jueves, 3 de enero de 2013

When I Look At You- Cap 17



-Esta será tu habitación- murmuró minutos más tarde en cuanto llegaron a la habitación y sin voltear a verla. Su casa no era para nada pequeña; sobraban las habitaciones para huéspedes, pero ninguna se encontraba tan cercana como esa. «Cuestión de estrategia», lo había llamado Nick; quien no se lo creía ni por un instante. Dudaba que fuera a necesitarlo a medianoche para otra cosa que no se tratase de calmar su calor interior. La semana anterior había pasado tan larga –en un sentido doloroso- que se había visto en la obligación de perder el tiempo. ¿Qué mejor que remodelar la habitación contigua a la suya? Por supuesto, no era bueno escogiendo artículos femeninos y el rosa le parecía demasiado siútico e infantil. No es que Dest  fuera una adulta… Aun así, se dejó llevar por las palabras de la dependienta y se conformó con algo así como un morado, pero menos chillón.

En un principio pensó en saltarse la cordialidad protocolar e invitarle a compartir su habitación, excepto que eso sería pensar con su miembro y no con la cabeza. No es que él lo hiciese a menudo, pero a veces podía resultar bastante razonable. Por la mirada desilusionada que mostró Dest, él supo que ella tampoco estaba muy conforme con aquel ajuste. Claro que eso no significaba que no se fuesen a divertir… No obstante, algo sobre compartir la cama le resultaba al moreno sumamente íntimo, casi invasivo. Una vez era aceptable, ¿dos?, imperdonable.

-Te daré un momento para que te alistes, mientras preparo la cena- se excusó, de pronto demasiado incómodo con el nivel de cercanía que se había formado entre ambos. Dios bendito, ¿eso que le ardía en su cuello era una soga? En serio, comenzaba a faltarle el aire.

Destiny se quedó de pie en la alcoba, con la vista perdida en la solitaria cama de cobertor lavanda, intentando convencerse de que todo iría bien, por muy improbable que eso sonara. Avanzó por el piso color caramelo, casi siendo capaz de apreciar su reflejo en las ricas tablas barnizadas. De pequeña le fascinaba gatear por esos suelos, aun cuando no estuviera en edad de gatear, Pero ahora, todo en aquel cuarto tenía una apariencia inmaculada. Ella podría apostar a que las sabanas eran nuevas. Sin embargo, fue seducida por la curiosidad y quiso comprobar por sí misma si es que el colchón continuaba con el sello de garantía puesto. No lo tenía, por lo que corrió en dirección al baño, como la niña que era, con la curiosidad a flor de piel y observó el plástico hecho una bola en el basurero de su baño.

-Increíble- musitó para sí, con una sonrisa ilusionada en su boca y, ¿por qué no decirlo?, en sus ojos también; los cuales brillaban con una picardía impropia. Destiny no podía reconocer su nueva apariencia ni lo que estaba pronto a hacer.

Había sucumbido ante el capricho de Mandy; su amiga desde que tenía uso de razón, y también la misma que le había incitado a dormir con Nick y sacarle el máximo jugo posible; entiéndase por esto, dinero. Obviando el segundo consejo, Mandy no era tan mala persona. Destiny observó su reflejo en el espejo y negó arrepentida.

-Eres un monstruo- musitó a la nada, esperando que al otro lado de la ciudad su amiga se rompiese una uña, y recordando la locura a la que se había sometido en manos de su amiga. «Necesitas un “Fashion emergency”», había declarado la morena, mientras su largo cabello crespo se movía en exceso, dándole énfasis a lo que significa realmente un cambio. Destiny había imaginado algo así como un labial nuevo o un delineador de ojos; cosa que no usaba, porque -según su mamá- no lo necesitaba. Lo que necesitaba era sentirse mujer, y en eso, Mandy era una experta. No en vano se había acostado con la mitad del equipo de fútbol de la escuela; ella era una ganadora, aunque el resto de los jugadores la apodase de una forma menos ortodoxa…

-Puedes hacerlo- le habló a la castaña del espejo, mientras un dolor en sus pies le demostraba lo difícil que sería concretar sus palabras. Abrió la llave y humedeció la parte trasera de su cuello, cuidando de no arruinar su impecable alisado. El declive entre sus pechos le sudaba, probablemente algo tenía que ver en ello el exceso de algodón que había puesto. En su defensa, ella diría que no fue idea suya, pero lo cierto es que no se quejó cuando su amiga se lo sugirió. Y ahora además tendría que bancarse un dolor de puta madre en los talones, a causa de llevar unas botas de casi cuatro centímetros de tacón.

Cuando llegó al comedor, no había velas ni rosas rojas; maldijo a su imaginación al dejarse llevar por tanta comedia romántica. De hecho, no había nada remotamente elaborado en el salón. Un six pack de Heineken y dos hamburguesas -al parecer recién pagadas, por el envoltorio que adornaba el centro de la mesa-, eran todo lo que la esperaban. Pero, bastó la imagen de Nick con su corbata aún puesta y los puños de su camisa gris remangada hasta los codos, para hacer saltar su corazón.

-Hubiese querido darte algo mejor, pero no me diste tiempo. La verdad, pensé que llegarías más tarde- se excusó él, corriéndole la silla para que ella se sentara y desabotonando el primer botón de su camisa, parecía tener una lucha campal con su corbata porque no dejaba de aflojarla. 

-Está perfecto- le consoló ella, advirtiendo al instante que sus dichos no eran otra cosa sino verdad. No importaba el lugar, no importaba el momento, no mientras estuviese con él.

-¿Y no piensas decirme cómo llegaste?- la instó, antes de dar una certera mordida a su hamburguesa. Destiny le había visto comer un sinfín de ocasiones, habían compartido fiestas, cumpleaños -todos de ella, Nick nunca se dejaba ver para los suyos. Dest pensaba que ni siquiera los celebraba-  entre muchas otras actividades. Nunca lo había observado destrozar la comida; como solía hacer su padre o sus compañeros de instituto, Él portaba clase, incluso en algo tan banal como comer carne y queso envueltos en un pan.

-Me trajo una amiga- admitió, omitiendo que a su papá le había importado poco y nada. La verdad es que ella podría pasarse toda una semana sin llegar a dormir y él apenas lo notaría. Acababa de comprobarlo al alojarse estos días en casa de Mandy; sinceramente, él no podía culparla por esquivar a la bruja de Delta. La mujer no era mala, no era su culpa tener un rostro de zorra y oler a sexo todo el tiempo, aunque parte de la culpa la tenía su padre, ¿no? Era una pena que no pudiera insultarlo a él como deseaba… Si Nick notó el dolor en sus ojos, no comentó nada al respecto, lo cual le venía como anillo al dedo ya estaba lo suficientemente nerviosa con todo ese cuero ceñido a su piel. Otra de sus preguntas matadoras la destrozaría.

-Me sorprende que Miley haya decidido un viaje de un momento a otro. No me pareció tan afectada la última vez que la vi- Ambos bebieron un sorbo a la vez, casi ensayado, ante la mención de su progenitora; probablemente porque el último encuentro que la adolescente recordaba entre el moreno y su madre, no había sido nada grato de presenciar.

-Me refiero al sábado… Cuando Liam le confesó lo de la apuesta- le aclaró aún sin verla.

-Pobre mamá- ironizó sin culpa- supongo que lo mejor para su salud mental era tomar un poco de aire fresco, preferentemente alejado de la contaminación de esta ciudad.

Nick por su parte, continuó comiendo, aunque tenía el paladar seco. En su defensa, cabe destacar que ningún ser humano del género masculino podría masticar alimento sólido con una chica medio desnuda frente a él. Vale, tal vez estaba  exagerando. Pero verla con tacones altos y esa minifalda microscópica lo había sacado de quicio, en el peor de los sentidos.

-¿No te ofreció ir con ella?- Distraído, con la vista fija en las verduras de la hamburguesa. Ella no respondió, fingió beber un poco de vino, pero realmente no había tomado un solo sorbo.

-Puede que sí… Puede que alguien le haya aconsejado que fuera más prudente para mí quedarme contigo, que con papá y la fulana…- Los ojos de él pestañearon absortos, de pronto demasiados entusiastas para el contexto en que se encontraban…

-¡Fue idea tuya!- adivinó atónito y esbozando una sonrisa tan carnal que el estómago de la adolescente se revolvió de pura anticipación.

-No puedes culparme- admitió minutos más tarde, finalmente terminando de tragar y sintiendo que la piel se sus muslos quemaba… Algo tenían que ver en ello los dedos del moreno, jugueteando con ella bajo la mesa. Comenzó a toser, ahogándose con la comida, cuando éstos dieron en el clavo, alcanzando con pericia la cálida entrada escondida entre sus piernas. Nick se paró al instante y comenzó a darle suaves palmaditas en su espalda.

-Lo siento- se disculpó por tercera vez, mortalmente serio. Ella negó, quitando su mano de un manotazo y poniéndose en pie.

-Estoy bien- afirmó, pero los malditos tacones la hicieron tropezarse. Él la sostuvo al instante, pero la vergüenza que sintió no tenía punto de comparación. ¿Podía quedar más en ridículo?

-¿Por qué diablos traes esas trampas mortales en tus pies?- Sí, por supuesto que podía.

-Me gustan- mintió ella, con la barbilla alzada y soltándose de su agarre.

-No pareciera…

-Pues acostúmbrate, porque me verás con estos muy seguido-  Dest se odió al instante por meterse en tremendo lío. Usar esas botas unas horas le estaba suponiendo un infierno. ¿Dos semanas? «Nick lo valía», se repitió mentalmente, casi como un mantra.

-¿A dónde vas? -preguntó él, notando que ella se perdía en el pasillo.

-A dormir, comer me dio sueño.

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