki! ¡Termina con esa mierda!
Ella puso la mano en la cintura. —Si ustedes no olieran tan mal, no tendría que hacerlo. ¡Diez chicos sudorosos en un apartamento empiezan a apestar bastante rápido! No quieres que ella esté caminando por aquí cuando huele como un vestuario, ¿verdad?
—Tienes razón —le dije—. Hablando de eso, tengo que volver y ducharme. Nos vemos en media hora. — Joe se secó la frente y asintió, sacando su celular de un bolsillo de los vaqueros y las llaves del otro.
Le escribió un mensaje rápido a Demi. En cuestión de segundos, su teléfono sonó. Sonrió. —Que me condenen. Están justo a tiempo. 
—Esa es una buena señal. — Nos precipitamos de regreso a nuestro apartamento. En quince minutos, me duché, me afeité y me vestí. Joe no se demoró mucho tiempo, pero me mantuve mirando mi reloj.
—Cálmate —dijo Joe, abotonándose la camisa a cuadros verdes—. Siguen estando de compras.
Un motor ruidoso se detuvo en frente, la puerta del coche se cerró de golpe, y luego pasos subieron los escalones de hierro fuera de nuestra puerta. La abrí, y sonreí. —Justo a tiempo.
Frankie sonrió, con una caja de tamaño mediano con agujeros en los costados y una tapa. —Él ha sido alimentado, bebió, hizo su mierda diaria. Debería estar bien por un tiempo.
—Eres increíble, Frank. Gracias. —Miré más allá de él para ver a mi padre sentado al volante de su camioneta. Saludó con la mano y le devolví el saludo.
Frankie abrió la tapa un poco y sonrió. —Sé bueno, hombrecito. Estoy seguro de que nos veremos de nuevo. — La cola del cachorro golpeó contra la caja, mientras sustituía la parte superior, y luego lo llevé dentro.
—Aw, hombre. ¿Por qué mi habitación? —preguntó Joe, gimiendo.
—En caso de que Pidge entre en la mía antes de que esté listo. —Saqué mi celular y marqué el número de Miley. El teléfono sonó una vez, y luego otra vez.
— ¿Hola?
— ¡Es la hora de la cena! ¿A dónde demonios han ido ustedes dos?
—Nuestras indulgencias eran mimarnos un poco. Tú y Joe sabían cómo comer antes de que saliéramos del departamento. Estoy segura de que puedes manejarlo.
—Bueno, no, joder. Nos preocupamos por ustedes, ya sabes.
—Estamos bien —dijo, con una sonrisa en su voz.
Demi habló en algún lugar cerca de Miley. —Dile que regresaremos en poco tiempo. Tengo que detenerme a recoger unas notas de Joe con James, y entonces iremos a casa.
— ¿La has escuchado? —preguntó Miley.
—Sí. Nos vemos luego, Pidge. — Colgué el teléfono y seguí rápidamente a Joe hacia el Charger. No estaba seguro de por qué, pero estaba nervioso.
— ¿Llamaste al imbécil?
Joe asintió, poniendo el coche en marcha. —Mientras estaba en la ducha.
— ¿Vendrá?
—Más tarde. Él no estaba contento por la poca antelación, pero cuando le recordé que era necesario debido a su boca jodidamente grande, no tuvo mucho que decir después de eso. —Sonreí. Liam siempre me ha molestado. Pero no invitarlo haría a Miley infeliz, así que tuve que ir en contra de mi mejor juicio y dejar que Joe lo llamara.
—No te emborraches y lo golpees —dijo Joe.
—No lo prometo. Estaciona allí, donde ella no lo vea —dije, indicando la parte de al lado. Corrimos alrededor de la esquina del apartamento de Joe, y golpeé. Estaba silencioso.
— ¡Somos nosotros! Abre. — La puerta se abrió, y Chris Jenks estaba en la puerta con una sonrisa tonta en la cara. Se balanceó hacia delante y atrás, ya borracho. Él era la única persona que me gustaba menos que Liam. Nadie podía probarlo, pero se rumorea que Jenks había puesto algo en la bebida de una chica una vez en una fiesta de fraternidad.
 La mayoría cree eso, puesto que era la única forma en que podía tener sexo. Nadie había podido probarlo, así que sólo traté de mantener un ojo sobre él. Lancé una mirada a Joe, que levantó las manos. Era evidente que él no era consciente que Jenks iba a estar allí. Eché un vistazo a mi reloj, y esperamos en la oscuridad con decenas de cuerdas de plata en nuestras caras. Todo el mundo estaba cerca, amontonados en la sala esperando por Miley, que el movimiento de una sola persona de todos nosotros nos inclinaría de un modo u otro hecho. Un par de golpes en la puerta nos hizo congelarnos. Esperaba que Demi entrara, pero no pasó nada. La gente susurraba mientras que otros los hacían callar. Otro golpe impulsó a James, y tomó varios pasos rápidos hacia la puerta, la abrió, revelando a Demi y Miley en la puerta.
— ¡FELIZ CUMPLEAÑOS! —gritaron todos al unísono. Los ojos de Miley se agrandaron, y luego sonrió, cubriendo rápidamente su boca. Demi la empujó hacia dentro, y todos se reunieron alrededor. Mientras hacía mi camino a Miley, la multitud se dividió. Se veía fenomenal, con un vestido gris y zapatos de tacón de color amarillo. Las palmas de mis manos ahuecaron cada lado de su rostro sonriente, y apreté los labios contra su frente.
—Feliz cumpleaños, Pigeon.
—Es hasta mañana —dijo, sonriendo a todo el mundo que nos rodeaba.
—Bueno, ya que podrías sospecharlo, decidimos hacer algunos cambios al último minuto y sorprenderte. ¿Sorprendida?
—Mucho.
Cheyne se precipitó para desearle un feliz cumpleaños y Demi dio un codazo a su lado. — ¡Qué bueno que tuviste que hacer algunas diligencias conmigo hoy, o te hubieras presentado desarreglada!
—Te ves grandiosa —le dije, mirándola fijamente. Grandiosa no era la palabra más poética que podría haber usado, pero no quería pasarme.
James se acercó a darle un abrazo de oso a Miley. —Y espero que sepas que Demi me contó la historia de James es espeluznante justo antes de llegar aquí
Demi echó a reír. —Funcionó, ¿no? — Miley sacudió la cabeza, sin dejar de sonreír y con los ojos abiertos de la sorpresa. Se inclinó al oído de Demiy le susurró algo, y luego Demi le susurró de vuelta. Iba a tener que preguntarle después de qué se trataba.
James subió el volumen de la música y todo el mundo gritó. — ¡Ven aquí, Miley! —dijo, caminando hacia la cocina. Cogió la botella de tequila en el bar, y se puso delante de los vasos de chupito alineados en el mostrador—. Feliz cumpleaños de parte del equipo de fútbol, pequeña. —Sonrió, llenando cada vaso de Petron—. Esta es la manera en que nosotros hacemos los cumpleaños: Cumplirás veinte, tienes veinte tragos. Puedes beber todo o no terminarlo, pero mientras más bebas, más de estos consigues —dijo, desplegándose un puñado de billetes de veinte.
— ¡Oh, Dios mío! —gritó Miley. Sus ojos se iluminaron en el lugar de tanto verde.
— ¡Bebe todo, Pidge! —le dije.
Miley miró a James, sospechosamente. — ¿Tendré veinte por cada trago que beba?
—Así es, peso ligero. Por tu tamaño, diré que voy a perder sesenta dólares al final de la noche.
—Reconsidéralo otra vez, James —dijo Miley. Levantó el primer vaso a su boca y lo dejó entre sus labios. Tenía la cabeza inclinada hacia atrás para vaciar el vaso, y luego hizo rodar el borde a través del resto de su labio, colocándolo en la otra mano. Era la cosa más sexy que jamás había visto.
— ¡Mierda! —dije, de repente encendido.
—Esto será realmente un desperdicio, James—dijo Miley, limpiando las comisuras de su boca—. Prefiero Cuervo, no Petron.
La sonrisa satisfecha en el rostro de James se desvaneció, y negó con la cabeza y se encogió de hombros. —Acaba con esto, entonces. Tengo la billetera llena de billetes de doce jugadores de fútbol que dicen que no puedes terminar diez.
Ella entrecerró los ojos. —Doble o nada, yo digo que puedo beber quince. — Yo no podía dejar de sonreír, y al mismo tiempo me preguntaba cómo en nombre de Dios iba a comportarme si ella seguía actuando como una maldita estafadora de Las Vegas. Era caliente como el infierno.
— ¡Guau! —Gritó Joe—. ¡No podemos hospitalizarte el día de tu cumpleaños, Miley! 
—Ella puede hacerlo —dijo Demi, mirando a James.
— ¿Cuarenta dólares por cada trago? —preguntó James, pareciendo inseguro.
— ¿Tienes miedo? —preguntó Miley.
— ¡Diablos, no! Te daré veinte por trago, y cuando llegues a quince, duplicaré el total.
Ella agarró otro trago. —Así es como se celebran los cumpleaños en Nashville.
La música estaba muy alta, y me aseguré de bailar con Miley en cada canción en la que ella estuviera de acuerdo. Todo el piso estaba lleno de sonrientes jóvenes universitarios, una cerveza en una mano y un vaso en la otra. Miley se desviaría de vez en cuando para tomar otro trago, y luego regresaba conmigo a nuestra pista de baile improvisada en la sala de estar. Los dioses del cumpleaños deben haber quedado satisfechos con mis esfuerzos, porque justo cuando Miley estaba disfrutando mucho, una canción lenta comenzó. Una de mis favoritos. Mantuve mis labios en su oído, cantándole, e inclinándome hacia atrás para articular las partes importantes que yo quería que entendiera de mí. Probablemente no entendió esa parte, pero eso no me impidió intentarlo. La incliné hacia atrás y dejó caer sus brazos detrás de ella, sus dedos casi tocando el suelo. Se echó a reír a carcajadas, y luego nos quedamos de pie, balanceándonos hacia adelante y hacia atrás de nuevo. Envolvió sus brazos alrededor de mi cuello y suspiró contra mi piel. Olía tan bien, que era ridículo.
—No podré hacer esto cuando haya terminado con todos esos tragos —se río.
— ¿Te he dicho lo increíble que te ves esta noche? — Sacudió la cabeza y me abrazó y apoyó la cabeza en mi hombro. La apreté contra mí y enterré mi cara en su cuello. Cuando estábamos así, tranquilos, felices, ignorando el hecho de que no íbamos a ser algo más que amigos, era el único lugar donde quería estar.
La puerta se abrió, y los brazos de Miley desaparecieron. —Liam—gritó, corriendo a abrazarlo. La besó en los labios, y pasé de sentirme como un rey a un hombre al borde de la muerte. Liam levantó su muñeca y sonrió, pronunciándole algo sobre ese brazalete estúpido.
—Oye —dijo Demi fuerte en mi oído. A pesar de que el volumen de su voz era más fuerte de lo normal, nadie más podía oír.
—Oye —dije de nuevo, sin dejar de mirar a Liam y Miley.
—Mantén la calma. Joe dijo que Liam sólo está pasando por aquí. Tiene algo que hacer mañana por la mañana, así que no puede estar mucho tiempo.
— ¿Oh, sí?
—Sí, y mantente tranquilo. Toma una respiración. Se irá antes de que te des cuenta. — Miley llevó a Liam al mostrador, tomó otro vaso, y lo bebió, dejándolo caer fuertemente como las cinco veces antes. James le dio otros veinte, y bailó hacia la sala de estar.  Sin dudarlo, la agarré y bailamos con Demi y Joe. Joe le dio un golpe en el trasero 
—Uno. — Demi le dio la segunda, y después los demás se unieron. En la número diecinueve, me froté las manos, haciéndole pensar que le iba a dar duro. 
—Mi turno. — Se talló el trasero. 
—Sé considerado ¡me duele el trasero! — Fui incapaz de ocultar mi regocijo, levante mi mano hasta la altura de mi hombro.  Miley cerró sus ojos, y después de un momento, miró hacia atrás. Me detuve antes de tocar su trasero, y le di una suave palmada. 
—Veinte— le grité. Los invitados aplaudieron, Demi le cantó su versión borracha de Feliz cumpleaños.  En la parte que tenía que decir su nombre, todos cantaron “Pigeon”. Me hizo sentir un poco orgulloso. Una canción lenta comenzó a sonar desde el estéreo, pero esta vez Liam la llevó al centro de la habitación de baile. Él se veía como un robot con dos pies izquierdos, rígidos y torpes. Traté de no mirar, pero antes de que la canción terminara, vi que ellos se deslizaban al pasillo. Mis ojos se encontraron con los de Demi. Me sonrió, me guiñó un ojo y sacudió su cabeza, diciéndome silenciosamente que no hiciera algo estúpido. Ella tenía razón. Miley no estuvo a solas con él por más de cinco minutos, antes de que caminaran a la puerta principal. La expresión incómoda y avergonzada en el rostro de Miley me dijo que Liam había tratado de que esos pocos minutos fueran memorables. Le besó la mejilla, y después Miley cerró la puerta.
— ¡Papá se ha ido!—grité, puse a Miley en el centro de la sala 
— ¡Hora de que la fiesta comience!—  Todo el mundo estalló en aplausos. 
— ¡Espera! Es tiempo — dijo Miley mientras entraba a la cocina. Ella tomó otro trago.
—Siete más, Miley —dijo James, y le entregó más dinero. La siguiente hora bailamos, reímos, y todo el mundo estalló en aplausos. Al ver que todavía le faltaban muchos, tomé uno del final y lo bebí. Miley tomó otro trago así que hice lo mismo. Los labios de Miley se transformaron en una sonrisa, y no podía dejar de mirarla durante toda la noche. No sabía cuánto tiempo hacia que la estaba mirando, pensé que me iba a sorprender mirándola, y me hizo preguntarme qué pasará cuando regresemos al departamento.  Miley se tomó su tiempo para beber los siguientes tragos, pero en el décimo, ya se encontraba en mal estado. Bailó en el sofá con Demi, saltaron y rieron, pero luego perdió el equilibrio. La atrapé antes de que cayera. 
—Has probado tu punto— le dije. —Has bebido más que cualquier chica que jamás he conocido. No permitiré que sigas tomando.
—Al diablo contigo —dijo, arrastrando las palabras—. Tengo seiscientos dólares esperándome en esos tragos, y tú entre todas las personas no vas a decirme que no puedo hacer algo extremo por dinero. 
—Si estás tratando tan duro por dinero, Pidge… 
—No estoy pidiéndote dinero prestado —se burló.
—Iba a sugerir que empeñaras el brazalete— dije sonriendo. Me dio un golpe en el brazo justo cuando Demi comentaba la cuenta regresiva para la media noche. Cuando las manecillas del reloj marcaron las doce, todos celebramos. Nunca había sentido tantas ganas de besar a una chica como ahora. Demi y Joe se me adelantaron y besaron cada uno una de sus mejillas. La levanté del suelo y di vueltas con ella.
—Feliz cumpleaños, Pigeon, — le dije, tratando de no presionas mis labios con los suyos. Todos los de la fiesta sabían lo que había estado haciendo en el pasillo con Liam. Sería una mierda para mí si la hacía quedar mal frente a todos los demás. Ella me miró con sus grandes ojos grises azulados, y me derretí mirándolos.
—Más tragos— dijo, tropezando a la cocina. Sus palabras me sobresaltaron, con todo el ruido y el movimiento alrededor de nosotros, su voz me devolvió a la realidad.
—Te ves acabada, Miley. Creo que es hora de que acabe tu noche— dijo James cuando llegó al mostrador.
—No soy una gallina— dijo. —Quiero ver mi dinero— Me uní a ella cuando James le dio un billete de veinte por los últimos dos vasos. Le gritó a sus compañeros — ¡Ella va terminarlos! emm. ¡Necesito  quince! — Todos gimieron y rodaron sus ojos, sacaron de su billetera billetes de veinte para apilarlos en los últimos vasos.
—Nunca hubiera pensado que podría perder cincuenta dólares en una apuesta de quince tragos con una chica —se quejó Chris. 
—Créelo, Jenks —dijo ella, tomando un vaso con una mano.  Levantó cada vaso, pero después se detuvo.
— ¿Pigeon? — le pregunté, acercándome.
Levantó su dedo, y James sonrió —Va a perder— dijo.
—No, no lo hará— dijo Demi muy segura. —Respira profundo Miley— Cerró sus ojos e inhaló, recogió el último trago que quedaba en el mostrador.
— ¡Santo Dios, Miley! Vas a morirte por intoxicación de alcohol. — dijo Joe horrorizado.
—Es buena en esto— aseguró Demi.  Echó su cabella hacia atrás, y dejó que el tequila corriera por su garganta. Todos estallaron en silbidos y gritos detrás de nosotros. James le entregó el fajo de dinero.
—Gracias— le dijo con orgullo, metiendo el dinero en su sostén.
Nunca había visto algo así en mi vida. —Eres increíblemente sexy en este momento— le dije al oído mientras caminábamos al salón.  Envolvió sus brazos a mí al redor, probablemente por el efecto del  tequila.
— ¿Estás segura de que estás bien? —
Ella quiso decir —Estoy bien— pero las palabras salieron raras.
—Hay que hacer que vomite, Nick. Sacar eso de su sistema. —dijo Joe.
—Dios mío Joe. Déjala en paz. Ella está bien, — dijo Demi molesta.
Las cejas de Joe se alzaron —Sólo estoy preocupado de que algo malo suceda.
— ¿Miley? ¿Estás bien?— Preguntó Demi. Miley consiguió darle una sonrisa, pero se encontraba medio dormida.
Demi miró a Joe —Sólo hay que dejar que fluya por su sistema, después se recuperará. No es la primera vez que toma. Cálmate.
—No puedo creerlo— dijo Joe. — ¿Qué opinas Nick? 
Enderecé a Miley y le pregunté. — ¿Pidge? ¿Quieres jugar salvado y condenado? 
—No—dijo
—Quiero Bailar— y envolvió sus brazos a mí alrededor con más  fuerza.
Miré a Joe y se encogió de hombros. —Siempre y cuando esté de pie y en movimiento…
No se veía feliz, Joe pasó a través de la multitud hacia la improvisada pista de baile hasta que se perdió de vista. Demi chasqueó la lengua, rodó los ojos y lo siguió.  Miley presionó su cuerpo con el mío. A pesar de que el ritmo de la canción era rápido, nosotros estábamos en el centro de la pista bailando lento, rodeados de gente moviéndose y agitando los brazos.  Luces azules, moradas y verdes se movían a nuestro alrededor en el suelo y en las paredes. Las luces azules se reflejaban en el rostro de Miley, y tuve que concentrarme para no besarla en ese momento. Cuando la fiesta comenzó a decaer unas horas más tarde, Miley y yo todavía estábamos en la pista de baile. Se había serenado después de que la alimentara con galletas saladas y queso, y había tratado de bailar alguna estúpida canción de pop con Demi, pero aparte de eso, Miley había estado en mis brazos todo el tiempo, me tenía bien sujetado con sus muñecas detrás de mí cuello. La mayoría de las personas ya se habían ido o se encontraban en algún lugar del departamento, y la pela entre Joe y Demi había empeorado.
—Si no estás abordo conmigo, me voy— dijo Joe, caminando a la puerta.
—Todavía no quiero irme— murmuró Miley con los ojos medio  cerrados.
—Creo que por esta noche es suficiente. Vamos a casa— cuando di un paso a la puerta, me di cuenta que Miley no se movió, estaba mirando el suelo, se veía mal.
—Vas a vomitar, ¿no es así?
Me miró con los ojos medio cerrados. —Sólo espera un momento— Se movió un paso atrás y uno adelante antes de que la cargara.
—Tú, Nicholas Jonas, eres muy sexi cuando no actúas como un mujeriego— dijo, torciendo ridículamente su boca en forma de sonrisa.
—Uh…gracias— dije, sujetándola más fuerte. Miley me tomó la mejilla con su mano. 
— ¿Señor Jonas sabe qué? 
— ¿Qué pasa, cariño? — Su expresión se volvió seria.
 —En otra vida, podría amarte— La miré por un momento, sus ojos se veían cristalinos. Estaba borracha, pero sólo por un instante no me parecía mal fingir que lo decía en serio.
—Creo que quieres decir que me amas— Inclinó su cabeza, y presionó sus labios en la esquina de mi boca. Había tratado de besarme, pero falló. Se hecho hacia atrás, y luego dejó caer su cabeza en mi hombro. Miré alrededor, y todos estaban congelados, mirando en estado de shock lo que acababan de presenciar. Sin una palabra, la saqué de la casa y la llevé al Charger, en donde Demi estaba de pie y con los brazos cruzados.
Joe señaló a Miley — ¡Mírala! ¡Es tu amiga, y tú la dejaste hacer algo increíblemente peligroso! incluso Ia animaste. 
Demi se señaló a sí misma. — ¡La conozco, Joe! La he visto hacer muchas cosas por dinero— La miré confundido. 
—En tragos. Quiero decir la he visto tomar más tragos por dinero— dijo tratando de explicar —Sabes a lo que me refiero.
— ¡Escucha lo que dices! — Dijo Joe gritando. —Has seguido a Miley desde Nashville para evitar que se meta en problemas. ¡Mírala! Tiene un nivel de alcohol muy peligroso en su organismo, ¡y está inconsciente! Se supone que debería de estar bien, ya que la cuidas. 
Demi estrechó sus ojos. —Oh, muchas gracias por el anuncio gratuito que me has dado acerca de lo que no se debe hacer en la universidad, señor diecinueve- años-chico- de once - billones- de “importantes”- amigas- debajo-de su pantalón— utilizó sus dedos para decir entre comillas “importantes” 
La boca de Joe se abrió de golpe, se quedó sin habla. —Entra al maldito coche. Estás borracha.
Demi se echó a reír —No sabes lo que quiero decir, niño de  mamá.
—Te dije que éramos cercanos.
—Sí, yo y mi trasero. Eso no significa que la voy a llamar dos veces al día.
—Eres una perra.
El rostro de Demi se volvió blanco. —Llévame a mi casa. 
— ¡Me encantaría hacerlo, pero para eso tienes que entrar en el puto coche! —dijo Joe gritando. Su rostro se puso rojo y las venas de su cuello estaban palpitando. Demi abrió la puerta y se metió a la parte trasera, dejando la puerta abierta. Me ayudó a colocar a Miley a su lado y pude sentarme con ellas. El viaje a casa fue breve y en silencio. Cuando Joe se estacionó y puso el freno de mano, salí rápidamente del coche. La cabeza de Miley estaba en el hombro de Demi, su rostro estaba cubierto con su cabello. Me metí y saqué a Miley poniéndola sobre mi hombro. Demi salió rápidamente y se dirigió a su coche, poniendo las llaves en su bolso.
—Demi— dijo Joe, arrepentido, le temblaba la voz. Demi se subió al coche, cerró la puerta en la cara de Joe, y se fue. Miley tenía su culo arriba y sus brazos colgaban en mi espalda.
—Va a regresar por Miley ¿verdad? — preguntó Joe con el rostro lleno de desesperación. Miley gimió, y luego sacudió su cuerpo. Después emitió un gemido/gruñido que siempre acompañaba al vómito precedido de salpicaduras. La parte trasera de mis piernas se sentían húmedas.
—Dime que no lo hizo— le pregunté horrorizado. Joe retrocedió por un segundo y después se enderezó 
—Sí lo  hizo— Corrí escaleras arriba subiendo de dos en dos, mientras Joe trataba de encontrar la llave del departamento. Abrió y corrí al baño.
Miley se inclinó en el inodoro, y vació todo el contenido de su  estómago. Tenía su cabello mojado por accidente de afuera, pero tome una de esas cosas de elástico redondas y recogí su largo cabello en una coleta. Los cabellos más cortos se salieron de la coleta y se pegaron a su rostro, así que tuve que sostenerlos con mi mano de todos modos, y después le puse una cosita negra. Había visto a muchas chicas de mi clase torcer y tirar de su cabello hacia atrás, no me tomó mucho tiempo averiguar por qué lo hacían. El cuerpo de Miley se volvió a sacudir. Tomé un trapo del armario de la entrada y lo mojé, después me senté junto a ella poniéndosela en la frente. Se apoyó en la bañera y gimió. Gentilmente limpié su cara con el trapo húmedo, y traté de quedarme quieto cuando apoyó su cabeza en mi hombro.
— ¿Vas a volver a hacerlo?— le pregunté. Me frunció el ceño, tratando de apretar sus labios hasta llegar de nuevo al inodoro. Volvió a vomitar sacando más líquido. Miley era tan pequeña, y la cantidad que llevaba expulsada no parecía ser normal. La preocupación se deslizó en mi mente. Me paré y regresé con dos toallas, mantas y almohadas en mis brazos. Miley gimió en la taza, su cuerpo estaba temblando. Hice una cama improvisada en la bañera y esperé, sabiendo que lo más probable era que iba a pasar la noche en este rincón del baño.
Joe se asomó en la puerta — ¿Debería llamar a alguien? 
—Todavía no. Voy a cuidarla
—Estoy bien— dijo Miley —No tengo una intoxicación de alcohol.
Joe frunció el ceño—No, esta estupidez es precisamente eso—
—Hey, lo tienes… ella…
— ¿Presente?— dijo con una ceja levantada.
—Sí.
—Lo tengo— dijo infeliz
—Gracias hombre— Miley se apoyó en la bañera una vez más, y volví a limpiar su cara. Joe humedeció un nuevo trapo y me lo tiró.
—Gracias.
—Grita si me necesitas— dijo Joe — voy estar en mi cama despierto tratando de pensar en algo que haga que Demi me perdone.
Me relajé en la bañera lo mejor que pude, y tiré a Miley en mi regazo. Ella suspiró y dejó que su cuerpo se relajara contra el mío. Aunque estuviera cubierta de vómito, cerca de ella era el único lugar en el que quería estar. Sus palabras en la fiesta se reproducían en mi mente. En otra vida, podría amarte Miley yacía débil y enferma en mis brazos, dependiendo de mí para cuidarla. En ese momento reconocí que mis sentimientos por ella eran más fuertes de lo que pensaba. En algún momento desde que nos conocimos y el día de hoy sosteniéndola en el piso del baño, me había enamorado de ella. Miley suspiró y apoyó su cabeza en regazo. Me aseguré de que estaba cubierta con las mantas antes de dormirme.
— ¿Nick? — susurró
— ¿Sí? — No respondió. Su respiración se fue nivelando y su cabeza se dejó caer pesadamente en mis piernas. La porcelana fría en mi espalda y el duro azulejo en mi culo era brutal, pero no me atrevía a moverme. Ella estaba cómoda, y quería que se quedara así. Veinte minutos después de observarla respirar, las partes que estaban incómodas se empezaron a adormecer y cerré mis ojos.
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Hola chicas, como estan? que tal con el drama Miam en Twitter? de que Miley y toda su familia dejaron de seguir a Liam en Twitter O.O para mi que esa relacion ya esta acabada, y tenia muchos problemas. A mi antes me caia bien Liam, pero ahora lo odio, siento que Miley esta pasando un mal momento, que se siente sola, y que por eso se refugia en lo que le hace mal, y necesita de una persona que le de estabilidad y tranquilidad. Admeas Liam es un estupido, en vez de apoyar y aconsejar a Miley solo dicen que se averguenza de ella por su presentacion en los VMA, ustedes que opinan?