viernes, 30 de agosto de 2013

My Beautiful Mistake- Niley- Cap 11


Volver a casa solo en el asiento trasero del Charger de Joe fue menos que emocionante. Demi tiró sus tacones y río mientras tocaba la mejilla de Joe con su dedo gordo. Él debió estar locamente enamorado de ella ya que solo sonrió, divertido con su risa contagiosa.
Mi teléfono sonó —Tengo un Novato listo para dentro de una hora. Fondo de Hellerton.
—Sí, eh… No puedo.
— ¿Qué?
—Me escuchaste. Dije que no puedo.
— ¿Estás enfermo? —Preguntó Adam, la ira creciendo en su voz.
—No. Debo asegurarme de que Pidge regrese a salvo a casa.
—Tuve muchos problemas para armar esto, Jonas.
—Lo sé. Lo siento. Tengo que irme. — Suspiré cuando Joe se estacionó en su puesto enfrente del apartamento y el Porsche de Liam no se encontraba por ningún lado.
— ¿Vienes, primo? —Preguntó Joe, volteándose en su asiento.
—Sí —dije, mirando hacia abajo a mis manos— Sí, supongo.
Joe empujó su asiento hacia adelante para dejarme salir, y me detuve justo antes del pequeño cuerpo de Demi. —No tienes nada de qué preocuparte, Nick. Confía en mí.
Asentí una vez y los seguí por las escaleras. Ellos fueron directo a la habitación de Joe y cerraron la puerta. Yo caí en el sillón reclinable, escuchando las risas incesantes de Demi, y tratando de no imaginar a Liam poniendo sus manos en la rodilla de Miley, o en su muslo. Menos de diez minutos después, el motor de un carro ronroneó afuera, e hice mi camino hacia la puerta, sosteniendo la perilla. Podía oír dos pares de pies subiendo por las escaleras. Un par eran tacones. Una ola de alivio me llevó. Miley estaba en casa. Solo sus murmullos se filtraron por la puerta. Cuando se quedó en silencio y la perilla de la puerta se movió, la giré por completo y abrí rápidamente.
Miley cayó a través del umbral y yo sostuve su brazo —Tranquila.—  Ella inmediatamente se volteó para ver la expresión en la cara de Liam. Era tensa, como si él no supiera qué pensar, pero se recuperó rápido, fingiendo ver más allá de mí hacia el interior del apartamento.
— ¿Alguna chica humillada varada aquí que necesite que la lleve?
Le lancé una mirada furiosa. Él tenía un maldito nervio —No empieces conmigo.
Liam sonrió y guiñó un ojo a Miley—Siempre lo estoy molestando. Ya no puedo tan seguido como solía ser desde que se dio cuenta de que era más fácil si hacía que ellas manejaran sus propios carros.
—Supongo que eso simplifica las cosas —dijo, Miley, volviéndose hacia mí con una sonrisa divertida.
—No es gracioso, Pidge.
— ¿Pidge? —Preguntó Liam.
Miley se movió nerviosamente —Es, eh… diminutivo de Pigeon. Es solo un sobrenombre, ni siquiera sé de dónde lo sacó.
—Vas a tener que informarme luego cuando lo averigües. Suena como una buena historia —Liam sonrió— Buenas noches, Miley
— ¿No querrás decir buenos días? —Ella preguntó.
—Eso también —dijo con una sonrisa que me hizo querer vomitar. Miley estaba ocupada desvaneciéndose, así que para traerla de vuelta a la realidad, tire la puerta sin advertencia. Ella se sacudió.
— ¿Qué? —Ella explotó. Pisoteé por el pasillo hacia la habitación, con Miley justo detrás de mí. Ella se detuvo justo dentro de la puerta, saltando en un pie, tratando de quitarse su tacón —Él es bueno, Nick.
Observé su lucha para balancearse con una pierna, y finalmente decidí ayudarla antes de que se cayera —Te vas a lastimar —dije, enganchando mi brazo en su cintura con una mano, y quitando sus tacones con la otra. Me quite mi camisa y la tiré en una esquina. Para mi sorpresa, Miley alcanzó su espalda para bajar el cierre de su vestido, lo deslizó hacia abajo, y luego pasó una camiseta sobre su cabeza. Hizo una especie de truco de magia con su corpiño para quitarlo y sacarlo de su camiseta. Todas las mujeres parecen saber la misma maniobra.
—Estoy segura de que no hay nada que yo tenga que tú no hayas visto antes —dijo, rodando sus ojos. Se sentó en el colchón y luego empujó sus piernas entre las cobijas y las sábanas. La observé acurrucarse contra la almohada, y luego quité mis jeans, pateándolos a la esquina también. 
Ella estaba curvada en una pelota, esperando que fuera a la cama. Me irritaba que hubiera venido a casa con Liam y que ahora se hubiera desvestido en frente de mí como si fuera nada, pero al mismo tiempo, ese era justo el jodido tipo de situación platónica en la que estábamos, y era todo gracias a mí. Tantas cosas estaban creciendo en mi interior. No sabía qué hacer con todo eso. Cuando hicimos la apuesta no se me ocurrió que ella estaría saliendo con Liam. Hacer un berrinche solo la llevaría directo a sus brazos. En el fondo sabía que haría lo que fuera para mantenerla cerca. Si mantener una tapa sobre mis celos significaba más tiempo con Miley, eso es lo que tendría que hacer. Me arrastré en la cama hasta su lado y levanté mi mano, apoyándola sobre su cadera.
—Me perdí una pelea esta noche. Adam llamó. No fui.
— ¿Por qué? —Ella preguntó, volteándose.
—Quería asegurarme de que volvieras a casa.
Ella arrugó su nariz —No tenías que cuidarme.
Tracé el largo de su brazo con mi dedo. Ella era tan cálida —Lo sé. Supongo que todavía me siento mal por la otra noche.
—Te dije que no me importaba.
— ¿Es por eso que dormiste en el sillón reclinable? ¿Por qué no te importó?
—No podía dormirme luego de que tus… amigas se fueran.
—Dormiste perfectamente en el sillón. ¿Por qué no podías dormir conmigo?
— ¿Quieres decir al lado de un hombre que todavía olía como el par de mujeres de bar que acaba de enviar a casa? ¡No lo sé! ¡Qué egoísta de mi parte!
Yo retrocedí, tratando de mantener lo visual fuera de mi cabeza —Dije que lo sentía.
—Y yo dije que no me importaba. Buenas noches —dijo, y se volteó.
Me estiré a través de la almohada para poner mi mano en las de ella, acariciando el interior de sus dedos. Me incline y besé su cabello —Tan preocupado que estaba de que nunca me volverías a hablar… creo que es peor que seas indiferente.
— ¿Qué quieres de mí, Nick? No quieres que este enojada por lo que hiciste, pero quieres que me importe. Le dices a Demi que no quieres salir conmigo, pero te enojas tanto cuando digo lo mismo que te vas y te pones ridículamente borracho. No tienes ningún sentido. 
Sus palabras me sorprendieron — ¿Por eso le dijiste aquellas cosas a Demi? ¿Por qué dije que no saldría contigo?
Su expresión era una combinación de sorpresa e ira —No, era en serio lo que dije. Solo que no lo dije como un insulto.
—Solo dije eso porque no quería arruinar nada. Ni siquiera sabría cómo ser la persona que te mereces. Solo intentaba hacer que funcionara dentro de mi cabeza. — Decir las palabras me hacía sentir enfermo, pero tenían que ser dichas.
—Lo que sea que eso signifique. Necesito dormir un poco. Tengo una cita esta noche.
— ¿Con Liam?
—Sí. ¿Puedo dormir, por favor? 
—Seguro —dije, empujándome a mí mismo fuera de la cama. Miley no dijo una palabra mientras la dejaba atrás. Me senté en el sillón reclinable, cambiando los canales de la televisión. Demasiado para mantener mi temperamento controlado, pero maldición esa mujer se podía meter bajo mi piel. Hablar con ella era como tener una conversación con un agujero negro. No importaba lo que dijera, incluso las pocas veces que era claro acerca de mis sentimientos. Su oído selectivo era exasperante. No podía llegar a través de ella, y ser directo solo parecía enojarla. El sol salió media hora después. A pesar de mi ira residual, fui capaz de quedarme dormido.
Unos momentos después mi teléfono sonó. Me revolví para buscarlo, todavía medio dormido, y luego lo sostuve contra mi oreja — ¿Sí?
— ¡Sombrero de culo! —dijo Frankie, ruidoso en mi oído.
— ¿Qué hora es? —Pregunté, mirando el televisor. Estaban pasando las comiquitas de los domingos por la mañana.
—Las diez y algo. Necesito tu ayuda con el camión de Papá. Creo que es el módulo de la ignición. Ni siquiera está encendiendo.
—Frank —dije a través de un bostezo— No sé un carajo acerca de carros. Por eso tengo una moto.
—Entonces pregúntale a Joe. Tengo que ir a trabajar en una hora, y no quiero dejar a Papá varado.
Bostecé de nuevo —Maldición, Frank, no dormí en toda la noche. ¿Qué está haciendo Tyler?
— ¡Trae tu trasero hasta acá! —Gritó antes de colgar. Lancé mi teléfono al sofá y luego me levanté, mirando el reloj en el televisor. Frank no se había alejado mucho cuando adivinó la hora. Eran las 10:20.
La puerta de Joe estaba cerrada, así que escuché por un minute antes de tocar dos veces y asomar mi cabeza dentro —Hey, Joe. ¡Joe!
— ¿Qué? —dijo Joe. Su voz sonaba como si hubiera tragado grava y lo hubiera seguido con ácido. 
—Necesito tu ayuda. — Demi lloriqueó un poco pero no se movió.
— ¿Con qué? —Joe preguntó. Se sentó, tomando una camiseta del suelo y deslizándola sobre su cabeza.
—El camión de Papá no arranca. Frank cree que es la ignición.
Joe terminó de vestirse y luego se incline sobre Demi —Voy a donde Paul por unas horas, bebé.
— ¿Hmmm?
Joe besó su frente —Voy a ayudar a Nick con el camión de Paul. Regresaré.
—Okay —dijo Demi, durmiéndose de Nuevo antes de que Joe dejara la habitación. Se puso el par de gomas que estaban en la sala y tomó sus llaves.
— ¿Vienes o qué? —Preguntó. Caminé por el pasillo hasta mi habitación, arrastrando el trasero como cualquier hombre que solo ha tenido cuatro horas de sueño, y no haya dormido bien. Me coloqué una camiseta sin mangas y luego una sudadera con capucha, y unos jeans. Haciendo lo mejor posible para caminar suave, gentilmente giré la perilla de la puerta de mi cuarto, pero me detuve antes de salir. La espalda de Miley estaba hacia mí, su respiración uniforme, y sus piernas desnudas tendidas en direcciones opuestas. Tuve un casi incontrolable impulse de meterme en la cama con ella.
— ¡Vamos! —Llamó Joe. Cerré la puerta y lo seguí hasta el Charger. Tomamos turnos para bostezar durante todo el camino hasta donde Papá, muy cansados como para conversar. La entrada de grava crujió bajo las llantas del Charger, y saludé a Frankie y a Papá antes de pisar el patio. El camión de Papá estaba estacionado en frente de la casa. Empujé mis manos en los bolsillos delanteros de mi sudadera, sintiendo el frío en el aire. Hojas caídas crujían bajo mis botas mientras caminaba a través del césped.
—Bueno, hola ahí, Joe —dijo Papá con una sonrisa.
—Hey, Tío Paul. Escuché que tenías un problema de ignición.
Papá puso una mano en su cintura redonda —Eso creemos… eso creemos —Asintió, mirando el motor.
— ¿Qué les hace creer eso? —Preguntó Joe, enrollando sus mangas.
Frankie señaló el salpicadero —Eh… está derretido. Esa fue mi primer indicio.
—Bien hecho —dijo Joe— Nick y yo iremos a la tienda de repuestos y recogeremos uno nuevo. Lo pondré y estarás listo.
—En teoría —dije, pasándole un destornillador a Joe.  Él desatornilló los pernos del módulo de ignición y luego lo quitó. Todos observamos la cubierta derretida.
Joe señaló el descubierto sitio donde el módulo de ignición estaba —Tendremos que reemplazar esos cables. ¿Ven las marcas de quemaduras? —Él preguntó, tocando el metal— El aislamiento de los cables está derretido también.
—Gracias, Joe. Voy a bañarme. Tengo que alistarme para ir a trabajar —dijo Frankie. Joe usó el destornillador para asistirse en un saludo descuidado para Frankie, y luego lo tiró en la caja de herramientas.
—Chicos se ven como si hubieran tenido una larga noche —dijo Papá.
Mitad de mi boca se levantó —Así fue.
— ¿Cómo está tu joven dama? ¿Demetria?
Joe asintió, una amplia sonrisa se ubicó a través de su cara —Ella está bien, Paul. Todavía está dormida.
Papá se rio una vez y asintió — ¿Y tú joven dama?
Me encogí de hombros —Ella tiene una cita con Liam Hemsworth esta noche. No es exactamente mía, Papá.
Papá guiñó un ojo —Todavía. — La expresión de Joe cayó. Estaba luchando contra un ceño fruncido.
— ¿Qué es esto, Joe? ¿No apruebas el Pigeon de Nick?
El uso poco serio de Papá con el sobrenombre de Miley tomó a Joe fuera de guardia, y su boca tembló, amenazando una sonrisa —No, me gusta Miley, está bien. Es solo que es lo más cercano a una hermana para Demi. Me pone nervioso.
Papá asintió enfáticamente —Entendible. Aunque, me parece que esta es diferente, ¿no crees?
Joe encogió sus hombros —Ese en parte es el punto. No quiero que el primer corazón roto de Nick sea por la mejor amiga de Demi. Sin ofender, Nick.
Fruncí el ceño. —No confías en mí en absoluto, ¿verdad?
—No es eso. Bueno, más o menos.
Papá tocó el hombro de Joe. —Tienes miedo, desde que este es el primer intento de Nick en una relación, él va a meter la pata y va a estropear las cosas para ti.
Joe agarró un trapo sucio y se limpió las manos. —Me siento mal por admitirlo, pero sí. Sin embargo estoy apoyándote, hermano, realmente lo hago.
Frankie dio un portazo en la puerta con tela metálica cuando salió de la casa. Me dio un puñetazo en el brazo, incluso antes de que yo lo viera levantar el brazo. — ¡Hasta luego, perdedores! —Frankie se detuvo y giró sobre sus talones—. No me refería a ti, papá.
Papá ofreció una media sonrisa y sacudió la cabeza. —Claro que no, hijo. — Frank sonrió, y luego se metió en su coche, un rojo oscuro y deteriorado Dodge Intrepid. Ese auto no era genial ni siquiera cuando íbamos al instituto, pero él lo amaba. Sobre todo porque fue pagado por él mismo. Un pequeño cachorro negro ladró, volviendo mi atención hacia la casa.
Papá sonrió, acariciando su muslo. —Bueno, vamos, miedoso. — El cachorro dio un par de pasos hacia adelante, y luego retrocedió a la casa, ladrando.
— ¿Cómo lo está haciendo? —pregunté.
—Hizo pis en el baño dos veces.
Hice una mueca. —Lo siento.
Joe se rió. —Al menos entendió la idea. — Papá asintió y sacudió la mano.
—Sólo hasta mañana —le dije.
—Está bien, hijo. Ha estado entreteniéndonos. A Frank le gusta.
—Bien. —Sonreí.
— ¿Dónde estábamos? —preguntó papá.
Me froté el brazo que latía por el puñetazo de Frank. —Joe me estaba recordando el fracaso que cree que soy cuando se trata de chicas.
Joe se rió una vez. —Eres un montón de cosas, Nick. Un fracaso no es una de ellas. Sólo creo que tienes un largo camino por recorrer, entre tú y el temperamento de Miley, las probabilidades están en tu contra.
Mi cuerpo se tensó y me enderecé. —Miley no tiene un mal temperamento.
Papá sacudió la mano. —Cálmate, pequeño. No está hablando mal de Miley.
—Ella no es así.
—Está bien —dijo papá con una pequeña sonrisa. Siempre sabía cómo manejarnos a los chicos cuando las cosas se ponían tensas, y por lo general trataba de apaciguarnos antes de que hayamos ido demasiado lejos.
Joe tiró el trapo sucio en la parte superior de la caja de herramientas. —Vamos a conseguir esa parte.
—Déjame saber cuánto te debo.
Negué con la cabeza. —Lo tengo, papá. Estamos a mano por el perro.
Papá sonrió y comenzó a recoger el desorden que Frankie dejó en la caja de herramientas. —Está bien, entonces. Nos vemos en un rato.
Joe y yo fuimos al Charger, en dirección a la tienda de repuestos. Hacía mucho frío. Apreté los extremos de las mangas en los puños para mantener las manos calientes. —Es una perra fría hoy —dijo Joe.
—Casi.
—Creo que le va a gustar el cachorro.
—Eso espero.
Después de unos cuantos minutos de silencio, Joe asintió. —No era mi intención insultar a Miley. Ya lo sabes, ¿verdad?
—Lo sé.
—Sé lo que sientes por ella, y la verdad es que espero que funcione. Estoy nervioso.
—Sí.
Joe se detuvo en el estacionamiento de O'Reilly y estacionó, pero no apagó el encendido. —Ella va a una cita con Liam Hemsworth esta noche, Nick. ¿Cómo crees que vas a estar cuando pase a recogerla? ¿Has pensado en ello?
—Estoy tratando de no hacerlo.
—Bueno, tal vez deberías. Si realmente quieres que esto funcione, tienes que dejar de reaccionar de la manera que quieres, y reaccionar de la manera en que funcione para ti.
— ¿Cómo?
— ¿Crees que vas a ganar algún punto si estás haciendo un mohín mientras se está preparando y, a continuación, actúas como un idiota con Liam? ¿O crees que ella apreciará si le dices lo increíble que se ve y la despides como un amigo haría?
—No quiero ser sólo su amigo.
—Ya lo sé, y tú lo sabes, y Miley probablemente lo sabe, también... y puedes estar absolutamente seguro de que Liam lo sabe.
— ¿Tienes que seguir diciendo ese jodido nombre?
Joe apagó el motor. —Vamos, Nick. Tú y yo sabemos que siempre y cuando sigas mostrándole a Liam que está haciendo algo para volverte loco, va a seguir jugando ese juego. No le des la satisfacción, y juega el juego mejor que él. Va a mostrar lo imbécil que es, y Miley se librará de él por su cuenta.
Pensé en lo que estaba diciendo, y luego lo miré. — ¿Tú... realmente lo crees?
—Sí, ahora vamos a conseguir esa parte para Paul y llegar a casa antes de que Demi se despierte y explote mi teléfono porque no se acuerda de lo que le dije cuando me fui.
Me reí y seguí a Joe en la tienda. —Es un jodido idiota, sin embargo. — No pasó mucho tiempo para encontrar la parte que Joe buscaba, y no mucho más tiempo para que la reemplazara. En poco más de una hora, Joe había instalado el módulo de encendido, inició el camión, y tuve una visita lo suficientemente larga con papá. En el momento en el que nos despedíamos mientras el Charger retrocedía fuera de la calzada, era unos pocos minutos después de mediodía. Como Joe predijo, Demi ya estaba despierta en el momento en que llegamos al apartamento. Trató de actuar irritada antes de que Joe explicara nuestra ausencia, pero era obvio que no estaba más que contenta de tenerlo en casa.
—He estado tan aburrida. Mileyy sigue durmiendo.
— ¿Todavía? —le pregunté, quitándome las botas.
Demi asintió e hizo una mueca. —A la chica le gusta dormir. A menos que se haya emborrachado increíblemente la noche anterior, duerme para siempre. He dejado de intentar convertirla en una persona mañanera. — La puerta crujió cuando la abrí lentamente. Miley estaba boca abajo, casi en la misma posición que estaba cuando me fui, justo al otro lado de la cama. Parte de su cabello estaba enmarañado contra su cara, la otra en suaves ondas a través de mi almohada. La camiseta de Miley se agrupó alrededor de su cintura, dejando al descubierto sus bragas azul claro. Sólo eran de algodón, no era particularmente sexy, y parecía en estado de coma, pero aun así, mirándola acostada al azar en mis sábanas blancas con el sol de la tarde entrando por las ventanas, su belleza era indescriptible.
— ¿Pidge? ¿Vas a levantarte hoy? — Murmuró y luego volvió la cabeza. Di unos cuantos pasos más en la habitación.
—Pigeon.
—Hep... merf... furfon... shaw. — Demi tenía razón. Ella no iba a despertarse en ningún momento pronto. Cerré la puerta suavemente detrás de mí, y luego me uní a Joe y Demi en la sala de estar. Ellos comían de un plato de nachos que Demi había hecho, mirando algo de chicas en la televisión.
— ¿Se despertó? —preguntó Demi.
Negué con la cabeza, sentado en el sillón. —Nop. Ella hablaba de algo, sin embargo.
Demi sonrió, con los labios sellados para evitar que los alimentos se caigan. —Ella hace eso —dijo, con la boca llena—. Oí que te fuiste de tu habitación anoche. ¿Qué ocurrió?
—Estaba siendo un imbécil.
Las cejas de Demi se levantaron. — ¿Cómo es eso?
—Me sentía frustrado. Casi le dije cómo me sentía y era como si le hubiera entrado por un oído y salido por el otro.
— ¿Cómo te sientes? —preguntó.
—Cansado por el momento. — Un nacho voló a mi cara, pero se quedó corto, aterrizando en mi camisa. Lo recogí y lo metí en mi boca, haciendo crujir las habas, el queso y la crema agria. No era del todo malo.
—Lo digo en serio. ¿Qué le has dicho?
Me encogí de hombros. —No me acuerdo. Algo acerca de ser quien se merecía.
—Oh —dijo Demi, suspirando. Se apartó de mí, en dirección a Joe, con una sonrisa irónica—. Eso fue muy bueno. Incluso tú tienes que admitirlo.
La boca de Joe se curvó a un lado, esa era la única reacción que obtendría de él por ese comentario. —Eres un gruñón —dijo Demi, con el ceño fruncido.
Joe se levantó. —No, cariño. Simplemente no estoy sintiendo todo genial. —Cogió una copia de Car and Driver de la mesa, y se dirigió al baño.
Con una expresión simpática Demi observó Joe salir, y luego se volvió hacia mí, con el rostro metamorfoseándose en disgusto. —Supongo que voy a utilizar tu baño durante las próximas horas.
—Si no quieres perder tu sentido del olfato para el resto de tu vida.
—Puede que quiera después de eso —dijo, temblando.
Demi volvió a poner la película, y vimos el resto de ella. Yo realmente no sabía lo que pasaba. Una mujer hablaba algo sobre vacas viejas y como su compañero de cuarto era un gigoló. Al final de la película, Joe se nos había unido, y el personaje principal se había dado cuenta de que tenía sentimientos por su compañera de cuarto, ella no era una vaca vieja, después de todo, y el gigoló, ahora reformado, estaba enojado por algún estúpido malentendido. Ella sólo tenía que perseguirlo por la calle, darle un beso, y todo estaba bien. No es la peor película que jamás había visto, pero aun así era una película para chicas... y todavía de mala calidad. En el medio día, el apartamento estaba bien iluminado, y el televisor estaba encendido, aunque en silencio. Todo parecía normal, pero también vacío. Los anuncios robados estaban aún en las paredes, colgaban al lado de nuestros carteles favoritos de cerveza con chicas calientes semidesnudas tiradas en varias posiciones. Demi había limpiado el apartamento, y Joe se encontraba tumbado en el sofá, hojeando los canales. Era un sábado normal. Pero algo estaba mal. Algo faltaba. Miley.
Incluso con ella en la habitación de al lado, dormida, el apartamento se sentía diferente sin su voz, sus golpes juguetones, o incluso el sonido de ella mordiéndose las uñas. Me había acostumbrado a todo esto, en nuestro corto tiempo juntos. Justo cuando los créditos de la segunda película comenzaron a rodar, oí la puerta de la habitación abrirse y los pies de Miley arrastrándose por el suelo. La puerta del baño se abrió y se cerró. Iba a empezar a prepararse para su cita con Liam. Al instante, mi temperamento comenzó a hervir.
—Nick —advirtió Joe. Las palabras de Joe de hoy temprano se repetían en mi cabeza. Liam estaba jugando el juego, y yo tenía que jugar mejor. Mi adrenalina se calmó, y me relajé contra el cojín del sofá. Ya era hora de poner mi cara de juego. El zumbido de los tubos del baño señaló la intención de Miley de tomar una ducha. Demi se puso de pie, y luego casi bailó hacia mi baño. Podía oír sus voces bromeando, pero no pude entender lo que decían. Me acerqué suavemente al pasillo, y sostuve la oreja a la puerta.
—No estoy muy emocionado acerca de ti escuchando a mi chica orinar —dijo Joe en un susurro. Puse mi dedo en los labios, y luego volví mi atención a sus voces.
—Se lo expliqué a él —dijo Miley. Se escuchó la cadena del inodoro y el grifo se encendió, y de repente Miley gritó. Sin pensarlo, agarré el pomo de la puerta y la abrí.
— ¿Pidge?
Demi echó a reír. —Sólo tiré de la cadena, Nick, cálmate.
—Oh. ¿Estás bien, Pigeon?
—Estoy genial. Fuera. —Cerré la puerta y suspiré. Eso fue una estupidez. Después de unos segundos de tensión, me di cuenta de que ninguna de las chicas sabía que me encontraba justo al otro lado de la puerta, así que coloqué la oreja en la madera de nuevo.
— ¿Es mucho pedir cerraduras para las puertas? —Preguntó Miley—. ¿Demi?
—Es realmente una lástima que ustedes dos no pudieron estar en la misma página. Tú eres la única que podría haber… —Suspiró—. Olvídalo. Ya no importa.
El agua se apagó. —Eres tan mala como él. Es un virus… nadie aquí tiene sentido. Estás enojada con él, ¿recuerdas?
—Lo sé —respondió Demi. Esa fue mi señal para volver a la sala de estar, pero mi corazón latía a un millón de kilómetros por hora. Por alguna razón, si Demi pensaba que estaba bien, sentí como si tuviera luz verde, que yo no era un completo idiota por tratar de estar en la vida de Miley. Tan pronto como me senté en el sofá, Demi salió del baño.
— ¿Qué? —preguntó ella, sintiendo que algo andaba mal.
—Nada, cariño. Ven a sentarte —dijo Joe, acariciando el espacio vacío a su lado. Demi felizmente cumplió, tumbándose a su lado, con el torso apoyado en su pecho. El secador de pelo se encendió en el baño, y miré el reloj. La única cosa peor que tener que estar bien con Miley saliendo en una cita con Liam, era tener a Liam esperando a Miley en mi apartamento. Mantener la calma durante unos minutos mientras ella agarraba su bolso y salía era una cosa. Mirar su fea cara mientras estaba sentado en mi sofá, sabiendo que él planeaba la manera de entrar en sus pantalones al final de la noche, era otra. Un poco de mi ansiedad se alivió cuando Miley salió del cuarto de baño. Llevaba un vestido rojo, y sus labios encajaban a la perfección. Su cabello en rizos, me recordaba a una de esas chicas modelos de los 1950. Pero, mejor… Mucho mejor.
Sonreí, y ni siquiera estaba obligado. —Estás... Estás hermosa. 
—Gracias —dijo, claramente tomada con la guardia baja. El timbre sonó, y al instante la adrenalina se apoderó de mis venas. Tomé una respiración profunda, decidido a mantener la calma. Miley abrió la puerta, y a Liamf le tomó varios segundos para hablar.
—Eres la criatura más hermosa que he visto nunca —susurró. Sí, yo definitivamente iba a vomitar antes de que terminara lanzando un puñetazo. Qué perdedor. La sonrisa de Demi se extendió de una oreja a la otra. Joe parecía muy feliz. Negándome a dar la vuelta, mantuve mis ojos en el televisor. Si veía la mirada de suficiencia en el rostro de Liam, treparía sobre el sofá y lo noquearía al piso sin dar siquiera un pasó. La puerta se cerró y me incliné hacia adelante, con los codos sobre las rodillas y la cabeza entre las manos.
—Lo hiciste bien, Nick —dijo Joe.
—Necesito un trago.

sábado, 24 de agosto de 2013

My Beautiful Mistake- Niley- Cap 10


No le tomó mucho tiempo a Cami averiguar que yo no era buena compañía. Sostuvo las próximas cervezas mientras me sentaba en mi silla habitual en el bar The Red. Los colores de las luces se perseguían unas a otras por la habitación, y la música era casi lo suficientemente fuerte como para ahogar mis pensamientos.
Mi paquete de Marlboro Reds había casi desaparecido, pero esa no era la razón de la sensación de pesadez en el pecho. Unas pocas chicas habían ido y venido, tratando de entablar conversación, pero no pude levantar mi línea de visión desde el cigarrillo medio quemado recostado entre dos de mis dedos. La ceniza era tan larga que era sólo cuestión de tiempo hasta que se desvaneciera, así que solamente miré los brasas que quedaba parpadear contra el papel, tratando de mantener mi mente alejada de la sensación de hundimiento que la música no podía ahogar. Cuando la multitud en el bar disminuyó, y Cami no se movía a mil kilómetros por hora, dejó un vaso vacío delante de mí, y luego lo llenó hasta el borde con Jim Beam. Lo agarré, pero ella cubrió mi pulsera negra de cuero con sus dedos tatuados que deletreaban baby doll cuando mantenía sus puños juntos.
—Está bien, Nick. Cuéntame.
— ¿Qué? —le pregunté, haciendo un débil intento de alejarme.
Negó con la cabeza. — ¿La chica?
El vaso tocó mis labios, e incliné la cabeza hacia atrás, dejando que el líquido quemara mi garganta. — ¿Qué chica?
Cami puso los ojos. — ¿Qué chica? ¿En serio? ¿A quién crees que estás hablando?
—Está bien, está bien. Es Pigeon.
— ¿Pigeon? Estás bromeando.
Me reí una vez. —Miley. Ella es una paloma. Una paloma demoníaca que jode tanto con mi cabeza que no puedo pensar con claridad. Ya nada tiene sentido, Cam. Cada regla que he hecho se ha roto una por una. Soy una nenaza. No... Peor. Soy Joe.
Cami se rio. —Sé amable.
—Tienes razón. Joe es un buen tipo.
—Sé amable contigo mismo, también —dijo, lanzando un trapo sobre la mesa y pasándolo en círculos—. Enamorarte no es un pecado, Nick, Jesús.
Miré a mí alrededor. —Estoy confundido. ¿Estás hablando conmigo o con Jesús?
—Lo digo en serio. Así que tienes sentimientos por ella. ¿Y qué?
—Ella me odia.
—Nah.
—No, la he oído esta noche. Por accidente. Piensa que soy una basura.
— ¿Ella dijo eso?
—Más o menos.
—Bueno, más o menos lo eres.
Fruncí el ceño. —Muchas gracias.
Extendió las manos, con los codos sobre la barra. —En base a tu comportamiento en el pasado, ¿no estás de acuerdo? Mi punto es... tal vez por ella, no lo serías. Tal vez por ella, podrías ser un hombre mejor. —Sirvió otro trago, y no le di la oportunidad de detenerme antes de tragarlo.
—Tienes razón. He sido un cabrón. ¿Puedo cambiar? Jodidamente no lo sé. Probablemente no lo suficiente como para merecerla.
Cami se encogió de hombros, tapando la botella en su lugar. —Creo que deberías dejarla que sea el juez de eso.
Encendí un cigarrillo, tomé una respiración profunda, y agregué mis bocanadas de humo a la habitación ya turbia. —Tráeme otra cerveza.
—Nick, creo que ya has tenido suficiente.
—Cami, sólo malditamente hazlo.
***
Me desperté con el sol de la tarde brillando a través de las persianas, pero bien podría haber sido del mediodía en medio de un desierto de arena blanca. Mis párpados se cerraron al instante, rechazando la luz. Una combinación de aliento de la mañana, productos químicos y líquido repugnante se encontraban atrapados en el interior de mi boca seca. Odiaba la inevitable boca seca que se producía después de una dura noche de beber.
Mi mente inmediatamente buscó los recuerdos de anoche, pero me quedé sin nada. Algún tipo de fiesta era un hecho, pero donde o con quien era un completo misterio.  Miré a mi izquierda, viendo las sábanas deshechas. Miley ya se había levantado. Mis pies descalzos se sentían raros contra el suelo mientras caminaba por el pasillo y encontré a Miley dormida en el sillón. La confusión me hizo detenerme, y luego el pánico se estableció. Mi cerebro se derramó a través del alcohol aun abrumando mis pensamientos. ¿Por qué no durmió en la cama? ¿Qué había hecho yo para hacerla dormir en el sillón? Mi corazón comenzó a latir rápidamente, y luego los vi: dos envoltorios de preservativos vacíos.
Joder. ¡Joder! La noche anterior regresó a mí en oleadas: bebiendo de más, esas chicas que no se fueron cuando se los dije, y finalmente mi oferta para mostrarles a ambas un buen momento, en el mismo momento, y su apoyo entusiasta ante la idea. Mis manos volaron hacia mi cara. Las había traído hasta aquí. Follado aquí. Miley probablemente había oído todo. Oh, Dios. No podría haberlo jodido peor. Esto estaba más allá de malo. Tan pronto como se despertara, empacaría su mierda y se iría. Me senté en el sofá, con las manos todavía ahuecadas sobre la boca y la nariz, y la miré dormir. Tenía que arreglar esto. ¿Qué podría hacer para solucionar esto? Una idea estúpida tras otra apareció a través de mi mente. El tiempo se estaba acabando. Tan silenciosamente como pude, corrí a la habitación y me cambié de ropa, y luego me escabullí en la habitación de Joe.
Demi se movió y la cabeza de Joe apareció. — ¿Qué estás haciendo, Nick? —susurró.
—Tengo que pedirte prestado el coche. Sólo por un segundo. Tengo que ir a recoger algunas cosas.
—Está bien... —dijo, confundido.
Sus llaves tintinearon cuando las saqué de su armario, y luego me detuve. —Hazme un favor. Si se despierta antes de que yo vuelva, mantenla aquí, ¿de acuerdo?
Joe respiró hondo. —Lo intentaré, Nick, pero hombre... anoche fue...
—Fue malo, ¿no?
La boca de Joe se inclinó hacia un lado. —No creo que se quede, primo, lo siento.
Asentí. —Sólo inténtalo. — Una última mirada al rostro dormido de Miley antes de salir del apartamento me impulsó a moverme más rápido. El Charger apenas podía mantenerse al día con la velocidad que yo quería ir. Una luz roja me atrapó justo antes de llegar al mercado y grité, golpeando el volante.
— ¡Maldita sea! ¡Cámbiate! — Unos segundos más tarde, la luz parpadeó de rojo a verde, y los neumáticos giraron un par de veces antes de ganar velocidad. Corrí a la tienda desde el aparcamiento, totalmente consciente de que me veía como un loco mientras sacaba el carrito de compras del resto. Un pasillo tras otro, tomé las cosas que pensé que le gustaría, recordando su alimentación o incluso hablar sobre ello. Una cosa esponjosa de color rosa colgaba en una línea fuera de uno de los estantes, y terminó en mi carrito, también. Una disculpa no iba a hacer que se quede, pero tal vez lo haría un gesto. Tal vez vería cuánto lo sentía. Me detuve a pocos metros del registro, sintiendo desesperanza. Nada iba a funcionar.
— ¿Señor? ¿Está listo?
Negué con la cabeza, sintiéndome abatido. —No... No lo sé.
La mujer me miró por un momento, empujando las manos en los bolsillos de su delantal blanco y amarillo a rayas. — ¿Puedo ayudarle en algo? — Empujé el carrito a su registro sin responder, viéndola mirar todos los alimentos favoritos de Miley. Esta era la idea más estúpida de la historia de las ideas, y la única mujer viva que me importa demasiado se va a reír de mí, mientras empaca.
—Son ochenta y cuatro dólares con setenta y siete centavos. — Una rápida pasada a mi tarjeta de débito y las bolsas estaban en mis manos. Salí corriendo hacia el estacionamiento, y en pocos segundos el Charger consiguió volar las telarañas fuera de su tubo de escape todo el camino de regreso al apartamento. Tomé dos pasos a la vez y entré. Las cabezas de Demi y Joe eran visibles por encima del sofá. La televisión estaba encendida, pero en silencio. Gracias a Dios. Ella todavía dormía. Las bolsas se estrellaron contra el mostrador cuando las solté y traté de no dejar que los gabinetes hagan demasiado ruido mientras guardaba las cosas.
—Cuando Pidge se despierte, háganmelo saber, ¿Vale? —Pedí en voz baja—. Traje espagueti, mezcla para panqueques, y fresas, y esa avena de mierda con los paquetes de chocolate, y le gusta el cereal de Fruity Pebbles, ¿verdad, Demi? —le pregunté, dándome la vuelta.
Miley estaba despierta, mirándome desde la silla. Su rímel estaba corrido bajo sus ojos. Se veía tan mal como yo me sentía. —Hola, Pigeon. — Me miró por unos segundos con una mirada en blanco. Di unos pasos hacia la sala, más nervioso que la noche de mi primera pelea.
— ¿Tienes hambre, Pidge? Voy a hacerte algunos panqueques. O hay uh… hay avena. Y he conseguido alguna de esa mierda espumosa rosa con la que las chicas se afeitan y una secadora de pelo y… a… un momento, está aquí. —Agarré una de las bolsas y la llevé a la habitación, vertiéndola sobre la cama. Mientras buscaba por esa cosa rosa que pensé que le gustaría, el equipaje de Miley, lleno, cerrado y esperando junto a la puerta, me llamó la atención. Mi estómago dio un vuelco y mi boca quedó seca otra vez. Caminé por el pasillo, tratando de mantenerme tranquilo.
—Tus cosas están empacadas.
—Lo sé —dijo.
Un dolor físico quemó a través de mi pecho. —Te vas.
Miley miró a Demi, que se me quedó mirando como si quisiera matarme. — ¿Realmente esperabas que ella permaneciera aquí?
—Bebé —susurró Joe.
—No me provoques, Joe. No te atrevas a defenderlo de mí —explotó Demi.
Tragué saliva. —Lo siento tanto, Pidge. Ni siquiera sé qué decir
—Vamos, Miley —dijo Demi. Se puso de pie y tiró de su brazo, pero Miley se quedó sentada.
Di un paso, pero Demi me apuntó con el dedo. — ¡Qué Dios me ayude, Nick! ¡Si intentas detenerla, te empaparé en gasolina y prenderé fuego mientras duermes!
—Demi —rogó Joe. Esto se iba a poner mal muy rápido en todos los sentidos.
—Estoy bien —dijo Miley, abrumada.
— ¿A qué te refieres con que estás bien? —preguntó Joe.
Miley puso los ojos e hizo un gesto hacia mí. —Nick trajo a casa mujeres del bar anoche, ¿y qué? — Cerré los ojos, tratando de desviar el dolor. Por mucho que no quería que se fuera, nunca se me había ocurrido que a ella no le importaría una mierda.
Demi frunció el ceño. —Uh, Miley. ¿Estás diciendo que estás bien con lo que pasó?
Miley miró alrededor de la habitación. —Nick puede traer a casa a quien quiera. Es su apartamento.
Me tragué el nudo que se formaba en mi garganta. — ¿Tú no empacaste tus cosas?
Ella sacudió la cabeza y miró el reloj. —No, y ahora voy a tener que deshacer todo. Todavía tengo que comer, ducharme y vestirme —dijo, entrando en el cuarto de baño.
Demi lanzó una mirada de muerte en mi dirección, pero no le hice caso y me acerqué a la puerta del baño, golpeando ligeramente. — ¿Pidge?
— ¿Sí? —dijo, con voz débil.
— ¿Te vas a quedar? —Cerré mis ojos, esperando el castigo.
—Puedo irme si quieres, pero una apuesta es una apuesta.
Mi cabeza cayó contra la puerta. —No quiero que te vayas, pero no te culparía si lo hicieras.
— ¿Estás diciendo que estoy liberada de la apuesta?
La respuesta era fácil, pero no quería hacerla quedarse si ella no quería hacerlo. Al mismo tiempo, estaba aterrorizado de dejarla ir. —Si digo que sí, ¿te irás?
—Bueno, sí. No vivo aquí, tonto —dijo. Una pequeña risa flotó a través de la puerta de madera. No podría decir si estaba enojada o sólo cansada de pasar la noche en el sillón, pero si era lo primero, no había manera de que pudiera dejarla irse. Nunca la volvería a ver.
—Entonces no, la apuesta sigue en pie.
— ¿Puedo tomar una ducha, ahora? —preguntó, su voz suave y apacible.
—Sí... 
Demi entró pisando fuerte en el pasillo y se detuvo justo frente a mi cara. —Eres un bastardo egoísta —gruñó, cerrando la puerta de Joe detrás de ella. Entré en el dormitorio, agarré su bata y un par de zapatillas, y luego regresé a la puerta del baño. Aparentemente se quedaría, pero besarle el trasero nunca fue una mala idea.
— ¿Pigeon? Traje algunas de tus cosas.
—Sólo ponlas en el fregadero. Yo me encargo.
Abrí la puerta y puse sus cosas en la esquina del fregadero, mirando al suelo. —Estaba enojado. Te escuché escupirle todo lo que está mal conmigo a Demi y me enfureció. Sólo quería salir a tomar unas copas, y tratar de entender algunas cosas, pero antes que lo supiera, estaba borracho y esas chicas… —Hice una pausa, tratando de evitar que mi voz se rompa—. Me desperté esta mañana y no estabas en la cama, y cuando te encontré en el sillón reclinable y vi los paquetes en el piso, me sentí enfermo.
—Simplemente podrías haberme preguntado en lugar de gastar todo ese dinero en el supermercado para sobornarme para quedarme.
—No me importa el dinero, Pidge. Tenía miedo que te fueras y nunca me hablaras de nuevo.
—No quise herir tus sentimientos —, dijo ella, sinceramente.
—Sé que no lo hiciste. Y sé que no importa lo que diga ahora, porque jodí todo… como siempre hago.
— ¿Nick?
— ¿Sí?
—No conduzcas ebrio en tu moto, ¿está bien? — Yo quería decir más, disculparme de nuevo, y decirle que estaba loco por ella, y estaba literalmente volviéndome loco porque no sabía cómo manejar lo que sentía, pero las palabras no salían. Mis pensamientos sólo podían enfocarse en el hecho de que después de todo lo que había pasado, y todo lo que acababa de decir, lo único que ella tenía para darme era un sermón sobre conducir ebrio a casa.
—Sí, está bien —, dije, cerrando la puerta. Pretendí ver la televisión por horas mientras Miley se arreglaba en el baño y la habitación para la fiesta de la fraternidad, y entonces decidí vestirme antes de que ella necesitara la habitación.
Una blanca camisa bastante libre de arrugas colgaba en el armario, la agarré y tomé un par de jeans. Me sentí tonto, parado frente al espejo, luchando con el botón en la muñeca de la camisa. Finalmente me rendí y enrollé cada manga hasta mi codo. Eso era más como yo, de todos modos. Caminé hacia el pasillo y me caí en el sofá de nuevo, escuchando la puerta del baño cerrarse y los pies descalzos de Miley golpeando el suelo. Mi reloj apenas se movió, y por supuesto no había nada en la televisión excepto audaces rescates de temporales y un comercial sobre el Slap Chop. Estaba nervioso y aburrido. No era una buena combinación para mí. Cuando mi paciencia se acabó, golpeé la puerta de la habitación.
—Adelante —, llamó Miley desde el otro lado de la puerta. Ella se paró en medio de la habitación, un par de tacones puestos lado a lado en el suelo frente a ella. Miley estaba siempre hermosa, pero esta noche ni un solo cabello estaba fuera de lugar; se veía como si tuviera que estar en la portada de una de esas revistas de moda que ves en la caja de la tienda de comestibles. Cada parte de ella tenía loción, era suave, perfectamente pulida. Sólo la vista de ella casi me patea el trasero. Todo lo que pude hacer fue pararme ahí, estupefacto, hasta que finalmente me las arreglé para formar una sola palabra. 
—Vaya. — Ella sonrió, y miró su vestido.
Su dulce sonrisa me devolvió a la realidad. —Te ves increíble —, dije, incapaz de quitar mis ojos de ella. Ella se inclinó para poner un pie en su zapato, y luego el otro. La ceñida, negra tela se movió ligeramente hacia arriba, exponiendo sólo un centímetro más de sus muslos.
Miley se levantó y me dio un gesto de aprobación. —Tú también te ves bien. — Metí mis manos en mis bolsillos, rehusándome a decir, debo estar enamorándome de ti en este preciso momento, o alguna de las otras estúpidas cosas que estaban bombardeando mi mente. Saqué mi codo, y Miley lo tomó, permitiéndome escoltarla por el pasillo hacia la sala.
—Liam va a mearse a sí mismo cuando te vea —, dijo Demi. En general Demi era una buena chica, pero estaba descubriendo lo desagradable que podía ser si estaba en su lado malo. Traté de no tropezar con ella mientras caminábamos al Charger de Joe,  y mantuve mi boca cerrada todo el camino hacia la casa de Sig Tau.
En el momento que Joe abrió la puerta del auto, pudimos oír la ruidosa y desagradable música de la casa. Parejas estaban besándose y mezclándose; alumnos de primer año corrían alrededor, tratando de mantener el daño al jardín al mínimo, y chicas de la fraternidad caminando cuidadosamente tomadas de la mano, dando pequeños saltos, tratando de caminar a través del suave césped sin hundir sus tacones de aguja. Joe y yo abrimos el camino, con Demi y Miley justo detrás de nosotros. Pateé un vaso de plástico rojo fuera del camina, y después sostuve la puerta abierta. Nuevamente, Miley era totalmente ajena a mi gesto. 
Una pila de vasos rojos se asentaba en el mostrador de la cocina al lado del barril. Llené dos y le llevé uno a Miley. Me incliné hacia su oído. —No tomes nada de nadie que no sea Joe o yo. No quiero que nadie agregue algo en tu bebida.
Ella puso ojos en blanco. —Nadie va a poner nada en mi bebida, Nick. — Ella obviamente no conocía a mis hermanos de fraternidad. Había oído historias de nadie en particular. Lo que era algo bueno, porque si alguna vez atrapaba a alguien tirando esa mierda, les daría una paliza sin dudarlo.
—Sólo no aceptes nada que no venga de mí, ¿de acuerdo? Ya no estás en Nashville, Pidgeon.
—No había escuchado eso antes, —espetó, bebiendo de golpe la mitad del vaso de cerveza antes de retirar el plástico de su cara. Ella podía beber, le concedía eso. Nos paramos en el pasillo de las escaleras, tratando de pretender que todo estaba bien. Algunos de mis hermanos de fraternidad se detuvieron para charlar mientras bajaban por las escaleras, y lo mismo hicieron algunas chicas de fraternidad, pero rápidamente las rechacé, deseando que Miley lo notara. No lo hizo.
— ¿Quieres bailar? —pregunté, tirando de su mano.
—No gracias —, respondió. No podía culparla, después de anoche. Tenía suerte de que todavía me hablara.
Sus delgados, elegantes dedos tocaron mi hombro. —Estoy cansada, Nick. — Puse mi mano sobre la suya, preparado para disculparme de nuevo, para decirle que me odié a mí mismo por lo que hice, pero sus ojos se alejaron de los míos hacia alguien detrás de mí.
— ¡Hola, Miley! ¡Viniste! — Los pelos de mi nuca se erizaron. Liam Hemsworth.
Los ojos de Miley se iluminaron, y retiró su mano de la mía en un rápido movimiento. —Sí, hemos estado aquí hace una hora o algo así.
— ¡Te ves increíble! —gritó. Hice una mueca, pero él estaba tan preocupado por Miley, que no lo notó.
— ¡Gracias! —Ella sonrió. Se me ocurrió que yo no era el único que podía hacerla sonreír de ese modo, y de repente estaba trabajando para mantener mi temperamento bajo control.
Liam asintió con la cabeza hacia la sala y sonrió. — ¿Quieres bailar?
—No, estoy un poco cansada. — Una pequeña gota de alivio apagó mi enojo un poco. No era yo; ella realmente estaba muy cansada para bailar, pero el enojo no tardó mucho en volver. Ella estaba cansada porque estuvo despierta la mitad de la noche por los ruidos de quienquiera que yo haya traído a casa, y la otra mitad durmió en el reclinable. Ahora Liam estaba aquí, entrando a lo grande como el caballero de brillante armadura como siempre hacía. Rata bastarda.
Liam me miró, imperturbable por mi expresión. —Pensé que no vendrías.
—Cambié de opinión —, dije, tratando de no darle un puñetazo y borrar cuatro años de trabajo de ortodoncia.
—Ya veo —, dijo Liam, mirando a Miley. — ¿Quieres ir a tomar un poco de aire fresco? — Ella asintió, y sentí como si alguien hubiera golpeado el aire fuera de mí. Ella siguió a Liam por las escaleras. Vi como él se detuvo, llegando a tomar su mano mientras subían las escaleras al segundo piso. Cuando llegaron arriba, Liam abrió las puertas hacia el balcón. Miley desapareció, y yo apreté mis ojos cerrados, tratando de bloquear el grito en mi cabeza. Todo en mí decía que debía ir allí arriba y traerla de vuelta. Agarré la barandilla, conteniéndome.
—Te ves enojado —, dijo Demi, chocando su vaso rojo con el mío.
Mis ojos se abrieron de golpe. —No, ¿por qué?
Ella hizo una mueca. —No me mientas. ¿Dónde está Miley?
—Arriba. Con Liam.
—Oh.
— ¿Qué se supone que significa eso?
Ella se encogió de hombros. Ella sólo había estado ahí poco más de una hora, y ya tenía esa mirada familiar en sus ojos. —Estás celoso.
Cambié mi peso, incómodo con alguien además de Joe siendo tan directo conmigo. — ¿Dónde está Joe?
Demi rodó sus ojos. —Haciendo sus deberes como estudiante de primer año.
—Por lo menos él no tiene que quedarse después y limpiar. — Ella levantó el vaso a su boca y bebió un sorbo. No estaba seguro de cómo ella ya podía estar casi ebria. 
—Entonces ¿lo estás?
— ¿Estoy qué?
— ¿Celoso?
Fruncí el ceño. Demi generalmente no era tan desagradable. —No.
—Número dos.
— ¿Eh?
—Esa es la mentira número dos. — Miré alrededor. Joe seguramente me rescataría pronto.
—Realmente la jodiste anoche —, dijo ella, sus ojos de pronto limpios.
—Lo sé. — Ella entrecerró los ojos, mirándome tan intensamente que quise huir. Demi Lovato era una pequeña cosa rubia, pero era intimidante como la mierda cuando quería serlo. 
—Deberías alejarte, Nick. —Miró arriba, hacia la cima de las escaleras. —Él es lo que ella piensa que quiere.
Mis dientes se apretaron juntos. Ya sabía eso, pero era peor oírlo de Demi. Antes de esto, pensé que ella tal vez estaría bien conmigo y Miley, y eso de alguna manera significaba que no era un completo idiota por perseguirla. —Lo sé.
Ella levantó una ceja. —No creo que lo hagas. — No respondí, tratando de no hacer contacto visual con ella. Ella tomó mi mentón con su mano, aplastando mis mejillas contra mis dientes.
— ¿Lo haces?
Traté de hablar, pero sus dedos ahora aplastaban mis labios juntos. Me eché atrás y empujé su mano lejos. —Probablemente no. No soy exactamente conocido por hacer lo correcto.
Demi me miró por unos segundos, y después sonrió. —Está bien, entonces. 
— ¿Eh?
Ella dio una palmada a mi mejilla, y luego me señaló. —Tú, Mad Dog, eres exactamente de lo que vine a protegerla. Pero, ¿sabes qué? Todos estamos rotos de una manera u otra. Incluso con tu épica metida de pata, podrías ser exactamente lo que ella necesita. Tienes una oportunidad más —, dijo ella, sosteniendo un dedo a dos centímetros de mí nariz. —Sólo una. No lo arruines… ya sabes… más de lo usual.
Demi se alejó, y desapareció por el pasillo. Era tan rara. La fiesta se desarrolló como usualmente lo hace: drama, un par de peleas, chicas metiéndose en una pelea, una pareja o dos teniendo una discusión terminando con la chica en lágrimas, y luego estaban los rezagados ya sea desmayados o vomitando en un área no designada. Mis ojos viajaron a la parte superior de las escaleras más veces de las que deberían. Incluso cuando las chicas estaban prácticamente rogándome que las llevara a casa, continué mirando, tratando de no imaginar a Miley y Liam haciéndolo, o incluso peor, él haciéndola reír.
—Hola, Nick, —una aguda, cantarina voz me llamó por detrás. No me di vuelta, pero no tomó mucho para que la chica se moviera a mi línea de visión. Se inclinó sobre los postes de madera de la barandilla. —Te ves aburrida. Creo que debería hacerte compañía.
—No estoy aburrido. Puedes irte, —dije, comprobando la parte superior de las escaleras de nuevo. Miley se detuvo en el descanso, su espalda hacia las escaleras.
Ella río. —Eres tan divertido. — Miley pasó a mi lado despreocupadamente, hacia donde Demi estaba. La seguí, dejando a la chica ebria hablando sola.
—Si quieren pueden adelantarse —, dijo Miley con moderado entusiasmo. —Liam ofreció llevarme a casa.
— ¿Qué? —dijo Demi, sus cansados ojos iluminados como una doble fogata.
— ¿Qué? —dije, incapaz de contener mi irritación.
Demi giró. — ¿Hay algún problema? — La fulminé con la mirada. Ella sabía exactamente cuál era mi problema. Tomé a Miley por el codo y tiré de ella alrededor de la esquina.
—Ni siquiera lo conoces.
Sacó su mano de mi agarre. —Esto no es de tu incumbencia, Nick.
—Al demonio si no lo es. No dejaré que viajes a casa con un completo extraño. ¿Y si trata de aprovecharse de ti?
— ¡Bien! ¡Él es lindo!
No podía creerlo. Ella realmente estaba cayendo en su juego. — ¿Liam Hemsworth, Pidge? ¿En serio? Liam Hemsworth. ¿Qué clase de nombre es ese, de todos modos?
Ella cruzó sus brazos y levantó su mentón. —Ya está bien, Nick. Estás comportándote como un idiota. 
Me incliné, furioso. —Lo mataré si te toca.
—Me gusta— Una cosa era asumir que estaba siendo engañada, y era otra escucharla admitirlo. Ella era demasiado buena para mí, maldición seguro demasiado buena para Liam Hemsworth. ¿Por qué se estaba poniendo tan aturdida por ese idiota? Mi rostro se tensó en reacción a la ira corriendo por mis venas.
—Está bien. Si terminas debajo de él en el asiento trasero de su coche, después no vengas llorando conmigo.
Su boca se abrió, estaba ofendida y furiosa. —No te preocupes, no lo haré, —dijo ella, alejándose de mí.
Me di cuenta de lo que había dicho, y entonces tomé su brazo y suspiré, sin girar del todo. —No quise decir eso, Pidge. Si él te lastima, si tan sólo te hace sentir incómoda, sólo házmelo saber.
Sus hombros cayeron. —Sé que no lo quisiste. Pero tienes que ponerle un alto a este gran exceso de sobreprotección de hermano mayor que tienes.
Me reí. Ella realmente no lo entendía. —No estoy jugando al hermano mayor, Pidgeon. Nada de eso.
Liam rodeó la esquina y metió las manos en los bolsillos. — ¿Todo listo?
—Sí, vamos —, dijo Miley, tomando el brazo de Liam. Fantaseé con correr detrás de él y empujar mi codo en la parte posterior de su cabeza, pero entonces Miley se volvió y me vio mirándolo.
—Ya basta —, articuló. Caminó con Liam, y él mantuvo la puerta abierta para ella. Una amplia sonrisa se extendió en su rostro, en apreciación. Por supuesto. Cuando él lo hizo, ella sí lo notó.

domingo, 18 de agosto de 2013

My Beautiful Mistake- Niley- Cap 09


La expresión de Joe cambió. Era todo negocios cuando Adam lo llamaba por una nueva pelea. Sus dedos chocando contra su teléfono, pulsando, enviándoles mensajes de textos a todas las personas en su lista. Cuando Joe desapareció detrás de la puerta, los ojos de Demi se ampliaron junto a su sonrisa. 
— ¡Aquí vamos! ¡Será mejor que nos aseemos! — Antes de que pudiera decir nada, Demi sacó a Miley por el pasillo. El alboroto era innecesario. Le patearía el culo al chico, vale la pena para el alquiler y las cuentas de los próximos meses, y la vida volvería a la normalidad. Bueno, más o menos normal. Miley se mudaría de nuevo a Morgan Hall, y yo me encarcelaría para no matar a Liam. Demi le estaba gritando a Miley que se cambie, y Joe ahora estaba con el teléfono apagado, las llaves de Charger en la mano. Se inclinó hacia atrás para mirar por el pasillo, y luego rodó los ojos.
— ¡Vamos! —, Gritó. Demi corrió por el pasillo, pero en lugar de unirse a nosotros, se metió en el cuarto de Joe. Puso los ojos de nuevo, pero estaba sonriendo también. Unos momentos más tarde, Demi salió de la habitación de Joe en un vestido corto, color verde y Miley salió del pasillo en jeans ajustados y una camiseta amarilla, sus tetas rebotando cada vez que se movía.
—Oh, diablos, no. ¿Estás tratando de matarme? Tienes que cambiarte, Pidge .
— ¿Qué? —Miró hacia sus jeans. Los vaqueros no eran el problema.
—Se ve linda, Nick, ¡déjala en paz! —Espetó Demi.
Conduje a  Miley por el pasillo. —Consigue una remera, y un par de zapatillas. Algo cómodo.
— ¿Qué? —Preguntó, confusión distorsionando su rostro. — ¿Por qué?
Me detuve en la puerta. —Porque voy a estar más preocupado acerca de quién está mirando tus tetas con esa camisa en lugar de Hoffman—, le dije. Llámenlo sexista, pero era verdad. No sería capaz de concentrarme, y no iba a perder una pelea por encima del par de tetas de Miley.
—Pensé que habías dicho que no te importaba un comino lo que los demás pensaban —Dijo, humeante.
Realmente no lo entiende. —Ese es un escenario diferente, Pigeon. —Miré hacia sus pechos, con orgullo ajustó un sujetador blanco de encaje. Cancelar la lucha de repente se convirtió en una idea tentadora, aunque sólo sea para pasar el resto de la noche tratando de encontrar una manera de conseguir que este desnuda y contra mi pecho.
Saqué mi vista de ellas, haciendo contacto visual de nuevo. —No puedes llevar esto a la pelea, así que por favor. . . solo. . . por favor, simplemente cámbiate —le dije, empujándola hacia la habitación y dejándome afuera antes de que dijera a la mierda y la bese.
—Nick —gritó ella desde el otro lado de la puerta. Corridas se oyeron al otro lado de la puerta, y luego lo que probablemente fueron zapatos volando por la habitación. Finalmente, la puerta se abrió. Estaba en una camiseta y un par de Converse. Aún sexy, pero al menos no estaría demasiado preocupado acerca de quién se está baboseando por ella para ganar mi maldita pelea.
— ¿Mejor? —dijo sin aliento.
 — ¡Sí! ¡Vamos!— Joe y Demi estaban ya en el Charger, saliendo de la playa de estacionamiento. Me puse mi casco y esperé hasta que Miley estuviera segura antes de sacar la Harley a las oscuras calles.  Una vez que llegamos a la escuela, me pasé por la acera con mis luces apagadas, estacionan dome detrás de Jefferson.  Cuando llevé a Miley a la entrada trasera, sus ojos se abrieron, y se echó a reír una vez.
 —Estás bromeando.
 —Esta es la entrada VIP. Debes ver cómo todo el mundo entra —Salté por la ventana abierta en el sótano, y luego esperé en la oscuridad.
 —Nick —mitad gritó, mitad susurró.
 —Aquí abajo, Pidge. Sólo pon los pies primero, te voy a agarrar.
 — ¡Estás malditamente loco si crees que voy a saltar en la oscuridad!
 — ¡Te voy a agarrar! ¡Lo prometo! ¡Ahora trae tu culo aquí! 
 — ¡Esto es una locura! —Susurró ella.  En la penumbra, vi sus piernas moverse a través de la pequeña abertura rectangular. Incluso después de todas sus cuidadosas maniobras, logró caer en vez de saltar. Un pequeño chillido resonó en las paredes de concreto, y entonces cayó en mis brazos. Más fácil que nunca de atrapar.
— Caes como una chica —dije, parándola. Caminamos por el oscuro laberinto del sótano hasta que llegamos a la habitación contigua a la sala principal, donde se realizaba la pelea. Adam estaba gritando por encima del ruido con su megáfono, y brazos sobresalían por encima del mar de cabezas, agitando dinero en el aire.
  — ¿Qué estamos haciendo? —Preguntó, sus pequeñas manos envolviendo apretadamente alrededor de mi bíceps.
  —Espera. Adam tiene que dar su presentación antes de entrar.
  — ¿Debo esperar aquí, o debo entrar? ¿A dónde voy cuando comience la pelea? ¿Dónde están Joe y Demi? 
 Se veía extremadamente inquieta. Me sentí un poco mal por haberla dejado sola. —Se fueron al otro lado. Sólo sígueme, no te voy a mandar a esa fosa de tiburones sin mí. Quédate con Adam, él va a evitar que te aplasten. No puedo cuidar de ti y golpear al mismo tiempo. 
  — ¿Aplastada?
  —Va a haber más gente aquí esta noche. Brady Hoffman es del Estado. Ellos tienen su propio Círculo allí. Será nuestra gente y su gente, así que la habitación se volverá una locura.
 — ¿Estás nervioso?
  Le sonreí. Era especialmente hermosa cuando estaba preocupada por mí. —No. Tú te ves un poco nerviosa, sin embargo. 
  —Tal vez —dijo. Quería inclinarme y besarla. Algo para aliviar esa expresión de corderito asustado en su cara. Me pregunto si estaba preocupada por mí, la primera noche que nos conocimos, o si era sólo porque me conocía ahora, porque se preocupaba por mí.
  —Si eso te hace sentir mejor, no voy a dejar que me toques. Ni siquiera voy a dejarlo que lo haga una vez por sus fans. 
— ¿Cómo vas a manejar eso?
  Me encogí de hombros. —Suelo dejar que me golpeen una vez para que se vea justo.
  — ¿Tú. . .? ¿Dejas que la gente te golpee? 
  — ¿Qué divertido sería si masacro a alguien y nunca obtengo ningún golpe? No es bueno para los negocios, nadie apostaría en contra de mí. 
  — ¡Qué montón de basura! —, dijo ella, cruzando mis brazos.
Levanté una ceja. — ¿Crees que te estoy tomando el pelo?
 —Me resulta difícil de creer que sólo recibes un golpe cuando dejas que te golpeen
 — ¿Te gustaría hacer una apuesta sobre eso, Miley Cyrus? —Sonreí. La primera vez que dije las palabras, no era mi intención usarlas a mi favor, pero cuando ella sonrió de una manera igual de malvada, una de las ideas más malditamente brillante que jamás se me hubiera ocurrido, cruzó por mi mente.  
Sonrió. —Voy a tomar esa apuesta. Creo que va a conseguir golpearte.
 — ¿Y si no lo hace? ¿Qué puedo ganar? —Le pregunté. Se encogió de hombros al mismo tiempo que el rugido de la multitud nos rodeaba. Adam mencionando las reglas a su manera estúpidamente usual.
 Dejé brotar una ridícula sonrisa en mi cara. —Si ganas, no tendré sexo por un mes —levantó una ceja. —Pero si yo gano, tú tienes que quedarte conmigo durante un mes.
 — ¿Qué? Me estoy quedando contigo, ¡de todos modos! ¿Qué tipo de apuesta es esa? —  Gritó por encima del ruido. No lo sabía. Nadie le había dicho.
—Arreglaron las calderas de Morgan hoy —le dije con una sonrisa y un guiño.
 Un lado de su boca apareció. No lo hizo perturbarse. —Cualquier cosa vale la pena para verte intentar abstenerte por un cambio.
 Su respuesta envió una descarga de adrenalina a través de mis venas que sólo he sentido alguna vez durante una pelea. La besé en la mejilla, dejando que mis labios permanecen contra su piel por sólo un momento más antes de caminar hacia la habitación. Me sentí como un rey. De ninguna manera este hijo de puta me iba a tocar. Tal como lo había anticipado, era sólo una habitación donde permanecían de pie, y empujones y gritos se ampliaron una vez que entramos en la habitación. Asentí con la cabeza a Adam en dirección a Miley, para señalarle que esté atento a ella. Comprendió de inmediato. Adam era un bastardo codicioso, pero una vez fue el monstruo invicto en el Círculo. No tenía nada de qué preocuparme siempre y cuando la vigilara. Él lo haría, así que no me distraería. Adam haría cualquier cosa, siempre y cuando eso significara hacer una tonelada de dinero.
  Un camino despejado mientras caminaba hacia el Círculo, y entonces la puerta humana se cerró detrás de mí. Brady se puso cara a cara conmigo, jadeando y temblando como si acabara de tomar Red Bull y Mountain Dew.  Por lo general, no tomo esta mierda en serio, hago un juego de mentalizar a mis adversarios, pero la lucha de esta noche era importante, así que puse mi cara de juego. Adam hizo sonar la bocina. Me equilibré, di unos pasos hacia atrás y esperé a que Brady haga su primer error. Esquivé su primer golpe, y luego otra. Adam extrajo algo de atrás. Estaba insatisfecho, pero lo había previsto. A Adam le gusta las peleas para entretener. Era la mejor manera de obtener más cabezas en los sótanos. Más gente significa más dinero. Incliné mi codo y envié mi primer golpe a la nariz de Brady, duro y rápido. En una noche de lucha normal, la contendría, pero quería terminar con esto y pasar el resto de la noche celebrando con Miley.
 Golpeé a Hoffman y otra vez, y luego esquivé algunas más de él, cuidando de no estar tan emocionado para dejar que me golpee y cagar todo. Brady toma un segundo impulso y vuelve por mí, pero no le lleva mucho tiempo para lanzarme otro golpe que no puede aterrizar. Esquivaba golpes de Frankie de forma más rápida de lo que esta perra puede lanzar. Mi paciencia había acabado, y atraje a Hoffman a la columna de cemento en el centro de la habitación. Me paré frente a esta, vacilando sólo lo suficiente para que mi oponente pensara que tenía una ventana para clavar mi cara con un golpe devastador. Lo esquivo mientras pone todo en su último lanzamiento, y golpea con el puño directo al pilar. Sorpresa registrada en los ojos de Hoffman justo antes de que se doble. Esa fue mi señal. Inmediatamente lo ataco. Un ruido sordo señaló que Hoffman finalmente cayó al suelo, y después de un breve silencio, estalló la habitación. Adam lanzó una bandera roja en el rostro de Hoffman, y entonces estaba rodeado de gente. La mayor parte del tiempo disfruto de la atención y las malditas felicitaciones de los que apuestan por mí, pero esta vez solo estaban en medio del camino. Intento buscar en el mar de gente encontrarme con Miley, pero cuando finalmente consigo un vistazo de donde se suponía que debía estar, se me encoge el estómago. Ella se había ido.
  Sonrisas volvían a sorprenderme mientras empujaba a la gente fuera de mi camino. — ¡Maldita sea! ¡Muévanse! —Les grité, empujando más fuerte cuando el pánico se apoderó de mí. Finalmente llegué a la sala del faro, buscando desesperadamente a Miley en la oscuridad.
— ¡Pigeon!
— ¡Estoy aquí! —Su cuerpo se estrelló contra el mío, y eché mis brazos alrededor de ella. En un segundo me sentí aliviado, al siguiente estaba irritado.
— ¡Me asustaste como la mierda! ¡Casi tuve que empezar otra pelea para llegar a ti! ¡Finalmente llego hasta aquí y te fuiste! 
  —Me alegro de que hayas vuelto. No tenía ganas de tratar de encontrar mi camino en la oscuridad. 
  Su sonrisa me hizo olvidar todo lo demás, y me acordé de que era mía. Al menos por un mes más. —Creo que has perdido la apuesta.
  Adam pisando fuerte, miró a Miley, y luego me miró fijamente. —Tenemos que hablar.
 Le guiñé un ojo a Miley. —No te muevas. Ya vuelvo. —Lo seguí a Adam a la habitación de al lado. —Sé lo que vas a decir. . . 
  —No, no —gruñó Adam. —No sabes lo que estás haciendo con ella, pero no jodas con mi dinero.
  Me reí una vez. —Has hecho esta noche bancaria. Te lo compensaré
  — ¡Estás maldito bien! ¡No dejes que eso vuelva a suceder! —Adam estrelló el dinero en mi mano, y luego levanto sus hombros junto a mí.
  Metí el fajo de billetes en el bolsillo, y le sonreí a Miley. —Vas a necesitar más ropa.
— ¿Tu realmente vas a hacer que me quede contigo durante un mes?
— ¿Habrías hecho que yo no tuviera sexo durante un mes? 
Ella se echó a reír. —Mejor detengámonos en Morgan.
Cualquier intento de cubrir mi gran satisfacción fue un épico fracaso. —Esto será interesante. — Cuando Adam pasó le entregó a Miley algo de dinero antes de desaparecer entre la decreciente multitud.
— ¿Tú apostaste? —Le pregunté, sorprendido.
—Pensé que debía obtener la experiencia completa —dijo con un encogimiento de hombros. La tomo de la mano y la llevó hacia la ventana, y luego saltó una vez, tirando de mí mismo. Me arrastro por el césped, y luego doy la vuelta, inclinándome para levantar a Miley. El paseo a Morgan parecía perfecto. Hacía un calor insoportable, y el aire tenía la misma sensación eléctrica como una noche de verano. He intentado no sonreír todo el tiempo como un idiota, pero era difícil no hacerlo.
— ¿Por qué razón quieres me quede contigo, de todos modos? — ella preguntó.
Me encogí de hombros. —No lo sé. Todo es mejor cuando estás cerca. — Joe y Demi esperaban en el Charger para que pudiéramos aparecer con las cosas extras de Miley. Una vez que tomo todo, nos fuimos a la zona de aparcamiento y se sentó a horcajadas de la moto. Ella envolvió sus brazos alrededor de mi pecho, y yo apoyé mi mano sobre la de ella.
Tomé una respiración. —Me alegro de que estuvieran allí esta noche, Pidge. Nunca me había divertido tanto en una pelea en mi vida. —El tiempo que se tomó en responden se sintió como una eternidad.
Ella poso su barbilla en mi hombro. —Eso fue porque estaba tratando de ganar la apuesta.
Me volví hacia ella, mirando fijamente a los ojos. —Maldita sea que si no lo estaba. 
Sus cejas se alzaron. — ¿Es por eso que estabas de tan mal humor hoy? ¿Por qué sabías que habían arreglado las calderas, y me iría esta noche? — Me perdí en sus ojos por un momento, y luego decidí que era un buen momento para callar. Arranqué el motor y conduje a casa, más lento de lo que había conducido… nunca. Cuando un semáforo nos tomó, me encontré con una cantidad extraña de alegría al poner mis manos sobre ella, o apoyando mi mano en su rodilla. Ella no parecía importarle, y es cierto, yo estaba jodidamente cerca del cielo. Nos paramos en el apartamento, y Miley desmonto la moto como una profesional, y luego se dirigió a las escaleras.
—Siempre odio cuando ellos han estado en casa durante un rato. Siento como si fuéramos a interrumpirlos. 
—Acostúmbrate. Este es tu lugar por las próximas cuatro semanas —le dije, dando la vuelta—. Súbete.
— ¿Qué?
—Vamos, te llevaré arriba. —Ella se rio y saltó sobre mi espalda. Agarré sus muslos mientras corría escaleras arriba. Demi abrió la puerta antes de que llegáramos a la cima y sonrió.
—Mírense ustedes dos. Si yo no los conociera mejor... 
—Ya basta, Demi —dijo Joe desde el sofá. Genial. Joe estaba en uno de sus estados de ánimo. Demi sonrió como si hubiera dicho demasiado, y luego abrió la puerta para que pudiéramos pasar. Sigo sosteniendo a Pidge, y luego bajo frente al sillón reclinable. Ella grita cuando me incliné hacia atrás, empujando juguetonamente mi peso contra ella.
—Estás muy alegre esta noche, Nick. ¿Qué pasa? —Apuntó Demi.
—Acabo de ganar una gran cantidad de dinero, Demi. Dos veces lo que pensé que ganaría. ¿Por qué no estaría feliz? 
Demi sonrió. —No, es otra cosa —dijo, mirando mi mano cuando acariciaba el muslo de Miley.
—Demi —advirtió Joe.
—Está bien. Voy a hablar de otra cosa. ¿No te invitó Liam a la fiesta de Sig Tau este fin de semana, Miley? — La ligereza que sentía inmediatamente se fue, y me volví a Miley.
— ¿Er... si? ¿No vamos a ir todos? 
—Voy a estar allí —dijo Joe, distraído por la televisión.
—Y eso significa que voy —dijo Demi, mirándome expectante. Ella me estaba hostigando, esperando a que me ofreciera voluntariamente ir, pero yo estaba más preocupado por Liam pidiendo a Miley una cita de mierda.
— ¿Él va a pasar a recogerte o algo así? —Le pregunté.
—No, sólo me habló de la fiesta. — La boca de Demi se extendió en una sonrisa traviesa, casi flotando en la anticipación.
—Dijo que iba a verle allí, sin embargo. Él es muy lindo. 
Le disparo a Demi una mirada irritada, y luego miró a Miley. — ¿Irás?
—Le dije que lo haría. —Ella se encogió de hombros—. ¿Tú irás?
—Sí —le dije sin vacilar. No era una fiesta de citas, después de todo, sólo será un fin de semana de cerveza. Lo que no me importa. Y de ninguna coña iba a dejar que Liam tuviera toda una noche con ella. Ella se habría vuelto... uf, no quiero ni pensar en ello. El habría parpadeado su sonrisa Abercrombie, o la llevaría al restaurante de sus padres para desfilar su dinero, o encontrado alguna otra manera de deslizarse en sus pantalones.
Joe me miró. —Dijiste la semana pasada que no.
—He cambiado de opinión, Joe. ¿Cuál es el problema? 
—Nada —se quejó él, retirándose a su habitación.
Demi frunció el ceño. —Tu sabes cuál es el problema —dijo—. ¿Por qué no dejas de volverlo loco y sólo acabas con eso? —Ella se unió a Joe en su habitación, y sus voces se redujeron a murmullos detrás de la puerta cerrada.
—Bueno, me alegro de que todo el mundo lo sepa —dijo Miley. Miley no era la única confundida por el comportamiento de Joe. Anteriormente él se estaba burlando de mí acerca de ella, y ahora estaba siendo una perra. ¿Qué pudo haber pasado entre entonces que ahora lo había asustado? Tal vez se sentiría mejor una vez que me diera cuenta de que finalmente había decidido terminar con las otras chicas y sólo quería a Miley. Tal vez el hecho de que yo había admitido realmente a cuidar de ella hizo a Joe preocuparse aún más. No era exactamente material de novio. Yep. Eso tenía más sentido.
Me puse de pie. —Me voy a tomar una ducha rápida.
— ¿Sucede algo con ellos? —Preguntó Miley.
—No, él sólo es paranoico.
—Es por nosotros —adivinó ella. Una rara sensación flotante vino sobre mí. Ella dijo nosotros. — ¿Qué? —Preguntó, mirándome con suspicacia.
—Tienes razón. Es por nosotros. No te duermas, ¿de acuerdo? Quiero hablar contigo de algo. — Tome menos de cinco minutos bañarme, pero me quedé bajo el chorro de agua durante por lo menos otro cinco más, planeando qué decirle a Miley. Perder más tiempo no era una opción. Ella estará aquí por el siguiente mes, y era el momento perfecto para demostrarle que yo no era quien ella pensaba que era. Para ella, por lo menos, yo era diferente, y podríamos pasar las próximas cuatro semanas disipando cualquier sospecha que pudiera tener. Salí de la ducha y me seque, emocionado y nervioso como el infierno sobre las posibilidades que podría generar a partir de la conversación que estábamos a punto de tener. Justo antes de abrir la puerta, pude oír una pelea en el pasillo. Demi dijo algo con voz desesperada. Abrí la puerta y escuche.
—Lo prometiste, Miley. Cuando te dije que tuvieras juicio. ¡No me refería a que ustedes dos se involucraran! ¡Pensé que sólo eran amigos! 
—Lo somos —dijo Miley.
— ¡No, no lo son! —Se quejó Joe
Demi habló: —Bebe, te dije que va a estar bien.
— ¿Por qué la estás empujando esto, Demi? ¡Te dije lo que va a suceder! 
— ¡Y yo te dije que no! ¿No confías en mí?— Joe pisoteó a su habitación.
Después de unos segundos de silencio, Demi volvió a hablar. —Simplemente no puedo conseguir meterle en la cabeza que si Nick y tú funcionan o no lo hacen, no nos afecta. Pero él no me cree. — Maldita sea, Joe. No es el seguimiento ideal. Abro la puerta un poco más, lo suficiente para ver el rostro de Miley 
— ¿De qué estás hablando, Demi? Nick y yo no estamos juntos. Sólo somos amigos. Ya lo has oído antes... él no está interesado en mí de esa manera. — Joder. Esto fue empeorando por momentos.
— ¿Oíste eso? —Preguntó Demi, con evidente sorpresa en su voz.
—Bueno, sí.
— ¿Y lo crees?
Miley se encogió de hombros. —No tiene importancia. Nunca va a suceder. Me dijo que no me ve así, de todos modos. Además, él le tiene una total fobia al compromiso, sería difícil para mí encontrar una chica aparte de ti con la que él no ha dormido, y no puedo aguantar sus cambios de humor. No puedo creer Joe piense lo contrario. — Cada pedacito de esperanza se me había escapado con sus palabras. La decepción fue aplastante. Durante unos segundos, el dolor era incontrolable, hasta que dejé que el enojo se hiciera cargo. La ira era siempre más fácil de controlar.
—Porque no sólo él conoce a Nick… él ha hablado con Nick, Miley. 
— ¿Qué quieres decir?
— ¿Demi? —Joe llamó desde el dormitorio.
Demi suspiró. —Tú eres mi mejor amiga. Creo que te conozco mejor que tú misma a veces. Los veo ustedes dos juntos, y la única diferencia entre Joe y yo y Nick y tú es que estamos teniendo sexo. ¿Aparte de eso? No hay diferencia. 
—Hay una enorme, enorme diferencia. ¿Es que Joe trae a casa chicas diferentes todas las noches? ¿Vas a ir a la fiesta mañana para salir con un chico con claras citas potenciales? Tú sabes que no puede involucrarme con Nick, Demi. Ni siquiera sé por qué lo estamos discutiendo.
—No estoy viendo cosas, Miley. Tú has pasado casi todo el tiempo con él durante el último mes. Admítelo, sientes algo por él.
No podía escuchar una palabra más. —Déjalo ir, Demi —le dije. Las dos chicas saltaron ante el sonido de mi voz. Los ojos de Miley se encontraron con los míos. Ella no parecía avergonzada o arrepentida en absoluto, lo que sólo me molestó más. Me atrape en mi cuello, y ella cortó mi garganta. Antes habría dicho algo de mierda, me retiré a mi habitación. Sentarse no ayudó. Tampoco de pie, caminando o flexiones. Las paredes se acercaban a más a mí cada segundo. Rabia hierve dentro de mí como un producto químico inestable, listo para volar.
Salir del apartamento era mi única opción, para aclarar mi cabeza y tratar de relajarme con unos pocos tragos. The Red. Podría ir a The Red. Cami estaba trabajando en el bar. Podría decirme qué hacer. Ella siempre supo cómo hablar para calmarme. A Frankie le gustaba por la misma razón. Ella era la hermana mayor de tres hijos, y no se inmutó cuando se trataba en cuestiones de nuestros problemas de ira. Me puse una camiseta y pantalones vaqueros, luego agarre unas gafas de sol, las llaves de mi motocicleta y la chaqueta, y luego metí los pies dentro de las botas antes de regresar por el pasillo. Los ojos de Miley se abrieron como platos cuando me vio dando vuelta la esquina. Gracias a Dios que estaba en la sombra. Yo no quería que ella viera el dolor en mis ojos.
— ¿Te vas? —Preguntó ella, sentándose. — ¿A dónde vas?
Me negaba a reconocer la súplica en su voz. —Fuera.
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Hola chicas, les dejo un capitulo largo, espero que les guste. No se cuando volvere a subir, antes del viernes, porque el colegio me tiene estrezada, voy perdiendo como tres materias, y estoy mal por eso, y aparte de que ando muy enferma, ayer no me pude levantar de la cama en todo el dia, y hoy amaneci un poco mejor aunque con dolor de cabeza, y dolor de estomago, espero mañana estar mejor. Besos, espero que disfruten el capitulo =D