viernes, 19 de diciembre de 2014

A Different Love - Niley - Cap 03


—Miley. —El tono de desaprobación de mi madre llamó mi atención. Golpeó una uña lacada de rojo contra la mesa—. Pareces un desastre. Espero que tu noche de fiesta con tus amigos valiera la pena.— Enderecé el vestido de verano alrededor de mis rodillas, y me removí en el asiento. Aunque mis recuerdos de la noche anterior eran algo brumosos, una lenta sonrisa cruzó mis labios. Fue todo lo que un vigésimo segundo cumpleaños se suponía que sea. Y esta mañana, tenía una resaca infernal para probarlo. Buscó en su bolso y me ofreció una polvera.
—Necesitas un poco de corrector. —Lo único que mi madre criticaba más que mis malos modales era
mi aspecto, y aunque la aplicación de maquillaje en público habría normalmente ganado un suspiro de exasperación, al parecer, las cosas estaban lo suficientemente terribles que la intervención inmediata era justificada. Eso y supongo que estando escondida en la alta cabina de un oscuro restaurante no era exactamente en público. Tomé su polvera y la abrí, inspeccionando mi apariencia. Había círculos oscuros bajo mis ojos, y mi cabello colgaba alrededor de mi cara, ya que no había tenido tiempo esta mañana para secarlo. Lo retorcí en un suelto moño bajo y lo aseguré con unas cuantas horquillas sacadas desde el fondo de mi bolso. Entonces arrastré algo de corrector debajo de mis ojos hasta que estuve satisfecha que era lo mejor que podía hacer.
—Eso está mejor —dijo mi madre, alargando la mano para recuperar la polvera. Estábamos esperando a que mi padre llegase, y hasta el momento estaba retrasado unos siete minutos. Estaba segura de que obtendría un regaño por eso más tarde. Mi madre eligió el restaurante, un restaurante de carnes de alta calidad. Nunca fui una gran consumidora de carne, pero ella y mi papá estaban en una dieta alta en proteínas. Escudriñé el menú por algo que no me diera ganas de vomitar. Me decidí por una ensalada César con camarones a la parrilla. Mi padre llegó, deslizándose en la cabina al lado de mi madre y ofreciéndole un casto beso en la mejilla a modo de disculpa.
—Lo siento, llego tarde. La reunión de negocios se alargó —Se inclinó sobre la mesa y le dio a mi mano un apretón. Asentí con la cabeza.
—Está bien, papi.— Sabía que mi papá tenía un trabajo estresante. Era socio de una empresa de contabilidad y trabajaba duro para darnos a mi madre y a mí todo y algo más. No puedo estar enojada con él por llegar unos minutos tarde a un almuerzo en el que yo no quería estar tampoco. Mi estómago aún estaba revuelto de anoche, y mordisqueé el pan y tomé un sorbo de mi agua mientras mis padres discutían las mejoras que habían planeado para nuestra casa de vacaciones en Aspen. Mi mente vagó a los
acontecimientos de la noche anterior. Oh, está bien, directamente a Nick. Esta mañana mientras estaba bajo el chorro de vapor caliente de la ducha, fregando su dirección de mi antebrazo, no pude dejar de recordar su sonrisa sexy y desafiante.
En serio, ¿quién diablos organiza una reunión para perder su virginidad? No era como si fuera realmente a llevar a cabo lo de tener sexo con una estrella porno, y un completo extraño sin más. Dios, ¿era una locura o qué? Realmente necesitaba mantener a Mandy con una correa apretada. Todo esto fue obra suya. Cuando recordé la mirada que me dio cuando le confesé que era virgen, me estremecí. Incluso Tyson saltó diciendo que estaría feliz de hacerme una mujer. Lástima que no había ninguna atracción allí. Era un buen tipo, y yo sabía que haría cualquier cosa por mí, ¿pero eso? No, gracias. Sería como besar a mi hermano. Asqueroso. La mirada en el rostro de Nick al escuchar a Ty avanzar era pura ira, y cuando sus ojos se encontraron con los míos, ellos estaban llenos de algo más... ¿Anhelo? No, no podía pensar en la posibilidad del deseo en la expresión de Nick. Eso me había estremecido por una razón completamente diferente. Pero lo que quedó grabado más profundamente en mi memoria fue la mirada de suficiencia en su rostro, la certeza de que yo no iba a tener las agallas para buscarlo hoy.
Eso, junto con las miradas de desaprobación de mi madre y las indirectas no tan sutiles sobre salir con Peter Wyndham III fueron suficientes para convencerme. A pesar de que había borrado todo rastro de su escritura de mi piel, recordaba la dirección. 715 Evergreen Terrace. No es que yo en realidad fuera a ir. Dios, ¿puedes imaginarlo? Lo siento, mamá y papá, tengo que cortar este horrendo almuerzo para ir a encontrarme con una estrella porno para así poder perder mi virginidad. ¡Ja! Me atraganté con mi agua por lo absurdo. Los pocos bocados de alimentos sólidos en mi estómago y múltiples vasos de agua helada me habían regresado a mi antiguo yo. Iría a Nick, pero sólo para recriminarlo. ¿Quién demonios se creía que era? Ofreciendo sus servicios como si fuera una inconveniencia total para él, ¿pero aun así acordando tomar mi virinidad? Me estremecí. Estaba a punto de conseguir un regaño. Mis padres insistieron sobre el postre, ya que era mi cumpleaños después de todo, así me obligué a comer varios bocados de pastel de queso antes de despedirme de mis padres. Una vez que se fueron, me dirigí al baño en el interior del restaurante y escaneé mi aspecto en el espejo de cuerpo entero.
Ajusté las correas del ceñido vestido veraniego color crema y alisé la tela sobre mis caderas. Todo sobre mi aspecto, desde el brillo coral en mis labios a mi pedicura francesa en mis pies envueltos en sandalias de diseñador doradas aseguraba que Nick entendería que yo estaba fuera de su liga. Satisfecha, me veía tan bien como podía con una resaca, enderecé mis hombros y agarré mi bolso. Esto no tenía nada que ver con ver a Nick una vez más, y todo que ver con dejar que él vea lo que nunca tendría. Cuando me detuve delante de 715 Evergreen Terrace, pensé que tenía que haber algún tipo de error. Probablemente me había dado una dirección falsa, ya que dudaba de que Nick, la caliente estrella porno viviera en este suburbano barrio de clase media. Puse mi coche en el aparcamiento y apagué el motor. La casa en sí era  pequeña, pero limpia y ordenada, su revestimiento blanco recién pintado. Una hilera de setos recortados bordeaba el pequeño patio.
Una camioneta negra estaba estacionada en la entrada, pero aparte de eso, no se sabía si había alguien en casa. Revisé mi aspecto en el espejo retrovisor por última vez, respiré hondo y dejé la seguridad de mi coche antes de que me acobardara completamente. No llegué muy lejos. Un autobús escolar se detuvo en la esquina, dejando salir un pequeño ejército de niños. Los ruidosos niños se esparcieron en diferentes direcciones, desfilando a sus casas por las calles y aceras, pero mi atención fue capturada momentáneamente por una niña de ojos brillantes, más pequeña que el resto, que cojeaba su camino más allá de mí con la ayuda de un pequeño andador. Me echó un vistazo curioso, pero continuó, sus ojos brillando con determinación.
—¡Nick! —Llamó, tratando de hacer que sus piernas la llevaran en dirección de la casa, donde Nick apareció en el jardín delantero. Cruzó los últimos metros que los separaban y la levantó fácilmente desde el suelo, el andador momentáneamente dejado de lado.
—¿Cómo estuvo la escuela, nena? —Plantó un beso en sus rizos colo negro azabache antes de bajarla al suelo.
—Estuvo bien. Coloreé un dibujo de una mariposa para ti hoy.
—¿Sí? Eso suena muy bonito. ¿Está en tu mochila?— Asintió, sus rizos rebotando mientras lo hacía. La mochila rosa era casi tan grande como ella. Pensé que tal vez tomaría el bolso de sus hombros, o la
ayudaría a subir la rampa que conducía al pórtico, pero simplemente la miró orgullosamente mientras su pequeña figura lentamente arrastraba los pies hacia arriba, empujando el andador delante de ella con cada paso. La pequeña niña atrapó la completa atención de Nick y todavía ni siquiera me había notado.
—¿Nick? —Mi voz sonaba temblorosa e irregular, incluso a mis propios oídos. Se dio la vuelta y me miró, todavía esperando por el coche junto a la acera.
—¿Miley? —La confusión se grabó en su rostro, arrugando su frente. Mierda. Así que no debí haber venido. Todo mi anterior veneno sobre recriminarlo se evaporó al observarlo con la niña. Vi como conectó los puntos en su cabeza, y la expresión de sorpresa en su rostro desapareció, una lenta sonrisa curvando sus labios.
—Así que realmente quieres llegar hasta el final, ¿verdad?— Y el veneno volvió. Caminé por el patio, deteniéndome justo frente a él, y pinché mi dedo en su pecho. 
—No estoy aquí para tener sexo contigo, canalla. No creías que me iba a presentar, así que sólo vine aquí para probarte que estabas equivocado.— La puerta principal se abrió y la niña se asomó. 
—¿Nick? —Su voz estaba llena de preguntas y sus ojos se agrandaron al verme tan cerca de Nick. Dejé caer mi mano de su pecho y retrocedí. Era difícil estar enojada con él cuando una niña tan dulce, obviamente, le adoraba.
—Está bien, Lily. Vuelve a la casa. Voy estaré ayudándote con tus estiramientos en sólo un minuto.— Se rascó el vientre y suspiró. 
—¿Puedes hacerme mantequilla de maní y jalea?— Él se rió entre dientes. 
—Claro que lo haré. Ve a encender tus caricaturas por un minuto.
—¡Está bien! —gritó alegremente, cerrando la puerta detrás de ella mientras desaparecía en el interior.
—¿Es... tuya?— Se pasó una mano por el pelo y dejó escapar un suspiro de frustración. 
—Lily es mi hermana, pero tengo la custodia completa. La tengo desde que ella tenía tres años.
—Oh. —¿Criaba a su hermana pequeña? Di un paso atrás con el peso de esta nueva información. El fuerte vínculo entre ellos era innegable—. ¿Es escoliosis? —Le pregunté en voz baja.
—Espina bífida —dijo, con los ojos muy lejos.
—Oh —dije de nuevo. Sabía que era una enfermedad infantil paralizante que deja la columna vertebral torcida y con frecuencia afecta las piernas, pero no mucho más—. Lo siento.
—Podemos manejarlo —espetó él.
—Pude ver eso. Mira, lo siento. ¿Por qué no nos olvidamos de que alguna vez vine aquí? —Quería dar otro paso atrás, para desaparecer por completo, pero me quedé donde estaba, luchando contra el impulso de correr.
—¿Por qué has venido aquí? —Su mirada se despertó con curiosidad, el desafío en su voz inconfundible. Sus ojos barrieron a través de mi piel, y envió breves escalofríos deslizándose por mi espalda. Me maldije por llevar este maldito vestido de verano y por la cantidad de piel que estaba mostrando. Mis pechos apretados contra la fina tela de algodón, recordándome que este vestido no tenía cabida para un sujetador y dejaba mucho a la vista. Odiaba cómo su mera presencia me dejaba fuera de balance y tambaleándome.
—Por lo menos una pequeña parte de ti sentía curiosidad. No habrías aparecido de lo contrario. —Tocó mi hombro, su pulgar rozando a lo largo de la piel expuesta junto a la tira de mi vestido. Mis ojos se cerraron brevemente en la intensidad de su caricia, e inútilmente abrí y cerré mi boca, incapaz de responder. Diablos, sí, tenía curiosidad. Tenía curiosidad por cómo se sentiría su mandíbula cubierta de rastrojo contra mi piel y cómo se sentiría su boca cubriendo la mía. Dejó caer la mano, aparentemente inconsciente del efecto derrite-bragas que estaba teniendo en mí. 
—Sólo para que sepas, no intentaba de avergonzarte, o aprovecharme de ti. Intenté de conservar algo de tu dignidad. Tu única amiga estaba prácticamente subastándote, y tu otro amigo estaba listo para sacar su polla y tomarte justo allí. Deberías agradecérmelo.— ¿Agradecerle? Sí, claro. Pero supongo que lo había puesto en una situación incómoda, también. 
—Bueno, sólo vine aquí a decirte que no importa. Que no estaba interesada.
—¿En serio? ¿Es por eso que condujiste todo el camino hasta aquí? — Una de sus cejas se arqueó con incredulidad. Mis mejillas enrojecieron. Supuse que la curiosidad tenía más que un poco que ver con esto... Bueno, eso, y yo habría hecho cualquier cosa para escapar de los planes de compras por la tarde de mi madre para nosotras.
—Los dos sabemos que hay mucho más que eso. Una pequeña parte de ti quiere esto, pero puedo ser paciente. Tengo todo el tiempo del mundo.— Estaba en lo cierto en que yo lo quería, pero no estaba dispuesta a decirle eso. Su arrogancia comenzaba a ponerme de los nervios. 
—Supéralo. Hará frío en el infierno cuando venga pidiéndote por sexo.— Se rió de mi repentino arrebato, el sonido completo y gutural. 
—Lo que tú digas, pastelito. —Miró hacia la casa donde sabía que su hermana lo estaba esperando. Oírlo hablar acerca de ayudarla con sus estiramientos envió mi mente de vuelta a la escuela de enfermería, y traté de recordar lo que sabía acerca de problemas con la columna vertebral. 
—¿Va a terapia física?
—Ya no más. No podía permitirme el lujo de pagarlas, así que una terapeuta me enseñó los ejercicios que podía hacer con ella en casa.
—Oh. —Me pareció tonto decir eso cada vez que me encontraba pérdida sin palabras. En los últimos minutos se había transformado de un ultra-sexy, malo-para-mi estrella porno a un amoroso y cuidadoso ser humano. Estaba claro que quería a su hermana y se preocupaba por su estado. No sabía qué hacer con esta nueva información
—. Me tengo que ir. Además, tienes que hacer un emparedado de mantequilla de maní y jalea. —Mantuve mi rostro impasible, tratando de no dejarlo ver lo confusa que me sentía.
—Sí, está bien. —Metió las manos en los bolsillos, los antebrazos flexionándose con el movimiento, una sonrisa satisfecha en sus labios. Giré y me dirigí a mi coche, su risa erizando mi piel por lo que supuse que era la última vez. Qué equivocada estaba.

Entré sigilosamente para encontrar a Lily plantada delante de la televisión, felizmente mirando sus caricaturas. Me dirigí de nuevo a la cocina para preparar su merienda. Mientras untaba mantequilla de maní en el pan, sacudí la cabeza con incredulidad ante el hecho de que Miley en realidad se presentó. Y dudé firmemente que fuera para regañarme, como ella había dado a entender. Pude leer la curiosidad en su rostro tan claro como el día. También podía decir que era demasiado formal y correcta como para dejarse llevar por sus deseos espontáneos. Conozco a las de su clase, pendientes de diamantes, un reloj caro, y las expectativas demasiado altas. Las chicas como ella no elegían a tipos como yo. No, querían a un sinvergüenza llamado Scott que fuera educado y se sentara detrás de un escritorio todo el día, haciendo quién sabe qué jodida cosa, pero consiguiendo un bonito y gordo cheque cada semana. Tenía el rostro de un ángel. No había podido resistirme a rozar mis dedos sobre su piel para ver si se sentía tan suave como parecía. Y cuando sus ojos se cerraron ante mis caricias, mi polla se sacudió en mis vaqueros. Tenía veintidós años, no quince, pero maldita sea si mi pene lo sabía.
—Mollie está aquí. Vas a amarla —Me aseguró Rick. Una chica alta y delgada entró en la habitación. Fue construida para el pecado, e iba vestida con un liguero negro, medias, sostén de encaje negro y tacones altísimos. Pelo rojo largo en cascada sobre sus hombros y su espalda.
—¿Sebastián? —preguntó mientras se acercaba.
—Un placer conocerte. —Ofrecí la mano. No podía creerme que estuviera realmente llevando esto a cabo. Pero tenía que hacerlo, por mi propio orgullo masculino obstinado, y por no mencionar el dinero. Miró con ironía la mano que ofrecí y se acercó, acortando cualquier distancia entre nosotros y palmeándome el pecho desnudo. 
—Oh, eres jodidamente hermoso, cariño. Esto será divertido.— Me reí entre dientes mientras una oleada de timidez me atravesó. Ni siquiera sabía el nombre real de esta chica, suponiendo que no fuese Mollie,  y estaba a punto de follármela. Pero pensé que no era muy diferente de las pocas veces que había llevado chicas a casa desde el bar sin ni siquiera saber sus apellidos. Tal vez se sentía diferente porque estaba sobrio. Ah, y porque había una habitación llena de gente mirándonos.
—Rick me dijo que es tu primera vez con las películas. No te molestes en esforzarte demasiado. Simplemente diviértete. Y no me voy a venir con toda esta gente mirándome, así que no te preocupes por eso. Seguirá sintiéndose bien para mí, así que haz lo tuyo, ¿de acuerdo?— Asentí. 
—Lo tengo. —Ya me gustaba. Por lo que veía, sería fácil trabajar con ella. La empresa de producción de Rick se enorgullecía de explorar el lado más íntimo del sexo, en lugar del típico porno explícito. En este escenario, éramos amantes que habían estado separados por mucho tiempo. Llegaba a casa de un viaje de negocios para encontrarla esperándome en ropa interior. Yo estaba vestido con pantalones de traje, camisa y corbata para completar la escena. Comenzamos en la puerta principal, donde el equipo de la película
capturó algunas escenas iniciales de nosotros besándonos. Filmada esa breve escena, nos trasladamos a la habitación, llena de luces y equipos de sonido. Las cámaras nos rodeaban, todas apuntando directamente
hacia la cama. Rick se ocupó de que el equipo se asegurara de que todo estaba puesto de la forma en que él quería y luego volvió a pararse frente a mí y Mollie. 
— Estamos listos para empezar a rodar, así que prepárense y empezaremos cuando estén listos. Sólo estamos aquí para capturar cómo tienen sexo. Así que, que sea natural —dijo. Oí el chasquido indicador de la grabación de la cámara y me moví hacia Mollie, luego vacilé y bajé la mirada hacia mis pantalones y a la ausencia de cualquier bulto. No otra vez. Mejor que el hijo de puta cooperase en esta ocasión. Al darse cuenta de mi ceño, Mollie siguió mi mirada. Sin decir palabra, se agachó y empezó a frotarme sobre el material de mis pantalones. 
—Shh. No hay necesidad de estar nervioso —dijo en voz baja—. Sólo relájate. Este es mi trabajo. —Se inclinó para besarme y me sentí relajar. Y aún mejor, sentí que mi polla volvía a la vida. La besé de vuelta, añadiendo un poco de lengua hasta que nos entusiasmamos haciéndolo y la línea entre el trabajo y el placer fue definitivamente cruzada. La moví hacia la cama, desenganchando el sujetador y bajando sus bragas mientras nos besábamos. Y unos momentos después, me hundía en su interior, todo el previo juego estándar en el que normalmente me destacaba, innecesario. 
Mollie me montó como la maldita profesional que era, sacudiendo su cabello hacia atrás y agarrando mis muslos mientras se levantaba hacia arriba y abajo sobre mi polla. Mantuve mis ojos fijos en ella, teniendo que permanecer en la escena y no mirar al equipo con la vista clavada en nuestro desempeño. La rareza de toda la situación garantizaba que no estallaría antes de tiempo, algo de lo que había estado un poco preocupado. 
Mi mente se dirigió inconscientemente a Miley y al aspecto que tenía en ese pequeño vestido. Su dulce inocencia encajaba junto con esa boca enérgica que me encendía y confundía. Pero sabía que si canalizaba mi deseo por Miley en esta actuación, lo perdería. Abrí los ojos y volví a centrarme en la chica frente
a mí. Mollie gimió y jadeó agudos chillidos que sonaban increíblemente falsos. Yo era típicamente tranquilo durante el sexo, prefiriendo escuchar los sonidos de placer de la chica con la que estaba, pero los falsos y excesivos gemidos irritaban mis nervios. Sus gritos se hicieron más y más fuertes y supe que estaba fingiendo el orgasmo. Cuando se convirtieron en jadeos suaves, su clímax falso completado, todo ello sin el placer de sentir su coño a mí alrededor, me retiré y la hice rodar sobre su estómago para que pudiera follarla por detrás y acabar con esto en relativa paz.

En los próximos días no pude sacar a Nick de mi cabeza, no importa lo mucho que lo intentara. No ayudó que hubiera visitado el sitio web de pornografía después de encontrar que tenía videos publicados. Lo había visto muchas veces, estudiando el movimiento de sus manos explorando el cuerpo de la chica, y el movimiento de sus caderas empujando dentro de ella, y las expresiones de placer en sus rasgos cincelados. Cada vez me sentía tan sucia que después tenía que fregarme en la ducha para poner un poco de alivio en mi necesidad sexual, al tiempo que me prometía que no lo iba a ver de nuevo. Recordar su naturaleza amable con su hermana me hizo sentir aún peor sobre usarlo para mi placer visual. Sin embargo, todavía no podía mantener mi promesa de no ver el video. Se estaba convirtiendo en una rutina nocturna, y había comenzado a atormentar mis sueños. Él todavía tenía sólo un video, y lo había visto tantas veces que me lo aprendí de memoria. 
Después de darme cuenta de lo silencioso que era Nick, lo miraba sin sonido, no quería arruinarlo escuchando los molestos gritos de la chica. En los días que siguieron, mis pensamientos iban a la dulce hermanita de Nick y la determinación feroz que ardía en sus ojos. Me rompió el corazón al darme cuenta que no podían pagar la terapia física, y sin darme cuenta me encontraba visitando el área de terapia física para preguntar unas cosas del terapeuta. Resultó que la gravedad del problema de Lily podría variar de leve, y no requerir de mucho cuidado, a grave, que requería terapia física permanente para ayudar con la flexibilidad y el malestar. No sabía lo que su hermana padecía, pero tenía una idea bastante buena de que era un poco grave, ya que no podía caminar sin ayuda. Había visto como el terapeuta trabajó con otro niño en una de esas pelotas de ejercicio gigantes y una idea se plantó firmemente en mi mente.
—¿Estás loca? —Mandy empujó el tercer vaso de papel café de las máquinas expendedoras de noche hacia mí. Era la forma en que nos manteníamos despiertas y alerta en el turno de media noche. Acepté el vaso y vertí una buena dosis de azúcar, sabiendo que lo necesitaba para hacer el brebaje bebible.
—Eso lo dice la mujer que pensaba que dormir con él era una buena idea. Eso habría sido una locura. Sólo estoy hablando de ir a verlo. No puedo dejar de pensar en esa niña, Mandy. Y acerca de cómo tal vez yo pueda ayudar.— Ella negó con la cabeza.
—¿Es esto cómo cuándo ibas a darle alimento a las personas sin hogar debajo del puente y casi conseguiste que te secuestren, o cuando trabajaste como voluntaria en el refugio de animales y casi fuiste devorada por ese pitbull?
—No —me quejé—. Esto no es nada de eso. Sólo quiero pasar por ahí, tenerlos checados, quiero decir, a ella, y ver cómo puedo ayudar, dijo que no podía permitirse la terapia física, Mandy. Ella se merece algo mejor.
—Noticia de última hora, no eres una físico-terapeuta. Eres una estudiante de enfermería, Miley.— Probé un sorbo de café, necesitando obtener cafeína en mi sistema antes de que mi receso de diez minutos terminara. Demonios, seguía caliente.
—Lo suficientemente cerca. Lo tengo que hacer. Es decir, si él acepta la ayuda.
—¿Y esto no tiene nada que ver con ver a Nick otra vez? —Arqueó unaceja hacia mí con recelo. Me concentré en mi café, poniéndole otra cucharada de azúcar sólo por si acaso.
—¿Por qué toda esta basura acerca de dormir con él? Estaba bromeando, cariño. Eres dulce y hermosa. Te mereces a un jodido príncipe azul. No un animal que vende su cuerpo por dinero.
—¿Príncipe azul? —pregunté, levantando la vista de mi café.
—Príncipe azul—Confirmó ella con cara seria. Me reí de ella.
—Tengo que volver al trabajo. Sólo confía en mí, ¿de acuerdo? —Bebí un trago del caliente café y arrojé el vaso a la basura en mi camino hacia el pasillo.
—¡Es tu vagina! —gritó detrás de mí, su voz llenando el pasillo. Me encogí cuando un médico que pasó a mi lado se giró en nuestra dirección al oír la palabra con V. Tal vez esto era una estúpida idea. Después de dormir hasta tarde, me duché y vestí de manera informal en un par de vaqueros y una camiseta negra sencilla, a continuación, después de hacer una parada en una tienda deportiva, estuve frente a la casa de Nick otra vez. Era la misma hora que la última vez, pensé que estaría aquí para bajar a su hermana del autobús de nuevo, pero su camioneta no estaba en el camino de entrada. Agarré la pelota de ejercicio y la bomba desde el asiento trasero y me dirigí a la casa. Momentos después, una atractiva chica abrió la puerta. Parecía tener mi edad, tal vez uno o dos años más joven, y era bonita con el pelo largo y rubio que le caía por la espalda y grandes ojos grises. Mi estómago cayó. ¿Era la novia de Nick?
—¿Te puedo ayudar?— Me quedé allí por un segundo, todavía alterada por la apariencia de la chica y cuestionándome su relación con Nick, hasta que me di cuenta de que no había respondido todavía.
—¿Está Nick?— Ella negó con la cabeza.
—Está trabajando. ¿Quién eres tú?— Me tragué un nudo en la garganta.
—Soy Miley, una amiga… de él. Y le traje esto —Le tendí la pelota de ejercicio—, para Lily. Soy enfermera. —Casi. ¿Amiga? ¿Enfermera? Caray, las mentiras salían escupidas de mi boca.
—Oh. Está bien —Abrió más la puerta—. Lily estará en casa en unos minutos. Puedes entrar y esperar. Soy Becca, por cierto.— La seguí dentro de la casa, preguntándome qué demonios estaba haciendo y quién diablos era Becca.

martes, 2 de diciembre de 2014

A Different Love - Niley - Cap 02


Cuando desperté y busqué mi móvil para ver la hora, me sorprendí al descubrir que ya eran las cuatro de la tarde. Me estiré y arrojé de vuelta mi edredón, suspirando porque a pesar que era tarde, mi cuerpo no estaba tan dispuesto a dejar mi suave y celestial almohada. Trabajar en el turno de medianoche estaba causando estragos en mi sistema. Cada noche que trabajaba, despertaba más y más tarde en el día. Al menos tenía esta noche libre, era mi vigésimo segundo cumpleaños, e iba a salir con mis amigos más tarde. No podía imaginar lo que Mandy tenía planeado. Esa chica, a pesar de que la consideraba mi mejor amiga en la escuela de enfermería, era un problema con «P» mayúscula. Me senté en mi tocador y cepillé mi cabello. Las bolsas bajo mis ojos necesitaban atención también, así que apliqué un poco de corrector antes de fijar mi cabello en una coleta. Mis padres no entendían por qué trabajaba tan duro.
El dinero ciertamente no era el motivador, mi familia tenía más de lo que hubiéramos gastado en toda una vida, pero yo quería algo más para mí misma. Algo que fuera bueno y me mantuviera ocupada. Su única meta para mí era encontrarme a un hombre rico y bien educado, y convertirme en alguna especie de esposa perfecta, un deseo que no compartía. Una vida como esa sonaba increíblemente aburrida para mí. No quería pasar mis tardes tomando píldoras de la felicidad y copas de vino. No, gracias. Una vez en la cocina, deslicé una dosis de café en la cafetera, el dispositivo más usado en mi cocina ya que rara vez me molestaba en cocinar para mí. No podía dejar de pensar en la noche anterior, o más específicamente, en Nick.
Bueno, en realidad estaba pensando en cierta parte de su anatomía más que en otra cosa, y me reí de mí misma. Había visto un montón de cosas extrañas trabajando en el turno de medianoche en la sala de emergencias, pero esta fue una de las más memorables. Él era innegablemente atractivo, y eso fue incluso antes de ver la pitón que acampaba en sus pantalones. Era alto y ridículamente tonificado de la cabeza a los pies, con una cara dura y mandíbula fuerte. Su nariz tenía una cresta pequeña que indicaba que probablemente fue sido rota en algún momento, y esos ricos ojos color chocolate rodeado por espesas y oscuras pestañas. Tuvo el más extraño efecto en mí. Nunca me había atraído un paciente. Nunca. Era mi trabajo, y rara vez notaba detalles sobre la persona actual. Esa afirmación sonaba superficial, pero veía a la gente que entrar y salir del hospital como objetos clínicos. Solamente notaba detalles que necesitaba para hacer mi trabajo, como dónde hay mejor línea de vena para empezar una intravenosa o extracción de sangre, o calcular las medicinas en base al peso, cosas como esa.
Pero con él, no pude concentrarme en lo que necesitaba hacer. En su lugar, me di cuenta cómo sus oscuros ojos seguían cada uno de mis movimientos, el grosor de la vena que pasaba por la longitud de su eje, y la tensión en su cuerpo ante la evidente incomodidad. También noté el tatuaje asomando por el cuello de su camiseta como si se arrastrara por su cuello. Quería ver el resto de él, incluso si el solo pensamiento hacía revolver mi estómago de nervios. Y sé que sabía de mi vergüenza por esa molesta sonrisa tirando de sus labios. Cuando el timbre sonó, corrí al panel del intercomunicador para saludar a Mandy  y Tyson. Abrí la puerta de mi apartamento y encontré a Mandy subiendo por las escaleras, una bolsa de papel marrón llena con botellas de licor en una mano y un recipiente plástico en la otra. Tyson cargaba un ramo de rosas. Tyson era como un hermano para mí, pero no estaba segura de que siempre estuviéramos en la misma página. Le hice prometer a Mandy no organizar nada grande, solo saldríamos a disfrutar de unos cocteles, y hasta ahora parecía que había mantenido su parte del trato.
—¡Nuestra bebé está creciendo, Ty! —chilló Mandy y me tiró en un abrazo. Le palmeé la espalda y la alejé por algo de espacio personal. No era la más grande abrazadora en el mundo. Tyson se rió y pasó alrededor de nosotras, entrando a mi apartamento. Sabía que era mejor no tratar de abrazarme, después que me quedé completamente rígida en sus brazos la única y primera vez que él lo intentó.
—Gracias por las rosas —le dije a su espalda mientras hacía su camino a mi cocina por un vaso. Había pasado suficiente tiempo en mi departamento como para saber dónde estaba todo. Demonios, creo que él conocía mi apartamento mejor que yo. Una vez lo llamé para preguntarle cómo limpiar mi cabello del desagüe obstruido de la ducha y me informó que tenía una botella de limpiador de cañerías debajo del fregadero de la cocina. Él era bueno para mí, así como lo era Mandy. Ella a menudo me obligaban a salir de mi caparazón, lo que, sin embargo era a veces doloroso, era bueno para mí también. Mandy se hizo cargo de la isla de la cocina, extrayendo varias botellas de alcohol y mezcladores de su bolso. Ty consiguió los vasos y los llenó con hielo, mientras yo estaba de pie y los observaba.
—¿Qué hay aquí? —Levanté la tapa de la bandeja de plástico, esperando que contuviera un pastel.
—Tragos de gelatina —respondió Mandy, sonriendo—. Prueba uno.— Quité la tapa y la dejé a un lado. La bandeja estaba llena de pequeños vasitos de plástico que contenían un arcoíris de brebajes de gelatina. Desde luego, parecían invitarme. Escogí uno verde y lo incliné en mi boca, pero la masa gelatinosa se mantuvo firmemente plantada en el interior del vaso. Mandy se echó a reír y miró a Tyson.
—Enséñale cómo, Ty. Olvidé que teníamos una virgen de tragos de gelatina en nuestras manos.  Midió dos tragos de licor claro y los arrojó en un vaso lleno de hielo, mezclando la bebida como si fuera su segunda naturaleza. Ty sonrió y rodeó la isla para estar de pie junto a mí.
—Saca la lengua.— Entrecerré mis ojos a él. Se rió entre dientes.
—Sólo hazlo.— Obedecí y él llevó la copa a mi boca, mostrándome cómo arremolinar mi lengua alrededor del borde de este para aflojar la gelatina hasta que se deslizara del vaso a mi boca.
—Mmm. ¿Manzana verde? —pregunté. Ty limpió una mancha de gelatina de mi labio inferior y lo lamió de su dedo. Mandy asintió.
—Sip. Y aquí está tu trago de cumpleaños.— Era rosa y burbujeante. Tomé un sorbo y lo encontré sorpresivamente refrescante. Difícilmente podías saborear el vodka que la había visto verter dentro. Era suave y delicioso.
—Gracias.— Una vez que todos tuvimos bebidas, cortesía de Mandy, Ty agarró la bandeja de tragos de gelatina e hicimos nuestro camino hacia la sala para sentarnos en el centro de mi peluda alfombra color crema.
—Necesitamos música. —Mandy abrió mi portátil y mi corazón casi se detiene. Salté de mi asiento en un esfuerzo por detenerla de ver lo que estaba a punto de ver, pero fue demasiado tarde—. ¡Santa mierda!— Mis mejillas ardían al recordar para lo que había usado el computador la última vez, había escrito en la dirección, la página web porno de la tarjeta de presentación cuando llegué a casa y busqué hasta que encontré fotografías de Nick.
—¿Qué es? —preguntó Ty, mirando alrededor de Mandy. Su cara se arrugó de asco—. ¡Puaj!— Saltó hacia atrás del ordenador, como si lo hubiera picado.
—¿Miras porno, Miley! —La sorpresa en la voz de Mandy era
inconfundible—. No te estoy juzgando, en absoluto, es más como… sólo estoy sorprendida. Siempre has parecido de la especie de inocente.— Tragué saliva y agarré el portátil de su regazo, tirándolo hacia el mío.
—No es lo que piensas. —Abrí mi biblioteca de música e inicié la lista de reproducción de indie-rock, entonces puse el computador a un lado. Mandy se rió, echando la cabeza hacia atrás.
—Lo siento, cariño, pero eso va a requerir una explicación. Quiero decir, nunca has tomado un trago de gelatina, te criaste con los Cyrus, tu maldito cajón de ropa interior está organizado por color y día de la semana. Escúpelo, nena.— Tyson levantó la vista de su bebida.
—¿Tienes ropa interior por días de la semana? Oh, tengo que ver esto. —Se puso de pie y caminó por el pasillo hasta mi habitación, Mandy y yo saltamos a nuestros pies para seguirlo.
—¡Ty! —llamé—. ¡Sal de ahí!— Él se echó a reír y abrió el cajón superior de mi cómoda tallada a mano de color rosa pálido. —Santa mierda, no estabas bromeando, Mandy. —Levantó un par de bragas de algodón blando de la parte superior de la pila y los sostuvo para inspeccionar—. Domingo —leyó en la parte de atrás, riéndose entre dientes. Los arrebaté de sus manos, arrojándolos de vuelta en el cajón y lo cerré de golpe con mi cadera.
—Suficiente. Fuera. —Los ahuyenté de mi dormitorio. Sí, compré el paquete de ropa interior de algodón. Eran cómodos. No era tan malo. Mandy se mantuvo firme, bloqueando la puerta de mi habitación.
—Sólo si nos cuentas la historia de ti mirando porno. Apuesto a que ni siquiera tienes un juguete sexual, ¿verdad?
—Te lo diré. —La rodeé para caminar por el pasillo. Pero no iba a responder la pregunta sobre juguetes sexuales. Incluso si Ty era como un hermano para nosotras, aún era un hombre, y no iba a admitir que tenía un vibrador escondido en la parte de atrás del cajón de mi ropa interior. Dios, me
hubiera muerto de vergüenza si hubieran encontrado eso. Una vez que estuvimos sentados en la alfombra de la sala otra vez, me tomé unos pocos tragos más de gelatina para aliviar mis nervios y tiré de una almohada sobre mi regazo. Mandy se sentó enfrente de mí, pareciendo satisfecha, y recostándose contra el sofá.
—Está bien. Pasó algo anoche en la sala de emergencias… —Agarré otro trago y sorbí el bocado gelatinoso, necesitando fortalecerme a mí misma ante el recuerdo de la erección de Nick.
—¿Cómo de grande dirías que era? —preguntó Mandy una vez que conté de mi historia, inclinándose hacia adelante con ansiosa curiosidad.
—Ah, infierno, voy a por otra bebida —anunció Ty, dirigiéndose a la cocina. Después de considerar ,y rechazar, un cercano candelabro, y sin encontrar nada más adecuado en mi sala de estar para exhibir toda la longitud de la hombría de Nick, Mandy y yo hicimos nuestro camino hasta la cocina, sonriendo ante mi idea de coger un pepino del refrigerador. Metí la mano en el cajón de las verduras y sostuve la larga verdura frente a mi entrepierna.
—Esto se ve bastante bien.— Mandy me tomó de los hombros, girándome de un lado a otro, así
podía mostrar varios ángulos.
—Maldita sea. A ese chico le cuelga.— Tyson se retiró al cuarto de baño mientras Mandy y yo regresábamos a la sala de estar. Ella alzó el pepino con orgullo sobre su cabeza, agitándolo al ritmo de la música y encabezando el camino de vuelta hasta mi ordenador. Mandy se sentó en el sofá con el portátil en equilibrio sobre sus rodillas y yo me deslicé a su lado para… supervisar.
—Haz clic aquí —le dije, señalando a las fichas con etiquetas de los modelos. El título me había parecido un poco extraño, pero supuse que sonaba con más clase que decir estrellas del porno. La mayoría de las imágenes eran de chicas en topless posando seductoramente. Mandy se desplazó más allá de las fotos de las chicas. Anoche había inspeccionado a fondo cada imagen, preguntándome si Nick habría dormido con ellas, y a cuál preferiría más. Todas esas chicas eran delgadas y bronceadas, con grandes pechos falsos.
Yo no quería, pero mi mente inevitablemente hizo comparaciones con mi propio cuerpo. Yo era de estatura media, de peso medio. Mis pechos eran decididamente reales, caían varios centímetros cuando me quitaba el sujetador, y tenía demasiadas pecas para ser considerada sexy. Bonita tal vez, pero definitivamente no a la altura del tipo de mujeres con las que él dormía normalmente. Sin embargo, todos los pensamientos de inseguridades se desvanecieron cuando encontré la foto de Nick.
—Ese es él. —Señalé la foto. Decía que su nombre era Sebastian, pero era definitivamente Nick. Estaba de pie cerca de un banco de pesas, pantalones cortos sueltos sobre sus estrechas caderas para mostrar sus marcados abdominales y estaba sonriend como si supiera un secreto que el resto desconocíamos.
—Maldita sea. Es jodidamente caliente.— Me reí. 
—Lo sé.— Mandy hizo clic sobre su foto. A pesar de que me pasé la última noche estudiando detenidamente cada una, no pude evitar inclinarme hacia adelante para unirme en su inspección. Tenía una página completa de fotos. En muchas vestía solo un par de calzoncillos negros, y otras pocas en las que los bóxer habían sido eliminados y todo él estaba orgulloso en la pantalla. El tatuaje sobre el que yo me había preguntado era un diseño tribal que cubría su hombro izquierdo y se arrastraba hasta su pecho, terminando en su cuello. Me sonrojé ante la vista de su polla bien erecta y el calor se arrastró hasta mi pecho, hasta que estuve rosada y tensa. No podía dejar de recordar la sensación de estar cerca de Nick en la semi-privada habitación del hospital, donde había estado lo suficientemente cerca como para sentir el calor de su piel y oler el aroma almizclado de su excitación. Mandy se desplazó hasta la biografía que había debajo de las fotos.
La había leído anoche, pero no podía resistirme a leerla otra vez por encima de su hombro. Decía que era el más nuevo modelo, y que trabajaba en exclusiva para su página web. La biografía afirmaba que era extremadamente profesional para trabajar y que siempre se centraba en asegurarse de que las chicas se sintieran cómodas. Fuera del trabajo, disfrutaba entrenando y escuchando música rock. Sonaba como un cliché de mierda, pero eso no me impidió aferrarme a cada pizca de información que pudiera conseguir. Tyson apareció desde la cocina, esta vez con una botella de cerveza, y se hundió en una silla al otro lado de la habitación.
—Ty, ¿quieres ver el aspecto que tiene un verdadero hombre? —bromeó Mandy. Le di un codazo en el costado. Tyson era solo unos centímetros más alto que yo y tenía una constitución delgada, pero era lindo y no me gustaba que ella le menosprecie. Especialmente porque regularmente recibía críticas por ser uno de los pocos estudiantes masculinos de enfermería.
—Tengo que verlo cada día, nena. Estoy bien. —Se terminó el resto de la cerveza. Mandy cerró el portátil. 
—Vamos a salir. Si miro algo más de eso, me lanzaré sobre el primer chico que vea en el club.— En el momento en el que llegamos, los tragos de me habían hecho efecto. Tyson pasó el brazo alrededor de mi cintura y me ayudó a entrar. Una vez que estuvimos estacionados en el bar, me depositó de forma segura en un taburete, rechazó el pedido de Mandy para más tragos y me pidió una cerveza y agua. Con nuestras bebidas en la mano, encontramos una cabina en la esquina y nos sentamos. Me dejé caer en el asiento, apoyando la cabeza en el hombro de Ty. 
—¿Qué había en esas cositas de gelatina? Me siento rara.— Mandy se rió. 
—Vodka. Pensé que sabías que los tragos de gelatina llevaban alcohol.— Ty tomó mi barbilla, girando mi rostro hacia el suyo. 
—¿Cuántos de esos te has tomado, Miles?— Intenté contarlos y perdí la pista. 
—Umm, ¿diez? ¿Doce?
—Mierda —dijo y quitó la botella de cerveza de mi mano, remplazándola por el agua.
—Maldita sea, Mandy. Dijiste que le echarías un ojo esta noche.— Mandy agitó una mano hacia él. 
—Está borracha, no muerta, Tyson. Cálmate. Es su vigésimo segundo cumpleaños, y por Dios, no eres su padre. — Tomó de nuevo un buen trago de su propia bebida.
—No discutan, chicos. Estoy bien. —Extendí la mano hacia ellos tranquilizadoramente, pero la dejé caer—. ¿Ven?— Ambos se rieron de mi falta de coordinación.
—A veces olvido lo protegida que estás, Miley. Juro que actúas como si hubieras sido criada por los Cleavers, con tus bragas de algodón de los-días-dela- semana y todo. —Se echó a reír. Me senté más erguida en mi asiento. 
—Solo porque soy virgen para los tragos de gelatina no significa nada. Demonios, soy virgen en cada sentido…— Me tapé la boca con una mano. ¡Ups! No había querido decir eso en voz alta. Mandy agarró mis hombros. 
—¿Hablas en serio?— Asentí de mala gana. Las caras de Mandy y Tyson estaban llenas de sorpresa ante mi revelación. 
—¿Qué? No es como si estuviera orgullosa de ello. No quiero ser así más.— Mandy tomó mi mano. 
—Nena, no es nada de lo que avergonzarse. Pero si lo que quieres es deshacerte de ella… no es tan difícil de hacer. Tus padres tuvieron la conversación de las abejas y los pájaros contigo ¿verdad— Aparté mi cerveza de Ty y tomé un trago fortificante. 
—No soy como tú. No puedo tener una aventura de una noche.
—Bueno, no me vengas llorando cuando te encuentres vieja y viviendo sola con un puñado de gatos.— Tomé otro trago de mi botella, no le contaría que había estado pensando en conseguir un gato últimamente. 
—Déjala en paz, Mandy —dijo Tyson, quitándome la cerveza de la mano otra vez. Se inclinó hacia mí—. Si quieres que te ayude solo házmelo saber.— Mandy golpeó con fuerza la mano de Tyson para apartarla de mi muslo. 
—No, Ty. Yo la ayudaré a elegirlo. Será como mi regalo de cumpleaños. —Sonrió. Hice rodar los ojos, resoplando ante sus sugerencias. No iba a elegir a un tipo al azar para dormir con él en mi vigésimo segundo cumpleaños. Y por supuesto que no iba a acostarme con Tyson. ¡Argh! ¿Podrías imaginarlo? Era como un hermano para mí
—¡Oh Dios mío! Miley, mira. —Mandy señaló al otro lado del bar—. Es el tipo de la página web.

Me senté en la barra con una cerveza, perdido en mis pensamientos.
—¿Quieres un pezón en esa botella, hombre? Deja de ser una pequeña perra y bebe —dijo Joe, acabándose su propia cerveza de unos pocos tragos. Le dediqué una mirada de advertencia. 
—No me jodas esta noche, no estoy de humor. —Me había empeñado en emborracharme esta noche, necesitando unas pocas horas de paz de todas las preocupaciones que me envolvían constantemente, pero de algún modo estaba fallando incluso en eso
—Ha llegado la factura de la última cirugía de Lily.
—Lo siento, hombre. —Joe inclinó su cerveza, chocando su botella contra la mía—. Déjame saber si puedo ayudar.
Asentí con la cabeza. Nunca le pediría ayuda y ambos lo sabíamos, pero todavía, el simple hecho de que la ofreciera, significaba mucho. Joe y yo habíamos sido amigos desde octavo grado, cuando me mudé aquí para vivir con mis abuelos. Sabía todo acerca de mi hermana Lily y el estado en que quedó su pobre columna vertebral y sus piernas, enredadas y retorcidas. Después del fracaso de mis padres con la metanfetamina que les llevó a ambos a prisión cuando ella tenía tres años, y perdiendo a mis abuelos un años después de eso, había tenido su custodia exclusiva. Ella tenía seis años ahora y era una pequeña cosa que no conocía el significado de la palabra discapacitado. Era una de las muchas cosas que amaba de esa niña. Pero su cuidado no era barato, lo que me dejaba preocupándome constantemente por el dinero.
Joe, un entusiasta de toda la vida de las artes marciales, me había introducido en la lucha en jaula hace un par de años. Era el arreglo perfecto. La oportunidad de ganar dinero rápido y liberar cualquier indeseada agresividad todo de una vez. Pero no era suficiente. Y luego llegó también mi última estúpida aventura. Rick se acercó tanto a Joe como a mí, pero yo era el único que estaba lo suficientemente mal de dinero como para considerarlo. O el único lo suficientemente idiota, elige tu opción. Joe sabía que yo estaba trabajando para Rick, pero no quería saber ninguno de los detalles, así que por supuesto no le mencioné mi tardía visita nocturna a la sala de emergencias. Después de recibir la factura de la última cirugía de Lily, me di cuenta de que no era más que un trabajo bien pagado que necesitaba, uno que venía con seguro de salud, también. Pero si pudiera aguantar grabar siquiera un par de vídeos, tendría más que suficiente para pagar la factura. Luego podría centrarme en reformar mi vida y buscar un trabajo de verdad, por el bien de Lily. Dándose cuenta de que estaba perdido en mis pensamientos otra vez, Joe se aclaró la garganta. 
—Deja de estresarte, hermano. Ya tienes suficiente durante la semana. No hemos salido en Dios sabe cuánto tiempo, y ya que tienes una niñera para Lil esta noche, tenemos que aprovechar este tiempo.
—¿Sí? ¿Y cómo vamos a hacer eso? —Ir al gimnasio para una tardía sesión de entrenamiento, seguida por una ducha caliente y mi cama sonaba como una forma perfecta de aprovechar el tiempo para mí. Ni siquiera creía que fuera capaz de emborracharme un poco en estos momentos. 
—Para empezar, tenemos que conseguir algún coño como prioridad número uno.— Sacudí la cabeza. No intenté explicarle que mañana yo vería un montón de ellos en el rodaje. Y con esa factura colgando sobre mi cabeza, estaba seguro de que actuaría esta vez. Joe inclinó la cabeza hacia una cabina al otro lado del local. 
—Y creo que estás de suerte, hermano. Aquellas chicas de allí te están mirando.— Me aparté de la barra, acercando mi cerveza a mis labios mientras escaneaba la habitación. Con una sacudida de sorpresa vi a la bonita enfermera de la otra noche sentada en una cabina con un par de amigos. ¿Qué demonios? La otra mujer de la mesa me saludó con la mano.
—¿Las conoces? —preguntó él.
—Sí. Apenas. —Tiré unos billetes sobre la barra y le dije a Joe que le vería más tarde. Caminé hacia donde estaban sentados.
—Hola, sexy —dijo la amiga de Miley, arrastrando los dedos por mi antebrazo—. Vi tu página web. Esa mierda era caliente.— Mis ojos volaron a Miley. ¿Les había hablado a sus amigas acerca de lo que hice? ¿Y qué… me había buscado en Google? 
—¿Miley?— Ella se sonrojó y se mordió su labio inferior. 
—Hola, Nick.— ¿Ni siquiera iba a negarlo? Supuse que tendría que acostumbrarme al hecho de que fotos de mi polla se esparcieran por todo internet, y que los videos lo siguieran pronto. Tenía un rodaje mañana por el que tendría que pasar. Compartí mi opinión con Rick acerca de contratar a chicas que parecían tan jóvenes y me prometió que me emparejaría con Mollie, una profesional experimentada que seguro amaría, si le daba otra oportunidad.
—Toma asiento, Nick. ¿O es Sebastián? —Preguntó la amiga de Miley—. A propósito, yo soy Mandy, y este es Tyson. —Hizo un gesto hacia el tipo sentado con ellas. Él me dedicó una sonrisa débil, pareciendo tan incómodo como estaba yo. Me quedé de pie. 
—Llámame Nick.— La mirada de Miley viajó hacia abajo, a lo largo de mi pecho y mi estómago, deteniéndose justo en la hebilla de mi cinturón. No pude evitar la sonrisa que tiraba de mi boca, y ella sabía que acababa de ser pillada. Dejó escapar un resoplido, cruzó los brazos sobre la mesa y apoyó la cabeza sobre ellos para descansar.
—¿Está borracha? —Me deslicé junto a ella. Mandy asintió con orgullo. 
—Sí. Es su vigésimo segundo cumpleaños.
—Feliz cumpleaños.— Miley echó un vistazo por un ojo abierto y alzó la vista para mirarme.
—Gracias —refunfuñó antes de cerrar los ojos otra vez.
—Justo a tiempo —dijo Mandy, inclinándose hacia delante sobre sus codos—. Estábamos justamente discutiendo el regalo de cumpleaños de Miles.— Miley despertó de su estado de somnolencia y le tapó la boca con la mano a Mandy.
—No, Mandy.— Mandy debidamente apartó la mano de Miley y se la estrechó, antes de ponerla sobre la mesa. 
—Joder. Deberías darme las gracias ahora mismo. Verás, aquí nuestra Miley es virgen, ¿y qué mejor regalo de cumpleaños que perder su virginidad con alguien experto en dar placer femenino? Quiero decir, haces esto para ganarte la vida. —Alzó una ceja—. ¿Verdad?— Eché hacia atrás un trago de mi cerveza. ¿Estaba bromeando? 
—Bueno, sí, podría saber una cosa o dos acerca de eso… —Tomé otro sorbo de mi botella para callarme. Quiero decir, seguro, nadie se había quejado nunca antes, pero eso no significaba que yo fuera la deslumbrante estrella del porno que habían visto en la página web. Salvo que todos pensaban que lo era. Infiernos. Miley alzó la vista y encontró mi mirada, sus ojos llenos de curiosidad. Cristo. No podía mirarme de esa manera o no iba a ser capaz de mantenerme controlado. Incluso aunque lo creyera, tenía un momento difícil para entender cómo podía ser todavía virgen todavía. Era hermosa, pura e inocente. Su cabello fluía en suaves rizos sobre sus hombros, descansando solo en la parte superior de sus llenos pechos. Ella era la jodida perfección y ni siquiera lo sabía. Su piel parecía tan suave, quería acercarme a través de la mesa y pasar mi pulgar a lo largo desu mejilla solo para demostrarme a mí mismo que no podía ser tan suave como parecía. En cambio, tomé otro trago. A este paso iba a necesitar otra cerveza muy pronto. Mandy alzó su copa en el aire como si quisiera brindar. 
—¡La mejor idea de todos los tiempos! —Le hizo un gesto a la camarera y pidió una ronda de chupitos para la mesa—. ¿Tequila, está bien?— Asentí con indiferencia. En realidad, solo quería saber qué estaba pensando Miley justo en ese momento y qué era exactamente lo que les había dicho a sus amigos acerca de mí. Los chupitos llegaron y tomé el vaso de las torpes manos de Miley. 
—No más para ti, pastelito. —Me tomé tanto mi chupito como el de ella, uno detrás del otro, el licor ardiendo en su camino hacia abajo. Hizo un mohín y tomó un sorbo del agua que empujé hacia ella. Pero mientras nos mirábamos el uno al otro, sus labios se separaron y su respiración se aceleró. Se inclinó hacia adelante con interés, una sonrisa temblorosa en sus labios que se envalentonó con cada segundo que pasaba. Una carcajada de su amigo Tyson nos sorprendió a todos. 
—¿Estás bromeando? ¿Este tipo? No. Miley, si realmente vas a hacer esto, debería ser conmigo. No con algún tipo al que ni siquiera conoces, el cual probablemente tendrá Dios sabe qué tipo de enfermedades.— Miley tragó saliva visiblemente. Tan loca como era esta idea, era su decisión. Me obligué a cerrar la boca y mantener mi rostro sereno. Una ola de nervios que bajó a través de mi estómago me dijo que yo deseaba esto, la deseaba a ella, más de lo que tenía derecho a hacer.
—Está bien —chilló—. Solo déjame pensar. —Presionó sus sienes con los dedos. Una inesperada oleada protectora surgió en mi interior y me encontré a conteniendo la respiración. Mandy sacudió la cabeza. 
—Miles, por favor, por favor, te lo suplico, en nombre de las mujeres de todas partes. Ten sexo caliente y experimental con esta estrella del porno. Tyson siempre estará aquí. —Agitó la mano en su
dirección y él la miró con los ojos entrecerrados. Una cosa estaba clara como el día para mí. Tyson tenía sentimientos por ella. Sentimientos reales. Yo probablemente debería dejar de interrumpir al pobre bastardo, pero una mirada a los ojos de Miley me dijo que ella no correspondía sus sentimientos. Ni un poco. Sus ojos vagaron por mi pecho de nuevo y se mordió el labio. Sus mejillas encendidas de color rosa. Se estaba encendiendo con solo pensar en estar conmigo. Joder, iba a tener una erección aquí mismo si no dejaba de mirarme de esa manera. Tyson dejó su bebida. 
—Vamos, Miley, esta no eres tú. Juegas a cosas seguras. No vas a hacerlo… con él —Hizo un gesto con la cabeza hacia mí—, y todos lo sabemos.— Ella frunció el ceño y se metió el labio inferior en su boca, considerando las palabras de él. 
—Estoy harta de que todo el mundo piense que soy la señorita Chica Buena, con notas perfectas y bragas de días de la semana. ¿Sabes qué? Llevo puestas las de los miércoles hoy, es sábado, y esa es una manera bastante triste de revelarse, ¿eh?— ¿Días de la semana? Maldita sea, la imagen de ella en ropa interior no estaba haciendo nada para controlar mi libido hiperactivo.
—¡Bueno, olvida eso! Voy a hacer esto. —Miley enderezó los hombros, lo que hizo que sus tetas fueran hacia afuera. Ese pequeño top que llevaba puesto dejaba poco a la imaginación. Y diablos, sus pezones estaban duros. Esa urgencia de protegerla que sentí antes estaba de vuelta, fastidiándome con más insistencia. No daría un paso atrás y simplemente permitiría que cualquier tocara ese bonito pequeño coño suyo. Le patearía el culo a Tyson para mantenerle alejado de ella si tenía que hacerlo. Lo cual no sería difícil,considerando que estaba listo para partirle los dientes en caso de que volviera a mirarla de esa manera otra vez.
—¿Miles? —preguntó Tyson, su voz suave y suplicante. Los ojos de Miley regresaron a los míos, bebiéndome. Solo se quedó allí sentada parpadeando, esperando con expectación. Oh, joder, iba a ir al infierno.
—Al diablo, lo haré yo mismo —gruñí. Su rápida inhalación ante mi declaración hizo que se me pusiera depunta el vello de mi nuca. Tragué ásperamente. 
—Pero no esta noche. Has bebido demasiado.— Su boca cayó abierta por la sorpresa.
—¿Tienes un lápiz? —Hice señas hacia el bolso gigante de Mandy apoyado sobre la mesa. Ella se puso en acción de golpe, hurgando en el interior y segundos después me tendió un lápiz. Me incliné sobre la mesa y giré el brazo de Miley, frotando la suave piel contra mi pulgar. Su piel era tan suave como imaginé y la sensación me detuvo en seco por un segundo. 
—Si aún lo quieres mañana, y dudo que lo hagas, cariño, encuéntrame aquí. —Garabateé la
dirección a lo largo de la parte interna de su brazo, arrojé unos billetes sobre la mesa y me marché.