lunes, 31 de marzo de 2014

Teach Me to Love - Niley - Cap 06


Cada clase que pasa me lleva más cerca de lo inevitable. Fui a la Preparatoria Chico solo para enterarme que hubo una gran confusión. Se suponía que tenía que decir “Ve a la Preparatoria Chino”. Chino, donde vive Miley. La escuela a la que asiste. Y no es simplemente dar clase ahí (cuando recibí mis hojas de asistencia, encontré que ella estaba en mi última clase del día y también era tutora de inglés sénior). No solo voy a ser su profesor y la tendré en clase durante una hora, sino que también seré requerido para verla tres veces por semana cuando ella enseñe en mi clase. Mi primer pensamiento fue, ¿cómo demonios pasó esto?La respuesta estaba en Chico. Había un espacio libre en el departamento de historia pero la vacante de inglés estaba en Chino. Las notificaciones telefónicas se cruzaron y las llamadas fueron a los candidatos equivocados. Bryan Smith fue a Chino para encontrarse en la misma situación. Una vez que me dijeron dónde se suponía que tenía que estar en realidad, recé para que lo hubiera oído mal. De ninguna forma puedo dar clases en el colegio de Miley, pero acepté y tengo que vivir con mi elección hasta que pueda encontrar algo nuevo. Solo tuve tiempo para enviarle un correo rápido y luego subir al avión. Ahora me enfrentaré a la tortura de verla entrando en clase. 
Joder, mi clase. La parte más dura es mi deseo enorme de verla combinado con un absoluto terror. Espero que pueda mantener la cabeza y superar la última clase del día, la clase de Miley. La campana suena y los chicos comienzan a llegar. Ni siquiera quiero ver su cara cuando entre, no sé si recibió el correo que le envié. Tenía nuestra foto del verano (nuestra última noche juntos) que me dio en su carta en mi escritorio. Pero ahora está escondida y a salvo en mi cajón superior. Me siento en el borde de la mesa y reviso los planes que tengo para la primera semana. Había decidido que los estudiantes leyeran Drácula ya que era lo que Miley estaba leyendo y uno de mis favoritos. Sería un buen punto de partida. Hay murmullos por toda la clase. El entrenador de baloncesto me dijo en el almuerzo que todos los chicos de su clase estaban hablando sobre el joven chico nuevo. Como si necesitara algo más para ponerme nervioso. Hay un eco de risas y miro hacia arriba.
Miley está de pie en la entrada, sin mirar arriba y reacia a moverse. Hay dos asientos vacíos en la clase, primera y última fila. La campana suena y se supone que los estudiantes tienen que estar sentados. Miley todavía está de pie afuera, se ve como si fuera a vomitar. Estoy confundido. No quiero nada más que jalarla cerca y decirle lo mucho que la quiero. Pero no puedo. Ni siquiera se supone que tenga que saber quién es. Simplemente estoy mirándola sin tener ni idea de qué decir. Un chico en la parte posterior de la clase se levanta y va hacia ella. Pone un brazo alrededor de sus hombros y le susurra al oído. Quiero arrancarle la cabeza. Miley asiente, todavía mirando al suelo. El chico (que va a suspender mi clase de inglés) sigue hablando y Miley sonríe débilmente. Finalmente es capaz de convencerla de entrar a la clase y me siento aliviado. Me doy cuenta de que hay veinte pares de ojos mirándome ahora. Me vuelvo hacia ellos y sonrío.
—Bienvenidos a inglés del último curso —me las arreglo para decir—. Soy el señor Jonas.— Entonces paso lista. Douglas Booth es el chico que está sentado junto a Miley. Reparto la lista de asientos y todo el mundo rellena su nombre. La miro y por un momento solo me fijo en la letra de Miley. Escribió a mano las cartas que me dio hace una semana, pero ahora su letra parece dura y tensa, como si la mano hubiera estado temblando mientras la escribió.
—Bien —dejo el papel—. Vamos a empezar este año con Drácula.— Me lanzo a la lección que he planeado. Todo lo que necesito es concentrarme en las palabras de Bram Stoker. Hago un resumen de lo que espero de ellos y bla, bla, bla, hasta que suena la campana. Todos los estudiantes se levantan, excepto dos: Miley y Douglas. Lo veo inclinarse cerca y tomar su mano, diciéndole algo. Miley responde en un susurro. Duglas se levanta y se va. Miley y yo estamos solos. Camino a la puerta cerrada y la dejo abierta, solo ligeramente. Ella no se mueve en absoluto, incluso cuando yo me muevo y me siento en la mesa junto a ella.
—No lo sabía —digo finalmente. Ella asiente. Esto me está matando. Me muevo y me arrodillo junto a ella. Puedo ver que está llevando la pulsera de llaves que le regalé. Era de mi abuela. Siempre perdía las cosas, así que mi abuelo se la hizo. La última llave que puso fue la de una nueva casa que le construyó. La llave, decía él, que empezaría su futuro. Por eso se la di a ella. Veo a Miley como mi futuro. Me mandó un correo preguntándome por ello, pero fui notificado de la confusión de escuelas y no respondí. Quiero asegurarle lo mucho que significa para mí, pero ahora estoy atado por las reglas.
—Se supone que debemos estar planeando nuestro enfoque para la tutoría de este año —dice y puedo ver que está conteniendo las lágrimas mientras saca un cuaderno con espiral. Se aclara la garganta e inspira con fuerza, todavía no me ha mirado—. Al comienzo del año es cuando obtendremos el máximo interés y… —sus manos están temblando. Pongo una mano sobre las suyas y parece relajarse.
—Por favor mírame Miley —susurro—. Todavía soy yo— Quiero ver sus grandes ojos verdes-azules y decirle que todo va a estar bien.
—Eres el señor Jonas —dice mientras la voz queda atrapada en su garganta—. Yo soy Miley Cyrus, tu alumna. —Las lágrimas ruedan por sus mejillas sonrosadas y el corazón se me está rompiendo.
—Miley —digo acercándome—. Sé que esto complica las cosas, pero… —¿Qué podía decir? Mientras que esté aquí como profesor de Miley no podemos estar juntos. Finalmente me mira. Sus ojos están apagados, pero brillando con lágrimas. Sus increíbles labios hacen un mohín, el de abajo está temblando. No puedo evitar tocarlo. Los labios de Miley se abren y las lágrimas siguen brotando. Ahueco su cara en mi mano, sus ojos se cierran y se inclina.
—Tengo que irme —murmura pero no se mueve. Traba su mirada con la mía una vez más y me sumerjo en ella. Me inclino y presiono mis labios sobre los suyos. Después de un breve momento se aparta hacia atrás, mete todas sus cosas en la mochila y huye de la clase. Me siento en el suelo, solo y confundido.
* * *
Por el momento estoy viviendo en un hotel. Me desplomo en la silla mal tapizada y enciendo mi laptop. Me quedé en la clase casi tres horas, reacio a irme en caso de que Miley volviera, pero nunca lo hizo. Abro mi correo. Tengo uno de Miley. Mi corazón late una o dos veces más de lo necesario mientras lo abro.
"Querido Nick,
Abrí tu carta y decía que te mandara un correo sobre cómo había ido el primer día de mi último año. Ha sido horrible. He descubierto que el chico que quiero es inalcanzable. No ayuda que cada chica de mi escuela esté enamorada del nuevo profesor de inglés y no paren de hablar de él. Me recuerda a ese chico que conocí en la playa este verano. Estoy enamorada de ese chico. Lo más horrible es que parece que mi corazón está literalmente rompiéndose en el pecho y me cuesta respirar. Es aún más atroz el dolor de estar enamorada y saber que se ha terminado. Sé que tiene que terminar pero, desesperada, quiero aferrarme a la negación y encontrar alguna manera de que funcione. No quiero dejarle ir, pero acaba de conseguir el trabajo de sus sueños y sé qué va a elegir. Tendré que resignarme a suponer que fue un enamoramiento de verano y encontraré la manera de seguir adelante. Espero que tu primer día haya sido mejor. No espero una respuesta. No tengo expectativas.
Miley"
Auch. Miro la fecha y la hora, acababa de enviarlo hace una media hora. Tengo que hablar con ella, explicarle que no tenía ni idea. Mis manos están atadas. No es solo perder mi trabajo, sino pena de cárcel, ella es mi alumna menor de edad. Pero la quiero; eso no ha cambiado y necesita escucharlo. Envié el correo que había escrito como respuesta a la pulsera de cuentas de llaves. La que había planeado enviar mientras estaba a ochocientos kilómetros de distancia. Hago que la decisión de la ruptura la tome ella. Todavía soy ese chico de la playa y ella merece más que un correo intentando explicarme. Estoy en la carretera en cuestión de segundos y tecleo su dirección en mi GPS en el coche de alquiler. Solo vive a dieciséis kilómetros de donde me estoy quedando. Que conveniente.
Me detengo en frente de su casa y está a oscuras; no hay luces encendidas excepto por una habitación arriba. Me siento y observo, esperando que pase algo. Supongo que ese algo que tiene que pasar soy yo. Sé que el señor Cyrus trabaja muchas horas y normalmente no está en casa hasta después de las diez u once la mayoría de los días y solo son las seis. De alguna manera estoy en la puerta principal, llamando antes de saber lo que estoy haciendo. Llamo y luego llamo otra vez, con repentina urgencia.
—¡Ya voy! —oigo gritar a Miley desde detrás de la puerta. La abre y luego se congela—. No puedes estar aquí —dice cerrando rápidamente la puerta a medias. Tiene los ojos rojos e hinchados y está apretando un pañuelo en el puño.
—Yo soy ese chico de la playa —casi grito. Sus tristes ojos de ciervo se amplían. Bajando la voz continúo—: Mi amor por ti no ha cambiado, pero necesitamos hablar. No voy a dejar que simplemente huyas de esto.— Miley asiente lentamente y mira hacia la calle, abre la puerta para dejarme entrar. Puedo sentir la tensión en el aire y todo lo que puedo pensar es en nuestra última noche en la playa, juntos, llenos de una tensión completamente diferente. Nos quedamos ahí, a tres metros de distancia, sin ni siquiera mirarnos el uno al otro. Miley me da la espalda y da un paso alejándose de la entrada donde todavía estoy de pie.
—Así que supongo que has venido aquí para decir “Siempre te querré, pero se ha terminado” o algo así —su voz suena baja y derrotada. Doy un paso más cerca y toco su brazo.
—No —digo lentamente y Miley se vuelve para mirarme—. He venido aquí para decirte que te quiero.
Su aliento está atrapado en la garganta. Me siento abrumado por la emoción que brilla en la mirada cruda de sus ojos.
—Te quiero, Miley Cyrus. Siempre —digo tomándola en mis brazos, llenando mis pulmones con aire. No había sido capaz de respirar sin ella—. Te quiero.— Lo digo una última vez antes de besarla y puedo ver que se está conteniendo.
—Soy yo Miley, Nick —sigo hablando y besando su oreja, dejando que mis dientes lo rocen. La siento temblar contra mí.
—Nick—susurra, cediendo por fin y oírla decir mi nombre me parece el sonido más dulce en la tierra. Asiento y sus manos me envuelven tirándome hacia ella. Sé que debería estar aquí para decirle que se ha terminado, pero no lo he hecho. No creo que alguna vez se termine para ninguno de nosotros. Así que en lugar de eso hacemos como si fuera el último día del planeta. Todo el deseo y la necesidad, al estar separados, han cobrado su precio y no podemos controlarlo. Volvimos a respirar una hora después y no sé cómo estamos en su habitación. Doy vueltas y ella también.
—¿Cómo hemos llegado aquí? —pregunto. Miley se ríe. Reconozco esa risa, la que estallaba antes de que me convirtiera en el Sr. Jonas.
—No puedo asegurártelo, pero estoy suponiendo que me has arrastrado parte del camino —dice recorriendo con las manos mi cabello recién cortado. Durante la siguiente hora solo fuimos Nick y Miley, los que se enamoraron en el verano. Nos besamos y nos reímos, sin pensar en los problemas que tendríamos que enfrentar. Nuestros estómagos nos recuerdan cosas simples como la necesidad de comer. Decidimos ir a la cocina y me hace macarrones con queso. Estoy sorprendido de ver que son casi las nueve.
—¿Cuándo viene tu padre a casa? —tengo que preguntar finalmente. Mira hacia el reloj.
—Está en un turno de veinticuatro horas, así que tal vez como a las ocho a.m.— El padre de Miley es bombero y tiene horarios locos. Es el capitán, así que sus horas están un poco más estructuradas pero siempre está dispuesto a ir más allá de las obligaciones si es por un bien mayor. Al principio solo pienso que eso nos da horas y horas a solas, pero se nos vino encima la realidad de mi visita.
—Miley —empiezo. Ella niega con la cabeza.
—No estoy lista para terminar con esto todavía. —Se levanta y atraviesa la habitación cruzando los brazos sobre el pecho. Me levanto y la sigo, sujetándola por detrás.
—No ha terminado —le aseguro. Se vuelve y me mira—. Solo espera hasta que averigüemos qué podemos hacer.
—Eres mi profesor. Te van a despedir —lo dice tan directo y frío—. O te meterán en la cárcel.— Asiento, sin querer aceptar eso.
—Lo sé.
—Así que —dice Miley finalmente—, hemos terminado. —Y puedo sentir las lágrimas quemando en mis ojos
—En el entendido de que no voy a ver a nadie más hasta que mi novia se gradúe en mayo. —Beso su cabello. Miley deja escapar una risa brusca y la sonrisa que no llega a sus ojos. Nos besamos una vez más. Es tan suave y dulce.
—No estoy esperando que hagas eso —dice mientras caminamos hacia la puerta. Me vuelvo para hacer contacto visual directo con ella.
—No creo que entiendas lo mucho que realmente te quiero. —Ese rubor que me encanta toca sus mejillas—. Tú eres la mujer que quiero y no voy a salir con otras personas hasta ese día especial de mayo. —Me siento enfermo del estómago diciendo esto, sabiendo lo mucho que me va a doler estar lejos de ella—. Entiendo que este es tu último año y tendrás eventos y bailes, así que. . . —Ni siquiera quiero terminar mis pensamientos. Miley asiente solemnemente pero no responde.
—Bien. —Sonríe, pero todavía no llega a sus tristes ojos. Levanto su barbilla y puedo verlo (la separación). Miley se está alejando. Estoy fuera. ¿Pero qué más podemos hacer?

sábado, 29 de marzo de 2014

Teach Me to Love - Niley - Cap 05


No pude dormir en toda la noche. Lo intenté, pero no conseguía estar cómoda. ¡Ah! y estaba muy caliente y mojada reproduciendo la escena de la playa una y otra vez. Nick y yo habíamos tenido la charla de sexo esta noche. No hubiera sido tan malo si no me hubiera lanzado sobre él, admitido mi inocencia y luego huido totalmente avergonzada. Mucho para considerarse madura. Él era tan increíble, todo lo que hacía me impulsaba a querer más de él. Pero tenía razón, valdría la pena esperar. Deben ser alrededor de las cuatro de la mañana. Decido que dormir no está en la carta de esta noche, así que ando de puntillas hasta la cocina para hacerme un poco de té caliente. Para mi sorpresa, tía Dolly está sentada en la mesa leyendo el periódico. Me mira cuando entro en el pequeño espacio desordenado.
—Tampoco puedo dormir —me dice. Suspiro deseando hablar. Pero me temo que una vez que lo haga me derretiré en un mar de lágrimas. Eché agua caliente sobre una bolsa de té y observé cómo el líquido hacía que el contenido de la bolsita se filtrara. Poco a poco el agua cambió de color y la fragancia llenó el aire.
—De verdad lo amas, ¿verdad? —preguntó tía Dolly en voz alta. Asentí con la cabeza, pero no me volví por miedo a que la confirmación hablada diera lugar a las lágrimas.
—Entonces el amor encontrará la manera cariño, confía en mí. —Por fin me volví a mirarla. La emoción en sus ojos me dijo que era real. Confié en sus palabras. Me lleve mi té a mi habitación para escribirle una carta a Nick. Ayer mi tía me había regalado un paquete de fotos que había tomado durante el verano, la mayoría de Nick y yo, o de ella conmigo. Las repasé hasta que encontré la que ella insistió en tomar mientras nos íbamos a nuestra primera cita. Ambos parecíamos entusiasmados y llenos de una cruda emoción. Encontré una que había tomado hacía uno o dos días y nuestras expresiones eran las mismas. Nada había desaparecido en las últimas semanas que habíamos pasado juntos. Coloqué las fotos para poder echarles un vistazo mientras escribía.
"Querido Nick, me es imposible expresar con palabras todo lo que este verano ha significado para mí, lo que siempre va a significar para mí. Nunca pensé que algo como esto iba a pasar... sobre todo a mí. Mi mundo ha cambiado para siempre, para bien porque estás en él. Echaré de menos no verte todos los días, no importa la cara valiente que ponga. Sé que vamos a idear algo para vernos pronto. Espero con interés el intercambio de correos electrónicos para aprender más y más acerca de ti. Puede que sea más fácil abrirme con una pantalla de ordenador como barrera entre nosotros y aprenda a confiar mis sentimientos y mi corazón a alguien más. Aprenderé a ser paciente. Aprenderé a confiar. Aprenderé el significado del amor desde sus mismas raíces. Nick, sé que no nos conocemos mucho, pero me conozco a mí misma y sé lo que siento por ti. Me siento llena y ligera, todo al mismo tiempo. Sé que te quiero y te confío mi corazón. Llévalo contigo a donde quiera que vayas, es tuyo.
Todo el amor del mundo, Miley."
Leí y releí la carta. La doblé alrededor de una fotografía de nosotros en la playa, con el océano extendiéndose detrás de nosotros. Empaqué el resto de mis cosas y las llevé todas abajo. Podía oír a tía Dolly hablando en voz baja con alguien. Eché un vistazo al reloj de la pared. Con un sonoro tictac marcaba las cinco y media. Traté de hacer coincidir mi respiración con el constante tic-tac, que era más estable que el golpeteo de mi pecho. Llevé mi taza a la cocina y me sorprendió lo que encontré ¡Nick sentado con mi tía! Cesó la conversación y los dos se volvieron lentamente hacia mí. Nick sonrió, pero la sonrisa no llegó a los ojos, era más una sonrisa triste.
—Lo encontré fuera —dijo finalmente tía Dolly cuando se dio cuenta de que ninguno de nosotros iba a hablar—, estaba sentado solo en la oscuridad como un miserable, así que tuve que dejarlo entrar.
—Hola —me dice Nick. Tragué un nudo en la garganta que no sabía que estaba allí.
—Hola —repetí y me aclaré la garganta. Tía Dolly se movió lentamente hacia la puerta de la cocina.
—Bueno, mejor voy a prepararme —dijo—. Salimos en una hora.
Así que nos quedamos solos. Ninguno de los dos habló o se movió durante un minuto entero. Me sonrojé pensando en cómo había actuado la noche anterior. Seducir, correr y seducir otra vez (no había sido mi momento más brillante). Todavía tenía la carta que le había escrito en la mano, así que sin pensarlo se la tendí. Nick se levantó y cruzó la habitación. Haciendo caso omiso de mi brazo extendido, tomó mi cara entre sus manos y me besó. Empezó gentil y suave, pero eso cambió rápidamente. Antes de saber cómo había llegado hasta ahí, tenía la espalda presionada contra las puertas de la despensa. Nick estaba en todas partes. Sus manos, su boca, su aliento y yo quería más. Lo abracé y lo atraje más cerca, sin querer soltarlo. Profundicé el beso mientras deslizaba las manos por debajo de la parte de atrás de su camisa. Nick levantó la cabeza y sus ojos eran de un oscuro azul zafiro, se veían tan hambrientos como yo misma me sentía. La voz era ronca cuando me habló al oído.
—Te deseo.— Movió la boca sobre mi cuello siguiendo a través de la mandíbula. Las manos que habían estado en mis caderas sosteniéndome, ahora estaban sobre mis hombros y deslizándose suavemente por mi clavícula.
—¿Qué pasó con lo que dijiste anoche? —logré decir con palabras entrecortadas. Nick alcanzó mi boca con la suya y yo pasé los brazos alrededor de su cuello. Lo tengo. Olvídate de esperar, me gusta este plan.
—¡Miley, no olvides llamar a tu padre antes de irnos! —gritó tía Dolly desde arriba, aunque sonó como si estuviera en la habitación de al lado. Nick da un paso atrás cerrando los ojos y pasándose las manos por el cabello. Espera. No. No te detengas todavía.
—Lo siento Miley —dice finalmente. Odio cuando alguien se disculpa y no sabes por qué. Sobre todo después de una sesión de besos profundos.
—No me estoy quejando —respondí con valentía—. Soy yo la que lo intentó, ya sabes, anoche en la playa.— Esto hizo reír a Nick, lo que es un buen signo teniendo en cuenta la tensión de tantas emociones. Caminó hacia el lado opuesto de la pequeña cocina y se quedó de espaldas a mí. Oh-ooh. Esto no puede ser bueno.
—No me estoy disculpando por eso.— Cruzó la habitación y tomó mis manos entre las suyas. Tomó la carta que había caído al suelo y se la metió en el bolsillo trasero. Agaché la cabeza mientras él continuaba.
—Anoche cuando llegué a casa tenía un mensaje de un trabajo.
—Eso es bueno —traté de sonar optimista, aunque su cara no me dio muchas esperanzas.
—Voy a estar enseñando en una escuela privada de Chico, a un par de horas de Sacramento. —Tomó air —. Es más lejos de lo que me habría gustado pero he tenido que aceptarlo.— Acaricié su mejilla y lo besé en la boca.
—¿Es eso todo? —le pregunté ocultando la histeria en mi voz—. Porque sonaba como algo mucho más serio. —Nick sonrió y puse una mano en su mejilla—. Como tú has dicho, todo se arreglará de alguna forma. Confía en eso.— Y puse la otra mano sobre su corazón.
—Te amo Miley —me dijo mientras me tomaba en sus brazos. Diez segundos, o tal vez una hora más tarde, tía Dolly volvió a bajar, haciéndonos saber que era hora de irse. Nick caminó hasta la estación de tren conmigo y tía Dolly. Intercambiamos las cartas que habíamos escrito. La mía era solo una simple envoltura, la suya era un enorme sobre lleno de cartas. Odio las despedidas. Trato de evitarlas desde que perdí a mi mamá. Murió hace casi diez años, cuando tenía cuarenta años. Fue repentino, una condición cardiaca desconocida. Me despedí de ella unos quince minutos antes de que la declarasen muerta. Murió en la cirugía, el daño al corazón era demasiado grande para repararse. Acababa de cumplir ocho años. Desde entonces, evito las despedidas. En el fondo tengo miedo de que el decir adiós a alguien sea una sentencia de muerte. Tía Dolly sabe cómo me siento acerca de esto así que no me sorprendió cuando le dijo en voz baja a Nick que no lo hiciera.
—Di algo así como “Nos vemos pronto” —le susurra mientras manipulo mi equipaje fingiendo no haber oído. Ha llegado el momento de subir al tren. Es la última cosa que quiero hacer. Tía Dolly me jala a sus brazos antes de que se me ocurra otra cosa.
—Más pronto y más tiempo la próxima vez nena —me dice al oído. La abrazo con fuerza.
—El próximo verano es todo tuyo tía Dolly. Te quiero. —La abrazo con más fuerza y la suelto. Da un paso atrás y Nick un paso adelante. Nos quedamos ahí parados sin hablar. Ninguno de los dos quiere hacer frente a esto. Entonces pasa sin avisar: lloro. Nick me encierra en su pecho.
—Hey cariño —susurra tratando de calmarme—. Vamos a estar juntos pronto y te llamaré esta noche, lo prometo.— No quiero dejarlo ir.
—Te quiero —murmuro para su camisa y agrego—: Nos vemos pronto.— Se ríe y me gustaría poder encerrar esa risa en un frasco y abrirlo para escucharla cuando esté sola.
—Nos vemos pronto —dice sobre mi mejilla y me besa. En breve estoy sola en el tren, sosteniendo con las dos manos el sobre que contiene las cartas de Nick. Estoy esperando que el tren se aleje antes de rasgarlo y abrirlo. Poco a poco abro el sobre. En el interior hay cinco cartas en una pequeña caja. Tengo las cartas en la mano izquierda y la caja en la derecha. Sacudo la caja y suena algo. Está etiquetada "Abrir la noche anterior al primer día de clases”. Las otras están fechadas y una tiene la fecha de hoy. La abro.
"Querida Miley:
Mi corazón se está rompiendo sin tenerte al alcance de la mano. No sabía que pudiese sentirme así tan rápido. Lo que tenemos es real, asentado en piedra. No hay distancia que nos separe. Vamos a estar juntos pronto, pero no suficientemente pronto. Por favor, no dejes que crezcan las semillas de la duda sobre nosotros.
“No hay cerca de piedra capaz de limitar el amor, lo que el amor puede hacer, aquello que el amor se atreve a intentar”. (Romeo y Julieta, Acto 2, Escena 2)
Podemos superar cualquier cosa que la vida nos lance. Me has cambiado para siempre y le has dado vida a mi corazón. Nunca olvidaremos el tiempo de enamorarnos en la playa, bajo el sol del verano. Hasta que pueda abrazarte otra vez.
Nicholas Jonas."
Sostuve la nota cuidadosamente escrita en mi pecho y las lágrimas cayeron manchado mis mejillas. Está claro que los dos estábamos en la misma sintonía con nuestros sentimientos. Solo deseaba, egoístamente, que no tuviera que irse tan lejos a trabajar. Sé que he puesto una fachada de chica fuerte y valiente, pero vamos. Dijo que eran más de quinientos kilómetros de distancia. La próxima vez que pueda verlo será en Acción de Gracias. Para entonces voy a tener dieciocho años, lo cual es bueno, pero todavía está muy lejano. Inclino la cabeza hacia atrás y cierro los ojos, recordando cada detalle de la cara de Nick.
—Señora —alguien me estaba zarandeando. Abrí los ojos y me encontré en mi parada. Recogí las cosas y me bajé del tren. Pude ver a mi papá saludándome, no es difícil de encontrar. Mi padre, Billy, mide un metro noventa y ocho centímetros de puro músculo. Es el capitán del departamento de bomberos del condado y pasa más tiempo fuera de casa del que nos gustaría a ambos. A pesar de las largas horas de ausencia, mi padre siempre ha estado ahí para mí y se esfuerza por ocultar el dolor que lo atormenta. El amor por alguien a quien nunca volverá a ver. Papá me alcanza rápidamente y en un instante mis pies ya no tocan el suelo por el abrazo.
—Mi Miley Smiley —dijo llamándome por mi apodo—. Te he echado mucho de menos.
—Yo también papá.— Cargó mis maletas y nos dirigimos a casa. Nick me llamó esa noche por primera vez, como prometió. Nos enviábamos un correo electrónico dos veces al día. Le conté más acerca de mis padres y él me habló de su familia. Era difícil hablarle de mi mamá, de cómo la perdí tan temprano y de mi miedo a olvidarla. Nick me escuchó y se abrió un poco más confiándome que su familia es rica, por lo que ha mantenido a la gente a distancia. 
Hasta que llegué yo. Ahora está en el norte de California, y la escuela iniciará dentro de dos días para ambos. Nick me dijo que me llamaría después de la escuela, tenía muchas lecciones que preparar. Este sería el tiempo más largo sin comunicarnos desde que nos habíamos conocido. Él me dijo que abriera la pequeña caja que estaba junto con las cartas. No perdí el tiempo. Dentro había una pulsera hecha con cuerda de piel y pequeñas llaves entremetidas. Cada llave era distinta, como si cada una abriera algo diferente. Me la puse de inmediato. Sonaba como si tuviera un pequeño carillón de viento en la muñeca. El sonido era precioso. Le envié un correo electrónico a Nick sabiendo que no se conectaría y le dije lo mucho que lo amaba. Le pregunté si había una historia detrás del colgante pues parecía una herencia. Tal vez una reliquia familiar. Lo que significaría un tipo diferente de seriedad en nuestra relación. Lo que también implicaba la necesidad de cuestionar a mi mejor amiga y saber su opinión sobre lo que podría significar todo esto.
¿La clave de su corazón? —C
Pero hay muchas. —A
¿No había ninguna nota? —C
No. Le he enviado un correo electrónico para tener respuestas. —A
No recibí una respuesta en mi correo hasta la mañana de mi primer día de escuela. Realmente me hubiera gustado haber pasado menos tiempo con mi cabello esta mañana, así podría haberlo leído. En lugar de eso imprimí la respuesta y la guardé en la mochila para leerla al salir de la escuela. Había llamado a Mandy, mi mejor amiga que era de San Diego y le había contado todo acerca de Nick. Al principio tenía mis dudas, pero cuando le hablé de mi chico surfista, se convirtió en el mayor apoyo. Mandy y yo habíamos sido amigas desde la escuela primaria y es como una hermana para mí. Estaba afuera esperándome para que pudiéramos ir juntas a la escuela en nuestro primer día como seniors. Su música estaba tan alta que podía oírla a través de las ventanas. Mandy estaba bailando y riendo en el coche.
—¡Seniors! —gritó mientras abría la puerta. Me eché a reír y me subí. Inmediatamente me agarró la muñeca para examinar el brazalete.
—Esto es súper retro y muy lindo —los ojos verde oscuro de Mandy brillaban—. Significa algo, absolutamente.
Me abroché el cinturón de seguridad y ella pisó el acelerador. Nos dirigimos hacia la Preparatoria Chino Charter para empezar nuestro último año. Las dos estábamos inquietas y excitadas mientras caminábamos hacia el campus y no éramos las únicas. La clase entera estaba con los nervios de punta ante nuestro último año de educación obligatoria. Yo estaba ansiosa, quería que pasara el día para volver a casa, sabía que Nick me llamaría. En cada clase intenté leer el correo de Nick, pero rápidamente fui bombardeada por el trabajo de las clases. En el almuerzo escuché el rumor de que nuestro críptico y anciano profesor de
inglés, el Sr. Snyder, se había retirado y que el nuevo maestro era alucinante. No podría importarme menos, excepto que yo estaba en la clase senior y el tutor era el profesor de inglés que trabajaría junto con este nuevo maestro. 
Inglés era mi última clase del día, séptima hora, así que supongo que a esa hora me enteraría de qué iba todo el alboroto.  Fui a la sexta clase, determinada a leer el correo que no había podido leer desde las siete a.m. Por suerte tenía a la Sra. Sinclair en el sexto período, química, ella quería que habláramos con nuestros compañeros de laboratorio acerca de cómo había sido nuestro verano. Mandy es mi compañera, es la única clase que tenemos juntas y me dijo que leyera el correo y luego le informara. Por fin saqué las palabras de Nick impresas. No era muy largo. Lo leí una y otra vez. El tiempo se detuvo. Mandy me miró.
—¿Estás bien? —Me tocó el brazo, luego la cara. Un sudor frío cubrió mi cuerpo y se me retorció el estómago, pensé que iba a vomitar. Me levanté de un salto y corrí sin pensar hacia el baño de chicas. Podía oír a Mandy gritando detrás de mí pero no podía parar. Me encerré en un cubículo y me apoyé en la puerta con la carta de Nick colgando en la mano. El corazón me latía en el pecho y temblaba. No estuve mucho más tiempo sola.
—¡Miley! —dijo Mandy dando un golpecito en la puerta del cubículo—, déjame entrar.— Con dedos temblorosos le abrí la puerta. Llevaba nuestras mochilas y tenía una expresión de preocupación.
—¿Esto es por el correo? —Sus cejas doradas se juntaron con preocupación.
—Nick —logré decir mientras le entregaba el papel. Debería guardarme esto para mí misma pero sabía que si había alguien con quien confesarme era Mandy. Podía confiar en ella e iba a necesitar a un amigo que entendiese y fuera un apoyo. Mandy la tomó, arqueó las cejas con sorpresa y luego escaneó las frases varias veces. Me miró otra vez y entonces me abrazó.
—Va a estar bien —dijo con voz temblorosa. Sé que está siendo amable. No va a estar bien. El correo decía lo siguiente:
"Miley. Hubo una confusión. Voy a dar clases en la Preparatoria Chino Charter, no en Chico. Voy a ser profesor en tu escuela. Tenemos que hablar... no sé cómo, o si... No sé qué hacer. Nick."

miércoles, 26 de marzo de 2014

Teach Me to Love - Niley - Cap 04


Le dije a Miley que la amaba. Lo cual es cierto, más de lo que quería admitir, incluso para mí. No podía pensar en no verla todos los días. Se había convertido en parte de lo que soy ahora. Habíamos tenido una discusión sobre nuestras edades hace unas semanas. Tenemos tres años de diferencia, pero ella tendría dieciocho en unos meses, así que las cosas no parecían tan desbalanceadas para nosotros. No es que se sintiera desequilibrado, supongo que simplemente sería menos mal visto por la sociedad. Le expliqué cómo era estar mucho más adelantado en mis tiempos de escuela. Clases aceleradas desde mi primer año, junto con clases de universidad desde mi penúltimo año. Todavía necesitaba tomar unas clases para mi licenciatura pero podía enseñar como siempre había querido. Estaba de camino a recoger a Miley para nuestra última noche juntos. Tenía una sorpresa preparada que me tomó una semana planificar y estaba nervioso porque todo dependía de Sean, cubriéndome. Nunca pensé que la casa de la loca Dolly se volvería familiar para mí, pero se había vuelto de esa manera. Toqué la puerta y Miley la abrió rápidamente, como si hubiera estado esperándome. Su sonrisa ilumina mi mundo.
—Hola —dijo con un sonrojo en su rostro. Dios, amaba ese rubor. 
—Hola —digo y la atraigo hacia mí, no quiero soltarla pero escucho un profundo ruido en la casa. 
—¿Ese es Nicholas? —grita Dolly desde algún lugar. Miley se mueve hacia atrás y me sonríe. 
—Claro que lo es, tía Dolly.— Pude notar que ella está conteniendo su paciencia. Después de unos golpes y ruidos; aparece. Dolly tiene pintura en su rostro, su cabello rubio está recogido en un moño. 
—Nicholas —dice suavemente. Dejo que Miley vaya y abrace a la loca de su tía—. Bueno, entra  dice. Miley se encoge de hombros y doy un paso dentro. 
—Tía, ya hablamos de esto —dijo Miley con ojos suplicantes. Sonrío, en verdad quiero a esta chica. 
—Miley, se amable y ve a buscar mis lentes —dice Dolly—. Están en mi habitación.— Puedo notar que Miley quiere decir algo más, pero decide no hacerlo y desaparece. Dolly se voltea lentamente hacia mí. 
—¿Asumo qué quieres decirme algo, hermosa Dolly? —pregunto en voz baja, tratando de suavizarla. Su respuesta es una sonrisa pícara. 
—Me gustas Nicholas, y sé cómo se siente Miley por ti —empieza—. Quiero decirte algo, luego estarás libre. —Asiento con la cabeza—. Ella ha pasado por mucho dolor y no podré soportar si es herida de nuevo. 
—Dolly, yo nunca… —Ella alza su mano. 
—Lo sé, Nicholas, lo sé. Es simplemente que es su última noche juntos y sé que puede haber un poco de presión por… —Mira hacia abajo, luego de regreso a mí—. Tú sabes, cerrar el trato o algo así. —Oh Dios mío. Podría morir literalmente ahora. En cambio, asiento educadamente—. Simplemente, ten cuidado, ¿está bien? 
—Dolly. —Me aclaro la garganta—. Quiero a tu sobrina y la respeto y solamente para que lo sepas, no hay planes de… —Ni siquiera puedo decir las palabras. 
—No puedo encontrar tus lentes en ningún lugar —dijo Miley cuando llegó a la habitación. Gracias Dios. Miró entre los dos, probablemente sintiendo la incomodidad—. ¿Estás listo? —pregunta, posando sus hermosos ojos azules en mí. Agarro su mano.
 —Sí, lo estoy.— Miré a Dolly, esperando que ella no malinterpretara eso, pero simplemente asintió cuando nos fuimos. Una vez en la camioneta, se volteó hacia mí. 
—¿Te gustaría compartir conmigo lo que pasó?— Sonreí, avergonzado. 
—Tu tía quería saber si estábamos planeando, tú sabes, ¿cómo lo dijo ella? “Cerrar el trato” esta noche.— Miley puso su cabeza entre sus manos y gimió. 
—Estoy muy avergonzada y lo siento tanto —dijo por entre sus dientes. Detuve la camioneta cuando estábamos en la esquina. No alzó la mirada y pude ver el rojo tiñendo su rostro. Toqué su mano y ella se alejó. Eso era una primera vez. 
—Mírame por favor —rogué. 
—No puedo. —Su voz estaba temblando. Alejé sus manos de su rostro, sus ojos estaban fuertemente cerrados. La moví por el asiento y la sostuve entre mis brazos. Podía oler el aroma de coco que simplemente parecía ser parte de ella. Besé su cuello y froté pequeños círculos en su espalda, tratando de que se relajara.
—Puedes hablar conmigo —animé. Miley se sentó y recuperó su compostura. 
—Después —dijo rápidamente. La observo y decido que no está lista para hablar en este momento, pero haría que se abriera más tarde. Conduje en silencio hacia la playa y la sorpresa que había planeado para esta noche. Seguí mirando a Miley por el rabillo del ojo. Seguía mordiendo su dedo y mirando por la ventana; parecía molesta. Quería saber qué estaba sucediendo en ese enorme cerebro, pero se cerraba como una ostra. Quería que pudiera ser capaz de hablarme, de confiarme sus sentimientos. Esta noche, iba a llevar a Miley al lugar donde esto comenzó para mí. 
Tal vez ella no se dio cuenta el día que nos vimos por primera vez, pero la vi antes de que me notara. Esta pequeña parte de la playa cambió mi vida y la chica que sostenía mi mano cambió mi corazón. Mi corazón que le pertenece completamente a ella. Donde mis sentimientos se transformaron de asombro a amor. Necesito que Miley sepa lo que significa para mí, qué impacto ha tenido en mi vida. Que sepa que nunca voy a dejar de amarla sin importar cuánta distancia se interponga entre nosotros. El sol estaba comenzando su descenso nocturno hacia la oscuridad. Su mano estaba entrelazada con la mía y no pude evitar notar como simplemente encajaba ahí. Ella siguió mirando el enorme sol naranja y podía notar que estaba pensando. Tal vez ahora podía lograr que se abriera. 
—Hey —dije finalmente mientras golpeo mi hombro con el de ella, rompiendo su silencio. No era brillante, pero fue la primera cosa que se me ocurrió y salió de mi boca. 
—Hmm —fue su respuesta, lo cual me hizo reír. Era como si se hubiera olvidado que estaba allí. 
—¿Dónde te perdí? —Dejé de caminar y la volteé hacia mí, sosteniendo sus hombros con mis manos.
—Estamos corriendo contra el sol —meditó. Arqueé una ceja, tratando de seguir el hilo de sus pensamientos—. Igual que en el final de Drácula. También corren contra el sol, pero era para que pudieran matar la cuenta. 
—Está bien —dije lentamente. Miley se sonrojó y miró hacia abajo. 
—Una caminata romántica en la playa, listo. Un chico increíblemente perfecto, doble listo. Una chica idiota que no sabe cuándo callarse, abundantemente listo. —Negué con mi cabeza y besé su nariz. 
—¿Y esa parte del libro te recuerda a nosotros ahora? —Forcé una sonrisa, todavía tratando de entender qué quería decir. 
—No. —Negó con su cabeza—. Me siento tonta por decir eso, todo eso. No, simplemente fue el único libro que terminé mientras estaba aquí y al final, el sol cerró esa historia… —Su voz se apagó y su mirada regresó al sol. 
—Hey, Miley —digo, moviendo sus delgados hombros con mis manos—. Cuando este sol se oculte, no es nuestro final. ¿Está bien? —Asentí, esperando que ella lo entendiera—. Drácula es ficticio, y nosotros somos personas reales. —La besé rápidamente. 
—Parte de mí siente que esto no es real —dice avergonzadamente—. Que mañana me despertaré y todo esto habrá sido un sueño. 
—Entonces habría sido un buen sueño—. La acerqué a mi pecho y la sostuve allí, queriendo que este momento no terminara nunca. Ella suspira y besa mi hombro. 
—El mejor sueño que he tenido —dice sobre mi camisa. Simplemente nos quedamos allí, abrazados mientras observamos el sol brillar mientras se sumerge en el Océano Pacífico. Quiero decirle cuánto significa para mí. Que nunca pensé que pudiera conocer a alguien como ella. Alguien que me pueda hacer una mejor persona y vea el mundo de una manera completamente diferente.
—Tengo una sorpresa para ti —susurro en su oído. Tomo su mano y empiezo a guiarla hacia la línea de árboles. 
—¿Qué es? —Curiosidad y emoción goteaban de su pregunta. Sigo guiándola hacia adelante. 
—Una sorpresa —respondo, deteniéndome y dándole la vuelta para que no vea lo que he organizado—. Aquí es donde te vi por primera vez —le digo—, donde todo cambió para mí.— Ella asiente, mira alrededor y veo que está reprimiendo sus emociones lo mejor que puede. Puedo ver a Sean; que ha hecho todo por mí y me levanta sus pulgares. 
—Cierra tus ojos.— Miley inclina su cabeza para mirarme sospechosamente, pero hace lo que le pedí. Envuelvo un brazo alrededor de su delgada cintura y pongo mi mano encima de sus ojos. 
—¿Qué está pasando? —Agarró mi brazo de su vientre y me acercó aún más. Ahora está casi oscuro y puedo ver el duro trabajo que hizo Sean al organizar esto por mí. Pongo mis labios en el cuello de Miley. 
—Una sorpresa —respondo con un beso. Ella volteó su rostro y beso sus perfectos labios. Puedo perderme en ese beso, y casi lo hago. Abro mis ojos y descubro que el escenario está organizado. Sean simplemente está esperando y le indico con mis ojos que se vaya. Después de un minuto de silenciosa batalla, entiende la indirecta. Espero hasta que sé que está fuera de vista. Incluso observo mientras se sube a su auto y sale del oscuro estacionamiento. Ahora estamos completamente solos. Llevo a Miley hacia una sábana que ha sido tendida. 
—¿Lista? —pregunto. Ella asiente, poniendo sus manos en las mías, las cuales siguen cubriendo sus ojos. Destapo sus ojos y doy un pequeño paso hacia atrás—. Ábrelos. 
Estoy detrás de ella, así que no sé qué está pensando. Frente a nosotros hay un picnic a la luz de las velas. No estoy hablando sobre las pequeñas velas del té en esos frascos plateados. Hice que Sean pusiera y encendiera casi cincuenta velas en la arena. En el centro de ellas, hay una sábana oscura con una canasta de picnic hacia el borde. Quiero que diga algo, cualquier cosa. El silencio me está matando. Estiro mi mano para tocar su hombro, cuando se voltea. 
—Nick—susurra, lágrimas brillan en sus pestañas oscuras—, ¿cómo hiciste todo esto? —Su voz está llena de asombro. Me moví más cerca y me agaché para susurrarle en su oído. 
—Magia.— Miley se ríe y una lágrima se desliza por su mejilla. La acercó a mí, besándola con toda mi emoción. Puedo sentir sus mejillas húmedas, mientras las lágrimas siguen cayendo. Me muevo hacia atrás para mirarla a los ojos, encontrándolos llenos de lágrimas, pero no sé si son de tristeza o alegría. 
—¿Qué pasa? —Acuno su rostro en mis manos y cierra sus ojos—. Miley, por favor —ruego. Finalmente, ella se conecta con mi mirada. 
—Te amo —dice lentamente. Asiento y me quedo callado, esperando que diga algo más—. No quiero estar lejos de ti y mañana lo estaré. —Sé exactamente cómo se está sintiendo, pero siento como si debiera ser fuerte y optimista por ella. 
—Todavía tenemos esta noche —respondo, deseando silenciosamente que la noche nos congelara en este momento. Por un rato, ninguno de los dos habla; sin palabras que puedan hacer esto más fácil. Observo las luces que brillan a nuestro alrededor, como las estrellas en el cielo, y soy lo suficientemente afortunado de tener un ángel en mis brazos. Miley murmura algo sobre tener frío así que nos sentamos en la sábana, la cubro con una extra que empaqué y la acerco. 
—Esto es tan hermoso —dice soñadoramente. —Empaqué un poco de comida, por si tienes hambre —menciono. Miley se recuesta para mirarme.
—Tú me conoces, siempre lista para comer. —Sonríe. Esta chica altera mi mundo. Me encanta que no tema comer o decir lo que piensa. La mayoría de las chicas, están tan engañadas al pensar que saben exactamente dónde están. Miley siempre ha sido honesta y ella misma. Tal vez debería decirle sobre mi familia. El dinero y los fideicomisos esperándome. Tal vez es por eso que es tan fácil estar con ella, no conoce ese lado mío. Estoy casi seguro de que no le importaría. 
Agarramos la comida que Sean nos había preparado para esta noche; queso y galletas, frutas y unos cuantos vegetales y unas fresas cubiertas con chocolate. Estaba pensando en una botella de champán, pero me decidí por una buena sidra de manzana, porque a ambos no nos gustaba beber. No eran grandes porciones de comida, pero hombre, me llenó. O podría ser mis nervios llenando mi estómago. Me tendí en la sábana y la observé beber de su vaso de plástico rojo. Toqué una parte de su espalda, sintiendo el calor de su piel y dejé que mis dedos exploraran la piel debajo de su camisa. Es tan suave y cálida mientras mis dedos trazan su columna. Miley se volteó a mirarme, sus ojos líquidos. 
—Eso se siente tan bien. —Sus ojos están cerrados y está casi ronroneando con mi toque. 
—¿Quieres hablarme sobre lo que sucedió antes? —probé. Sentí los músculos de Miley tensarse bajo mi mano. 
—Nop —respondió rápidamente. Me senté y la acerqué. Dejamos que Dolly implantara dudas en nuestro cerebro. No había planeado llevarlo a ese nivel con Miley, todavía. Quiero decir, sí, lo he pensado, simplemente soy un hombre. 
—¿Estabas pensando que tal vez… tal vez esta noche… nosotros…? —Mis manos comienzan a sudar y se vuelven a tensar con los nervios. Miley gime con vergüenza y cae en la sábana, cubriendo su rostro. No sé qué decir, así que no digo nada. Me asombra que ella pensó en estar de manera íntima conmigo y eso sube un poco mi ego.
—Sí —dijo finalmente, aunque estuvo apaciguado por sus manos—. Esperaba que fuera así.— Estaría mintiendo si no admitiera que el nivel de anticipación se elevó unos cuantos puntos. Me apoyé en mi codo junto a ella. Con mi mano libre, levanté las suyas de su rostro pero ella mantuvo sus ojos cerrados. Así que besé sus párpados. 
—Yo también lo pensé —admití en tono apresurado. Miley lentamente abrió sus ojos. Ninguno se movió. Mi rostro estaba encima del de ella, nuestras miradas conectadas. La mano de ella tocó ligeramente mi rostro. 
—Estoy enamorada de ti —susurró. Nos quedamos allí tendidos, lado a lado, bañados por la luz de la luna, rodeados por la luz de las velas. Miley se movió lentamente, moviendo mi rostro hacia el de ella. La dejé besarme y fue casi la cosa más sensual que había experimentado. Su pierna pasó por encima de mi cuerpo, poniéndola encima de la mía y sus manos debajo de mi camisa. Solamente soy humano. La puse en mi pecho y rodé, así que intercambiamos posiciones. Sus brazos se enredaron en mi cuello y su boca casi se volvió desesperada contra la mía. 
Hice un camino desde su boca hasta su clavícula, las manos de Miley recorriendo todo mi pecho. Comenzó a tirar de la tela y levantó mi camisa por encima de mi cabeza. Miré a sus grandes ojos verdes-azules que estaban hambrientos. Antes de saber exactamente qué estaba haciendo, mi mano estaba en su estómago y lentamente quitaba su camisa. Se movió y la camisa estaba en mi mano. Miley regresó su boca a la mía, y ambos rodamos una vez más, su delicado cuerpo presionando al mío. Una de sus manos dejó mi brazo y se movió hacia la bragueta de mi pantalón; estaba luchando por desabrocharlo. Tuve que reaccionar mientras todavía era capaz de pensar. 
—Miley. —Envolví mis dedos alrededor de su muñeca, deteniéndola. 
—Nick—susurró, besando mi cuello. Oh. Dios. Mío. Cada hormona de mi cuerpo se sobre activó. Concéntrate. Tomé una profunda respiración y la volteé para que estuviéramos tendidos lado a lado de nuevo. Ambos nos tendimos, jadeando por aire. Después del minuto, en el cual podría haber tomado una ducha muy fría, me senté para mirarla. Tomando su mano, la besé suavemente. 
—Sabes que quiero esto demasiado, pero no esta noche —le dije. Miley asintió, cerrando sus ojos, lo cual me dejó fuera de sus emociones. Ambos nos pusimos otra vez las camisetas, traté de regular mi respiración y me recordé por qué sentí la necesidad de detener a esta linda chica de aprovecharse de mí. Ella tenía el cuerpo más perfecto, y garantizo que esto me visitará en mis sueños por semanas. 
—Simplemente pensé, que con las velas y que siendo nuestra última noche me querrías. 
—Oh, te quiero, Miley, simplemente no esta noche.— Oh hombre, sí quiero pero la respeto demasiado y quiero poder despertarme a su lado y no tener que decir buenas noches. Miley se sienta y se acurruca a mi lado. No quiero dejarla ir. Beso la cima de su cabeza y la mantengo en mis brazos. 
—Nick —murmura Miley, me recuesto y encuentro sus ojos serios. Toco su cremosa y suave mejilla, preguntándome qué ha generado tanta preocupación. 
—¿Qué pasa? —Espero no sonar demasiado alarmado. Solamente estoy nervioso por haberla molestada. —Simplemente estoy… preocupada… tal vez deberías saber.— Balbucea y se voltea lejos de mí. El miedo oprime mi pecho. 
—Miley… —Toco su espalda—. Habla conmigo. —No se dio vuelta, pero puedo escucharla murmurar algo. Trato de voltearla hacia mí—. No puedo escucharte, cariño.— De repente, ella se pone de pie, sus puños a sus costados. Parece molesta; no tan enojada, simplemente angustiada.
—Soy virgen —revela, su voz desaparece en la oscuridad. Antes de que pueda responder, se voltea y corre, desapareciendo en la negrura. 
—Miley. —Mi voz está temblando. Así que esto es lo que ha estado en su mente toda la noche. Al decirle que no, probablemente se sintió indeseada o que hizo algo malo. Me pongo de pie y me dirijo hacia donde salió corriendo. Puedo verla no muy adelante; la luna está tan brillante esta noche que casi parece como un reflector. Grito su nombre de nuevo pero no se detiene. Aumento mi velocidad y de repente estoy agradecido por todas las veces que Sean me arrastró al gimnasio con él. Sabe que estoy cerca y que puedo superarla. Su carrera se convierte en una caminata mientras pone sus manos en sus caderas. 
—No quiero hablar sobre esto —resopla. Estiro mis manos y agarro sus hombros, girándola. 
—Muy mal, porque yo sí. —Mi voz es suplicante, lo cual la impacta—. Deberías saber que… —Cierro mis ojos y sé que necesito ser honesto con ella—… yo también lo soy.— Los ojos de ella traicionan sus pensamientos y puedo ver que no me cree. Demonios, Sean tampoco me cree, pero es la verdad. 
—No he encontrado a la persona indicada todavía.— Me acerco y empujo algunos mechones de su cabello fuera de su rostro. Puedo ver que ha estado llorando y me acerco más, poniendo mis manos en sus caderas. Se ve confundida mientras me mira a los ojos. 
—¿Entonces por qué te detuviste?— Suspiro, tratando de descifrar cuál es la mejor manera para decir esto. Soy un chico criado con modales del viejo mundo, que algunas personas no entienden. 
—Porque creo que la primera vez debería ser especial —susurro, sin confiar en mi voz en un tono norma —. No creo que pueda soportar estar tan cerca de ti esta noche y saber que no me despertaré a tu lado mañana. —Incluso en la luz de la luna, puede ver sus mejillas sonrojándose—. Cuando sea el tiempo correcto, Miley, no quiero tener que decir adiós. Quiero abrazarte hasta que te duermas y ver como tu cabello se derrama por tu almohada. —Levanto mi mano y toco su cabello, deslizándolo por mis dedos—. Quiero estar ahí para ver la luz iluminando la habitación y besarte hasta que te despiertes. —Llevo la mano de Miley a mis labios y la beso—. Cuando sea el tiempo correcto… —me muevo, por lo que mis labios están a centímetros de los de ella—… será para siempre. 
Me inclino y beso a Miley tan gentilmente como puedo, pensando en ella como una frágil muñeca de porcelana. Al principio vacila pero luego se derrite contra mí, dejando que envuelva mis brazos alrededor de ella. Me enamoré más de ella en ese momento, bajo la enorme luna blanca. Sus manos se deslizaron por mi espalda y hasta mi cabello, sosteniendo mi boca contra la de ella. Se estremeció pero no sabía si era por el frío o si su sangre estaba recorriéndola como lo hacía la mía. Sin palabras, regresamos a nuestro escondite a la luz de las velas. Cuando se sentó en la sábana, envolví la manta extra alrededor de sus hombros. No podía quitar mis ojos de ella y la encontré mirándome de la misma manera. Abrió la manta y yo la extendí para que ambos pudiéramos acurrucarnos bajo ella. Nuestros cuerpos estaban tan cerca que era difícil recordar que habíamos admitido nuestra inocencia. Nada de lo que estoy pensando ahora, es inocente. Miro los ojos de Miley, esperando que no pueda leer mi mente, pero puedo verlo en sus ojos. 
—Te amo tanto —susurra. Lo que yo escucho es “te deseo tanto”. La infinita diferencia entre chicos y chicas. Beso su frente y la abrazo a mí. 
—Te amo —digo en su cabello. Miley suspira y presiona su rostro en mi cuello. 
—Todavía quiero hacerlo.— Inclina su cabeza para mirarme. No sé qué decir. Miro sus ojos, que lo dicen todo, están ardientes y llenos de deseo. 
—No tienes que probarme nada —le aseguro. Miley buscó en mi honesto rostro como si fuera un polígrafo humano revisando para ver si estoy diciéndole la verdad. Muerde sus labios, luego lentamente asiente con su cabeza. 
—Pienso que necesito dejarte una parte de mí, para no olvidar nuestro verano.— Mi cerebro decide que necesita unas vacaciones. Miley se lanza, y está encima de mí como una cheetah atacando su presa, hambrienta. Me besa como si fuera nuestro último día en la tierra, sus manos explorando bajo mi camiseta, la cual rasga. Besa mi pecho, sus dedos trazando donde sus labios han pasado y es como fuego quemándome, un fuego que no quiero apagar. Mi cerebro trata de regresar del descanso, pero mi cuerpo le dice que salga de la ciudad. Cerebro insiste en que necesito mantener mi moral, pero cuerpo me recuerda que no veré a Miley por mucho tiempo. Cerebro dice algo estúpido sobre que la ausencia hace que el amor crezca, pero cuerpo responde algo parecido a “Cállate”. Todo este silencioso debate, ocurre mientras Miley no ha dejado de besar mi pecho expuesto. Entonces dice algo que me sorprende. En primer lugar se sienta y, sin advertencia, se quita su camisa. 
—¿Quieres devolver el favor?— Me sentí como un personaje de caricatura. Estoy seguro de que mis ojos sobresalen de mi cabeza y nubes de humo están saliendo de mis orejas, mientras mi cuerpo gana esta ronda. Pongo a Miley de espalda en la sábana e inmediatamente empiezo a besar su estómago plano. Me sostengo con una mano a cada uno de sus costados mientras beso su abdomen. La mejor parte, era los pequeños sonidos que estaba haciendo, pequeños gemidos y suspiros. Comencé a subir besándola, así que eventualmente haría contacto con su boca, al instante me di cuenta de que cuando alcancé sus pechos su cuerpo se puso rígido.
—Nick… espera. —Sus palabras salieron forzadas. Me senté para mirarla. En su debate interno de cuerpo vs. cerebro, su cerebro había ganado—. Tenías razón —dice y se sienta, empujándome hacia atrás—. Esta no es la noche correcta.— ¿Escuchaste eso, cuerpo? Tiempo para enfriarse rápidamente, te guste o no. 
—Lo siento —añade y puedo escuchar la culpa en la que estaba bañada su disculpa. Me toma un momento poder hablar. 
—No lo sientas. —Mi voz está ronca y retumba en mi garganta. Por segunda vez en la noche, nos ponemos la ropa de nuevo, excepto que esta vez, Miley no me mira. 
—Hey. —Toco su brazo. —Lo siento tanto —dice ella de nuevo. Niego con mi cabeza y la acercó antes de que pueda escapar. 
—No hay razón para decir que lo sientes. 
—Sí, la hay. He estado actuando como loca esta noche. Escapando, luego saltándote encima. —Niega con su cabeza—. Simplemente siento que todo está cambiando y se me está yendo de las manos. Fue la única manera en la que pude pensar para aferrarme a esto. —Sus dedos se posaron en mi costado. 
—Las cosas están cambiando y no podemos hacer nada al respecto, pero si estás preocupada por nosotros —me inclino para mirarla—, lo que tenemos no cambiará. Tenemos mucho tiempo delante de nosotros. Miley sonríe y pone su cabeza en mi hombro. Las velas están comenzando a consumirse, pero ninguno de nosotros se movió para irse. Simplemente nos abrazamos, aferrándonos al tiempo que nos queda juntos. Miley bosteza y trata de ocultarlo. 
—¿Estás cansada? —Hago la pregunta obvia. 
—No —responde, su voz desafiante mientras otro bostezo se escapa. Comprendo. 
— Pronto estaremos juntos —prometo.
—No lo suficientemente pronto. —No podría estar más de acuerdo. La luna está en lo alto del cielo, diciéndonos que es tiempo de irnos de donde encontré y me enamoré de Miley. Era la última cosa que quería hacer, pero es casi medianoche y mañana tendremos que madrugar. Me ayuda a empacar el picnic y llevarlo de regreso a mi camioneta. No decimos mucho en el viaje de regreso a casa de Dolly. No necesitamos palabras para expresar los sentimientos en voz alta, porque es casi tangible en el espacio entre nosotros. Acompaño a Miley hasta su puerta y la beso suavemente bajo la luz del porche. 
—Te amo —susurra en mis labios. 
—Yo también, Miley —respondí—. Te veré en la mañana.— Preferiría simplemente llevarla a la cama, meterla dentro y abrazarla toda la noche. Pero dejo a la chica de la que me he enamorada este verano en su puerta y me voy a casa. Cuando llegué, mi mamá seguía despierta, esperándome. 
—¿Tuviste una buena noche con Miley? —preguntó en voz baja. Abrazo y beso a mi madre. 
—Sí —le digo, no quiero revivir todo lo que sucedió esta noche—. ¿Qué sigues haciendo despierta? Mamá usualmente está en la cama a las nueve, y es medianoche, algo debe estar sucediendo. Tomo asiento a su lado. 
—Esperando a que llegaras a casa. —Sonríe, pero está llena de estrés. 
—¿Qué pasa, mamá? —No me gusta cuando está así de críptica. Toma un sorbo de su vino, se pone de pie, besa la cima de mi cabeza y me entrega un trozo de papel. Agarro la nota pero espero para abrirla, hasta que esté solo. Es una nota escrita a mano, un mensaje que mamá tomó más temprano. 
— Llamó la Preparatoria Chico Chater Junior High School y quiere ofrecerte un trabajo en su departamento de inglés. Necesitan escuchar tu respuesta tan rápido como sea posible. Suena como una muy buena oportunidad aunque es más lejos de lo que te hubiera gustado. Piénsalo. Te quiero hijo.— Doblé el papel y lo puse en el mostrador de la cocina. Me acababan de entregar mi trabajo soñado que me llevaría a ochocientos kilómetros de distancia de mi chica. No había notado que mamá había regresado a la cocina. Tampoco había notado que tenía mirando fijamente, al mismo punto de la pared, por media hora. Mamá debió haber sentido mi corazón encogiéndose mientras se sentó a mi lado. 
—Dijeron que podías enviarle tu respuesta con cualquier pregunta —me dice. Asiento y forzó una sonrisa. —Esta es la oportunidad por la que tanto has trabajado, Nick. Sé que tomarás la decisión correcta. —Se pone de pie y me abraza, tratando de darme apoyo—. Te veré en la mañana. 
Sé que ella apoyará cualquier decisión que tome; siempre ha querido que escoja mi propio camino, pero todavía tengo la necesidad de hacerla sentir orgullosa. Una vez en mi habitación, me siento frente a mi laptop por casi una hora, antes de que pudiera responder la oferta. Escribo: Yo, Nicholas Jonas, aceptaré el puesto que me han ofrecido en Preparatoria Chico Charter Junior High School.

domingo, 23 de marzo de 2014

Teach Me to Love - Niley - Cap 03


—No quiero que te sientas como que tienes que ir a esta fogata —me dijo Nick cuando regresamos a su camión. En este punto, me habría ido a cualquier lado con él. 
—Tu amigo dijo que era tradición. —Me encogí de hombros—. Y las tradiciones no deben ser rotas. —Me sentía nerviosa, pero en conflicto. Era tranquilo estar con Nick. Él se giró hacia mí mientras nos acercábamos al semáforo y estudió mi rostro por un momento. 
—No nos quedaremos mucho tiempo, lo prometo —me dijo tranquilamente, luciendo como que estaba perdido en un pensamiento diferente. Le sonreí. El aire se había vuelto frío con el sol poniente, y froté mis brazos para calentarme. Nick estacionó y se giró para buscar algo detrás del asiento. Un minuto después, sostenía una sudadera para mí. 
—Gracias —dije, tomándola de él. Estaba agradecida que en la oscuridad, no podía ver el rubor de mis mejillas. 
—Hey —dijo Nick, alcanzando a través del asiento y tomando mi mano en la suya—. No estés nerviosa —dijo mientras apretaba mis dedos—. No me iré de tu lado. —Sonreí débilmente ante su consuelo. Giró para enfrentarme, su expresión, un cruce entre serio y nervioso. 
—¿Estás bien? —pregunté, cubriendo su mano con mi mano libre. Él asintió lentamente pero no habló por lo que pareció como un minuto entero. Mi corazón y cabeza fueron a sobre marcha, tratando de procesar lo que podía posiblemente estar pensando.  —Me estás poniendo nerviosa —espeté finalmente. 
—Esa no es mi intención —dijo—. Sólo estaba pensando cuán surrealista es todo esto. —Él se desplazó y estaba ahora literalmente sentado al borde de su asiento—. Quiero decir, cuando te vi por primera vez en la playa, mi primer pensamiento fue que linda eras. —Tuve que mirar abajo mientras dijo eso—. Y entonces mientras más te veía, más tenía que conocerte. Eran pequeñas cosas como, cómo te sientas en la sombra en la playa o la manera que sostienes tu botella de agua y tratas de balancear tu libro. —Su voz cayó—. Luego cuando finalmente me hablaste, supe que sólo necesitaba más, y entonces esta noche… —Vuelvo a mirar hacia él mientras su voz se apaga. 
—Está noche fue surrealista —ofrecí. Nick dejó salir una corta risa. 
—Por decir lo menos. —Su mano libre se movió a mi rostro, y mi visión se hizo borrosa. Los pulgares de Nick trazaron mi mejilla, y mi aliento se atrapó en mi garganta—. No sé tú, pero nunca he estado tan cómodo con otra persona, y mucho menos en una primera cita. —Su mano era cálida sobre mi piel, y traté de regular la velocidad de mi corazón así podría hablar. 
—Sé lo que quieres decir —dije lentamente. No que tuviera mucha experiencia saliendo, pero sabía que nunca he tenido tanta diversión con nadie antes o sentirme tan cómoda. Se sentía increíblemente natural. Quería decirle esto, pero al contrario, todo lo que salió de mi boca fue—: Natural. 
—Exactamente —estuvo de acuerdo, moviéndose más cerca. Podía casi sentir sus labios sobre los míos. Nunca he deseado nada más. De repente, la camioneta comenzó a sacudirse, y ambos saltamos. Terremoto, fue mi primer pensamiento. No entendí que el sacudir estaba vinculado con gritos fuertes fuera de la cabina. Una pareja de chicos estaba golpeando la camioneta atrás y adelante y gritando el nombre de Nick. No se dieron cuenta de que había alguien más dentro de la camioneta con él hasta que mi espalda se presionó contra la ventana del lado del pasajero. Nick suspiró. 
—Lo siento por ellos —dijo, sonando frustrado y un poco avergonzado—. No tenemos que hacer esto —agregó, casi con ilusión. Asintió hacia la playa, y miré sobre su hombro. Estaba sorprendida de ver cuarenta o cincuenta personas alrededor de un fuego enorme. Tragué y sonreí lo mejor que pude. 
—Vamos, Sean dijo que era tradición. —Nick sonrío, y mi corazón se derritió. Puedo hacer esto. Nos sentamos sin hacer ruido en la cabina de la camioneta por sólo otro minuto antes de salir. Nick tomó mi mano de vuelta en la suya y presionó sus labios muy rápidamente en ella. Esto reemplazó el momento íntimo que perdimos por los chicos bulliciosos. 
—¿Lista para esto? —preguntó. No respondí. Al contrario, sólo sonreí y abrí la puerta de la camioneta. Me dije silenciosamente: sé valiente y actúa segura. Nick caminó alrededor de la camioneta y deslizó su mano de vuelta en la mía. Esto era una fogata seria. El resplandor de llamas saltaba treinta metros en el cielo a través de la noche. Sean pareció pasmado cuando nos vio llegar. Él se encargó de conducirme alrededor y presentarme a tanta gente como pudo. Incluso aunque la gente seguía viniendo a Nick, él se quedó cerca de mí a lo largo de las presentaciones. En algún momento, enlazó su brazo alrededor de mí. 
—Sean —dijo Nick, su voz afilada. Sean puso sus manos arriba en una posición de rendición y sonrió torcidamente. Alargué la mano hasta que encontré la mano de Nick y la sostuve apretadamente en la mía; nuestros dedo entrelazados. El resto de la noche, estuve más que contenta de permanecer cerca de Nick. Ocasionalmente, él deslizaba su brazo alrededor de mi cintura. Era como un cuento de hadas. Terminé divirtiéndome, y hacia el final de la noche, la mayoría de la gente sólo me llamaba la chica de Nick o señorita Nick. Al principio traté de recordarles mi nombre, pero eventualmente, me di por vencida. Estaba usando su sudadera SDSU, lo cual me hacía lucir como novia, así que sólo fui con ello. Honestamente, me dio un alto secreto al pensamiento. 
Era cerca de las once, y la fiesta seguía en pleno apogeo. Una buena cosa acerca de mi tía Dolly era que trataba de mantenernos con tecnología, a diferencia de mi papá. Le envié un mensaje de texto diciéndole dónde estaba y qué estaba haciendo, y ella respondió diciéndome que me divirtiera y recordara cerrar la puerta con llave cuando llegará a casa. Era tan fácil como eso. Dolly entendía lo que significaba ser joven, y ella confiaba en Nick. Tiré la sudadera de Nick más apretada alrededor de mi cuerpo, tratando de bloquear algo de la brisa del océano. Él notó lo que estaba haciendo y puso su brazo sobre mi hombro y me tiró cerca de su cuerpo. Wow. Sólo wow. 
—Tengo una manta en la camioneta. Quédate aquí, e iré a tomarla. —Hizo una rápida carrera hacia su camioneta. Me quedé sola y miré la fiesta. La mayoría de la gente estaba más allá de borracha. Nick y yo habíamos descubierto que a ninguno de los dos le importaba beber porque eso te hacía hacer cosas estúpidas, y alguna de esa gente estaba demostrando nuestro punto. Giré alrededor y comencé lentamente a caminar hacia el agua, lejos de la gente borracha y ruidosa. No había caminado demasiado lejos antes de que las voces parecieran desvanecerse. Que noche interesante, pensé. Nunca imaginé que podía sentirme tan bien con alguien, especialmente tan rápidamente. Sabía que Nick estaba tratando de conseguir un empleo enseñando y podía terminar en cualquier lugar, pero no quería pensar en eso. Sólo quería enfocarme en el ahora, vivir en el momento. Escuché suaves pisadas detrás de mí. 
—No me he ido mucho tiempo, y ya estás escabulléndote —dijo Nick mientras se acercaba por detrás de mí—. Si estás buscando a Sean, no está aquí. —Giré alrededor y dejé salir una fuerte risa, y Nick se unió a mí. Vino más cerca y envolvió la manta alrededor de mis hombros, sosteniendo las esquinas. Él vaciló por un momento, entonces las usó como riendas y me empujó más cerca. Miré hacia arriba y encontré su intensa mirada.
Era como un sueño. Las olas estrellándose en el suelo emparejadas con la música distante, el fuego desprendiendo un brillo anaranjado que dejaba nuestros rostros en la sombra. Incluso las estrellas en lo alto brillaban a través de la neblina costera. Nick tomó ambas esquinas de la manta en una mano y me empujo completamente contra su pecho. Con su mano libre, la colocó bajo mi ya elevado mentón. Su pulgar trazó mi pómulo, después sobre mi labio inferior. Mi boca se separó bajo su toque. Nos quedamos inmóviles, memorizando este momento. Dejé a mis ojos cerrarse lentamente, y mientras hice eso, los suaves labios de Nick se presionaron en los míos. Nos quedamos solo ahí, sin movernos, incluso sin respirar. Entonces la sensación de sus labios en los míos se puso, el doble de tiempo. Cada nervio en mi cuerpo cobró vida. 
Se sentía como si mi cuerpo estuviera despertando por primera vez, sintiéndose entonces como debía sentirse siempre. Todo se sentía nuevo, y se sentía bien. Descansé mis brazos alrededor de su cuello y me empujé tan cerca como pude. Nick dejó que su mano bajo mi mentón se deslizara a la parte posterior de mi cabeza y se enroscara en mi cabello mientras su otra mano lanzó la manta y sostuvo la parte baja de mi espalda. Yo estaba híper consciente de él. El olor de la loción bronceadora sobre su piel, las manchas marrón oscuro en sus sinceros ojos, cómo caía su negro cabello en su frente. Cómo eran los largos dedos de Nick mientras tocaba suavemente la piel expuesta de mi espalda. Él sabía como menta y verano, y quería más. Cuando su lengua rozó contra mis labios, mi boca se abrió lentamente. La Tercera Guerra Mundial podía haber comenzado, y ninguno de nosotros lo hubiera notado. El mundo entero como lo conocíamos había desaparecido. 
Ese beso cambió todo. Supe justo en ese momento que ya no era más la chica que había sido tres minutos antes, era diferente ahora. No sé qué era o cómo lo supe, pero lo hice. Era fácil estar con Nick. Me había estado ahogando, y él no era sólo mi chaleco salvavidas, sino también mi oxígeno. Lo extraño era que nunca me di cuenta de esas cosas que faltaban. No sabía que otra persona podía llenar este vacío desconocido, pero él lo hacía. Sin saberlo, Nick estaba curándome, completándome. Ya no estaba más vacía o perdida. En una noche, en un beso, lo sentí suceder. Caí de cabeza, no hay vuelta atrás, enamorada de Nicholas.
* * *
Siempre miraría atrás a las semanas que siguieron a ese beso cambiador de mundo como algunas de las mejores de mi vida. Nick y yo éramos inseparables. Él seguía teniendo que trabajar la mayoría de los días, pero sólo por unas pocas horas. El resto de su tiempo se convirtió en nuestro tiempo. Podíamos hablar por horas acerca de todo tipo de cosas, y cuanto más descubrimos uno del otro, más caíamos en un amor sin palabras. Quería decirle cómo me sentía, que estaba enamorada de él, pero el temor al rechazo era mucho más poderoso. Nick me habló acerca de su programa acelerado y como se sintió graduarse mucho antes que sus amigos. Confesó su amor por los libros, todos los libros. Le dije como yo había sido la tutora de inglés en la Escuela Preparatoria Autónoma Chino por los pasados tres años. Eso lo impresionó, pero le dije que pensé que me hacía una enorme nerd.
—Bueno, de un nerd a otro… creo que una chica inteligente es sexy. —Mis mejillas quemaron mientras presioné mis labios en los suyos. Durante algo de ese tiempo, nosotros sólo nos tendíamos en la playa y leíamos. Nunca supe que estar con alguien podía sentirse tan bien. Nick me dijo que tenía un tiempo difícil conociendo gente nueva debido a su familia, una vez que ellos lo conocían y averiguaban su nombre.
—Bueno, ¿cuál es tu apellido súper secreto? —lo desafié—. El mío es Cyrus. Miley Cyrus —Tendí mi mano para un cursi apretón. Nick se rió y tomó mi mano, tirándome más cerca.
—Jonas. Nicholas Jonas —dijo, luego me besó suavemente.
—¿Jonas? Nop. No me suena —le dije, entonces intensifiqué el beso. Quise decirle justo entonces cómo me sentía hacia él, pero era una cobarde hasta la médula. Quiero decir, vamos, ¿con qué frecuencia el amor de verano dura? En la última semana de mi viaje, Nick finalmente me convenció de entrar en el agua, para experimentar el surf. El agua estaba helada incluso aunque el aire que me rodeaba era de unos agradables treinta y siete grados del Sur de California. Por lo que finalmente entré en el agua es porque sabía lo cerca que nuestro cuerpos estarían. Aunque ambos sentíamos la innegable conexión, estábamos manteniendo estrictas reglas físicas. La oportunidad de sostenerlo mientras el agua mantenía nuestros cuerpos ingrávidos me dio un escalofrío sólo de pensarlo.
—Ahora no te frustres si no consigues subir a la tabla —estaba diciéndome Nick mientras flotábamos arriba y abajo en las olas. Asentí y seguí repitiendo lo que me enseñó; convirtiéndolo en mi mantra. Chapotear, empujar, equilibrar, pararse. Estaba usando un rashguard prestado y estaba tendida sobre mi estómago en la tabla de surf recién encerada, manteniendo mis ojos enfocados en la costa.
—¿Me dirás cuando ir? —Podía escuchar el miedo en mi voz. Soy académica, no deportista. Nick se rió y sentí su mano tocar mi pierna mientras se movía en frente de la tabla. Él se empujó a sí mismo más cerca y me sumergió aún más en el agua fría y besó ligeramente la punta de mi nariz. Cuando habló, miró directamente a mis ojos.
—Te dije que lo haría. ¿Qué más dije? —Perdí el enfoque mirando en esos increíblemente azules ojos.
—Que iba a ser divertido e iba a estar bien —le repetí como un buen pequeño loro. Él asintió y sonrío.
—Ésa es mi chica —dijo y flotó alejándose de mi lado—. Prepárate —dijo sobre el sonido de la ola viniendo—. ¡Ahora, Miley! —gritó Nick—. ¡Chapotea!
Mis brazos se empujaron profundos en el agua, y los moví justo como Nick me mostró. Después de sólo unos pocos segundos de chapotear, se sentía como que había estado levantando pesas en el gimnasio por horas, pero seguí adelante. Podía sentir el agua levantar el frente de la tabla, y me preparaba para intentar ponerme de pie, enfocándome en mi equilibrio, llevé mis piernas arriba para meterlas bajo mi cuerpo, y sentí algo tirándome de vuelta. Tan pronto como las puntas de mis pies tocaron la tabla, la cosa entera salió disparada de debajo de mí. Dura agua fría llenó mi nariz y boca. No sabría decir en qué dirección estaba, y sentí que iba a ahogarme. La presión se construyó en mis pulmones. Me sentí desorientada. Quería luchar en mi camino a la superficie pero no podía encontrarla. Cálidos brazos se enroscaron alrededor de mi cintura y me facilitó ir hacia arriba. Un momento después, mi cabeza rompió la superficie, y tosí fuera el agua de mar y engullí aire. Nick estaba sosteniendo mi espalda hacia su pecho, y estábamos deslizándonos hacia la playa. Mi cabello estaba cubriendo mis ojos, y me di cuenta que estaba agarrando sus brazos como si fueran mi propio chaleco salvavidas personal.
—Está bien —dijo la voz de Nick en mi oído—. Te tengo.— Apenas había notado que estaba deslizándose la tabla de surf a nuestro lado hasta que el suelo del océano golpeó mis pies. Lo hicimos. Puse mis pies abajo y traté de pararme, pero en algún momento durante mi experiencia cercana a la muerte, alguien había remplazado mis piernas con gelatina porque no podían sostener mi peso. Los brazos de Nick se desplazaron bajo los míos, y casi me arrastró al lugar donde habíamos dejado nuestras toallas, dejando la tabla detrás de nosotros sobre la arena.
—¿Qué pasó? —pregunté una vez supe que estaba a salvo. Las palabras eran ásperas y dolorosas en mi garganta. Empujé mi cabello fuera de mi rostro y miré a Nick y lo encontré mirando a mi pie. Estaba tocándolo ligeramente y presionando alrededor.
—¿Esto duele? —preguntó mientras movía su mano alrededor de mi tobillo.
—No —respondí—. ¿Debería? —Él parecía satisfecho con mi respuesta y se sentó a mi lado en su toalla.
—Podría más tarde —dijo, secándose—. Pasó todo tan rápido. Comenzaste a chapotear, y tus pies se enredaron en la correa. No creo que te dieras cuenta que estabas pateando con tu pie cuando debías haber estado sólo usando tus brazos. —Esta última parte lo dijo un poco simpático, como que lo había hecho antes él mismo. Sentí lágrimas quemar en mis ojos.
—Te dije que no era nada buena en esto —señalé mientras la sensación de humillación se asentaba. Nick se rió fácilmente y tiró de mí hacía sus brazos.
—Lo hiciste bien. Fue un accidente. —Presionó sus fríos labios en mi cabello húmedo—. La próxima vez será mucho más fácil.
—No habrá próxima vez —dije definitivamente—. Si quieres deshacerte de mí, mejor encuentra una nueva manera porque no estoy volviendo de nuevo a esa trampa de muerte líquida. —Nick se recostó de vuelta en la arena y rodó de risa. No sabía qué podía posiblemente encontrar tan divertido.
—¿Deshacerme de ti? —Logró decir entre bocanadas de aliento. Crucé mis brazos sobre mi pecho y esperé que consiguiera su compostura. Al contrario, él me empujó abajo a su lado y me sostuvo a su lado.
—No tengo ni idea de por qué crees que esto es tan gracioso —exigí—. Casi muero ahí afuera. —Al decir esto, una nueva ronda de risa empezó, y era incapaz de resistirme a reírme con él. A pesar de cómo de estúpida me sentía, mi vergüenza se derritió lejos en el cálido sol de verano, riendo con Nick. Un momento después, ambos estábamos tendidos sobre nuestras espaldas, encarando al brillante sol. Nick tomó mi mano en la suya, y nada necesito ser dicho. Habíamos encontrado que ambos podíamos disfrutar el cómodo silencio entre nosotros. Después de un rato, él dijo:
—¿Te dije que no dejaría que nada te sucediera, o no?— Rodé arriba sobre mi codo para conseguir una mejor vista de él.
—Sí, lo hiciste —admití. Estaba viva, y la sensación de que un elefante había estado de pie sobre mi pecho se había finalmente ido. Mi espalda estaba doliendo, pero no era nada que un baño caliente no pudiera arreglar. Nick ahora reflejó mi posición excepto que él protegió sus ojos del sol.
—¿Puedo preguntarte algo? —Su voz era baja y seria.
—Por supuesto —contesté. Él tomó una pausa, pensando antes de hablar. Ahora ese es un concepto que me gustaría dominar.
—¿Por qué dijiste eso? —dijo finalmente—. ¿Acerca de mí queriendo deshacerme de ti, quiero decir?
—Oh. —Encogí un hombro—. En caso de que quisieras deshacerte de mí sin la desastrosa ruptura.—Incluso mientras decía esto, podía escuchar cómo de ridículo e infantil sonaba, y no podía creer que lo había dicho en voz alta. Nick se enderezó hasta sentarse. Miró hacia el agua, sus cejas se empujaron juntas en pensamiento. Piensa, me dije a mí misma. Tiene que haber alguna manera de salvar esto.
—Sólo pensé que la semana siguiente —ahora era el tiempo para la honestidad—, esto terminaría para ti —dije en una pequeña voz—. Que estarías sólo moviéndote al mundo real, y yo volvería a la escuela.— Mi estómago se ató a sí mismo en nudos mientras decía esta verdad. ¿Cómo era posible que mirando algún lindo chico de surf de la zona podía convertirse en esto? Habían sido sólo unas pocas semanas, pero no sabía cómo lo habría manejado sin él.
—¿Terminado para mí? —respondió y giró para enfrentarme—. ¿Habría terminado para ti?— Negué con la cabeza.
—No creo que esto termine nunca para mí —admití. Los rasgos de Nick se suavizaron.
—Lo sabía —susurró—. Sólo estabas tratando de dejarme.
—¿Dejarte? —pregunté, lo cual me llevó a preguntarme si alguna vez conseguiría algo menos confuso tratando de entender la mente masculina.
—Miley Cyrus, ¿no lo ves? —Ahuecó mi rostro en sus manos—. Te amo. —Cohetes se dispararon dentro de mí ante sus palabras—. Tú, chica tonta —dijo, sus labios rozando los míos mientras continuaba—. Me enamoré de ti, y no puedo decirle a mi corazón que se detenga sólo porque el verano está terminando.— Nick lo hizo sonar tan perfecto y fácil.
—¿Me amas? —pregunté—. ¿Cómo, amor verdadero? —Él se rió. Tal vez era la experiencia cercana a la muerte o demasiado sol, pero necesitaba saber si lo escuché bien.
—Del tipo acerca del que todos los grandes poetas escriben —respondió. Nuestras narices chocaron juntas, y podía sentir mi mente racional trabajando a toda máquina. Era ahora o nunca.
—Bueno, porque me enamoré de ti hace semanas. —Descansé mis manos contra su pecho desnudo, empujándolo de vuelta para ver en sus ojos—. Nicholas Jonas, te amo. 
Finalmente, lo había dicho en voz alta. Nick buscó mi rostro, y antes de que pudiera tener otro pensamiento, me empujó de vuelta a él, nuestras bocas juntándose febrilmente. Nos movimos en tal sincronización que era como si hubiera sido ensayado, pero era sólo otra señal de que tan en sintonía estábamos. Demasiado pronto él se alejó. Ambos estábamos respirando desigualmente, y nuestros rostros estaban ruborizados. No quería decir nada para no terminar este momento. Sus sentimientos eran reales, no lo había imaginado. Sentí los ojos de Nick en mí, y giré para encontrarlos. Él levantó su mano y retiró mi salvaje y húmedo cabello de mi rostro.
—Sigues siendo hermosa, incluso aunque el océano trató de llevarte abajo —dijo, rompiendo el silencio que colgaba entre nosotros. Ninguno de nosotros habló acerca del futuro o lo que nos traería. Algunas cosas podían ser mejor dejar sin decir. Sólo nos sentamos ahí, sosteniéndonos el uno al otro cerca, no queriendo que el tiempo pasara mientras mirábamos el sol caer en la ahora naranja agua. El tiempo estaba pasando ya sea nos gustara o no, deslizándose a través de nuestros dedos como la arena en la playa.